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¿QUE
ES LA RENOVACION CARISMATICA?
Hay un conjunto de rasgos externos que por sí mismos no definen,
ni tampoco describen lo que es la Renovación: manos alzadas, cantos
de alegría acompañados de Aleluyas, oraciones susurradas,
cantos en lenguas, acompañar el canto con palmadas, a veces con
danza, oración con imposición de manos, saludo de acogida
con el beso de la paz, etc. Centrar la atención en esto, como con
frecuencia sucede al que por primera vez asiste a un grupo de oración,
es quedarse en lo puramente externo y anecdótico y llevarse una
impresión distorsionada de la realidad.
Nada de esto define lo que es la Renovación, si bien todo tiene
su significado y razón de ser.
Es preciso penetrar en su esencia más íntima. Para ello
vamos a fijarnos, primero en algunos elementos esenciales
y después en los cinco aspectos más salientes.
ALGUNOS ELEMENTOS ESENCIALES
El P. Tomás Forrest, C.Ss.R.,
en el informe que presentó con motivo del histórico encuentro
del Consejo Internacional de la R.C. con el Papa Juan Pablo II, el 11
de Diciembre de 1979, resumía así estos elementos esenciales:
1) SU ENSEÑANZA BASICA:
La R. C. católica es profunda y esencialmente cristocéntrica:
proclama a Jesús tanto como Salvador cuanto como Señor.
El anuncio de Jesús como Salvador se opone a la
influencia, sentida aun dentro de la Iglesia, de un nuevo pelagianismo,
que implica que el hombre puede salvarse a sí mismo por medio de
la ciencia, la tecnología y los métodos psicológicos
de autorrealización. La proclamación de que Jesús
es Señor se opone a las filosofías modernas y a
las políticas de "libertad", que predican un individualismo
tan radical que niega incluso el señorío personal de Dios
en nuestras vidas. La enseñanza básica de la Renovación
es, por lo tanto, que Jesús es el único Salvador y Señor
de todo, y que conocerlo como tal es el único camino para que el
hombre alcance su paz y plenitud.
2) LA CARACTERISTICA DISTINTIVA: Si bien esta enseñanza
y propósitos básicos son los mismos para cualquier renovación
o movimiento auténtico de la Iglesia, lo que distingue a la Renovación
es su interpretación de que el papel del Espíritu
Santo en la Iglesia no ha cambiado en absoluto desde los primeros siglos,
y que hoy podemos experimentar su efusión, su poder y sus dones
de la misma manera que los primeros cristianos. Algunos han enseñado
que el Espíritu Santo fue derramado de modo único sobre
los primeros cristianos para equiparlos en la singular tarea de evangelizar
al mundo pagano romano. El Espíritu que Cristo prometió
como fuerza (Lc 24,49; Hch 1,8) vino a ellos como una profunda experiencia
humana, con manifestaciones físicas y con efectos místicos
y espirituales sorprendentes. Fue una experiencia viva largamente recordada
y comentada, que los dejó con dones perceptibles para compartir
la misión de Cristo y con frutos del Espíritu que los unieron
en comunidades y los sanaron de tal manera que les fue posible vivir una
vida de amor y servicio. Santo Tomás dice que era la norma de los
primeros cristianos el pasar por dicha experiencia.
3) UN PENTECOSTES PERSONAL: Lo singular de la Renovación
es aceptar como normal para todos los miembros de la Iglesia de
hoy esta efusión y experiencia del Espíritu con todo su
poder y carismas. Hay ahora varios millones de católicos
en el mundo que en vez de hablar de un Pentecostés histórico,
experimentado por otros, dan testimonio de un Pentecostés personal:
el suyo propio. Se encuentran no solamente en las grandes ciudades, sino
también en las islas del Caribe y del Pacífico, entre las
tribus africanas, entre los esquimales y en las chozas de adobe de América
Latina. Entre ellos hay obispos, sacerdotes, teólogos, religiosos
y dirigentes laicos. Cada uno cuenta cómo la profecía de
Joel (Hch 2,16) y las promesas de Cristo se han realizado en sus vidas.
