" Nueva en su expresión
Para entender esto debemos
mirar fijamente a la persona de Jesús, el primer y más
grande evangelizador, para darnos cuenta cómo transmitía
la Buena Nueva de la salvación.
Jesús presentaba el
Evangelio de una manera muy sencilla. San Mateo resume maravillosamente
la actividad de Jesucristo en un texto muy hermoso:
Jesús recorría
toda fa Galilea enseñando en sus sinagogas, proclamando
la Buena Nueva del Reino y sanando toda enfermedad y dolencia
en el pueblo.
Mt 4,23. y 9,35.
La evangelización de
Jesús comprendía dos aspectos fundamentales: el
anuncio de la Palabra y la sanación de los enfermos.
a.- Anuncio de la Palabra
Hoy en día algunos
piensan que basta el testimonio de vida y que ya no es necesario
proclamar la Palabra. Sin embargo, no ha existido testimonio de
vida más auténtico que el de Jesús, y Él
de todos modos anunciaba la Palabra, recorriendo pueblos y aldeas.
El número 22 de la
Evangelii Nuntiandi afirma que aunque el testimonio de
vida es la primera forma de proclamar la Buena Nueva, es insuficiente
y debe ser acompañado por la Palabra de vida.
No hay verdadera evangelización
mientras no se anuncie el Nombre, la doctrina, la vida, las promesas,
el Reino y el misterio de Jesús, Hijo de Dios. El mensaje
es la persona de Jesús.
b.- Curación de
enfermos
Jesús realizaba signos
y prodigios que congregaban multitudes, y a esas turbas les dirigía
la Palabra de salvación.
Existen personas que sostienen
que lo importante es proclamar la Palabra y que los signos milagrosos
no son necesarios. Sin embargo, muchos templos están vacíos
porque a la gente no le basta oír la Palabra; quiere constatar
la eficacia de la misma. Necesita manifestaciones que revelen
el triunfo de Cristo Jesús sobre el pecado, la enfermedad
y la muerte.
Cuando anunciamos la Palabra
con signos, se congregan multitudes no sólo para escuchar,
sino ver que se cumple la Palabra de Jesús, y entonces
están más abiertas a responder al mensaje de salvación
con un acto de adhesión a la persona de Jesucristo como
Salvador y Señor.
Cuando predicamos de esta
manera suceden cosas como las relatadas en El Diario de
Asunción, Paraguay, el 22 de abril de 1985, en su artículo
titulado: "La fe convocó a más de 40.000
fieles".
"Con un poder de convocatoria
insólito, teniendo en cuenta la no promoción de
la venida del sacerdote carismático canadiense a nuestro
país, se congregaron más de cuarenta mil personas
en el estadio del Club Cerro Porteño.
La campaña de evangelización
de la Renovación Carismática a través de
la predicación del Padre Tardif, significó un gran
espectáculo de fe en Cristo Jesús. El referido local
fue pequeño para la gran cantidad de personas que llegó
con deseos de participar en la ceremonia; mucha gente quedó
afuera. Miles de personas siguieron el acto a través de
la transmisión de televisión.
Puede decirse con toda honestidad
que el Canal 13 batió el récord en lo que se refiere
a estima, según los comentarios surgidos en la víspera.
En la actualidad la Iglesia
Católica tiene un gran poder de convocatoria para todos
los fieles, ya que sin un gran despliegue promocional, el país
entero estuvo pendiente de su mensaje y de sus oraciones.
Cabe señalar, además
el auge que va teniendo en la actualidad el Movimiento de Renovación
Carismática Católica en el país y el mundo.
En forma silenciosa va extendiendo su influencia de manera sorprendente.
Este movimiento dentro de la Iglesia se ocupa de reivindicar el
poder de la fe en el mundo cristiano".
