EL SACRAMENTO DEL BAUTISMO,
FUENTE DE SANACIÓN.
Un día, en la mayoría
de los casos, siendo pequeños, recibimos las aguas bautismales,
y también en la mayoría de los casos, ahí quedó
eso. Lo hemos recordado, a lo máximo, y muy pocas veces el
sentido del bautismo lo hemos revivido, salvo cuando hemos asistido
a un acto en donde se han renovado las promesas bautismales.
Hemos olvidado que por el
bautismo, los hombres, "libres del poder de las tinieblas, muertos,
sepultados y resucitados con Cristo, reciben el Espíritu de
los hijos de adopción y celebran con todo el pueblo de Dios
el memorial de la muerte y resurrección del Señor".
(Vat. II. Ad gentes, n 14)
Así, pues, por el
bautismo los hombres reciben la más grande de las sanaciones,
los liberan del poder del mal, les perdona todo pecado y quedan puros
e inmaculados, convertidos en nueva criatura por el agua y el Espíritu
Santo.
No hay momento, en la vida
del hombre, más grande que el de su bautismo, porque a través
del mismo recibe la mayor de las sanaciones. Pero hay más;
el bautismo imprime carácter, señal indeleble, es fuente
perenne, para que perdure a través de la vida, lo que se recibió
en un momento dado.
Que actualicemos cada día
nuestro bautismo, dependerá de nosotros.
Que recibamos la sanación
del bautismo cada día, será nuestro reto.
Siento con pena que los
cristianos no nos aprovechamos del tesoro que tenemos en nuestras
manos, y no obstante corremos desesperados hacia otras aguas buscando
sanación.
Pretendemos ayudar a nuestros
hermanos, haciéndoles descubrir el valor del bautismo, presentando
y comentando algunos textos del rito del bautismo.
El acto del bautismo es
un acto libre de la persona, que dará su consentimiento personalmente
o a través de sus padres y padrinos. Es un punto muy importante
a tener en cuenta; Es el primer paso en el rito bautismal.
A continuación se
ora por los que se van a bautizar y por sus padres y padrinos, por
la responsabilidad que van a contraer.
Antes de entrar en la liturgia
del sacramento, el sacerdote dice una oración de exorcismo
con estas palabras:
"Dios todopoderoso y eterno,
que has enviado a tu Hijo al mundo, para librarnos del dominio de
Satanás, espíritu del mal, y llevarnos así, arrancados
de las tinieblas al Reino de tu luz admirable; te pedimos que este
niño (o esta persona) lavado del pecado original, sea templo
tuyo, y que el Espíritu Santo habite en él. Por Cristo
nuestro Señor. Amen."
Otra fórmula de la
oración de exorcismo dice así: "...Por la fuerza de
la muerte y resurrección de tu Hijo, arráncalos del
poder de las tinieblas y, fortalecidos con la gracia de Cristo, guárdalos
a lo largo del camino de la vida."
Con estas oraciones, el
sacerdote, en nombre de la Iglesia, está pidiendo que los que
se van a bautizar se vean libres de todo pecado para que sean templo
del Espíritu Santo, y esto a lo largo del camino de la vida.
La sanación que se pide es para todos los días de la
vida.
Para que lo entendamos mejor,
haremos una oración pidiendo la sanación de una enfermedad
física. "Dios todopoderoso, por la fuerza de la muerte y resurrección
de tu Hijo, arranca el cáncer que invade y está pudriendo
este cuerpo y devuélvele la salud completa para todos los días
de su vida". ¡Cuál no sería nuestro asombro si esto
se realizase! Y no nos damos cuenta que el bautismo hace algo mucho
más grande, con toda la eficacia y siempre.
Y para cubrir de fortaleza
al nuevo bautizado, prosigue el celebrante:
"Para que el poder de Cristo
Salvador te fortalezca, te ungimos con este óleo de salvación
en el nombre del mismo Jesucristo. Señor nuestro, que vive
y reina por los siglos de los siglos. Amen".
Se hace la unción
en el pecho con el óleo de los catecúmenos, consagrado
por el obispo en Semana Santa.
La liturgia del sacramento
nos presenta un elemento esencial: el agua. El agua que es vital para
la vida de las plantas, de los animales y del mismo hombre. El agua,
pura y cristalina, que lava y limpia toda suciedad. Esa misma agua
es escogida en el sacramento del bautismo como el símbolo de
lo que realmente hace el bautismo en el hombre: limpia toda mancha
y da vida nueva. Por eso el celebrante, antes de proseguir el acto,
recuerda a todos los presentes la admirable providencia de Dios, que
ha querido santificar el alma y el cuerpo del hombre por medio del
agua.
La bendición del
agua bautismal, que se hace en estos momentos, viene a recordar los
diversos momentos de la historia de Israel (el diluvio, el paso del
mar Rojo, Jesús bautizado con el agua del Jordán) en
donde el agua fue protagonista y símbolo de lo que se iba a
realizar a través de Cristo. Termina con esta oración,
mientras el celebrante toca con su mano derecha el agua:
"Te pedimos, Señor,
que el poder del Espíritu Santo, por tu Hijo, descienda sobre
el agua de esta fuente para que los sepultados con Cristo en su muerte,
por el Bautismo, resuciten con él a la vida. Por Jesucristo
nuestro Señor. Amén".
