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Seminario
sobre el crecimiento espiritual
INTRODUCCION GENERAL
Después de haber hecho el Seminario
sobre la Vida en el Espíritu es necesario que todos los hermanos
sigan recibiendo una formación sólida sobre todo aquello
que resulta más imprescindible para un crecimiento y desarrollo
de la vida espiritual, como pueden ser, por ejemplo, algunos temas fundamentales
sobre las verdades de la fe, de la Iglesia, de la vida en el Espíritu,
de la comunidad cristiana, etc. La lista de temas resultaría interminable,
pero tendremos que optar por aquellos que consideramos más básicos
y urgentes.
En el Seminario de iniciación hemos presentado, en la primera parte,
los temas centrales del kerygma cristiano, y en la segunda parte, la obra
del Espíritu de Jesús resucitado en nosotros; todo de acuerdo
con lo que exige una primera .evangelización para llegar a la conversión
cristiana y empezar a caminar en la vida del Espíritu. , .
El que inicia esta nueva vida debe seguir creciendo en conocimiento, en
Amor, en compromiso, no solo para vivir más el misterio cristiano,
sino también para capacitarse ante la llamada que el Señor
y la Iglesia le dirigen respecto a la tarea de evangelizar a otros.
¿QUE NOS PIDE LA IGLESIA?
El Vaticano II, en el Decreto sobre el
apostolado de los laicos, N. 28, exige "una formación multiforme
y completa" para una plena eficacia del apostolado, de acuerdo con
las siguientes pautas:
- "completa formación humana, acomodada al carácter
y cualidades de cada uno";
- aprender a "cumplir la misión de Cristo y de la Iglesia";
"esta formación debe considerarse como fundamento y condición
de todo apostolado fecundo";
- además de la formación espiritual, se requiere "una
sólida preparación doctrinal, teológica, moral, filosófica,
según la diversidad de edad, condición, talento";
- fomentar los "auténticos
valores humanos, sobre todo el arte de la convivencia y de la colaboración
fraterna, así como el cultivo del diálogo";
- aprender a "verlo, a juzgarlo y a hacerlo todo a la luz de la fe,
a formarse y a perfeccionarse a sí mismo por la acción con
los demás y a entrar así en el servicio activo de la Iglesia”,
- para cumplir todas estas exigencias de la formación "hay
que tener siempre muy presentes la unidad y la integridad de la persona
humana",
Al hablar después de los "grupos y asociaciones cuyo fin sea
el apostolado u otros fines sobrenaturales", reconoce que "en
ellos se da la formación doctrinal, espiritual y práctica",
por la que "cada uno debe prepararse diligentemente" (N34).
Esta doctrina tan nítida y segura que la Iglesia ofrece para todos,
adquiere en la R.C. un mayor sentido de exigencia. Baste tan sólo
recordar las orientaciones que dos grandes Papas dedicaron a la R.C.C.
de todo el mundo en dos momentos solemnes.
Pablo VI, en el discurso que dirigió el 19 de Mayo de ?1975 al
III Congreso Mundial de la R.C.C.. decía:
“Por eso sentís la necesidad
de una formación doctrinal cada vez más profunda: bíblica,
espiritual, teológica. Sólo una formación así,
cuya autenticidad tiene que garantizar la jerarquía, os preservará
de desviaciones siempre posibles y os proporcionará la certeza
y el gozo de haber servido a la causa del Evangelio, “no como quien
azota al aire'" (KOlNONIA, Nº 24, pag. 20-21).
Juan Pablo II, en la audiencia que el
7 de Mayo de 1981 concedió en los jardines del Vaticano al IV Congreso
Mundial de Líderes de la R.C.C. proponía lo siguiente:
"Debéis preocuparos de suministrar
sólido alimento para la nutrición espiritual mediante el
partir del pan de la verdadera doctrina... Procurad, pues, que como líderes
busquéis una formación teológica sana que pueda asegurar
para vosotros y para todos los que dependan de vuestra orientación
una comprensión madura y completa de la palabra de Dios" (KOINONIA,
Nº 29, Pág. 6-7).
Formación, por tanto, multiforme
y completa, que sea a la vez doctrinal, espiritual y práctica,
formación teológica sana.
NUESTRO PLAN: EL SEMINARIO SOBRE CRECIMIENTO ESPIRITUAL
Partiendo de lo que ya se ha dado en
el Seminario sobre la vida en el Espíritu, cuya doctrina habrá
que seguir recordando porque siempre es básica, hemos elaborado
un plan en tres ciclos en el que se pretende dar de forma unitaria y sistemática
algunos de los temas más fundamentales para el crecimiento espiritual
y para nuestro compromiso cristiano.
Es lo que hemos llamado el Seminario sobre el crecimiento de la vida en
el Espíritu, que vendría a completar la enseñanza
que se dio en el Seminario de iniciación.
Este plan se puede desarrollar a lo largo
de todo un curso, y aún durante más tiempo, dada la extensión
e importancia de los temas.
Lo hemos distribuido en tres ciclos. En este número de la Revista
ofrecemos el Ciclo I. Y los otros dos irán apareciendo sucesivamente.
El Ciclo I se centra en la relación
personal con Dios. El Ciclo II aborda la dimensión eclesial.
El Ciclo III presenta la comunidad como el lugar de la verdadera maduración
y crecimiento en el compromiso cristiano.
DIOS-IGLESIA-COMUNIDAD: diríamos, sintetizando todo en tres palabras.
Nos relacionamos con el Señor integrados en su Iglesia en la que
recibimos la Palabra, la fe, la vida divina, el Espíritu. Pero
en la Iglesia nos reconocemos desde la vivencia de una comunidad concreta
en la que como miembros de un mismo cuerpo compartimos la presencia del
Señor y crecemos juntos en total interdependencia.
METODOLOGIA A SEGUIR
El Seminario sobre el crecimiento ha de
ser como una continuación y complemento del Seminario de iniciación.
En más de una ocasión habrá que remitirnos a alguno
de los temas de éste. No temamos pecar de reiterativos en cualquier
punto fundamental que tratemos, pues la repetición es la clave
para una asimilación profunda. No interesa ofrecer muchas cosas
ni muchos temas, sino profundizar más y adquirir unas ideas muy
claras sobre cada una de las cuestiones.
Cada Ciclo tiene cierta unidad entre sus siete semanas. Durante el tiempo
que dure el desarrollo de un ciclo se han de relacionar siempre unos temas
con otros, haciendo ver la gran unidad que existe en toda la vida espiritual.
Aunque cada ciclo consta de siete semanas,
hemos de decir aquí lo mismo que se dijo del Seminario de iniciación:
para la exposición de todos los puntos son necesarias más
de siete semanas.
Hay unos temas que son más prácticos
y otros más teóricos. Creemos, sin embargo, que a todos
hay que darles una orientación más teológica que
moralista, y con un matiz vivencial que supere el frío planteamiento
teórico. En la vida cristiana se necesita saber y obrar, pensar
bien y actuar rectamente. Pensar bien quiere decir tener rectos criterios
cristianos de acuerdo con la Palabra de Dios, tal como nos fue revelada,
y con la doctrina que la Iglesia nos ofrece en su Magisterio.
El cristiano se encuentra hoy inmerso
en una sociedad abiertamente pagana y hostil al pensamiento de Cristo
y de su Iglesia, y el ambiente que le rodea ejerce una constante presión
contra los principios del Evangelio. Es más, en ciertos sectores
cristianos predominan planteamientos y actitudes que están en abierta
contradicción con la doctrina de la "Iglesia de Dios vivo,
columna y fundamento de la verdad" (1 Tm 3,15).
Es necesario, siguiendo el ejemplo del
Papa Juan Pablo II, que ofrezcamos orientaciones claras, firmes y seguras,
y que tengamos una gran preocupación por la formación de
buenos criterios.
Tal como presentamos los temas, podemos
ver que a algunos, que son de los que menos hemos tratado hasta ahora,
se les dedica una exposición más completa, y que en cambio
otros solamente se da un esquema o un material que se ha de saber utilizar
siguiendo las indicaciones y las citas que nos remiten a otros números
de la Revista en los que ya se han desarrollado. El catequista debe tomar
su tiempo y documentarse todo lo posible.
La bibliografía que se da es muy fácil y asequible para
cualquiera, pues aquí no escribimos para profesionales de la teología
o de la pastoral, sino para cualquier laico que no puede manejar tratados
más profundos. Esto no obsta para que el catequista utilice otras
obras que le ayuden a aclarar y completar cualquier punto.
