LA UNCIÓN DE
LOS ENFERMOS
En el mes de marzo, presentamos una enseñanza
sobre "SANACIÓN DE LOS MORIBUNDOS" partiendo de las siete Palabras
que Jesús pronunció, moribundo, clavado en la cruz. Estas
siete Palabras daban pie a una sanación completa de toda persona
que está en los momentos últimos de su vida.
Pero en la Iglesia, tenemos además un Sacramento
que puede recibir todo fiel cristiano, estando en una enfermedad grave.
Todos los sacramentos son fuentes de sanación en una etapa de
nuestra vida y el sacramento, en particular, de la Unción de
los enfermos, está dirigido especialmente para sanar tanto las
enfermedades físicas como espirituales; es un sacramento para
vivir.
Creemos necesario darlo a conocer como sacramento y
como fuente de sanación integral del hombre, y al mismo tiempo
para clarificar la idea errónea que durante mucho tiempo se le
daba, de ser el sacramento para la hora de la muerte, cuando ya no hay
nada que hacer; cuantas personas y familiares no permitían que
el enfermo recibiese este sacramento porque era señal de muerte,
y no había que asustar al enfermo.
HISTORIA DEL SACRAMENTO.
Durante los primeros nueve siglos se habla indistintamente
del carisma de curaciones y de unción. Los cristianos reconocen
ciertos efectos corporales y espirituales que producen este sacramento.
En este período no se ve la relación que existe entre
unción y muerte.
A partir del siglo décimo se considera al sacramento
como la última gracia que otorga la Iglesia a los cristianos
antes de partir de este mundo. Esta práctica influye en los teólogos
que recomendaban la recepción de los sacramentos a última
hora, cuando ya no existía la posibilidad de cometer la más
mínima falta. Por ello, a partir del siglo doce comienza a llamársela
"Sacramento de la Extremaunción", por ser la última de
las unciones que imparte la Iglesia.
Esta mentalidad creada en torno a este sacramento hizo
que los cristianos lo olvidaran en la práctica y no valoraran
su recepción.
Será en el siglo dieciséis, con el Concilio
de Trento, que se vuelve hacia la tradición de los primeros siglos,
reconociendo que el sacramento era: "Para que la fe salve al enfermo;
para que el Señor lo alivie y para que se le perdonen los pecados."
Ya no se le considera como sacramento de los moribundos.
El Concilio Vaticano II recoge la doctrina del Concilio
de Trento e introduce algunas modificaciones accidentales: "Se prefiere
llamarlo Unción de los enfermos".
Una de las últimas reformas que ha vivido el
sacramento, ha sido con la Constitución Apostólica firmada
por Pablo VI, en 1972. Por su importancia, la vamos a reproducir.
CONSTITUCIÓN APOSTÓLICA "SACRAM UNCTIONEM
INFIRMORUM".
"La Sagrada Unción de los enfermos, tal como
lo reconoce y enseña la Iglesia católica, es uno de los
siete sacramentos del Nuevo Testamento, instituido por Jesucristo nuestro
Señor "esbozado ya en el Evangelio de Marcos (Mc. 6,13), recomendado
a los fieles y promulgado por el Apóstol Santiago, hermano del
Señor:
żEstá enfermo alguno entre
vosotros? Mande llamar a los presbíteros de la Iglesia y
oren sobre él y lo unjan con el óleo en el nombre
del Señor; y la oración de la fe salvará al
enfermo y el Señor lo aliviará y los pecados que hubiere
cometido le serán perdonados: Stg. 5, 14-1 5. (Concilio
de Trento. Sesión 14).
Testimonios sobre la Unción de
los enfermos se encuentran desde tiempos antiguos en la Tradición
de la Iglesia, especialmente en la Liturgia, tanto en oriente como en
occidente. En este sentido se pueden recordar de manera particular la
carta de nuestro predecesor Inocencio I a Decio, obispo de Gubbio y
el texto de la venerable oración usada para bendecir el óleo
de los enfermos: "Envía, Señor, tu Espíritu Santo
Paráclito", que fue introducido en la plegaria eucarística
y se conserva aún en el Pontifical Romano.
A lo largo de los siglos se fueron determinando
en la tradición litúrgica con mayor precisión,
aunque no de modo uniforme, las partes del cuerpo del enfermo que debían
ser ungidas con el santo óleo y se fueron añadiendo distintas
fórmulas para acompañar las unciones con la oración,
tal como se encuentran en los libros rituales de las diversas iglesias.
