COMUNIDAD SIERVOS DE CRISTO VIVO
CONSEJO GENERAL DE SERVIDORES
MIÉRCOLES 25 DE MARZO DE 2020
La Esperanza en Tiempos del COVID-19

Queridos hermanos de la Comunidad Siervos de Cristo Vivo:
¡Paz en Jesús Resucitado!

Deseo primero felicitar a todos nuestros hermanos de Comunidad en un día tan especial para nosotros y para nuestra amada Iglesia Católica, que festeja este anuncio a la Virgen María del plan de salvación para cada uno de nosotros.
Por otro lado, quiero pedir disculpas porque hasta este momento del día es que he podido sentarme a escribirles. Como muchos saben, aparte de esta responsabilidad ante ustedes, soy médico de profesión y estoy en el hospital donde trabajo, en el comité de seguimiento al COVID-19, además de supervisar el trabajo de los pediatras y ginecólogos que están junto a nosotros en el frente de batalla contra este virus. Por este motivo, pido sus oraciones por todo nuestro equipo médico.
Todos sabemos que vivimos difíciles momentos en todas partes. En las tiendas se han agotado los desinfectantes, la comida enlatada, papel higiénico, el agua, se han generado pleitos por la venta limitada de cubrebocas y al mismo tiempo, emergen también las acusaciones de falta de “responsabilidad” hacia muchas personas e instituciones.
El virus COVID-19 se ha propagado rápidamente de Asia a Europa y a América durante muy poco tiempo, trayendo consigo un nivel de pánico y angustia que no se había visto en los últimos años, permeando desde los supermercados, el mercado de valores y hasta la propia Iglesia.
El proceso no ha sido sencillo, pues ha incluido la suspensión de las Misas con presencia de fieles, cierre temporal de las actividades comunitarias, cierre de escuelas y universidades y sobre carga de noticias e informaciones no bien fundamentadas, lo cual ha traído mucha desorientación y fuertes y muy públicas disputas en redes sociales sobre cómo se está manejando la situación.
La mayor lección para mí ha sido navegar este camino entre el temor natural y la sabiduría. Es difícil, ya que el miedo con frecuencia se disfraza de sabiduría. ¿Hasta dónde son las medidas de precaución buen juicio y en qué punto se convierten en miedos irracionales y ansiedad?
En términos prácticos, la respuesta de nuestra Comunidad dependerá de que tan preparados estamos para enfrentar tiempos difíciles, ya que todos estamos buscando las respuestas más apropiadas en circunstancias extraordinarias.
En momentos de crisis, las personas buscan quien los oriente, por eso, nuestra primera responsabilidad es mantener la calma. El pánico limita la perspectiva, lo cual es fatal para la toma de decisiones. Nunca debemos olvidar que Dios tiene el control de cada situación y que nunca hay razón para el pánico.
La mayor lección que he aprendido al lidiar con el COVID-19 ha sido acerca de la necesidad de humildad en mi rol como médico y como cristiano. ¡Hay tanto que no sé y tengo que aprender! Y eso aumenta mi deseo y necesidad de buscar el rostro del Señor cada día.
A medida que el virus continúa propagándose a nivel mundial, debemos estar conscientes de que la fidelidad que mostremos a nuestro llamado repercutirá más allá de COVID-19.
Como cristianos necesitamos procesar nuestros temores ante Dios y dejar que nuestras acciones sean inspiradas por la fe. No hay mejor momento para poner en práctica nuestra esperanza.
Por otro lado, para un momento como este, la unidad es la clave, promovida a través de la oración de toda la CSCV. Creemos en el poder de ponerse de acuerdo para orar. En un momento como este, necesitamos que cada SCV se levante y que juntos busquemos a Dios a favor de nuestros países.
Un acto profético, como el sonar de las campanas de la iglesia, convoca a los fieles a la acción cuando su pueblo o ciudad se ven amenazados.
En un esfuerzo similar, queremos invitarles a todos a orar unidos cada día a las 7 p.m., en una iniciativa para desterrar esta pandemia.
Es crucial que, en tiempos de crisis, la CSCV se levante y muestre que somos testigos del Amor Misericordioso de Dios. Como sal y luz de la tierra, la Comunidad necesita mantenerse firme en el Señor para que otros puedan ver la esperanza que profesamos.
Las crisis muestran el verdadero carácter de un cristiano. Si respondemos a esta crisis correctamente, puede llegar a ser un momento decisivo de discipulado para nuestra propia Comunidad y para el mundo.