CICLO I:
Relación personal con Dios
En este Ciclo I nos centramos en la vida espiritual del cristiano considerada
preferentemente en la relación personal con el Señor, la
cual se ha de mantener pujante en constante desarrollo.
No se trata de una visión individualista de la vida cristiana,
sino de ayudar a tomar conciencia de lo que es la vida del Espíritu
y de los medios más urgentes e imprescindibles para su crecimiento,
sin olvidar que este Ciclo 1 supone y exige los otros dos siguientes en
los que se presenta la dimensión eclesial y comunitaria. Al desarrollarlo
hay que tener en cuenta que en sí solo considerado resultaría
incompleto e insuficiente, y que es por razones prácticas o de
método por lo que seguimos este orden.
LOS TEMAS
1º.- La oración personal. Alabanza.
Oración en lenguas.
2°.- Vida sacramental: Eucaristía.
3°.- Sacramento de la penitencia.
4°.- La Palabra de Dios:
-lectura espiritual de la Biblia,
-formación bíblica y teológica.
5°.- Dirección espiritual. Acompañamiento
espiritual. Discernimiento.
6°._ Orden y ascesis en la propia vida:
a) sueño-alimentación-ocio y diversión,
7°.- b) Sobriedad- y austeridad: sentido
de los bienes materiales.
Oración-sacramentos-Palabra-guía espiritual-ascesis: son
los pilares sobre los que se asienta el cultivo de la vida espiritual.
De ninguno se puede prescindir.
Tema 1: La oración
personal.
Alabanza. Oración en lenguas.
NOTA: Para una persona
que ha pasado por la experiencia de una nueva efusión del Espíritu,
que le ha abierto a una vida cristiana más intensa, es importante
que desde las primeras semanas se pongan las bases para que pueda perseverar
y crecer en la gracia recibida. El primer punto es conseguir introducirse
en la práctica diaria de la oración personal y mantener
el entusiasmo de la entrega mediante la alabanza, para lo que ocupa
un lugar importante la oración en lenguas
I. ORACION PERSONAL
Presentación personalizada de
la experiencia de la comunidad:
- La efusión del Espíritu nos ha llevado a un ansia de alabar
al Señor en todo momento.
- Son breves instantes en que a lo largo de la jornada nuestro espíritu
se eleva hacia el Señor, y le decimos "Gloria a ti, Señor",
"Gracias, Señor", etc.
- Dos momentos de la jornada han adquirido
una especial significación: la primera hora de la mañana,
con la alabanza para el nuevo día, la acción de gracias
por todo lo que nos dará; y la última hora antes de acostarnos,
pidiéndole perdón y agradeciéndole todo lo que nos
ha dado.
- También la bendición de la mesa ha adquirido una nueva
dimensión. En las familias es un brevísimo momento de oración
comunitaria.
- Pero además de todo esto, hemos experimentado que nuestra entrega
al Señor y a los demás no se mantiene si no dedicamos unos
momentos especiales diarios a la oración.
¿Qué hacer en este momento
de oración?
- Lo importante es estar unidos al Señor. Por lo tanto, no existen
métodos fijos. Si hemos entrado en la oración, dejemos que
el propio impulso del Espíritu nos lleve.
- Démosle mucha importancia a
la alabanza, no nos quedemos pidiendo cosas al Señor. Pongamos
nuestra mirada en él.
- Orar es escuchar a Dios
- Orar es ponerse ante Dios, mirarle y dejarse mirar.
• Orar es hablar a Dios como un
amigo.
- Orar es salir de uno mismo.
- Algunas experiencias concretas que pueden ayudar en la oración:
. Utilizar algún salmo.
. leer las lecturas de la misa del día,
. cantar algún canto conocido
. empezar alabando a Dios
. ir presentando al Señor a cada una de las personas de la familia,
comunidad, grupo, etc.
Si queremos hacer oración cada
día
- Hemos de determinar de antemano a qué
hora la haremos
- hemos de determinar cuánto tiempo vamos a hacer
- hemos de revisarnos de cuando en cuando sobre este punto.
Algunos escritos:
J. LAPLACE. La oración, búsqueda
y encuentro, Marova, Madrid. 1978
A. BLOOM, Comenzar a orar. PPC, Madrid,
1980
M. QUOIST, Oraciones para rezar por la
calle, Ed. Sígueme, Salamanca, 1981
J. ESQUERDA BIFET, Prisionero del Espíritu,
Ed. Sígueme, Salamanca, 1978
KOINONIA, núm. 19, dedicado al
tema de la Oración.
II. ALABANZA
Uno de los aspectos más importantes
de la experiencia de la Renovación es el redescubrimiento de la
alabanza.
Alabar a Dios es poner los ojos en él,
sin fijarnos en nosotros. En la petición o en la acción
de gracias, aún tenemos puesta nuestra atención en lo que
nos pasa. En la alabanza nos dirigimos hacia Dios por lo que él
es.
La alabanza supone un volcarse de todo
nuestro ser hacia Dios. Por eso se expresa con las palabras, con el gesto,
con el canto. Pero nada de esto puede expresar todo lo que es Dios. De
ahí que la alabanza tienda hacia la "oración en lenguas"
y hacia la adoración en silencio.
Para mantenernos en la alabanza es muy
importante vivir entusiasmados y dar mucha importancia a la expresión.
Frases como "Gloria al Señor", "Aleluya", ayudan
a mantenerse en alabanza.
La alabanza no se encuentra sólo
en los labios, sino que ha de brotar de lo más profundo del ser.
Es toda la vida, nuestro comportamiento, el que ha de convertirse en una
alabanza a Dios.
Hay que alabar a Dios en todo momento,
aún en los momentos de dificultad y en que aparece algún
problema grave.
La alabanza nos hace salir de nosotros
mismos y purifica nuestra intención, haciéndonos más
dóciles a la Palabra de Dios o a la aceptación de su voluntad.
La alabanza, en cuanto nos coloca en el abandono en la voluntad del Padre,
es fuente de curación.
Algunos escritos:
J. M. MARTIN-MORENO, Alabaré a
mi Señor, Ed. Paulinas, Madrid, 1982
M.R. CAROTHERS, El poder de la alabanza,
Editorial Vida. Miami, 1977
III. ORACION EN LENGUAS
Es una de las cosas que pueden chocar
más a los que se acercan a la experiencia de la Renovación.
Por eso es importante tener ideas claras.
Es algo muy sencillo. Se trata de una forma de oración.
Normalmente oramos con la boca diciendo palabras, o bien oramos en silencio.
Cuando oramos no todo son palabras o ideas, sino que también hay
sentimientos y "algo" que no se puede expresar con palabra.
La "oración en lenguas" es una mezcla de estos dos tipos
de oración: por una parte se expresan con la boca unos sonidos
o una melodía, por otra no se dice nada. Es un emitir sonidos sin
decir palabras.
No es nada prodigioso o milagroso, todos lo podemos hacer. ?El niño,
antes de aprender a hablar, ya lo hace; lo hace también el que
da un grito de alegría, o el que improvisa una melodía porque
está contento. La importancia está en utilizarlo como forma
de oración.
Ayuda mucho a la oración, y sobre
todo la forma de "canto en lenguas" ayuda a la oración
comunitaria.
Uno debe mantenerse siempre dueño
de su forma de orar y debe procurar estar unido a los demás, sin
molestados con gritos o cantando fuera de tono.
Esta forma de oración se empleaba
mucho en la Iglesia primitiva, como atestigua san Pablo en la primera
carta a los Corintios (1 Co 12 y 14). Luego se ha ido manteniendo de una
forma u otra en la vida de la Iglesia. Es lo que san Agustín llamaba
el "canto de júbilo", san Francisco el “arrullo",
santa Teresa la "algarabía", san Ignacio la "locuela”...
El alargar las vocales en el canto gregoriano no es más que restos
de esta forma de oración.
A principios de siglo, cuando empezó
el movimiento Pentecostal, y aún ahora algunas personas, creen
que se trata de hablar en una lengua no aprendida. Aun sin negar la posibilidad
de tal milagro, ha de quedar muy claro que no se trata de esto cuando
se utiliza en los grupos de "oración en lenguas".