Y en estas historias hay una similitud difícil de explicar. Primeramente
hubo un tiempo de preparación, por medio de la oración y
la penitencia, un rendirse a Jesucristo como Salvador y Señor,
una confesión de fe en las promesas de Cristo de enviar su Espíritu,
un clamor de necesidad de ese Espíritu, y la plegaria "Ven,
Espíritu Santo", todo seguido de un período de activa
alabanza y acción de gracias. Como resultado, el Espíritu
de Dios descendió de una manera que cambió radicalmente
sus vidas.
4) DISCERNIMIENTO DE AUTENTICIDAD: La autenticidad de
esta experiencia no depende de un análisis de la misma
en sí, sino que se discierne por sus efectos en la vida
de las personas. Los cambios testifican un nuevo sentido de la
presencia de Dios, una relación más personal con Cristo,
una mayor necesidad y éxito en la oración (con una nueva
libertad para alabar la bondad y lo maravilloso de Dios), un hambre por
entender la Palabra de Dios, un amor más universal y ecuménico,
un corazón apostólico generoso, junto con dones especiales
que contribuyen a la edificación de comunidades y a la evangelización.
Estos dones comprenden lenguas, profecía y sanación, que
son considerados extraños por otros católicos, y aun cuando
ciertos individuos los usan indiscriminadamente y con poca sabiduría,
los dones, en general, conducen a una profunda y auténtica vida
cristiana y a una mayor unidad entre aquellos que los poseen. Con el tiempo
han emergido miles de grupos de oración altamente comprometidos
y aún comunidades de alianza, que han desarrollado una sólida
sabiduría pastoral.
5) RENOVACION DEL SACRAMENTO DE LA CONFIRMACION: En la teología
de la Renovación el sacramento de la confirmación
debe tener un impacto real y experimental en la vida de las personas que
lo reciben. En vez de mero ritual debe ser un paso de la niñez
hacia la madurez cristiana, una madurez espiritual en la que cada cristiano
es fortalecido por el Espíritu Santo para realizar una labor específica
y difícil en la construcción del Reino. El "Seminario
de la vida en el Espíritu" es un método que se ha desarrollado
con gran éxito para conducir a una liberación total de los
frutos y poder del sacramento de la Confirmación.
6) UNA CORRIENTE MÁS QUE UNA ORGANIZACION: La tarea dada
a los cristianos es la misma que el Padre encomendara a Jesús (Jn
17,18), y por lo tanto es sobrenatural; escapa a todo poder humano. El
Espíritu Santo es el único capaz de transformar hombres
divididos en la imagen de Dios: muchos-que-son-uno. Pero los hombres,
(Vemos que falta algo en la Revista;
creemos que es error de imprenta)
En vez de decir: "Oh Dios, haré
esto por ti", su actitud debe ser: "Espíritu de Dios,
úsame como quieras". Y con solo este cambio de actitud fluye
inconteniblemente el poder divino.
7) LABOR QUE SOLAMENTE EL ESPIRITU SANTO PUEDE REALIZAR:
La Renovación Carismática vendría a ser una
revitalización de la oración "Ven, Espíritu
Santo”: La meta y dirección de la Renovación
sería enfocar cada esfuerzo en la Iglesia como un discernimiento
del plan de Dios, y no como proyecto humano; considerar los talentos evangélicos,
apostólicos y todo talento de servicio, como un don del Espíritu
Santo; comprender que sólo el Espíritu Santo es capaz de
hablar verdaderamente al corazón humano y hacerle oír la
Palabra; conocer al Espíritu como el poder de Dios entre nosotros,
un poder que debe obrar a través tocados y dotados por el Espíritu
pueden servir de instrumentos, madurando y cumpliendo de esta manera su
responsabilidad cristiana. La Renovación Carismática
no es una nueva clase de organización en la Iglesia, sino una corriente
de pensamiento de la Iglesia que afirma que el hombre no es el
agente primordial de su misión, sino más bien un dócil
instrumento dependiente del Espíritu Santo.