Sin embargo, en la Iglesia Romana prevaleció desde la edad media
la costumbre de ungir a los enfermos en los órganos de los sentidos,
usando la fórmula: "Por esta santa unción y por su bondadosa
misericordia te perdone el Señor todos los pecados que has cometido"
adaptada a cada uno de los sentidos.
La doctrina acerca de la santa Unción
se expone también en los documentos de los Concilios ecuménicos,
a saber, el Concilio de Florencia, sobre todo el de Trento y el Vaticano
II..
El Concilio de Florencia describió
los elementos esenciales de la Unción de los enfermos, el Concilio
de Trento declaró su institución divina y examinó
a fondo todo lo que se dice en la carta de Santiago acerca de la Santa
Unción, especialmente lo que se refiere a la realidad y a los
efectos del sacramento: "tal realidad es la gracia del Espíritu
Santo, cuya unción limpia los pecados, si es que aún quedan
algunos por expiar, y las reliquias del pecado, alivia y conforta el
alma del enfermo, suscitando en él gran confianza en la divina
misericordia, con lo cual el enfermo, confortado de este modo, sobrelleva
mejor los sufrimientos y el peso de la enfermedad, resiste más
fácilmente las tentaciones del demonio "que le acechan al calcañar"
(Gen. 3, 15) y consigue tal vez la salud del cuerpo si fuera conveniente
a la salud del alma". El mismo santo Sínodo proclamó además
que las palabras del apóstol indican con bastante claridad que
"esta unción se ha de administrar a los enfermos y, sobre todo,
a aquellos que se encuentran en tan grave peligro que parecen estar
ya en fin de vida, por lo cual es también llamado sacramento
de los moribundos". Finalmente, por lo que se refiere al ministropropio
declaró que éste es el presbítero.
Por su parte el Concilio Vaticano II
ha dicho ulteriormente: "La Extremaunción" que puede llamarse
también y más propiamente "Unción de los enfermos",
no es sólo el sacramento de quienes se encuentran en los últimos
momentos de su vida. Por tanto, el tiempo oportuno para recibirlo empieza
cuando el cristiano comienza a estar en peligro de muerte por enfermedad
o por vejez". Por lo demás, que el uso de este sacramento sea
motivo de solicitud para toda la Iglesia, lo demuestran estas palabras:
"Con la sagrada Unción de los enfermos y la oración de
los presbíteros, toda la Iglesia encomienda los enfermos al Señor
paciente y glorioso, para que los alivie y los salve (Stg. 5, 14-16),
e incluso los exhorta a que, asociándose voluntariamente a la
pasión y a la muerte de Cristo (Am 8, 17; Col. 1,24; 2 Tim 2,
11-12), contribuyan así al bien del pueblo de Dios".
Todos estos elementos debían
tenerse muy en cuenta al revisar el rito de la santa Unción,
con el fin de que lo susceptible de ser cambiado se adapte mejor a las
condiciones de los tiempos actuales.
Hemos pensado, pues cambiar la fórmula
sacramental de manera que, haciendo referencia a las palabras de Santiago,
se expresen más claramente los efectos sacramentales.
Como por otra parte el aceite de oliva,
prescrito hasta el presente para la validez del sacramento, falta totalmente
en algunas regiones o es difícil de conseguirlo, hemos establecido,
a petición de numerosos obispos, que en adelante pueda ser utilizado
también, según las circunstancias, otro tipo de aceite,
con tal de que sea obtenido de plantas, ya que éste se asemeja
más al aceite de oliva.
En cuanto al número de unciones
y a los miembros que deben ser ungidos, hemos creído oportuno
proceder a una simplificación del rito actual.
Por lo cual, dado que esta revisión
atañe a ciertos aspectos, al mismo rito sacramental, establecemos
con nuestra autoridad apostólica que en adelante se observe en
el rito latino como sigue:
El sacramento de la Unción de
los enfermos se administra a los gravemente enfermos ungiéndolos
en la frente y en las manos con aceite de oliva o, según las
circunstancias, con otro aceite de plantas debidamente bendecido, y
pronunciando una sola vez estas palabras:
"Por esta santa Unción y por
su bondadosa misericordia, te ayude el Señor con la gracia del
Espíritu Santo. R/. Amén. Para que libre de tus
pecados, te conceda la salvación y te conforte en la enfermedad.
R/. Amén."
Sin embargo, en caso de necesidad, es
suficiente hacer una sola unción en la frente o por razón
de las particulares condiciones del enfermo, en otra parte más
apropiada del cuerpo, pronunciando íntegramente la fórmula.