Algunos escritos:
R. PUIGDOLLERS, ¿Qué es
la oración en lenguas?, en "Koinonia", núm. 5,
pp. 11-13
F. BENOIT, Significado espiritual de
la oración en lenguas. en “Koinonia", núm. 8.
pp. 8-10
J.M. MARTIN-MORENO, La oración
en lenguas: carisma de alabanza, cap 10 de "Alabaré a mi Señor",
pp. 85-93.
L. J. SUENENS, Orar y hablar en lenguas,
en" ¿Un nuevo Pentecostés?", DDB, Bilbao, 1975,
pp. 102-107
Tema 2:
Vida sacramental: La Eucaristía.
Nota: No todas las personas que se acercan a un grupo
de oración tienen una fuerte experiencia de vida cristiana. En
muchos de los casos el descubrimiento de la oración comunitaria
no va acompañado de una conciencia eclesial y sacramental. Por
eso es muy importante ayudarles a un redescubrirniento de la vida sacramental,
empezando en primer lugar por la Eucaristía.
* La oración comunitaria y la vida
del grupo nos está ayudando a redescubrir el sentido de la comunidad
cristiana. Venimos gozosos a la oración, sentimos la alegría
de reunirnos con los hermanos, nos sabemos solidarios con los hermanos
que están en otros lugares.
* Estamos redescubriendo el sentido de
la comunidad cristiana, el sentido de Iglesia. Experimentamos a Cristo
presente y actuante en medio de la comunidad. Pero hay unos momentos fuertes
de la vida de la comunidad cristiana, en que Cristo actúa de un
modo especial. Así, por ejemplo, cuando nos reunimos para celebrar
la Eucaristía, cuando una persona entra en la comunidad por medio
del Bautismo, cuando por medio del sacerdote recibimos el perdón
de Dios, cuando dos cristianos que se aman se unen en matrimonio ante
toda la comunidad, etc. Estos momentos fuertes de la vida de la comunidad
es lo que llamamos las celebraciones sacramentales, los sacramentos.
* La Eucaristía es la asamblea
de la comunidad, y es el centro de toda la vida cristiana. Si queremos
redescubrir el sentido de la Eucaristía hemos de tener en cuenta
estos dos aspectos: a) que es asamblea; y b) de la comunidad cristiana.
Si no existe comunidad cristiana o la eucaristía no se celebra
como una verdadera asamblea difícilmente podemos encontrarle su
verdadero sentido.
* Desde los principios de la Iglesia
primitiva, la comunidad cristiana se reúne en asamblea una vez
por semana, el domingo. Por eso la Eucaristía dominical es el centro
que hay que redescubrir, en la medida en que va habiendo comunidades cristianas.
* Podemos recordar cuatro textos que
nos muestran esa ?costumbre unánime de las comunidades cristianas:
El primero es de los Hechos de los Apóstoles
y nos habla de la visita que S. Pablo hizo a la comunidad de Tróada
hacia el año 56: "El primer día de la semana (el
domingo), estando nosotros reunidos para la fracción del pan...
"(Hch 20,7).
El segundo es una breve frase de la Didajé, uno de los escritos
cristianos más antiguos (siglo 1): "Reuníos en
el día dominical del Señor" (Did. 14).
El tercero es un texto no cristiano de
la carta del gobernador de Bitinia, Plinio el Joven, al emperador Trajano
(año 111/113) hablándole del resultado de unos interrogatorios
a cristianos: ''Afirmaban que... tenían la costumbre de reunirse
un día fijo (el domingo) antes de salir el sol... "
El cuarto es un fragmento de la Apología que S. Justino escribe
en el año 150 al emperador Antonino: en ella nos describe la asamblea
dominical: "El día que se llama día del sol (el
domingo), todos los que viven en las ciudades y en el campo se reúnen
en un mismo lugar: se leen las Memorias de los Apóstoles y los
escritos de los profetas. Cuando el lector ha acabado, el que preside
la asamblea pronuncia un discurso para advertir y exhortar a los presentes
para que cumplan estas enseñanzas. A continuación nos levantamos
todos y rezamos en voz alta. Después... cuando la oración
está terminada, se trae pan con vino y agua. El que preside eleva
al cielo las plegarias y las acciones de gracias y todo el pueblo responde
exclamando Amén. Después se lleva a cabo la distribución
y el reparto de la eucaristía y se envía su parte a los
ausentes mediante el ministerio de los diáconos" (Apol.
1, 67).
* En el grupo de oración hemos
redescubierto la importancia de encontrarnos y de ir formando comunidad.
La reunión de la comunidad cristiana es la asamblea eucarística
dominical.
* En el grupo de oración hemos
redescubierto la importancia de escuchar la Palabra de Dios y que el Señor
nos da unos textos con una palabra muy concreta y directa para cada uno
de nosotros. En la asamblea eucarística, por medio de la Iglesia,
el Señor nos da su Palabra y unos textos concretos para aquel día.
Hemos de acoger esos textos como la Palabra de Dios para nosotros.
* En el grupo de oración hemos
redescubierto la importancia de la alabanza. La Eucaristía es el
momento más alto de la alabanza; el momento en que nos unimos de
un modo más pleno a la alabanza que Cristo dirige al Padre.
* En el grupo de oración hemos
redescubierto la importancia de la intercesión. En la asamblea
eucarística esta intercesión se hace con la fuerza de toda
la Iglesia (la oración universal, intercesión por la Iglesia
y por los difuntos en la oración eucarística).
* No se trata sólo de "ir a Misa los domingos" , sino
de redescubrir la asamblea eucarística como centro y cúlmen
de toda la vida de la comunidad cristiana
* De este modo la oración de la
semana y todas nuestras ?actividades se van uniendo poco a poco a la celebración
de la asamblea dominical. Ella ha de ser la expresión y la fuerza
de todo lo que hacemos.
* La participación en la comunión
durante la semana es la continuación de la Asamblea dominical y
de la comunión con los hermanos.
Algunos escritos:
J .M. MARTIN-MORENO. La asamblea eucarística,
centro de la comunidad y de la manifestación de los carismas, en
"Koinonia" Nº 16, pp. 7-11.
Tema
3:
El sacramento de
la penitencia. ?¿Qué es el pecado?
Nota: Para que sea
posible un verdadero camino de conversión es muy importante que
el creyente tenga abiertas las puertas hacia la Reconciliación.
Muchas veces hay temores, rechazo, desconocimiento de este sacramento.
Normalmente es por falta de una buena catequesis, de una práctica
renovada y de una clara conciencia de lo que es el pecado.
A) La voluntad de Dios
* A medida que nos vamos abriendo a la
escucha de la Palabra de Dios, vamos experimentando lo que Dios quiere
de nosotros y lo que nos va pidiendo: vamos conociendo la voluntad de
Dios.
* Toda la vida de Jesús no es
más que un continuo cumplir la voluntad del Padre.
- "Mi alimento es hacer la voluntad del que me ha enviado"(Jn
4,34)
- "no busco mi voluntad, sino
la voluntad del que me ha enviado" (J n 5,30)
- "he bajado del cielo, no para
hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado"(Jn
6,38)
- "Si este cáliz no puede
pasar, hágase tu voluntad" (Mt 26,42)
• Por eso él quiere que
también nosotros vivamos en la voluntad del Padre.
- "No todo el que me diga: Señor,
Señor, sino el que haga la voluntad de mi Padre" (M t
7,21)
- "Todo el que cumpla la voluntad
de mi Padre, ése es mi hermano" (Mt 12,50)
- "Hágase tu voluntad,
así en la tierra como en el cielo"(Mt 6,10)
B) ¿Qué es el pecado?
• ¿Qué es el pecado?
A veces nos creemos que cometer un pecado es hacer algo que está
prohibido o hacer alguna cosa mala. El pecado es no hacer la voluntad
de Dios. Esto queda reflejado muy claramente en la frase de S. Pablo "todo
lo que no procede de la fe es pecado"(R, 14, 23).
* Sólo estando a la escucha de la voluntad de Dios podemos tomar
conciencia de lo que es verdaderamente el pecado. Por eso S. Pablo nos
dice: “No os acomodéis al mundo presente, antes bien
transformaos mediante la renovación de vuestra mente, de forma
que podáis distinguir cuál es la voluntad de Dios: lo bueno,
lo agradable, lo perfecto" (Rm 12, 2).
