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MES DE ENERO DEL
2002.
Todo el plan de Dios sobre el hombre
mira a todo su ser. No habrá salvación plena hasta que
venga "un cielo nuevo y una tierra nueva... y no habrá más
muerte, ni luto, ni llanto, ni pena, porque el primer mundo ha desaparecido".
(Ap. 21, 1-4)El hombre, como persona libre, debe colaborar con el
plan de Dios para llegar a esa salvación plena. Y lo debe hacer
en todos los planos en que se mueve el hombre: a nivel espiritual,
a nivel psíquico y a nivel físico,
Nivel espiritual:
Vida de fe.
Sacramentos.
Conciencia recta.
Perdonar y pedir perdón.
Sanación de viejas
heridas .
Llevar una vida sana.
Acudir a tiempo a
los profesionales sanitarios.
Y en todos los casos,
buscar la sanación a través de la oración, supeditándola,
siempre, a la Voluntad de Dios.
Como se ve a través
de este breve esquema, son muchas las facetas y medios a través
de los cuales el hombre tiene que ir caminando a su salvación
plena. Nosotros, intentaremos desarrollarlos en los próximos
meses, desde esta página Web. Dios quiera bendecir este trabajo
y le daremos infinitas gracias si puede ser de utilidad, para gloria
de Dios.
Hoy nos centraremos en dos puntos que,
en todo momento, debemos tener presente:
1)- El hombre debe buscar su sanación
integral.
Si Dios quiere la salvación
integral del hombre, también el hombre debe buscar esa salvación
en todo orden, a todo nivel de su persona.
Hay que tener una idea
clara y precisa si queremos caminar hacia la felicidad:
EL HOMBRE FORMA UNA
UNIDAD DENTRO DE LA COMPLEJIDAD QUE TIENE CON SU CUERPO, ALMA Y ESPÍRITU.
Cualquier parte de este complejo que esté dañado, repercutirá
en todo el resto, algo parecido a lo que se sucede cuando golpeamos
a una telaraña.Dicho en
otras palabras. Conseguiré mi felicidad cuando todo mi ser
esté sano. Si bien esa felicidad no será plena en este
mundo, sí que puedo caminar hacia la misma, intentando trabajar
en todas las áreas de mi ser. Mis esfuerzos no conseguirán
frutos si no busco sanar todas las heridas que tengo en cualquier
área. Esta es la razón de la tan conocida pregunta:
"¿Por qué no termino de sanarme?".
Veamos unos ejemplos.
En la mayor parte de
los milagros de Jesús, la sanación va condicionada
a la fe de la persona. Por el contrario, Jesús no pudo obrar
signo alguno de sanación en Nazaret, por la falta de fe de
sus paisanos. (Mc. 5, 21-34).Vemos
también que Jesús sana y pide conversión de
vida: "No peques más".Los
médicos confirman que las personas de fe se sanan con más
facilidad.Muchas enfermedades
de artrosis graves se han curado a través del perdón.La
alabanza, poniendo la vista en Dios, libera de muchas preocupaciones.La
falta de perdón o la no-aceptación de un contratiempo,
repercute en el sistema nervioso y en el organismo, incluso desarrollando
el cáncer.El encerrarse,
buscando solo la sanación física, es causa de obsesión
y agrava el mal.Una vida de fe
y sacramental, alivia las mismas enfermedades y pone en el corazón
y en los labios una alegría que el mundo no puede entender.
La lista se podría
alargar y no cabe duda que muchos tendréis experiencias al respecto.
A nosotros solamente nos cabe añadir que, si somos uno en
la diversidad de facetas que tenemos, no olvidemos lo siguiente:
Vivamos una vida espiritual,
llena de fe, apoyada en una vida sacramental. Que
el amor guíe todos nuestros pasos cuando nos relacionemos
con los demás. Llevemos
una vida sana y equilibrada.En
una palabra, que nos sintamos hijos de Dios y que descansemos confiadamente
en los brazos de nuestro Padre, a quien le debemos llamar, con todo
cariño, "ABBA", Padre querido. (Mt. 6, 25,26; 31,33).
2). - Otro punto
a tener muy en cuenta, responde al famoso dicho: "A Dios rogando y con
el mazo dando". En general, somos muy propensos a pedir y no a dar;
a exigir que Dios nos sane y no poner los medios, de nuestra parte,
para sanarnos. Deseamos que los demás nos mimen, mientras nosotros
nos encerramos; vemos la mota en el ojo ajeno y no vemos la viga en
el nuestro; pedimos la sanación física y nos olvidamos
de nuestra sanación interior porque nos exige renuncias. En una
palabra, acudimos a la oración de sanación como una receta
mágica; que ella lo haga todo, pero que me deje tranquilo en
el proceder de mi vida.En la parte espiritual, la sanación, tanto
física como interior, siempre debe ir unida a una renovación,
a un cambio de vida. Jesús sana a un enfermo y le pide: "No peques
más". Jesús se queja de los nueve leprosos a los que ha
sanado y que no han vuelto a dar gracia y a alabar a Dios. Si no entendemos
que toda sanación conlleva algo más de nuestra parte,
es posible que ello mismo sea un freno a cualquier sanación.En
la parte humana, Dios no rechaza lo natural para conseguir nuestro bienestar.
Sería un absurdo no ir al médico, porque vamos a las misas
de sanación, pensando que Dios está por encima de todos
y esto basta. Dios se puede valer del médico o de cualquier otro
medio natural para sanarnos; siempre será Él el artífice
último de la sanación. Debemos orar confiadamente por
nuestra sanación, pero nunca debemos dejar los medios humanos
y lícitos que estén a nuestro alcance.Jesús manda
a los diez leprosos que se presenten a los sacerdotes. Al ciego, Jesús
le pone barro en los ojos y le dice que vaya a lavarse a la fuente Siloé.
Eliseo manda a Naamán, el sirio, a bañarse siete veces
en el río Jordán, si quiere sanar de la lepra; lo hizo
y sanó.Que el Espíritu nos haga entender que Dios quiere
nuestra salvación integral, pero que también nosotros
debemos procurarla.
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