EN DEFENSA DE LA VIDA


Aspectos Médicos Sobre El Aborto

Una vez más, el debate sobre el aborto ha vuelto a ocupar un lugar central en la discusión pública de nuestro país, teniendo como objetivo principal despenalizarlo en virtud de tres causales: cuando está en riesgo la vida de la madre, por inviabilidad del feto y cuando el embarazo ha sido producto de una violación.

Entre las diversas opiniones que existen sobre el aborto, hay dos consensos que es importante destacar. En primer lugar, que la decisión de abortar muchas veces es el resultado de una sociedad que no supo acoger a la madre en su estado de vulnerabilidad; y en segundo lugar, que la mujer embarazada debe ser sujeto de especial protección y acompañamiento, sobre todo cuando su embarazo, por diversas causas, presenta complicaciones.

Sin embargo, están equivocados aquellos que presentan el aborto como una solución para la mujer que lleva adelante un embarazo con algún tipo de riesgo. En primer lugar, porque una solución no puede conllevar el asesinato directo y deliberado de un ser humano inocente. El niño que reside en el vientre materno es persona, y como tal, tiene la misma dignidad que toda persona ya nacida y debe por lo tanto ser tratado en la protección de sus derechos, de la misma manera. En segundo lugar, el aborto no constituye una solución para la mujer embarazada, porque provoca una serie de consecuencias nocivas para su salud, tanto física como psicológica.

Afortunadamente, ya nadie pone en dudas, que los más recientes avances de la Citología, la Genética y de la Biología Molecular, han puesto de manifiesto que el comienzo de la vida humana ocurre en la concepción; es decir, cuando el óvulo de una mujer es fecundado por el espermatozoide de un hombre.

A partir de ese preciso momento dejan de actuar como sistemas independientes y se constituye un nuevo sujeto biológico e independiente de las células de sus padres. Este nuevo sujeto es llamado cigoto o embrión unicelular, el cual tiene escritas todas las instrucciones para su desarrollo en su código genético o genoma.

Ese programa único, original, y distinto de los programas del padre y de la madre, funcionará sin solución de continuidad desde ese momento hasta la muerte senil del individuo, dictando las órdenes para la construcción de órganos y la puesta en marcha de funciones según una precisa cronología.


Por lo tanto, el embrión no es un potencial ser humano, sino un real y actual ser humano con un futuro más corto o más largo que nadie tiene derecho a destruir.

Biológicamente hablando, dentro del genoma llevamos siempre con nosotros nuestro propio programa existencial como seres de la especie humana. De donde se deduce que, desde el punto de vista de los intereses vitales del embrión humano, es lo mismo maltratarlo en estado de desarrollo avanzado, como hacerlo desde el primer momento de su alumbramiento existencial en la concepción.

Por eso es tan preocupante el cambio de mentalidad operado en algunos sectores sociales, incluidos profesionales de la medicina, en relación con el valor de la vida humana, en una abierta contradicción con el progreso científico.

Los que promueven el aborto señalan cláusulas burocráticas para salvar ciertas apariencias de seriedad y encubrir, ante la opinión pública y la conciencia de la mujer que desea abortar, la verdadera realidad de lo que es y lleva consigo el aborto, un abismo de cinismo, hipocresía, engaño y corrupción humana, que repugna a las mismas mujeres que desean deshacerse de la criatura.

Uno de los factores más citados para justificar la despenalización del aborto es cuando se hace referencia a embarazos que ponen en riesgo la vida de la madre. Esta justificación carece de fundamento, pues expresa una mentalidad y un lenguaje de los años veinte del siglo pasado, cuando la medicina no contaba con los medios de que hoy dispone. Actualmente, la ciencia médica garantiza que prácticamente no hay circunstancias en las cuales se deba optar entre la vida de la madre o la del hijo. Ese conflicto pertenece a la historia de la obstetricia.

Cuando una mujer embarazada, por alguna razón, vinculada o no a un embarazo, está en peligro vital y requiere de un tratamiento médico, no hay ningún motivo para prohibir que se someta a él, a pesar de que, como efecto secundario y no buscado, ni como fin ni como medio, se produzca la muerte del niño que lleva en su vientre. Cuando el médico actúa de esta manera, no realiza ninguna acción penalizada por la moral ni por la ley.

Siempre, en el ejercicio de la medicina se han consignado eximentes que protegen el accionar del médico, cuando en el ejercicio de su profesión u oficio, actuando en un estado de necesidad, se produzca un mal menor de manera involuntaria y no procurada en beneficio de evitar un mal mayor.

Este principio es perfectamente aplicable a situaciones de emergencias obstétricastales como embarazos ectópicos, mola hidatidiforme y todos los casos descritos como complicaciones médicas y obstétricas del embarazo.

Su manejo apropiado, se encuentra muy bien definido en los Protocolos oficiales del Ministerio de Salud Pública, los cuales se han estado utilizando en los hospitales públicos de nuestro país desde hace muchos años.

Por eso aseguramos con firmeza, que existe una dolosa manipulación de relacionar un falso incremento de muertes maternas con la penalización de todo tipo de aborto.