|
MES DE MARZO DEL
2002.
Un hombre, enfermo,
hacía treinta y ocho años que estaba junto a la piscina
Bezatá, esperando entrar en la piscina cuando las aguas se
moviesen y ser curado. "Jesús, lo vio echado y, sabiendo
que llevaba mucho tiempo, le dijo: ¿Quieres curarte? El enfermo
le respondió: Señor, no tengo a nadie que, al agitarse
el agua, me meta en la piscina". (Jn. 5, 6-7)¡Cuantos
enfermos, hoy día, podrían repetir a Jesús
la misma queja! El enfermo, más que nadie, necesita que le
ayuden a encontrar a Jesús, que es quien sana. El
ministerio de sanación responde a esta llamada y a esta necesidad.
Este ministerio no es fácil ni es apto para todos; se necesitan
ciertas "aptitudes", conforme a los carismas que Dios distribuye
para que sirvamos a la comunidad.El
Señor necesita de personas que, llenas de la misericordia
y la compasión de Jesús, se entreguen a los más
necesitados, siendo canales abiertos del amor de Dios. El Señor
necesita de personas entregadas que se acerquen a los enfermos y
oren por ellos, bien directamente, bien en el más estricto
anonimato.Hay que saber de antemano,
que este ministerio conlleva mucha delicadeza y rectitud de criterio
y al mismo tiempo saber que no siempre es bien entendido y comprendido
por los demás. No es de extrañar; también Jesús
tuvo mucho oposición cuando lo ejercía y los apóstoles
Pedro y Juan fueron perseguidos, arrestados y encarcelados por haber
curado a un cojo, en el nombre de Jesús. "Es
muy importante aclarar que una cosa es el ministerio
de sanación y otra cosa es el carisma de sanación.
El ministerio no es otra cosa que poner en práctica el carisma.
Por el bautismo todos tenemos este don. El Señor Jesús
dijo: Todo el que crea en mí, imponga las manos sobre
los enfermos y se sanarán. (Mc. 16,18) Sin embargo
no todos tenemos el ministerio. San Pablo dice: Dios ha dado
cargos especiales a algunos en la Iglesia: en primer lugar, los
apóstoles... después los que sanan enfermos... ¿tienen
todos poder para sanar enfermos? (1 Cor. 18, 30)." (P. Darío
Betancourt. Seminario de Sanación)¿Quiénes
pueden ejercer el ministerio de sanación?.Los
sacerdotes y médicos tienen el carisma de sanación
en plenitud y sin límites. Los
laicos lo tienen limitado. Los esposos lo tienen con fuerza especial,
el uno para el otro, y al mismo tiempo para sus hijos y familia.Los
laicos pueden ejercitarlo también para ciertos casos, siempre
que sean discernidos por los pastores y confirmados por la comunidad.
Pueden darse casos de laicos a quienes Dios llama al ejercicio de
la sanación en plenitud y sin límites; éstos
no son mucho.Otro punto muy importante
del ministerio de sanación lo tenemos en la Palabra de Dios,
en la parábola del Samaritano. Un hombre está gravemente
herido y abandonado. Un sacerdote lo vio, y pasó de largo.
Un levita lo vio, y pasó de largo. Un samaritano lo vio,
y se conmovió sin mirar la clase y condición del herido.
Pero el samaritano no se queda en la mera compasión; él
actúa en la medida de sus posibilidades y no escatima ni
siquiera medios materiales. Pone todo su corazón y se
puede afirmar que se da a sí mismo.La
parábola es narrada por Jesús y es para nosotros.
Toda persona en el ministerio de sanación debe tener la actitud
del samaritano; actitud que solo se puede conseguir siendo sensible
al sufrimiento ajeno y sintiendo en la propia carne la misericordia
y compasión de Jesús hacia los hombres.Para
profundizar en las actitudes que se requieren en el ministerio de
sanación creemos muy útil y necesario copiar un resumen
de la enseñanza de Philippe Madre en el Seminario de Sanación
de San Giovanni Rotondo (1995) y publicado en el nº 41 de la revista
Nuevo Pentecostés.