* Dios nos va mostrando su voluntad de
muchas formas, a través de sus pensamientos, de las normas éticas,
a través del magisterio de la Iglesia, etc.
• A veces se oye la expresión
"es que yo no tengo pecados", "yo no sé de qué
confesarme". ¿Diríamos lo mismo si se nos preguntara
si estamos cumpliendo en todo momento la voluntad de Dios? A medida que
Dios va entrando en nuestra vida y nos vamos haciendo sensibles a su Palabra,
vamos descubriendo nuestra dimensión pecadora. Chesterton decía
que "un santo es uno que se sabe pecador".
C) El sacramento de la Reconciliación
• El sacramento de la Reconciliación
es la celebración comunitaria del amor de Dios que nos perdona.
• Consta de cuatro partes principales:
1) Escucha de la Palabra de Dios. Sólo
la Palabra de Dios puede invitarnos a la Reconciliación y anunciarnos
el amor de Dios. La Palabra de Dios es así Buena Nueva para nosotros.
2) Reconocimiento de nuestro pecado. Nuestra respuesta a la Palabra de
Dios es reconocer que somos pecadores. Lo más importante es ponernos
ante la presencia de Dios y poder decir "soy pecador". La manifestación
de nuestros actos concretos en los que hemos pecado no es más que
la expresión de este "soy pecador”. Hemos de expresar
todo lo que es un "pecado mortal'. Es conveniente expresar todo lo
que sentimos como un peso.
3) Absolución de nuestro pecado.
La oración del sacerdote es la oración de Cristo y de toda
la Iglesia. Es una nueva efusión del Espíritu Santo que
se derrama sobre nosotros como amor de Dios y perdón de los pecados.
Esta oración es fuente de perdón, de curación y de
fortalecimiento.
4) Acción de gracias. Es la respuesta
nuestra al perdón de Dios y a su amor.
* Es muy importante poder superar todas
las dificultades psicológicas, nuestros temores, nuestra vergüenza,
nuestro no saber cómo hacer, para que no quede taponada esta fuente
de gracia que es este sacramento.
* En los grupos de oración hemos
descubierto la importancia de la intercesión y de la oración
de unos por otros. Si es importante la oración de unos hermanos,
¿qué no será la oración de toda la Iglesia
en el sacramento de la Reconciliación? El sacramento de la Reconciliación
es la cumbre del monte de la intercesión y de la curación
interior.
* En la renovación actual de la
Liturgia hay tres formas de celebrar este sacramento:
a) reconciliación
de un solo penitente: b) celebración comunitaria con absolución
individual: c) celebración comunitaria con absolución colectiva.
Esta última forma se utiliza sólo en circunstancias excepcionales,
cuando hay mucha gente y pocos sacerdotes. La comunidad cristiana ha de
tener su ritmo de celebraciones comunitarias a lo largo del año
litúrgico (Adviento, Cuaresma. etc.). Es muy conveniente que sigamos
este ritmo de la comunidad. Pero al mismo tiempo hemos de llevar nuestro
ritmo personal según nuestras propias necesidades.
* Es conveniente confesarse, no sólo
cuando tenemos alguna falta grave, sino también cuando nos encontramos
en la preparación de algo importante en nuestra vida espiritual
o cuando nos encontramos en una situación de apatía o turbación
en que necesitamos volver a empezar.
Algunos escritos:
M. SCANLAN, La fuerza de la reconciliación,
en "Koinonia" Nº 16, pp. 7-11.
Tema 4:
La Palabra de Dios.
1.- La Palabra de Dios es un elemento
imprescindible en el Ciclo I sobre el crecimiento de la vida espiritual.
Por sí misma, para todo el que la acoge con fe es:
a) La ley y regla de la vida, que nos enseña cómo vivir
y por dónde caminar. De ella se nutre la fe.
b) La manifestación o revelación de Dios. Con su Palabra
Dios nos comunica toda su intimidad, por lo que su Palabra es donación
y gracia, luz que revela e ilumina.
c) Pero no sólo ilustra, sino que por sí misma, en todo
el que la lee con la debida disposición, produce gracia, santifica,
transforma, comunica vida. Es viva y operante por ser "una realidad
dinámica, un poder que opera infaliblemente los efectos pretendidos
por Dios" (León-Dufour). En el Nuevo Testamento se la llama
''palabra de salvación" (Hch 13, 26), "palabra
viva y eficaz" (Hb 4, 12), "palabra de vida"
(Flp 2, 16). Jesús dice que sus palabras son "espíritu
y vida" (Jn 6 ,63), de forma que todo el que escucha su palabra
y cree en el que le ha enviado "tiene vida eterna, y no incurre
en juicio, sino que ha pasado de la muerte a la vida" (Jn 5,
24): "si permanecéis en mi y mis palabras permanecen en
vosotros, pedid lo que queráis y lo conseguiréis"
(Jn 15, 7).
Luz que revela y poder que opera: la Palabra de Dios produce siempre lo
que anuncia.
2'-La Biblia, por tanto, debe ocupar
el primer puesto entre todos nuestros libros, y su lectura debe ser alimento
diario de nuestra vida espiritual. Ignorar tan gran tesoro y auxilio de
Dios, aunque nada más sea que un solo día, sería
prácticamente ignorar y menospreciar su Amor.
Benedicto XV escribió en su encíclica Espíritus Paráclitos:
"Jamás dejaremos de exhortar a todos los fieles cristianos
para que lean diariamente las Sagradas Escrituras, sobre todo los Evangelios,
los Hechos y las Epístolas de los Apóstoles, tratando de
convertirlos en savia de su espíritu y sangre de sus venas”.
El Vaticano II ha dedicado gran atención a la Palabra de Dios y
en muchos pasajes insiste sobre la necesidad de su lectura. Baste citar
dos textos:
"Solamente con la luz de la fe y con la meditación de la Palabra
divina es posible reconocer siempre y en todo lugar a Dios, en quien vivimos,
nos movemos y existimos (Hch 17. 28), buscar su voluntad en todos los
acontecimientos, contemplar a Cristo en todos los hombres, próximos
o extraños, y juzgar con rectitud sobre el verdadero sentido y
valor de las realidades temporales, tanto en sí mismas como en
orden al fin del hombre" (Decrt. Apostolado de los laicos, N. 4).
"El Santo Sínodo recomienda
insistentemente a todos los fieles, especialmente a los religiosos, la
lectura asidua de la Escritura para que adquieran la conciencia suprema
de Jesucristo (Flp 3, 8), “pues desconocer la Escritura es desconocer
a Cristo". Acudan de buena gana al texto mismo: en la liturgia, tan
llena del lenguaje de Dios; en la lectura espiritual, o bien en otras
instituciones o con otros medios... Recuerden que la lectura de la Sagrada
Escritura debe acompañar la oración para que se realice
el diálogo de Dios con el hombre, pues “a Dios hablamos cuando
oramos, a Dios escuchamos cuando leemos su palabras'" (Dei Verbum,
N.25).
1.-. Lectura espiritual de la Biblia
¿COMO LEER?
Se trata de una lectura completamente
distinta del que lee por curiosidad científica, histórica,
literaria, cultural. Son muchos los que leen así la Biblia, y no
buscan ni esperan otra cosa más que satisfacer este interés.
Pero para que produzca los efectos que hemos de esperar, "la Escritura
se ha de leer con el mismo Espíritu con que fue escrita" (VAT.
n, Dei Verbum, N.12).
Es necesario que a la lectura acompañe la oración: es así
como se podrá entrar en diálogo con el Señor y se
podrá escuchar su voz.
No lees un libro cualquiera, sino que te hallas ante Dios. ?Ponte por
tanto, en actitud de fe y recogimiento en su presencia, sintiéndote
ignorante ante la sabiduría y misterio de Dios, y clama con humildad:
"Habla, Señor, que tu siervo escucha" (1 S 3,10), "enséñame
tu camino para que siga tu verdad, mantén mi corazón entero
en el temor de tu nombre" (Sal 86,11), "para mis pies antorcha
es tu palabra, luz para mi sendero" (Sal 119,105).
Lee despacio, con profundo respeto, en actitud de escucha, a la expectativa
de lo que el Señor te quiera revelar interiormente, pues El quiere
instruirte y enseñarte "el camino de la vida, hartura de goces,
delante de su rostro" (Sal 16).
¿QUE EFECTOS PODEMOS ESPERAR?
Siempre que te pones a leer la Palabra
de Dios con estas disposiciones entras en contacto con el Señor.