(Vemos que falta algo en la Revista; creemos que es error de imprenta)
nuestro hoy, incluso con signos y prodigios,
a medida que nos enfrentamos con las fuerzas modernas del mal; rendirse
como instrumentos de ese Espíritu, haciendo todo sólo para
la gloria del Padre; y conducir a los católicos a comprender y
realizar todo esto con humildad. La meta no es la liberación de
los dones por sí mismos, ni solamente buscar aquellos enumerados
en 1 Co 12, sino una renovada comprensión de que la obra de Dios
puede ser realizada exclusivamente por Dios y que nosotros servimos únicamente
como instrumentos según los dones que el Espíritu libremente
nos da. Él llena los corazones de los fieles. Él enciende
en nosotros el fuego de su divino amor. Él recrea y renueva la
faz de la tierra. Y cuando nos rendimos, Él nos usa como herramientas
en manos del Arquitecto.
8) EL FIN AUTENTICO: Penetrar con esta mentalidad todo entrenamiento
apostólico y sacerdotal, llevar a los individuos a un
entendimiento y experiencia personales del poder del Espíritu Santo,
convertirse como pueblo en instrumento del Espíritu para alabanza
del Padre, y contribuir en la renovación del sacramento de la Confirmación,
serían las verdaderas metas de esta corriente de la Iglesia conocida
popularmente como la Renovación Carismática Católica.
ASPECTOS MÁS SALIENTES
Fijémonos ahora en lo que podríamos
considerar como los cinco aspectos más salientes, por los que podremos
apreciar más de cerca la dimensión del compromiso que implica
la Renovación.
Son:
- Los grupos y asambleas de
oración,
- La alabanza
- La Efusión del Espíritu
- Los carismas
- Las comunidades carismáticas.
GRUPOS Y ASAMBLEAS
DE ORACIÓN
Una de las características sociológicas
más llamativas de R.C. es la formación de grupos y de asambleas
de oración (reuniones a las que asisten varios grupos). Los que
han pasado por la experiencia del Espíritu, en cualquier población
en que se encuentren, se suelen reunir al menos una vez a la semana para
orar juntos durante un espacio de dos horas.
No hay límite para el número de los asistentes y los grupos
están siempre abiertos a todos los que quieran participar. No se
hace distinción de edades ni de la condición social o cultural.
Se experimenta el pueblo de Dios: sacerdotes, religiosos, laicos, niños,
jóvenes, adultos, ancianos; hombres y mujeres; sanos y enfermos;
cuerdos y locos: todos son bien acogidos, como hermanos que el Señor
envía. Todos deben ser aceptados.
La marcha de la oración no sigue estructura preestablecida. Según
la moción del Espíritu se van conjugando con cierto orden
los diversos elementos que la componen: oración espontánea,
cantos, textos breves y frecuentes de la Palabra de Dios, de acuerdo con
la idea central y el hilo que sigue la oración, silencio compartido,
testimonios, peticiones, mensajes proféticos, oración en
lenguas, etc.
Para evitar la dispersión y mantener la unidad suele haber una
persona, o más bien un pequeño equipo, que de forma discreta
dirige la oración. Su función es más bien la de iniciar
y concluir la oración a su debido tiempo, mantener cierto orden
y unidad, y, en caso de necesidad, exhortar y alentar a la asamblea hacia
la alabanza al Señor, procurando que el grupo se centre siempre
en la presencia del Señor.
La oración comunitaria sigue de ordinario el ritmo tradicional
de las asambleas cristianas, tal como se realiza en la celebración
de la Eucaristía y en la Liturgia de las horas: a) introducción:
acogida, cantos de entrada, bienvenida e inicio de la oración;
b) oración: petición de perdón y paso inmediato a
la alabanza; c) lectura de la Palabra de Dios, silencio y respuesta; d)
catequesis o instrucción y testimonios; e) oración de petición.
La reunión del grupo responde así
a tres objetivos importantes: la alabanza, la instrucción o enseñanza,
la comunión o compartir de unos con otros a través de unas
relaciones sanas.
La colocación externa del grupo suele ser en forma de círculo,
lo cual expresa más el carácter comunitario y de unidad
entre todos y sobre todo la presencia de "Jesús en medio de
nosotros".