Hay un momento muy importante
en la liturgia del sacramento. Dios, por Cristo, va a realizar una
obra admirable en el bautizado, que solo Él lo puede realizar.
Pero Dios no actuará, en ningún momento, contra nuestra
libertad y es ahí en donde se le pide:
- Renunciar a Satanás, a sus
obras y seducciones para que Dios pueda liberarlo de todo pecado
y culpa.
- Realizar una triple profesión
de fe, creyendo en Dios Padre, en Dios Hijo Y en Dios Espíritu
Santo, para que Dios pueda darle nueva vida y hacerle hijo suyo.
Tanto la renuncia como la
profesión de fe, ciertamente no puede hacerla personalmente
cuando quien se bautiza es un niño, por eso los padres y los
padrinos lo hacen en su nombre, y además se comprometen a guardar
y a cultivar esa nueva vida que brota del amor de Dios. Los padres
y padrinos deberán esforzarse en educarle en la fe con su palabra
y con su ejemplo, de tal manera que esta vida divina quede preservada
del pecado y crezca en ellos de día en día.
Confirmado, una vez más,
el deseo de recibir el bautismo en la fe de la Iglesia que acaba de
profesar, el celebrante procede al rito del bautismo, diciéndole
al bautizado por su nombre:
"yo te bautizo en el
nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo", al
mismo tiempo que le derrama por tres veces el agua sobre su cabeza.
El bautismo se puede realiza, también, por inmersión.
Un detalle; al final de la fórmula no se dice "Amén";
"amen" indica un deseo, una súplica, de que así se cumpla,
así sea. Pero las palabras del bautismo son eficaces, el pecado
queda borrado y la gracia se derrama automáticamente; no cabe
ya ningún deseo ni súplica.
Acto seguido del bautismo,
sigue un rito de la mayor importancia, que tiene la mayor trascendencia.
Se unge con el Santo Crisma al nuevo cristiano. La unción es
un llamado, una consagración. Se unge a los reyes, se unge
a los sacerdotes, se ungía a los profetas y se ungen también
las iglesias que van a ser consagradas. El celebrante unge en la coronilla
del bautizado y dice:
"Dios todopoderoso, Padre
de nuestro Señor Jesucristo, que os ha liberado del pecado
y dado nueva vida por el agua y el Espíritu Santo, os consagre
con el Crisma de la salvación para que entréis a formar
parte de su pueblo y seáis para siempre miembros de Cristo,
sacerdote, profeta y rey. Amén".
¡Cómo no celebrar
con júbilo, cada día, la vivencia de nuestra consagración
formando parte del pueblo de Cristo e injertados para siempre como
miembros del cuerpo de Cristo! ¡Cómo no recordar cada día
nuestra dignidad!
Viene a continuación
tres ritos que son tres signos que manifiestan lo que ha sucedido
en el bautizado.
- Se le impone la vestidura blanca
como signo de la dignidad del cristiano y para decirle que la
conserve sin mancha hasta la vida eterna.
- Se le entrega una vela encendida
en el cirio Pascual (símbolo de Cristo) y se le dice: "Recibid
la luz de Cristo". Caminad siempre como hijos de la luz.
- El celebrante toca con el dedo pulgar
los oídos y la boca del bautizado y le dice: "El Señor
Jesús, que hizo oír a los sordos y hablar a los
mudos, te conceda, a su tiempo, escuchar su Palabra y proclamar
la fe, para alabanza y gloria de Dios Padre. Amén".
La alegría de todos
los presentes en el acto se une a la alegría de recién
bautizado. Ha recibido la dignidad de hijo de Dios y se une a todo
el pueblo santo. Por ello es el momento en que todos juntos se pueden
dirigir a Dios como Padre, con la oración del PADRE NUESTRO
QUE ESTÁS EN LOS CIELOS...
Termina el rito del bautismo
con la bendición del sacerdote. Bendice a las madres por el
fruto de sus entrañas. Bendice a los padres para que, junto
con sus esposas, sean los primeros que den testimonio de la fe ante
sus hijos. Bendice a todos los presentes para que siempre y en todo
lugar, sean miembros vivos del pueblo de Dios y que la paz reine en
sus corazones.
Y finalmente dice:
"La bendición de
Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda
sobre vosotros. Amén."
Para terminar hay que añadir
que el bautismo, al mismo tiempo que es una sanación integral
del hombre principalmente a nivel espiritual, realiza también
sanación física en muchos casos. "Si es capaz de sanar
de raíz el mal del hombre, ¿cómo no será eficaz
para curar toda otra consecuencia como la enfermedad?" El P. Darío
Betancourt, en su libro "Fuentes de Sanación" cita varios casos
en los cuales, los niños estando enfermos y sin esperanzas,
recibido el bautismo "in extremis", se recuperaron y se salvaron.