Los signos acompañan
la proclamación del Kerygma, pero nunca hemos visto signos
que acompañen las tesis teológicas, ya que estas
se sostienen con sus argumentos mismos. Ahora, al volver a predicar
el Kerygma vemos estos signos que convocan tanta gente que crean
problemas que deben ser solucionados con visión del futuro.
Cuando la Palabra va acompañada
de signos, el problema no es cómo hacer para que la gente
venga, sino qué hacer con tantos que llegan. Es curioso
el telegrama que me enviaron el 4 de mayo de 1986 de Elizabeth,
New Jersey, (Estados Unidos), que decía lo siguiente:
Favor de no venir a predicar
en el evento del 13 al 18 de mayo de 1986. No podemos encontrar
un lugar lo suficientemente grande para toda la gente que desea
escuchar la Palabra del Señor.
Sinceramente. Padre Roberto
Trabold.
Las sanaciones y los milagros
no son apéndices secundarios en la evangelización,
ya que a través de ellos se muestra la eficacia de la Palabra
proclamada. Antiguamente se decía que los milagros eran
para probar la veracidad de la doctrina. Sin embargo, tienen una
función todavía más importante: mostrar actuando
al Dios que predicamos. Es la salvación en acto.
Así pues, los signos
milagrosos y las sanaciones se nos presentan como una maravillosa
oportunidad de manifestar la acción de Dios, y no sólo
hablar de un Dios a quien nadie puede ver ni constatar su acción.
En un congreso ecuménico,
un Obispo de Pakistán nos decía muy convencido:
Llevo más de 25 años
trabajando en Pakistán. Puede que yo sea la persona que
ha convertido más musulmanes: unos 1.000 en todo mi ministerio.
Al final de mi carrera me
doy cuenta que si a los musulmanes no les predicamos el Evangelio
con los signos y prodigios que muestren que nuestra religión
no es una ideología, sino una realidad, se perdería
el tiempo al ministrar entre ellos, pues son una cultura anticristiana,
pero no anticristo.
Por su lado, un delegado de
Irlanda añadió:
Antes, el hombre levantaba
su mirada al cielo ante cualquier problema y dificultad. Frente
a una epidemia, se hacía una cruzada de oración.
Si no llovía, la gente organizaba jornadas de intercesión
para suplicar a Dios el agua. Hoy día las vacunas y las
presas nos han hecho olvidar a Dios. Pero lo peor es que se prescinde
de Él en otras esferas más trascendentes. A veces
se quiere construir el Reino con simples técnicas y organización.
Pero si es cierto que entre los musulmanes se necesita esta clase
de signos, yo afirmaría que para el mundo occidental y
desarrollado son aún más necesarios.
El hombre vive a expensas
de sus propias fuerzas y necesita experimentar que existe el poder
de lo Alto: la fuerza del Espíritu Santo.
Personalmente creo que la
nueva expresión para predicar el Evangelio, sería
que la Palabra fuera acompañada de signos de poder.
Así predicaba Pablo
(1Tes 1,5). Incluso los milagros autentificaban su ministerio
apostólico (2 Cor 12, 12). Como que no puede haber verdadero
o completo apóstol sin estos signos.
Yo creo que Jesús
no ha cambiado su pastoral y por eso hoy día sigue manifestándose
con poder frente al hombre contemporáneo. Jesús
no ha cambiado su método pastoral porque es eficaz.
El no necesita congresos de
Pastoral o semanas de "aggiornamiento" o "reciclaje" porque su
método todavía funciona y no hay nada mejor que
lo pueda suplantar. Sigue curando, convoca multitudes, se predica
la Palabra y, quienes se abren a la fe, se convierten.
El 23 de diciembre de 1987
me escribió el Padre Paul Pegeaud, de Issia, Costa de Marfil,
diciendo:
La jornada de evangelización
ha dejado una profunda huella en la parroquia. Me lamento de no
haber convocado a más paganos: ya que cada pagano curado
ha llegado a ser un catecúmeno.
