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INTRODUCCIÓN En medio de un mundo que cree que la felicidad se encuentra en el poder, la belleza, el poseer toda clase de bienes alcanzables e inalcanzables, en donde todo sufrimiento, dolor y dificultades son el obstáculo para poder ser felices creemos que será de mucha utilidad y aportará claridad a la luz de la Palabra de Dios, invitarlos a buscar el camino que nos lleva del lamento a la libertad interior.Los Temas que se irán desarrollando te irán dando la luz necesaria para encontrar la respuesta y la solución a tus problemas, de una manera práctica y reflexiva. Víctor Manuel Fernández nació
en Alcira, en el departamento de Córdoba (Argentina). Es licenciado
en Teología bíblica por la Universidad Gregoriana y doctor en Teología
por la Universidad Católica Argentina (UCA). en Buenos Aires. Es profesor
de Teología moral y de Ecumenismo en la Facultad de Teología de la UCA
y rector del Seminario Jesús Buen Pastor de Río Cuarto. en cuyo centro
imparte también clases de Hermenéutica. Asiduo conferenciante y colaborador
en las principales revistas especializadas de Argentina, ha publicado
varias obras de teología tanto en Argentina como en Colombia, México
o Brasil. En España ha publicado Actividad. espiritualidad y descanso,
editada en SAN PABLO. La dirección de la página web. VIVIR
EN PAZ
DEL LAMENTO A LA LIBERTAD INTERIOR ¿Puede
haber una vida que valga la pena en medio de las dificultades? Sabemos
que todos los días hay alguna dificultad grande o pequeña. Por eso el
ideal de pasarse un día sin perturbación alguna es una utopía: siempre
hay una molestia física, o algún imprevisto, quizá alguien que nos incomoda,
un mal recuerdo, o algo que no sale del todo bien, algo que nos duele
en la intimidad o en el cuerpo. La
Biblia dice que Dios nos provee de todas las cosas “para que disfrutemos
de ellas” (1Tim 6.17). eso significa que Dios nos quiere felices; él
quiere que nosotros disfrutemos de la vida. Por lo tanto, estamos llamados
a encontrar alegría en las cosas buenas de la existencia, en los pequeños
placeres cotidianos, en lo que Dios nos quiera regalar para que vivamos
bien. Pero sucede que en la vida también se hace presente el dolor,
también hay molestias y dificultades. Dice
la Biblia que Dios llama al hombre a “comer beber y disfrutar en medio
de sus fatigas”, porque “eso también viene de la mano de Dios, pues
quien come y bebe lo tiene de Dios” (Qo 2,24-25). El
placer puede y debe ser vivido con un sentido profundamente religioso
y no al margen o en contra de la espiritualidad. Ser fieles a Dios también
es tratar de practicar la siguiente exhortación
bíblica: “Hijo, trátate bien con lo que tengas...No te prives
de pasarte un buen día, no dejes de satisfacer ningún deseo legítimo”
( Si 14,11-14) ¿Pero
cómo vivimos esta llamada de Dios a la felicidad cuando nos toca sufrir? Una
persona cansada de los dolores de una enfermedad, por ejemplo, no encuentra
en estos textos bíblicos algo que le ayude a vivir y más bien puede
pensar que Dios se está burlando de su situación. Lo
mismo vale para una esposa abandonada o para alguien que acaba de fracasar en un proyecto largamente acariciado.
Sin olvidar algunas cosas más pequeñas pero que también tienen el raro
poder de quitarnos la paz. Además
la Biblia nos invita a vivir el momento presente y a no preocuparnos
por el mañana.(Mt6,34; Sant.4,13-14;Qo 11,10; 12,1-2). ¿Pero cómo vivir
el momento cuando lo que tenemos en el presente son preocupaciones y
sufrimientos, cuando lo único que nos consuela es tratar de liberarnos
de un dolor que nos oprime o esperar que nuestros problemas se resuelvan?.
¿De qué nos sirve esa invitación de la Biblia a vivir el presente si
en el presente no está lo que deseamos? POR
ESO NOS PREGUNTAMOS: ¿PUEDE HABER PAZ Y ALEGRÍA EN MEDIO DE LOS SUFRIMIENTOS
Y MOLESTIAS DE LA VIDA? 1.-
UN SUEÑO VANO No
pienses solamente en otras personas que están pasando por una situación
grave. ¿Acaso en tu vida cotidiana no hay siempre alguna molestia que
empaña tu alegría? No
sólo los dolores de una enfermedad, sino también las preocupaciones
cotidianas, los fracasos, el orgullo herido, las pequeñas desilusiones,
los cansancios, la aflicción por los problemas de nuestros seres queridos,
un corazón insatisfecho, las cosas que se rompen o se pierden, hechos que despiertan temor, y todas las variadas molestias que alteran tu dulce paz o debilitan tu entusiasmo. De
hecho, el libro de Qohélet, que nos invita a disfrutar los pequeños
placeres cotidianos, nos propone que disfrutemos lo que Dios nos regala
“en medio de las angustias o preocupaciones”. (Qo 2,24; 3,13; 5,17;
8,15). Sabemos
que los límites, temores, imprevistos, cansancios, dolores o sensaciones
negativas, son parte de nuestra vida, lo aceptemos o no. A veces logramos
liberarnos de algo, solucionarnos un problema o una molestia, pero pronto
aparece otra cosa que no nos deja vivir del todo felices. Entonces,
¿no será mejor aprender a convivir con esos límites, dejar de mirarlos
como enemigos mortales y asumirlos en la experiencia cotidiana?. Esa
es una gran sabiduría, quizá la más alta sabiduría de los caminantes
por esta tierra. Y es posible alcanzar tanta altura. Pero
sobre todo hoy, en las posmodernidad, y más aún en los países y ciudades
de buen nivel de vida, los límites, el dolor o los imprevistos son tema
prohibido; sólo pensar en estas molestias se torna insoportable. Las
posibilidades económicas de gozo y seguridad parecen crear un ilusión
de poder liberarse de todo obstáculo y de alcanzar un estado de seres
celestiales, plenos, pero sin tener que abandonar esta tierra. En
definitiva no es más que la pretensión de volver al seno materno, el
sueño imposible de detener el tiempo, el anhelo infantil de convertirse
en un ser intocable. 2.-
OBSESIÓN
Algunas
personas desgastan sus energías luchando para liberarse de todas las
incomodidades, para alcanzar una vida sin molestias de ningún tipo.