Ante el peligro inminente, nuestras prioridades se reordenan. Esta es una gran oportunidad para tener conversaciones profundas en relación a lo que motiva nuestra vida.
¿Estamos solo existiendo o realmente viviendo? ¿Estamos enfocados en lo correcto? ¿Nos mueven las motivaciones correctas? ¿Nos gobiernan los valores evangélicos o los del mundo? ¿Estamos viviendo para lo que realmente importa?
No podemos olvidar que el mundo está infectado por un virus que es mucho peor que todos los virus que hemos conocido a lo largo de la historia. Ese virus es el pecado. Este virus infecta al 100 por ciento de la humanidad. No hay inmunidad. Nadie se escapa.
Es urgente, por tanto, que miremos más allá de las dificultades actuales y busquemos oportunidades para compartir la esperanza que tenemos en Cristo Jesús. Esto comienza con una expresión visible y pública de la victoria y la esperanza que tenemos en Jesús. Los tiempos de temor son una oportunidad única para compartir la razón de nuestra fe.
En este Día de la Anunciación del Señor, el ejemplo de la Santísima Virgen María, Modelo de Fe, nos puede ayudar en estos momentos.
Cuando la Virgen María es visitada por el ángel se le anuncia la gran noticia y al mismo tiempo, se le pide permiso de cierta forma, para ser la Madre de Dios y ella, que recibe algo tan grande con la mayor sencillez, se define así misma de la siguiente manera: “He aquí la esclava del Señor; hágase en mi según tu palabra”. (Lucas 1,38). Esta expresión es la prueba más palpable que pueda darse, de aceptación de la voluntad de Dios.
Ella, con el “Hágase”, da su permiso a los planes de Dios. La Virgen es la persona que usa mejor de su libertad porque la pone a disposición de Dios. Es la que más cree en su palabra porque quiere y pide que se realice.
La Virgen sigue viviendo dificultades y pruebas en Belén, en Nazaret y en todos los episodios de su vida, pero, unida a la Voluntad de Dios, lo vive con toda naturalidad y sin estridencias.
Esta es la donación y entrega más plena, la respuesta más delicada y la manifestación de humildad más profunda que pueda darse, con unas palabras pequeñas y sencillas.
Con estas palabras enaltece todo servicio a Dios y al prójimo. Con ellas se derrumban las vanidades terreras y con ellas pierden significado los grandes discursos. Con esta expresión de María se abre el camino a su donación a Dios y se abre el camino entre el cielo y la tierra.
La esclava del Señor, que es María, nos da una lección magistral con sus palabras, porque habla de depender libremente de Dios y de entregarse también libremente a Dios de una vez y para siempre.
Nosotros los cristianos deberíamos acercarnos a ella y pedirle que nos enseñe a imitar, como hijos, algo de su actitud. Nosotros, tan apegados a nuestros propios juicios y criterios, tan apegados a nuestros planes y caprichos, tan apegados a nuestro estilo personal, a nuestras palabras y a nuestro egoísmo, podríamos intentar penetrar en esa forma de vivir la voluntad de Dios.
María, ante la grandeza de su misión, no se ve ni se siente liberada de seguir su vida normal, en su lugar y sirviendo. Por el contrario, acude a visitar a Isabel, comparten juntas la alegría y le ayuda, porque el verdadero amor se difunde.
Meditemos en su esclavitud e intentemos imitarla practicando el amor y viviendo en servicio, así nos acercaremos a Ella y con Ella, a Jesucristo, su Hijo.
El Dios de toda consolación sabe cómo consolarnos en esos tiempos angustiosos, cuando estamos esperando para dar el siguiente paso en Su Voluntad. Su Palabra trae a nosotros el bálsamo de la esperanza y el Espíritu Santo nos recuerda las otras veces cuando el Señor nos guió y nos abrió la senda por donde andar
Esa es la esperanza que trae descanso y paz a nuestra alma afligida y azotada frente a la incertidumbre de las circunstancias que tenemos delante.
En medio de estos tiempos turbulentos que vivimos, Su Voz se levanta como un baluarte sólido desde el que podemos permanecer quietos, expectantes y confiados en Su Mano poderosa.
Esa voz clama en nuestro espíritu: "He aquí yo hago algo nuevo; ¿No lo perciben? Aun en los desiertos haré camino y ríos en los lugares desolados” (Isaías, 43:19).
Con amor fraterno,
Freddy Contín
Director General CSCV