Ha habido curaciones espectaculares
como la de un niño jorobado de cuatro años. Él
estaba en los brazos de su papá, que es médico.
Cuando comenzó la oración por los enfermos, comenzó
a sudar abundantemente. Cayó a tierra y se agitaba como
si estuviese en una olla de agua hirviendo.
Luego sintió que algo
lo estiró de la cabeza y las manos y se levantó
por sí mismo.
Entonces le dijo a su papá:
"Papá, tú sí que eres un buen médico".
Su padre le respondió emocionado: es que yo no te curé.
Ha sido Jesús de Nazaret...". Cuando regresaba a su casa
el papá intentó tomar un poco de licor, pues era
muy afecto a él, pero su boca rechazó el sabor y
de esa manera quedó libre del alcoholismo.
Tenemos otros casos muy hermosos
de reconciliación familiar y de perdón.
Nosotros les habíamos
predicado muchas veces que Jesús había resucitado
y daba vida, pero ahora tenemos muchos testigos que así
lo confirman. Nosotros habíamos leído y predicado
muchas veces las curaciones que narra el Evangelio, pero ahora
ellos las han visto con sus propios ojos. El Evangelio ha cobrado
un nuevo valor para los creyentes y ha sido un asombro para los
paganos.
Hay quienes critican las exageraciones
en el ministerio de sanación. Yo también lo hago,
porque a veces existen. Pero los que señalan los extremos
también deberían referirse a los que exageran por
defecto, es decir a quienes jamás toman en cuenta este
aspecto evangélico. Para mí es más peligrosa
esta última exageración, pues nos lleva a olvidarnos
que existe el poder de Dios para manifestar la salvación
al hombre de hoy.
A veces, por visión
miope se piensa que la curación es todo y no se descubre
su valor. No se perciben los alcances que tiene un signo como
este: la curación suscita una reacción en cadena
en diferentes áreas de la vida de la persona y de quienes
la rodean, como se muestra en el siguiente caso:
En Santiago de los Caballeros,
República Dominicana, el otoño de 1987 ocurrió
una sanación muy grande. Oscar Lama tuvo un accidente de
automóvil, a raíz del cual quedó en estado
de coma durante dos meses. Lo llevaron a un famoso hospital de
Pittsburg, en los Estados U nidos, donde pasó varias semanas.
Luego, cuando constataron
que nada se podía hacer, pues se le había desprendido
la masa encefálica, lo devolvieron a su patria. Si lograba
salir del estado de coma tendría vida vegetal, sin ninguna
característica humana.
En una Misa de sanación
en la Catedral de Valverde, su papá nos pidió que
fuéramos a su casa a orar por su hijo. Fuimos el párroco
de la Catedral y yo. Oramos unos cinco u ocho minutos al Señor
para que lo sanara. Era impresionante ver aquel ser humano totalmente
inmóvil, que no reaccionaba ante ningún estímulo
ni tenía el menor movimiento propio.
Al otro día, por la
mañana, Oscar llamó a sus padres. Fue una emoción
muy grande oírlo hablar. A la semana miraba los programas
deportivos de televisión y recordaba el nombre de los futbolistas
famosos que él conocía. Le regresaron la memoria
y las demás facultades mentales.
Luego se levantó y
gracias a una intensa terapia y ejercicio comenzó a caminar.
Hoy en día Oscar Lama realiza su trabajo profesional
con toda normalidad.
Esa sanación ha sido
para la familia entera una llamada a la fe; incluso un amigo muy
íntimo de él que iba a visitarlo, quiso confesarse
conmigo. Cuando Oscar regresó a la Iglesia, su amigo hizo
su primera comunión junto con él. Toda la familia
fue tocada espiritualmente a través de esta sanación.
Pasó lo que en las
Bodas de Caná donde San Juan dice: "Jesús manifestó
su gloria y sus discípulos creyeron en él". Este
signo despertó la fe en los que le rodeaban. La sanación
se convirtió en un instrumento de evangelización."