La Palabra de Dios es la "presencia verbal de Cristo".
Este contacto te transforma y te hace más parecido al Señor,
y va modelando tu mente conforme a su mentalidad y a sus mismos sentimientos.
Ese pálpito de la vida de Dios que allí se encierra necesariamente
impregna tu corazón de la sabiduría divina.
Unas veces bastará que escuches al Señor, pues "a Dios
escuchamos cuando leemos su Palabra" (Vat. II), como María
que "sentada a los pies del Señor, escuchaba" (Lc 10,39).
Otras veces será recibir luz, inspiración, seguridad, aliento,
"el consuelo que dan las Escrituras" (Rm 15, 4). Y otras, se
encenderá tu corazón, como cuando el Señor hablaba
en el camino a los discípulos de Emaús y les explicaba las
Escrituras (Lc 24, 32).
Además de todo esto, le vas conociendo a El cada vez más
y mejor, familiarizándote con la manera de ser de Dios.
La lectura asidua de la Palabra de Dios vitalizará tu oración
y contribuirá al desarrollo en ti de los diversos dones y carismas
que el Espíritu te quiera otorgar: sabiduría divina, don
de inteligencia y de revelación interna, crecimiento más
profundo de la fe, de la esperanza y del amor, discernimiento, profecía,
unción para la enseñanza y la evangelización.
Será así como su Palabra estará siempre presente
en tu memoria y en tu corazón, de forma que ante cualquier situación,
sea para ti o sea para ayudar a otros, enseguida acuda a tu mente la respuesta
adecuada.
FRECUENCIA Y PROCEDIMIENTO EN LA LECTURA
Siendo un tesoro de tan incalculable
valor, cuyas palabras encierran tan divina sabiduría, ¿cómo
podemos justificar el que se nos pasen los días sin leer las Sagradas
Escrituras? ¿No supone esto una gran desconsideración para
con el Señor?
Cada día hemos de leer algo. Aquí más que nunca cumple
seguir el lema: nulla dies sine linea (ningún día sin leer
una línea).
Deberíamos hacer este compromiso como un obsequio al Señor.
¿Qué orden conviene seguir?
Puede ser leer diariamente algo así como un capítulo, siguiendo
con el mismo libro hasta acabarlo, para después empezar con otro
.
Otra modalidad sería atenerse a la lectura continuada de la Palabra
de Dios que sigue la Iglesia en la celebración de la Eucaristía
y en la Liturgia de las horas. Esta forma supone dar importancia a la
Palabra de Dios que para ese día nos ofrece la Iglesia, la cual
"siempre ha venerado la Escritura, como lo ha hecho con el Cuerpo
de Cristo, pues sobre todo en la Sagrada Liturgia nunca ha cesado de tomar
y repartir a sus fieles el pan de vida que ofrece la mesa de la Palabra
de Dios y del Cuerpo de Cristo" (Vat. II, Dei Verbum, N.21). "Cuando
se lee en la iglesia la Sagrada Escritura es el Señor quien habla"
(Const. de Liturgia, N.7).
Conviene subrayar en el libro aquellas frases que más personal
y directamente nos hablen, pues así resultará fácil
volver de nuevo sobre ellas en otro momento.
UNA ADVERTENCIA
No se debe abusar en la utilización
de la Biblia como medio de consulta de la voluntad de Dios, tal como hacen
algunos que en momentos de duda abren la Biblia al azar para ver qué
les dice el Señor.
Ante esto hay que decir que:
- Dios es siempre un misterio inabarcable para nosotros, que en este mundo
nunca podremos comprender, mucho menos acomodar a nuestra voluntad.
- Dios no se ha obligado a darnos respuesta a través de la Biblia
precisamente en el momento en que lo necesitamos siguiendo este procedimiento.
- No es esta la forma como se ha de utilizar la Biblia. ?Supone cierta
ligereza, presunción y en el fondo es una manipulación y
hasta tentar a Dios, aunque en la mayoría de los casos se obre
con muy buena intención y con espíritu de fe y sencillez.
- Esta no es la forma. Más bien, leyendo la Palabra de Dios tal
como se ha dicho antes llegarás siempre a "distinguir cuál
es la voluntad de Dios: lo bueno, lo agradable, lo perfecto" (Rm
12, 2) con el discernimiento y la sabiduría que el Señor
te quiera comunicar.
II.- Formación bíblica y teológica
INICIACION Y FORMACION BIBLICA
Necesitamos un mínimo de iniciación
bíblica para poder adentrarnos en la lectura de la Sagrada Escritura
sin tropezar con dificultades insalvables que terminarían por desanimarnos
y hacernos abandonar nuestro intento. Ello nos facilitará el sacar
más fruto del abundante contenido que encierran estas páginas
inspiradas por el Espíritu Santo.
La ignorancia de ciertos conocimientos introductorios a la Sagrada Escritura,
de algunos principios y normas, por lo demás muy sencillos, de
interpretación, puede llevarnos a caer en muchos engaños,
manipulaciones y aun disparates enormes al leer la Biblia.
Baste saber que no sólo estamos distanciados hasta treinta siglos
del tiempo en que se escribieron algunos libros de la Biblia, sino que
también la geografía y la cultura occidental nos han configurado
conforme a una mentalidad racional o cartesiana, que se expresa preferentemente
a base de ideas abstractas, a diferencia del alma oriental que utiliza
más bien la parábola, la ficción, las imágenes
coloristas y atrevidas.
Al leer la Biblia hemos de tener en cuenta el género literario
en que está escrito el pasaje en cuestión, y cómo
hay que distinguir entre el fondo y la forma literaria, es decir, entre
lo principal (el contenido doctrinal, los hechos salvíficos fundamentales,
el mensaje que encierra) y lo secundario (el ropaje literario empleado,
las expresiones, las imágenes, las representaciones animadas y
hasta antropomórficas, muy propias de la literatura oriental).
Esto significa que nunca podemos atribuir al texto sagrado un sentido
que no tiene. O sea, no lo acomodemos a nuestra forma de entenderlo, sino
que tratemos nosotros de acomodarnos al sentido que tiene, al sentido
que quiso dar el autor sagrado, porque de lo contrario no hallaríamos
en la Biblia la Palabra de Dios, sino la palabra puramente humana.
Para esto necesitamos unas nociones sobre lo que es la inspiración
bíblica, los géneros literarios y los diversos sentidos,
la forma tan distinta a la de hoy en que se escribieron cada uno de los
libros de la Biblia, y cuál es el mensaje central que encierra,
cuáles son las ideas fundamentales del Antiguo Testamento (la elección,
la Promesa, la Ley, la Alianza, el Reino, el Exilio, la espera del Mesías)
que nos facilitan la clave para comprender el conjunto de la Biblia y
cada uno de los acontecimientos y personajes principales, todos los cuales
confluyen y se orientan hacia una misma meta: Jesucristo. Toda la Biblia
directa o indirectamente nos habla de El, y su misterio centra toda la
historia de la salvación.
Apreciaremos así cómo los dos Testamentos constituyen dos
etapas distintas en la realización del mismo misterio de salvación.
El Antiguo Testamento es una etapa lenta y paciente de preparación,
de pedagogía divina para disponer al hombre a recibir libremente
al Salvador. En sus páginas, a pesar de los elementos caducos que
podamos encontrar y que a nosotros en la etapa del cristianismo ya nos
dicen poco, admiraremos el plan de revelación, de aproximación
y de amor que Dios ha seguido siempre con el hombre a pesar de la actitud
rebelde y obstinada con que responde en constantes avances y retroce?sos.
Es una historia del hombre con todas sus miserias, sufrimientos y anhelos,
y una historia del Amor misericordioso de Dios: en este profundo misterio
reconocemos nuestra propia historia, nuestro pecado y nuestra salvación.
El Nuevo Testamento es la plena manifestación de "la bondad
de Dios nuestro Salvador y de su amor a los hombres" (Tt 3, 4). Dios
nos revela su grandioso misterio realizándolo en la encarnación
y en el sacrificio redentor de su Hijo Amado.
¿COMO EMPEZAR A LEER LA BIBLIA?
En esta formación bíblica
que pretendemos tiene gran importancia el orden como empezamos a leer
la Biblia por primera vez.
No es aconsejable comenzar desde el principio hasta el final como hacemos
al leer otro libro cualquiera o una novela.