La oración adquiere su expresividad a través de los gestos,
como el acompañar los cantos con palmadas, el levantar los brazos
en la alabanza, gestos que a pesar de que los vemos en la liturgia, y
los salmos nos hablan de ellos, no dejan de producir cierta extrañeza
en los que asisten por primera vez. Pero cuando el gesto queda recuperado,
pues también se ora con el cuerpo, el espíritu se expresa
con mayor libertad. Todo el ser de la persona, alma y cuerpo, se eleva
hacia Dios, esperándolo todo de Él.
LA ALABANZA
"Y mi boca proclamará tu
alabanza"
Quizá la alabanza sea la flor más
bella de toda la Renovación Carismática. Es el elemento
que más destaca, tanto en las reuniones de oración como
en la oración privada de aquél que verdaderamente ha entrado
en el espíritu y exigencia de la Renovación.
No es una cosa nueva, pues toda la Biblia, desde los libros del Pentateuco,
pasando por los Salmos, y hasta el Apocalipsis, está rezumando
constantemente esta forma de oración porque "grande es el
Señor y muy digno de alabanza" (Sal 96,4). De la misma manera
en la oración oficial de la Iglesia, tanto en la celebración
de la Eucaristía y de los Sacramentos como en la Liturgia de las
Horas, predomina la alabanza y acción de gracias.
Por esto no deja de ser extraño
que el cristiano, elegido para "alabanza de su gloria" (Ef 1,6.12.14),
había casi perdido el sentido de la alabanza.
Más que las palabras, más o menos bonitas que se puedan
decir, la alabanza es toda una actitud de gozo, agradecimiento, admiración,
anhelo de entrega y de correspondencia ante el Señor, ante un Dios
que se ha compadecido de nosotros, de nuestra miseria y pequeñez,
librándonos "del poder de las tinieblas y nos trasladó
al Reino del Hijo de su amor" (Col 1,13). Esto no quiere decir que
seamos mejores que los demás o que lo hubiéramos merecido
por nuestra parte: nada de esto viene de nosotros, "sino que es don
de Dios" (Ef 2,8).
No es fácil descubrir lo que es la alabanza. Solamente aquél
que ha experimentado su miseria y se siente perdonado, curado, amado por
el Señor se puede encontrar sobrecogido y admirado ante Él,
y, lo mismo que los que en el Evangelio son liberados y sanados, experimentará
la necesidad de alabar a gritos al Señor, embargado de su amor
y gozo.
La alabanza es una oración totalmente gratuita. Alabamos al Señor
no porque necesitemos algo de Él, sino porque Él es, "porque
es eterno su amor" (Sal 136), y como la Iglesia le decimos: "Por
tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos,
te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre todopoderoso...
"
Es más, hay muchos momentos que se siente una gran necesidad de
alabar a Dios, y entonces la alabanza es un impulso ardiente del corazón
hacia Él, que nos lanza así sacándonos del círculo
de nuestros problemas y preocupaciones para centrarnos en el Señor.
Y este es el secreto del poder liberador de la alabanza, por lo que en
los momentos de contrariedad, de fracaso, de enfermedad y sufrimiento
sentimos que más que pedir a Dios cosas lo que hemos de hacer es
alabarle y darle gracias por todo. Con ello manifestamos al Señor
que nos fiamos totalmente de Él, pase lo que pase, y que nos abandonamos
a su amor. Y es entonces cuando Él también responde de una
manera muy concreta.
Los que participan en los grupos de oración sienten cada vez más
la necesidad de crecer en la expresión de la alabanza, sin inhibiciones
ni respetos humanos. Levantar los brazos responde al anhelo de abrirse
y rendirse ante el Señor como niño que se deja acoger en
su abrazo amoroso. Es la forma como oraban los primeros cristianos y es
un gesto que libera el espíritu y ayuda a orar: "así
quiero en mi vida bendecirte, levantar mis manos en tu nombre" (Sal
63,5).
En el grupo hay una gran espontaneidad y cada uno alaba al Señor
no sólo por lo que ha hecho en él, sino por lo que ve en
los demás, y todos acogen y hacen suya la alabanza del hermano.