¿Será que vale la pena vivir “`PREOCUPADOS” por alcanzar eso, que en
realidad es imposible en esta vida? La
sociedad de consumo explota esta ilusión, porque propone al mercado
como abastecedor de todo lo que podría permitirnos alcanzar ese sueño. A
causa de esta misma ilusión, algunos viven rebeldes contra Dios y contra
la vida, porque la tranquilidad dura poco, siempre aparece algún dolor,
molestia o problema que no estaba en sus planes, el mercado no lo resuelve,
y por esa rebeldía interior se enferman, se vuelven tristes, quejosos
e insatisfechos. Mientras los seres más simples, con los mismos problemas
siguen adelante con entusiasmo. Otras
personas viven leyendo libros sobre la salud consultando especialistas,
o planificando el futuro para evitar problemas que puedan aparecer,
porque se han convencido de que todo depende de ellos. Y
algunos viven así porque dicen que Dios no tiene nada que ver con el
sufrimiento, no lo quiere de ninguna manera, y tampoco quiere intervenir
para liberarnos; la felicidad depende exclusivamente de nosotros. Por
lo tanto, piensan que sólo incumbe a cada uno evitar el dolor sabiendo
usar la ciencia, la técnica y las capacidades mentales. Y esperan que
un día la ciencia acabe con todos los
problemas de la humanidad para
que sus hijos o sus nietos vivan un cielo en la tierra. Pero
no podemos ignorar que, mientras el progreso ha permitido el dominio
sobre algunas enfermedades graves (tuberculosis, sarampión, sífilis,
malaria, etc,), por otra parte el estilo de vida moderno ha provocado
el crecimiento de otras enfermedades y la aparición de
nuevas causas de enfermedad y de muerte (estrés, depresiones,
tumores, anorexia, enfermedades cardíacas, alergias, accidentes de tráfico,
drogadicción, variadas formas de violencia, etc). Por
otra parte, la ilusión de que el progreso permita algún día superar
todas las causas de sufrimiento no le da un sentido a nuestro dolor
actual, cuando no podemos encontrar aquí y ahora una solución para acabar
con él. 3. - ESTA PROPUESTA.
¿Estás
sufriendo por algo y te parece que no hay manera de superar esa angustia? ¿Te
rebelan los sufrimientos? ¿O
te da miedo perder el estado de bienestar que pudiste alcanzar en este
momento? ¿Te
parece importante aprender a vivir con sabiduría en medio de las dificultades
y molestias cotidianas de la vida, esas que son inevitables?. Entonces el libro que tienes en tus manos está escrito
para tratar de ayudarte. Esta obra tiene tres partes: La primera parte es
la más práctica del libro, y responde más directamente a la pregunta
que nos hicimos antes: ¿Puede haber alegría en medio de los problemas
y las molestias? ¿Puede uno vivir en paz y en gozo en medio de un sufrimiento
que se prolonga? Veremos de qué maneras concretas eso es realmente posible. Para ello propondré quince
itinerarios prácticos que no sólo nos ayuden a dar un sentido a nuestros
sufrimientos, sino también a mitigarlos y a debilitar sus efectos negativos.
Junto con cada reflexión ofreceré un «camino personal», es decir, un
ejercicio práctico que ayude a aplicar lo reflexionado para alcanzar
una liberación personal. En la segunda parte,
más teológica, plantearemos otra pregunta que es clave, porque de
la respuesta dependerá la manera como nos situemos ante el dolor y los
límites de nuestra vida. La cuestión es si Dios quiere de alguna manera
el sufrimiento, ya que sobre este tema suelen oírse respuestas muy variadas,
contradictorias entre sí. En el fondo es preguntarnos si Dios tiene
algo que ver con nuestros sufrimientos y nuestros problemas, o si todo
ese mundo del dolor está al margen de los planes divinos. En la tercera parte nos
detendremos más ampliamente a considerar la rebeldía contra Dios que
«sentimos» cuando experimentamos algún límite o molestia, sobre todo
cuando es un sufrimiento largo y repetido. ¿Cómo liberarnos de esa rebeldía?
¿y esa rebeldía no tendrá también algún sentido? Si nuestra amistad
con Dios se ha bloqueado por el descontento ante las dificultades, y así hemos enfermado la dimensión religiosa de nuestro
corazón, ¿cómo recuperar esa gozosa amistad con Dios que se dañó por
las dificultades de la vida? Hay un camino. (1) L. Cencillo. Última pregunta. Paradojas de la madurez y el poder. Sígueme, Salamanca 1981, 50. (2) A. Pancrazzi. Girasoles junto a sauces: en diálogo con los enfermos. Sal terrae, Santander, 2000, 30-33.
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