Es recomendable empezar por los cuatro
Evangelios, con atención preferente a la historia de Jesús
y a los acontecimientos narrados según las etapas de su misterio
(Encarnación, infancia, vida de ministerio, pasión, muerte
y glorificación), así como a las ideas centrales de su enseñanza
(el Padre, su Amor a los hombres, envío y donación del Hijo,
la Buena Nueva del Reino ofrecido a todos, el envío del Espíritu
Santo).
Seguir después con el Libro de Los Hechos de los Apóstoles,
para pasar a continuación a las Epístolas de San Pablo,
como complemento y comentario del Evangelio, que nos transmiten la vivencia
que tuvieron los primeros cristianos del Cristo resucitado, de su presencia
invisible y la efusión de su Espíritu.
Terminar el Nuevo Testamento con las Epístolas Católicas
(las siete que no son de S. Pablo), llamadas así desde antiguo
porque no van dirigidas a una comunidad o personaje particular, sino a
los cristianos en general, y el Apocalipsis, que es una visión
profética, en forma de símbolos, de la gloria futura y del
destino final de la Iglesia, que pasando por diversos sufrimientos y tribulaciones
vive en la espera de la glorificación representada en la imagen
de la Nueva Jerusalén.
Leído todo el Nuevo Testamento, se puede empezar el Antiguo por
los libros históricos, con atención especial a la vida de
los Patriarcas, a la de Moisés y a la de David, y siguiendo la
elección de Israel, el desarrollo de la Alianza, el contraste entre
la infidelidad del pueblo y la eterna misericordia de Yahvé.
Los Libros sapienciales y Los Salmos, a continuación, no resultarán
difíciles.
Conocida ya la historia de Israel, el comportamiento de Dios y el constante
anuncio de salvación, se puede pasar a los Profetas y comprender
ya en cierta manera sus distintos oráculos y visiones.
Después de una lectura así, sería bueno hacer otra
segunda lectura desde el principio hasta el final de toda la Biblia, la
cual contribuiría a darnos una visión más clara del
conjunto de la historia de la salvación.
MEDIOS DE FORMACION
Otros medios que están también
a tu alcance para llegar a obtener una formación bíblica
adecuada pueden ser:
1º.- La lectura de algún
tratado fácil que te sirva de introducción a la Biblia.
He aquí algún título:
-JESUS SAN CLEMENTE IDIAZABAL, Iniciación a la Biblia para
seglares, Descleé de Brouwer, Bilbao 1979.
-De la Colección CONOCE LA BIBLIA, editada por Ediciones Mensajero
y Editorial "Sal Terrae", algunos como:
Introducción al Pentateuco, Temas principales del A. T. Introducción
a los libros proféticos. Introducción a la literatura sapiencial.
Introducción al N. T.
-ETIENNE CHARPENTlER, Para leer el Antiguo Testamento, y Para leer el
Nuevo Testamento, Editorial Verbo Divino, ambos de 132 pgs. cada uno.
2º.- El hacer algún curso
bíblico, o bien matriculándote en algún centro de
estudios, o siguiendo algún curso por correspondencia, como por
ejemplo:
-Cursos Bíblicos de la Casa de
la Biblia, Santa Engracia, 20. Madrid 10. TEL (91) 4487835
FORMACION TEOLOGICA
A la formación bíblica
ha de ir unida una formación teológica.
Esto no debe asustar a nadie. Teología es reflexión sobre
la verdad contenida en la Palabra de Dios.
Todo el que se relaciona de verdad con Dios, de una u otra forma reflexiona
y saca conclusiones de la Palabra de Dios: hace teología, aunque
nada más sea en un grado muy elemental. La teología en los
ocho primeros siglos de la vida de la Iglesia fue patrimonio de grandes
santos o amigos de Dios. Fueron los Padres de la Iglesia que conjugaron
la santidad de vida y la ciencia acerca de Dios.
Como hemos visto en la introducción a este Seminario sobre el crecimiento,
pag. 4-5, la Iglesia espera de nosotros "una formación bíblica,
espiritual y científica" (Pablo VI).
Qué grado de formación?
El que podamos alcanzar según nuestros medios y posibilidades.
Para ello hemos de valernos de los siguientes recursos:
a) La lectura de libros de sólida
doctrina espiritual y teológica al alcance de nuestro nivel intelectual.
Cada año deberíamos leer unas cuantas obras.
Leamos no solamente libros de testimonios o de temas relacionados con
la R.C., sino de todas las materias: documentos del Magisterio (Concilios,
encíclicas, alocuciones papales), tratados de autores clásicos
y modernos de sana doctrina, libros de consulta, diccionarios, artículos
de revistas, etc. Si tenemos inquietud, siempre encontraremos qué
leer.
b) Aprovechemos siempre que se nos brinde
la oportunidad de hacer algún curso catequético, o catequesis
para adultos, o cualquier ciclo de conferencias.
c) Si podemos hagamos algún curso
de teología para seglares, tal como en muchos lugares se organizan.
d) Añadamos a esto todas las oportunidades
que encontramos en la R.C.: encuentros de dirigentes, retiros, la instrucción
semanal al grupo, y hasta se puede organizar alguna vez jornadas de reflexión
o algún cursillo o seminario sobre cuestiones determinadas.
Si en el grupo faltan personas preparadas para la enseñanza, lo
podremos suplir a base de leer y comentar artículos, y hasta fragmentos
escogidos de algún libro.
Tema 5:
Dirección
o acompañamiento espiritual. Discernimiento
En la vida espiritual, para poder crecer de verdad, necesitamos de alguien
a quien dar cuenta de las dificultades, avances o retrocesos que vamos
experimentando.
Por mucho que uno sepa, y por muy grande que sea la experiencia que se
tenga, nadie se basta a sí mismo. Uno puede ser buen maestro espiritual
para los demás, pero para sí mismo necesitará de
otro guía. Nadie puede ser juez o médico de sí mismo.
El ejemplo de los grandes santos nos lo confirma, pues nadie como ellos
buscaron siempre un guía espiritual en la vida del Espíritu.
Esta ayuda puede ser: o el acompañamiento espiritual, o la dirección
espiritual.
1.- EL ACOMPAÑAMIENTO ESPIRITUAL
El acompañamiento espiritual es
algo que ha surgido en varios movimientos espirituales nuevos y que en
algunas comunidades y grupos de la R. C. ha tenido especial importancia.
El objetivo es que cada hermano se sienta acompañado en su camino
espiritual por otro hermano, un poco, en cierta manera, en nombre de la
comunidad y como signo de la presencia amorosa del Señor.
El Señor se manifiesta a través de este ministerio humilde
de acogida, de misericordia, de asistencia al hermano en su deseo y esfuerzos
por ser fiel al Espíritu y querer cumplir en todo la voluntad del
Padre.
No es una dirección espiritual, ni un sucedáneo de la misma,
sino algo mucho más sencillo, ya que no debe tratar asuntos íntimos
de conciencia, que se deben más bien presentar al confesor o a
un director espiritual.
Se puede dar cuenta al acompañante de los siguientes puntos:
-vida de oración: si se hace, tiempo, dificultades;
-cómo se cumplen otros compromisos con el Señor: sa?cramentos,
lectura de la Palabra de Dios;
-cómo se integra en la vida de la comunidad o del grupo, asistencia
y participación activa en los distintos actos, como la asamblea
de oración, convivencias, retiros; relaciones interpersonales,
actuación en los diversos ministerios y servicios:
-orden y cambios que introduce en su propia vida, de acuerdo con las exigencias
de la conversión.
El acompañante, que puede muy
bien ser un laico, debe ser persona de madurez humana y espiritual, que
lleve cierto tiempo en la Renovación, que tenga discernimiento,
vida de oración y que sea del mismo sexo.
Cada encuentro ha de limitarse a tratar estrictamente de los asuntos concernientes
al acompañamiento, en clima de oración y presencia de Dios.
Para más información sobre
este tema recomendamos:
-Revista TYCHIQUE. N° 26, publicada
bajo la responsabilidad de la Communauté du Chemin Neuf. 10, rue
Henri IV - 69002 LYON (Francia). Este número está dedicado
al acompañamiento. Leer sobre todo el artículo Qu'est
ce qu´accompagner?, de Régine Marie-Besser, pgs. 12-20.
-KOINONIA, N° 27, El acompañamiento espiritual, medio de
crecimiento, por Xavier Quincoces, ps. 17-19.