Este sacramento puede ser repetido,
si el enfermo que ha recibido la Unción se ha restablecido y
después ha recaído de nuevo en la enfermedad, o también
durante la misma enfermedad si el peligro se hace más serio.
......................................................
Dado en Roma, junto a San Pedro, el
30 de noviembre de 1972. Año X de nuestro Pontificado. Paulus
PP VI".
Es bueno, también, meditar sobre la actual bendición
del óleo para la administración del Sacramento de la Unción,
que emplea el Obispo durante la misa Crismal. Nos da luz sobre el verdadero
sentido de este sacramento, lo cual nos mostrará la necesidad
e importancia del mismo.
OREMOS:
"Señor Dios, Padre de
todo consuelo, que has querido sanar las dolencias de los enfermos
por medio de tu Hijo: escucha con amor la oración de nuestra
fe y derrama desde el cielo tu Espíritu Santo Paráclito
sobre este óleo.
Tú que has hecho que el
leño verde del olivo produzca aceite abundante para vigor
de nuestras fuerzas, enriquece con tu bendición este óleo,
para que cuantos sean ungidos con él, sientan en cuerpo y
alma tu divina protección y experimenten alivio en sus enfermedades
y dolores. Que por tu acción, Señor, este aceite sea
para nosotros, óleo santo, en nombre de Jesucristo nuestro
Señor que vive y reina por los siglos de los siglos." Amén.
ASPECTOS PRINCIPALES DEL SACRAMENTO.
Queremos resaltar algunos aspectos del sacramento, conforme
al nuevo ritual.
- El sacramento mira al hombre integral. Dios quiere
la salud completa del hombre y en este sacramento, al mismo tiempo
que confiere la gracia, perdona los pecados y da fuerza en las tentaciones,
se pide al Señor que experimenten en su cuerpo, alivio en sus
enfermedades y dolores.
- Se ve claro con lo que antecede, que el sacramento
no es de moribundos. Es un sacramento para vivir; para que el hombre,
al mismo tiempo que recupera la gracia, recupere la salud y pueda
servir al Señor con alegría. Si muchos de nuestros enfermos
conociesen la virtud de este sacramento, no cabe duda que al mismo
tiempo que acuden al médico, acudirían al sacerdote
para que les administre el sacramento de la Unción.
- Un detalle muy importante que se ha introducido en
el nuevo ritual del sacramento, es: pedir y reclamar de los enfermos
su participación en la pasión y muerte de Cristo. Si
el enfermo se acerca a la pasión de Cristo, sus propios dolores
quedan mitigados al compartir con Cristo los mutuos sufrimientos.
Si a nivel humano, cuando nosotros nos abrimos a otra persona contándole
todo lo que nos pasa, parece que se nos van la mitad de nuestros sufrimientos,
con mucha más fuerza y eficacia sentimos mejoría cuando
participamos de la pasión de Cristo. La experiencia lo está
proclamando cada día.
- Al ser un sacramento para vivir, se puede administrar
a quienes comienzan a estar en peligro de enfermedad o vejez. Además,
se puede repetir, si el enfermo se cura y vuelve a la vida ordinaria.
Igualmente se puede repetir el sacramento durante la misma enfermedad,
si el peligro se hace más serio.
LA UNCIÓN COMO SACRAMENTAL.
Nos vemos obligados a copiar del P. Darío Betancourt
("Fuentes de Sanación) unos párrafos referentes a la Unción
como sacramental, práctica bastante olvidada, conforme a lo que
él nos confiesa, y que podría ser un medio, a mano, de
alivio y sanación de enfermos.
El Sr. Obispo Luis Ma.. Estrada,
administrador apostólico de Izabal (Guatemala) comenta: "Muchos
sacerdotes católicos no se han percatado de que existe una
bendición especial para el aceite, que no es ningún
sacramento, sino más bien se trata de una bendición
para aceite que se bendice precisamente para el uso diario de sanación,
y que las personas puedan entonces llevar consigo a casa y usar
para orar unos por otros. Al igual que el agua bendita, cuya intención
es para uso diario, nos recuerda el agua del bautismo, así
también este aceite, un sacramental, nos recuerda el sacramento
de la Unción. Obsérvese que en la oración de
bendición se habla de: "aquellos que van a usar este aceite",
y asume que ellos serán distintos al sacerdote que bendice
el aceite.
Los católicos podríamos
recobrar la herencia de orar por los enfermos, redescubriendo algunos
de los medios que existen a mano. Medios similares que han sido
descubiertos a través del estudio profundo de la epístola
de Santiago y otros textos que hacen referencia a la sanación.
