|
MES DE NOVIEMBRE
DEL 2002.
.
LOS PASOS DE UNA
ORACION DE SANACION
No siempre resulta fácil entrar
en una dinámica de oración para sanar heridas que tenemos
en nuestro interior. Siempre que no haya experiencia y práctica,
necesitamos que alguien nos ayude, que nos dé ciertas pautas
para desarrollar adecuadamente la oración de sanación.
Y ello vale tanto para las personas que dirigen la oración como
para uno mismo.
Por este motivo creemos bueno copiar "Los pasos de una
oración de sanación" del P. Víctor Manuel Fernández
en su libro "Sanar un amor herido".
"Para llegar al perdón profundo
y a la sanación, normalmente hay que seguir un proceso. A continuación
veremos los pasos de ese proceso. Pero esto no significa que en todos
los casos éste sea el orden más conveniente, ya que la
sanación no funciona como una operación matemática.
Todos los seres son distintos y hay que evitar establecer las leyes
absolutas, como suelen hacer algunos "falsos maestros" que dicen: "Si
no hace esto no se sanará". No podemos encasillar a Dios en nuestros
esquemas y en nuestras experiencias, ni podemos pretender que todas
las personas se ajusten a nuestros moldes.
Para algunas personas es más
clave uno de los momentos de este proceso de sanación, y para
otra persona es más importante otro de los pasos. Incluso, podría
repetirse alguno de los pasos porque se descubre que se logró
una mayor apertura para profundizarlo más. Por ejemplo: luego
del perdón al hermano se puede volver al perdón a sí
mismo, porque había un sentimiento de inferioridad por no haber
recibido amor de otra persona. Luego de haber perdonado a esa persona,
se puede lograr con más sinceridad el perdón a sí
mismo, la autoaceptación.
De todos modos, vamos a proponer un
posible orden en la oración de sanación, que podría
ser útil en la generalidad de los casos:
a. Invocar
insistentemente al Espíritu Santo.
.Además, intentar liberarse de las distracciones
y centrarse en el Señor. Distender el cuerpo. Puede ser bueno
respirar profundo varias veces, y también cantar algo agradable.
Permitir así poco a poco que el Espíritu Santo vaya
tomando posesión de todo nuestro ser y ore en nosotros.
b. Recordar cosas que nos ayuden
a reconocer el amor de Dios.
.Experimentar que el propio ser está sostenido
porque Dios lo crea a cada instante por amor, que Dios ama mi existencia
y por eso estoy vivo. Recordar que él me ama así como
soy, porque soy obra suya y él me planeó así
desde toda la eternidad. Pero quiere que yo logre ser más feliz.
Recordar los textos bíblicos
que hablan sobre el amor de Dios. Cantar, para lograr al menos mínimamente
gozar del amor de Dios.
c. Descubrirse
"reconocido " por Dios.
Para hablar con otro hay que saber que el otro
está atento a lo que le digo, que me mira, que tiene interés
en escucharme, que no está distraído ni lejano. De otro
modo sería como hablar con una pared o como hablar con uno
mismo, no con él.
Por eso, si quiero de verdad hacer una oración
de sanación y no simplemente una terapia psicológica
o una técnica superficial, tengo que disponerme a orar, a
dialogar con otro, con Dios. Pero para lograrlo, primero
tengo que sentirme descubierto, reconocido por él, que me
ama, que me mira con amor y respeto. Cuando María Magdalena
fue al sepulcro, vio a Cristo resucitado, pero no lo reconoció
hasta que Cristo le dijo: "¡María!". Es decir, cuando se
sintió reconocida. Lo mismo sucede en nuestra oración.
Lo primero es entrar en la presencia del Señor que nos conoce
y nos reconoce, que está atento a nuestras palabras. Sólo
así podemos reconocerlo nosotros a él y dialogar.
d. Dialogar sinceramente
y de corazón.