II- . LA DIRECCION ESPIRITUAL
SU IMPORTANCIA
En la vida espiritual puede haber dificultades,
tentaciones, peligros, decaimientos, retrocesos. El mal actúa en
nosotros de múltiples maneras y la debilidad humana está
expuesta a cualquier ilusión o desviación. Cuántas
veces comprobamos que no nos comprendemos a nosotros mismos, ni tenemos
objetividad ante nuestro egoísmo, los engaños de la imaginación,
la soberbia espiritual, el subjetivismo, el iluminismo de que podemos
ser víctimas, por no mencionar los desequilibrios y enfermedades
que nos pueden aquejar.
Necesitamos alguien que conozca los caminos de la vida en el Espíritu,
los principios de la teología dogmática, de la moral, de
la ascética y mística, y que de vez en cuando nos guíe
señalando la ruta que hemos de llevar y los peligros a evitar.
A lo largo de la historia de la Iglesia se ha ido acumulando toda una
ciencia y tradición extraída de la experiencia abundante
de los grandes santos y maestros espirituales que antes que nosotros vivieron
a fondo la vida del Espíritu.
¿Cómo despreciar este tesoro? En la tradición Oriental
tienen la Filocalía o colección de textos de los Padres
orientales sobre la vida espiritual. En Occidente hay una pléyade
de santos, doctores y místicos que nos han legado una gran sabiduría,
que hoy tenemos decantada en normas y principios muy claros de dirección
espiritual.
Todos ellos, de acuerdo con la práctica universal de la Iglesia,
se valieron de la dirección espiritual. Esta, sin embargo, aunque
es moralmente necesaria según la providencia ordinaria de Dios,
no es absolutamente indispensable para aquellos que, a pesar de su buena
voluntad, no pueden encontrar la persona indicada.
Esto admitido, siempre hay que dejar por sentado un principio innegable:
El Espíritu Santo es el que verdaderamente nos guía interiormente.
El director espiritual no tiene más que secundar la acción
divina, contribuyendo a orientar siempre a una fidelidad constante al
Espíritu, a descubrir y ayudar a superar los obstáculos
que surjan.
¿QUIEN PUEDE SER DIRECTOR ESPIRITUAL?
De ordinario será un sacerdote,
ya que por los estudios de teología, biblia y moral que ha hecho,
así como por la gracia de estado que recibió en la ordenación
puede tener la competencia necesaria y un mayor discernimiento. Aunque
no pocas veces, por desgracia, no todo sacerdote puede ser el guía
espiritual que cabría esperar por su estado y preparación,
pues a su competencia debe unir el ser hombre de oración y vida
interior profunda, tener cierta experiencia y sana formación teológica.
Si decimos que de ordinario será un sacerdote, es porque excepcionalmente
puede ser otra persona formada y experimentada, como, por ejemplo, tenemos
el caso de Santa Teresa de Jesús, Santa Catalina de Sena, los Padres
del Desierto, San Francisco de Asís, los cuales ejercieron también
la dirección espiritual de otras personas.
El director espiritual puede ser distinto del confesor, pues son dos funciones
distintas y pueden separarse, aunque es recomendable que sea una misma
persona por la relación que hay entre ambos ministerios y la importancia
que tiene para la unidad de la vida espiritual.
¿QUE DONES HA DE REUNIR?
De ordinario ha de ser un director espiritual
que posea la ciencia habitual del sacerdote bien formado y equilibrado
en su vida de oración y de acción.
El sacerdote se puede encontrar con casos que se salen de lo ordinario
y que le exigen una mayor competencia. Siempre debe estar preparado para
atender a los casos ordinarios y a los extraordinarios o fuera de lo común.
Con todo, no siempre ocurre esto y en todos los tiempos se han lamentado
los grandes santos de no encontrar el guía espiritual adecuado.
Hay que escoger uno entre mil, decía San Juan de Ávila.
San Juan de la Cruz escribe:
"Adviértase que para este camino, a lo menos para lo más
subido de él y aun para lo mediano, apenas se hallará un
guía cabal según todas las partes que ha menester, porque
además de ser sabio y discreto, es menester que sea experimentado"
(Llama, Canc. 3,30).
Sabio, discreto y experimentado, por
tanto:
a) De buena formación bíblica, teológica, moral y
espiritual, sin excluir también la psicológica para saber
al menos distinguir entre lo que son casos normales de la vida espiritual
avanzada y lo que son enfermedades nerviosas o mentales.
En este mismo sentido decía Santa
Teresa de Jesús:
"Importa mucho ser el maestro avisado, digno de buen entendimiento
y que tenga experiencia: si con esto tiene letras, es grandísimo
negocio. Mas si no se puede hallar estas tres cosas juntas, las dos primeras
importan más... “(Vida, 13,16). "Buen letrado nunca
me engaño" (Vida 5.3).
b) Discreto: es decir hombre de discernimiento, que sepa distinguir lo
verdadero de lo falso, lo recto de lo torcido, que sepa aconsejar y exigir
sin cortar el vuelo, porque el Espíritu Santo actúa a veces
de forma que rebasa nuestra comprensión humana y hasta las luces
ordinarias de la fe.
c) Experimentado, es decir, que reúna la experiencia de su propia
vida espiritual y también la experiencia ajena, pues en muchos
casos, cuando el Espíritu actúa en firme, se hallará
desconcertado sin saber de qué se trata, a no ser que tenga cierta
experiencia.
d) A esto habría que añadir buena voluntad de querer ayudar,
bondad de carácter, con el amor de hermano y los sentimientos de
Jesús, humildad para desconfiar siempre de sí, desprendimiento
afectivo para no buscarse a sí mismo ni esperar agradecimiento.
EL DIRIGIDO
Es el más interesado en la guía
espiritual. Para que resulte bien debe ser sincero, dócil, obediente,
perseverar y observar discreción.
No ha de buscar la dirección espiritual como un desahogo psicológico,
mucho menos por amistad puramente natural y sensible. Si se llega a una
situación así, es mejor cambiar de director y cortar por
lo sano antes de seguir adelante. Todo lo que pase de amor sobrenatural
de hermanos en el Señor es un retroceso y engaño.
III.- DISCERNIMIENTO
Relacionado con los dos puntos anteriores
está el tema del discernimiento.
Discernimiento es saber juzgar y decidir a la luz del Espíritu
Santo cualquier acontecimiento o situación que se nos presente.
Juzgar, es decir, saber reconocer el origen de lo que sucede en la vida
espiritual de una persona o de una comunidad, examinando los signos exteriores
y las mociones internas.
El origen puede ser: a) o el Señor. b) o nuestra naturaleza (imaginación,
subconsciente, fuerzas naturales desconocidas). c) o el espíritu
del mal.
Decidir, o sea, saber escoger el camino que nos marca la Palabra de Dios,
o la insinuación del Espíritu. O también, saber escoger
en cada caso la voluntad de Dios.
Las reglas que se dan para el discernimiento están sacadas de la
Palabra de Dios, de la Tradición de la Iglesia y de la experiencia
de los grandes guías espirituales.
Hay algunas muy generales, pero muy seguras, que se deben aplicar ante
cualquier situación:
a) Conformidad con la Palabra de Dios: cualquier manifestación
que vaya contra la Palabra de Dios, no es cosa del Espíritu, pues
éste nunca se contradice.
b) Conformidad con la enseñanza de la Iglesia en materia de fe
y de moral. Cuando en materia de fe y costumbres algo es definido por
la Iglesia o enseñado por el conjunto de los obispos en comunión
con el Papa, estamos ante la infalibilidad de la Iglesia. Cualquier afirmación
que vaya en contra de esta enseñanza constante de la Iglesia está
en contradicción con el Espíritu Santo.
c) Nunca se puede ir en contra del deber de estado: por ningún
motivo se puede contradecir las obligaciones de estado que se han contraído
por el Sacramento del matrimonio, del orden, o de la profesión
religiosa.
Pablo VI, en el discurso que el 19 de
Mayo de 1975 dirigió en la Basí1ica de S. Pedro al III Congreso
Internacional de la R.C., señalaba como criterios de discernimiento
la doctrina de San Pablo sobre los carismas reduciéndola a los
siguientes puntos:
-fidelidad a la doctrina auténtica de la fe: lo que contradice
a esta doctrina no viene del Espíritu Santo;
-todos los dones han de ser recibidos con gratitud;
-todo debe contribuir al Amor: "el Espíritu Santo pue?de conferir
toda clase de dones sin estar presente El mismo: en cambio, si concede
el Amor, prueba que El mismo está presente por la gracia".