Todo lo que necesitamos los católicos es una sólida
instrucción en esta materia. Que los sacerdotes aprendan
acerca de esta oración del antiguo Ritual Romano, e! cual
pueden utilizar para luego instruir bien y con sana doctrina a los
seglares, cómo usar el aceite y cómo orar por los
miembros de sus familias, amistades y vecinos en forma sencilla.
Hay muchas otras bendiciones en
las cuales se bendicen objetos para fines de sanación y que
proceden de Ordenes y Congregaciones religiosas. En los Hechos de
los Apóstoles leemos que Dios obraba por medio de San Pablo
milagros no comunes, de forma que bastaba aplicar a los enfermos
los pañuelos o mandiles que había usado y se alejaban
de ellos las enfermedades y salían los espíritus malos.
(Hech. 19, 11-12).
La bendición del aceite para
sanación está reservada al obispo o al sacerdote.
Su uso como sacramental se extiende indistintamente al obispo, sacerdotes,
religiosos, religiosas y los laicos. La bendición de este
aceite se encuentra en el Ritual Romano, Tit. VIII Cap. XIX.
Bendición del aceite.
- Nuestro auxilio está en el nombre del Señor.
- Que hizo el cielo y la tierra.
Oleo, criatura de Dios, yo expulso fuera de ti
al Demonio, por Dios Padre todopoderoso, que hizo el cielo y la
tierra, el mar y todo lo que ellos contienen. Que el poder del adversario,
las legiones del Diablo y todos los ataques y maquinaciones de Satanás
sean dispersadas y llevadas lejos de esta criatura aceite; que traiga
salud al alma de todos los que lo usan, en el nombre de Dios Padre
todo poderoso, de nuestro Señor Jesucristo su Hijo y del
Espíritu Santo, el abogado, así como en el Amor del
mismo Jesucristo, Nuestro Señor, quien ha de venir a juzgar
a los vivos y a los muertos y al mundo por el fuego.
- Señor, escucha nuestra oración.
- Y llegue a ti nuestro clamor.
- El Señor esté con vosotros,
- Y con tu espíritu.
Oremos:
Señor, Dios todopoderoso,
a quien venera el coro de los ángeles en el cielo y cuyo
servicio celestial reconocemos; dígnate mirar favorablemente
y bendecir, y santificar esta criatura aceite, el cual por tu poder
ha sido prensado del jugo de las olivas. Tú lo has ordenado
para la unción de los enfermos, a fin de que, al ser sanados,
te puedan dar gracias a ti, el Dios vivo y verdadero. Concede, te
rogamos, que aquellos que vayan a usar este óleo, el cual
estamos bendiciendo en tu nombre, sean liberados de todo sufrimiento,
de toda enfermedad y de todas las astucias del enemigo. Permite
que sea un medio para alejar del hombre, hecho a tu imagen y redimido
por la preciosa Sangre de tu Hijo, toda clase de adversidad, a fin
de que él nunca vuelva a sufrir el aguijón de la antigua
serpiente. Por Cristo Nuestro Señor. Amén.
(Se asperje con agua bendita).
Da lástima que valores como
éste hayan caído en el olvido y no sean aprovechados
cuando tenemos tantas necesidades.
No se trata de restar importancia
al sacramento de la Unción de los enfermos, cuyo valor estamos
apreciando mejor ahora, sino de beneficiarnos también con
este aceite bendito en el ministerio de sanación, tanto interior
como Corporal.
Cuando usamos el aceite como sacramental
en el ministerio de sanación, no estamos haciendo ritos de
sabor mágico, ni mucho menos; lo hacemos porque tenemos fe
en el poder de Dios que se manifiesta también a través
de esa unción sobre la cual se ha invocado la fuerza y la
acción del Espíritu del Señor."
Que el Señor bendiga este trabajo,
haciendo que todos valoremos cada día más el Sacramento
de la Unción y le tengamos el mayor aprecio, tal como corresponde.
Igualmente que sepamos aprovecharnos de la Unción como sacramental,
ya que el mismo, lo tenemos a nuestra disposición como medio
para evangelizar.
No olvidemos que en la práctica
de nuestra religiosidad necesitamos mucha dosis de fe, sin la cual nos
quedamos inertes y sin vida espiritual. Si, al menos, por condicionamientos
de sanación, podemos incitar a nuestros hermanos a desarrollar
su fe religiosa, sería bien empleado el reavivar la práctica
del Sacramento de la Unción y la Unción sacramental.