Si queremos tener un verdadero diálogo de
amigos con Dios, eso me exige tratarlo como amigo: con absoluta sinceridad.
Pretender ocultarle algo de lo que llevamos dentro es una ilusión.
Por lo tanto, una señal de confianza es decirle sinceramente
lo que sentimos hacia él. Porque aunque sabemos que él
es puro amor y que no hace daño, nosotros podemos "sentirnos"
defraudados por él, que nos abandonó, que no se preocupa
de nosotros. Pero hay que decírselo
en oración tal como lo tenemos dentro. Así descargamos
nuestro interior revuelto, sabiendo que a él no lo dañamos,
y le damos la oportunidad, con nuestra sinceridad, de convencernos
de su amor. Con nuestra sinceridad le damos la posibilidad de dialogar
con nosotros, de "seducir" nuestro interior y atraernos hacia él.
Sólo así es posible reconciliarnos y recuperar la paz
con él.
e. Y si hemos podido discutir con Dios,
también tenemos que llegar a 'perdonarlo ".
Toda reconciliación culmina cuando podemos
decir con todo el corazón: "Yo te quiero", "yo te perdono".
Por eso, también en esta oración, tenemos que lograr
decir sinceramente a Dios: "Yo te perdono".
Sabemos con nuestro intelecto que él no es
culpable, pero no somos sólo intelecto. Nuestros sentimientos
a veces lo sienten culpable. Por eso, tenemos que destruir esos
sentimientos negativos, y desde los sentimientos decir a Dios: "yo
te perdono", y abrazarlo espiritualmente con un beso de reconciliación.
También cabe aquí pedirle perdón
por haberlo culpado injustamente y no haber dado lugar a su amor.
f. Perdón a sí mismo
Luego de reconciliar nuestros sentimientos con Dios,
tenemos la base para poder aceptarnos y perdonarnos a nosotros mismos.
Recordamos una vez más el
amor del Señor, nos imaginamos abrazados por Cristo con toda
su ternura, y nos decimos a nosotros mismos: "Juan (tu nombre),
yo te acepto así como eres, porque tu ser es obra del Señor;
y yo te perdono por no haber sido perfecto, por no haber sido siempre
bueno, y especialmente por (mencionar algo que nos lleva a culparnos
a nosotros mismos); y con el amor de Jesús te quiero".
Abrazarme con ternura a mí
mismo sabiendo que a través de ese abrazo Cristo mismo me
acepta y me da su amor.
g. Perdón
al otro
Ahora trato de perdonar uno por
uno a los que me desilusionaron o me hicieron daño.
Pido a Cristo la gracia de querer
perdonar y de amarlos con su amor.
Es útil recordar las motivaciones
que tenemos para perdonar.
Cuando me sienta dispuesto, hago
en voz alta la oración de perdón, imaginando el rostro
de la persona, diciendo su nombre, y diciendo qué es lo que
le perdono. Es importante agregar que lo libero de tener que sufrir
por lo que me hizo y que acepto compartir con él la felicidad
del cielo, y decir todo esto a Jesús como una respuesta al
amor que él me dio en la cruz.
Finalmente, expresar este perdón
orando por esa persona y pensando algún gesto de amor que
podré hacer para que se dé cuenta de que no le guardo
rencor.
Si se trata de una persona que no
acepta darme un amor que yo le reclamo, es importante darle un abrazo
imaginario, lleno de cariño, y decirle que lo libero de tener
que darme su amor. Si no puedo hacerlo, no se trata aquí
de una falta de perdón, sino de liberarme de una obsesión
afectiva, cosa que no podemos tratar aquí, pero puede indicar
que no hemos abierto el corazón sinceramente al amor de Dios.
Él ha estado llamando a mi puerta para llenarme de su amor
y llenar mis huecos afectivos, pero ese lugar está ocupado
por una obsesión afectiva que no quiero abandonar y el Señor
no entra en los lugares que no le permitimos ocupar."
.
.
|