Y terminaba con otra gran regla de discernimiento que nos da el Evangelio:
-por los frutos se conoce el árbol.
Esta misma regla explicita San Pablo un poco más en un célebre
pasaje de la Epístola a los Gálatas, al que hay que recurrir
muchas veces para hacer discernimiento:
- "la carne tiene apetencias contrarias al espíritu, y el
espíritu contrarias a la carne, como que son entre sí antagónicos...
En cambio el fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia,
afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio de sí .. ."
(Ga 5, 17-23).
Las célebres reglas de discernimiento que nos ofrece San Ignacio
de Loyola concuerdan bastante con el pasaje de la Epístola a los
Gálatas y con la del Evangelio; y hoy se las formula de muy variadas
formas, pero en general siempre hay que decir lo mismo: es acción
de Dios lo que trae paz, Amor a El y a los demás, gozo interior,
lo que busca la luz y huye de las tinieblas, lo que se somete humildemente
al juicio de la autoridad, de la comunidad.
Bibliografía sobre el discernimiento
RENE LAURENTlN, Trois Charismes:
Discernement, Guerison. Don de science, Pneumatheque, París
1982, p.
JACQUES CUSTEAU, SJ. El Carisma de discernimiento, Ediciones
Paulinas, Chile 1979, 32 pgs.
KOIN01A, N° 3, Tema doctrinal: El discernimiento
DOCUMENTO DE MALINAS I, en la Renovac.
Carismática. Documentación, Secretariado Trinitario, Salamanca
1978, pg. 179.
El discernimiento espiritual en una asamblea de oración de la Renovaci,
por ETIENNE GARIN, en Presencia de la Renovac. Carismática, Colec.
Nuevo Pentecostés, Edit. Roma, Barcelona 1981. pgs. 123-141.
Cfr. CARDENAL L. J. SUENENS Documento de Malinas 2, Ecumenismo y Renovación
Carismática, Colec. Nuevo Pentecostés, Roma 1979, pgs.
78-97.
HERIBERT MUHLEN, Catequesis para la renovación carismática,
Secretariado Trinitario, Salamanca 1979, pgs. 219-231.
REGINE MAIRE-BESSER, Pour "discerner le meilleur",
en TYCHIQUE, N° 26. pgs. 45-55.
Tema 6 y 7:
Orden y ascesis
en la propia vida.
Nota: Muchas personas no permanecen en la gracia recibida
por falta de orden y ascesis en su vida. Hay que recordar la explicación
de la parábola del sembrador "al oír la Palabra,
al punto la reciben con alegría, pero no tienen raíz en
sí mismos, sino que son inconstantes..., las preocupaciones del
mundo, la seducción de las riquezas y las demás concupiscencias
les invaden y ahogan la Palabra, y queda sin fruto" (Mc 4, 16-19).
El tema se presenta dividido en dos, para una mayor profundización.
I.- Sueño, alimentación, ocio y diversión.
Nota: Este tema no
tiene contenido doctrinal, por lo tanto hay que evitar dar un discurso
moralizante y unos consejos siempre discutibles. Lo mejor es tratar
el tema en forma de preguntas y de compartir. Se trata de revisar estos
puntos.
* El seguimiento de Jesús y la
escucha de su Palabra no es algo que puede quedar encerrado en un ámbito
"religioso", sino que ha de influir en toda nuestra vida. Son
todas las áreas de nuestra vida que hemos entregado al señorío
de Jesús. Si hay desorden en alguna de estas áreas, nuestra
vida espiritual y de entrega a los demás se verá paralizada.
* Algunos textos nos pueden ayudar a
comprender cómo esto queda ya reflejado en las comunidades primitivas:
- "Nos hemos enterado que hay
entre vosotros algunos que viven desordenadamente, sin trabajar nada,
pero metiéndose en todo. A ésos les mandamos y les exhortamos
en el Señor Jesucristo a que trabajen con sosiego para comer su
propio pan" (I T ts 3, 11-12).
- (I Tm 3, 5)."Si alguno no
es capaz de gobernar su propia casa, ¿cómo podrá
cuidar de la Iglesia de Dios?"
- “Pueda también llegar
con alegría a vosotros por la voluntad de Dios, y disfrutar de
algún reposo entre vosotros" (Rm 15, 32).
- "Venid también vosotros
aparte, a un lugar solitario, para descansar un poco. Pues los que iban
y venían eran muchos, y no les quedaba tiempo ni para comer"
(Mc 6, 31).
* Algunas preguntas:
- ¿Quito innecesariamente horas
al descanso diario? ¿Duermo demasiado?
- ¿Mantengo un orden en las comidas
y como suficientemente? ¿Como o bebo demasiado?
- ¿Soy una persona trabajadora o permanezco ocioso demasiado tiempo?
¿Soy responsable en el trabajo? ¿Dedico a la vida familiar
el tiempo que ésta requiere? ¿Dedico tiempo a mis hijos?
¿Y a mi esposa o a mi esposo?
- ¿Dedico demasiado tiempo al ocio? ¿A la televisión?
¿Al deporte? ¿Asisto a demasiadas reuniones?
Algunas sugerencias concretas:
- Para mantener un mayor orden en nuestra
vida puede ser conveniente hacernos un horario del día, para saber
cómo vamos a distribuirlo. Esto es bueno hacerlo teniendo en cuenta
toda la semana.
- A algunas familias les ha ayudado mucho el dedicar un día (una
tarde, unas horas) especialmente a la familia, a estar todos reunidos,
hablar, salir juntos, jugar. Es conveniente que el ritmo sea semanal.
- A muchos matrimonios les ha ayudado el dedicar un día (una tarde,
unas horas, una noche) especialmente a la pareja: hablar, festejar, estar
juntos, salir. El ritmo también ha de ser semanal.
II.- Sobriedad y
austeridad.
Sentido de los bienes materiales.
Nota: La experiencia
carismática en que se va contemplando todas las cosas como un
don de Dios es el modo más apto para descubrir el sentido cristiano
de los bienes materiales.
* La experiencia carismática nos hace descubrir poco a poco todas
las cosas como un don de Dios. Las cualidades naturales que hemos recibido,
nuestro arte o nuestro saber, lo vamos considerando como un don de Dios
para el servicio de los hermanos, según la expresión de
S. Pablo "cada uno ha recibido la manifestación del Espíritu
para el provecho común" (1 Co 12, 7).
* Pero este mirar todas las cosas como
un don para el servicio de los demás no debe quedar reducido a
los dones espirituales o naturales, sino que debe extenderse también
a los dones materiales. Así nos lo muestran las parábolas
de Jesús:
- nos dice que somos administradores
(Lc 16, 1ss)
- nos dice que nos ha dado unos talentos para que los hagamos fructificar
y de los que nos pedirá cuenta (Mt 25, 14ss)
Así lo entendieron los primeros cristianos:
"La multitud de los creyentes no
tenia sino un solo corazón y una sola alma. Nadie llamaba suyos
a sus bienes, sino que todo era en común entre ellos" (Hch
4,32)
* Todos los bienes materiales que nosotros
tenemos son un don que Dios nos ha dado para que lo utilicemos todo al
servicio de los demás. Quien retiene para sí los bienes,
es el don de Dios el que retiene. Quien derrocha los bienes materiales,
es el don de Dios el que derrocha. Quien pone los bienes materiales al
servicio de los demás, se ha hecho servidor del don de Dios.
* El reconocimiento de los bienes materiales
como un don de Dios al servicio de los demás nos ha de llevar a
la no acumulación de riquezas y a poner al servicio de los demás
todo lo que tenemos.
* Esto impide todo tipo de lujo y nos
invita a introducirnos en el campo de la austeridad. Sólo la austeridad
nos ayuda a quitar las barreras que nos separan unos de otros y a estar
siempre dispuestos al servicio.
* La austeridad simplifica mucho nuestra
vida, abriéndola más al servicio de los demás: nos
da más posibilidades de tiempo, nos da más posibilidades
económicas, nos da más posibilidades comunitarias.
* El camino de la comunidad cristiana
sólo es posible mediante el compartir y éste sólo
es posible si vivimos en la austeridad.
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