LA SANTIDAD EN EL MINISTERIO
DE SANACIÓN.
La santidad de vida
ayuda al anuncio de salvación y a la intercesión
por los enfermos. Hay personas muy heridas que necesitan un
encuentro profundo con el médico espiritual santo. Necesitan
este encuentro las personas que han sufrido abortos. El acompañamiento
a los que van a morir del SIDA exige carismas de sanación
y santidad. Estos carismas de sanación con santidad se
pueden dar a personas aisladas o a todo un grupo o equipo.
.
Marta Robin, mujer
de Dios, que llevaba en su corazón a la Renovación
y a los enfermos, me dijo que había que atreverse a pedir
a Dios grandes cosas, porque pronto vendría la hora de
Dios para hacer milagros. El carisma de curación está
en la Iglesia. Es un don gratuito, que no santifica al que lo
ejerce. Cuando el don se repite va convirtiéndose en
ministerio de curación. La exigencia de la propia santificación
es el lugar para vivir este ministerio de curación, -
interna o externa -, que está vinculado a nuestra vida
y a nuestro crecimiento espiritual y se debe vivir con la sabiduría
y el discernimiento de Dios para que tenga más frutos.
Seis puntos
de reflexión
1° Punto: Es
necesario vivir santamente este ministerio con una vida contemplativa
e interiorizada. No hay evangelización que dure si
no se funda en un cimiento contemplativo. Hay que tomar tiempo
para estar a solas con Dios y escuchar lo que nos dice y a dónde
nos llevan las mociones de su Espíritu. Esto es muy importante
para la calidad de los ministerios carismáticos, que
sin la atención a las mociones del espíritu, decaen.
2° Punto: El
que ejerce el ministerio de curación necesita una comunidad
de hermanos y hermanas que oren con él.
El carisma no madura
en ministerio sin el apoyo de los hermanos en la fe.
3º Punto: Se
requiere también en el ministerio de curación
el apoyo de la vida sacramental. La Eucaristía
y la Reconciliación han de convertirse en celebraciones
evangelizadoras de la vida de Jesús, que se nos da y
nos santifica.
4° Punto:
El que ejerce un ministerio de sanación necesita de un
guía espiritual, que le asesore en los momentos
de lucha espiritual.
Hay cinco tentaciones
principales ligadas al ministerio de sanación:
- Tentación de orgullo,
porque nos atribuimos lo que Dios realiza a través
de nuestra acción humana.
- Tentación de desaliento.
Es muy cansado este ministerio, tiene fracasos aparentes
y se cae en la tentación de abandonar. Entonces también
necesitamos un guía espiritual.
- Tentación de ejercer
dominio espiritual sobre el enfermo, tanto al actuar
como médico o como sanador. Hay que respetar al enfermo
sin someterlo a nosotros.
- Tentación de voluntarismo
espiritual. Queremos que Dios cure sin atender verdaderamente
a lo que Dios quiere hacer en ese momento concreto.
- .
-
Tentación
de relación afectiva-emocional con el enfermo.
Así, se paraliza la acción primordial de Espíritu
Santo y se termina cayendo en una relación afectiva
desordenada. La presencia de un guía espiritual ayuda
a evitar estas tentaciones .
.5° Punto:
Vivir en el amor a Jesús y a su Palabra no sólo
ayuda a nuestra santidad, sino que fomenta carismas relacionados
con el ministerio de sanación.
.6°y último
Punto: El don de fuerza del Espíritu Santo nos
lleva a mayor unión con Jesús; pero también
nos fortalece para el combate espiritual en el ministerio de
curación. Es importante pasar de la intercesión
a la compasión, acogiendo al Espíritu en nosotros
para que nos ponga en comunicación con el enfermo, nos
haga crecer en el amor y trasmita alivio a los enfermos.
.Vivamos, pues santamente
el ministerio de sanación.
|