Hay momentos en que ésta adquiere más fuerza y expresión,
como cuando cada uno de los participantes, al mismo tiempo y en voz alta,
alaba al Señor espontánea y libremente, bien en su propia
lengua, bien con "oración en lenguas" o cantando suavemente.
Entonces todas las voces se funden como en un coro, que hace pensar en
el sonido de la creación que alaba a Dios, en el ruido suave de
muchas aguas. Es lo que se llama palabra de alabanza.
Esta forma de alabanza crea enseguida en toda la asamblea un alto grado
de unidad, recogimiento y sentido profundo de la presencia de Dios, disponiendo
así a cada uno para interiorizar todo cuando se vaya diciendo,
y muchas veces termina en canto en lenguas o canto en el espíritu,
lo cual no es más que la palabra de alabanza cantada. Entonces
unos cantan en lenguas, quizá con sílabas o sonidos muy
simples nada más, otros cantan en su propia lengua, y la comunión
que se crea en el Espíritu va modulando la armonía del conjunto
en ondulaciones, contrapuntos y disonancias que hasta el músico
profesional admira.
Como afirma un famoso teólogo, "no podemos abarcar ni pronunciar
el misterio de Dios con nuestro lenguaje humano corriente. Pero la oración
en lenguas es proferir aquello que permanece indecible por toda la eternidad"
(H. MUHLEN, Catequesis para la renovación cristiana,
Secretariado Trinitario, Salamanca 1979, p.182).
"Cuando alabamos a Dios y le glorificamos por la creación,
entonces podemos enumerar muchas criaturas que Él ha creado. Pero
cuando lo alabamos y lo bendecimos porque es él misterio inmenso,
incomprensible e inenarrable, nos faltan las palabras... Cuando se trata
de Dios, no sabemos verdaderamente qué y cómo debemos rezar.
Entonces sólo podemos abandonarnos en la presencia del Espíritu
de Dios en nosotros" (Ibidem, p. 184).
"¡Oh Dios de mi alabanza!" (Sal 1 09,1).
"Viva mi alma para
alabarte" (Sal 119,175).
"¡Alaba a Yahvé,
alma mía!
A Yahvé mientras viva he de alabar,
mientras exista salmodiaré para mi Dios" (Sal 1 46,1-2).
''Alabad a Yahvé, que es bueno salmodiar,
a nuestro Dios, que es dulce la alabanza" (Sal 147,1)
"Todo cuanto respira
alabe al Señor" (Sal 150, 6).
LA EFUSIÓN
DEL ESPÍRITU
"La Renovación en el Espíritu
se caracteriza por una experiencia espiritual cuyos rasgos específicos
son fácilmente reconocibles a través de una extensa variedad
de personas y de circunstancias.
Esta experiencia adviene ordinariamente a partir del deseo y de la oración
del sujeto y de la intercesión del grupo, a menudo con el rito
informal de la imposición de manos. Implica una doble perspectiva:
-una transformación íntima a la que se designa como "Bautismo
en el Espíritu" o "Efusión del Espíritu"
-una actividad significativa: los carismas, o, en otras palabras, el ejercicio
de los dones del Espíritu al servicio de la Iglesia" (RENE
LAURENTIN, Pentecostalismo Católico, PPC, Madrid
1975, p. 55).
La expresión "Bautismo del Espíritu" se puede
prestar a confusión, por lo que se prefiere decir "Efusión
del Espíritu". Otros hablan de "liberación del
Espíritu": liberar en nosotros los dones que ya habíamos
recibido, principalmente en los sacramentos de la iniciación cristiana.
"La Efusión del Espíritu lleva consigo ordinariamente
una impresión viva, a menudo emotiva, a veces hasta las lágrimas.
Pero lo esencial no está ahí. Son numerosos los que subrayan
la calma y la paz que implica esta experiencia. El elemento emotivo no
es aquí más que el epifenómeno de una transformación
profunda. Lo que irradia es un sentido nuevo de la presencia de Dios,
más allá incluso de la conciencia clara. Desaparecen las
inhibiciones; se liberan energías; se restaura una sinergia; se
superan disociaciones. En esta línea es como tendremos que comprender
el sorprendente resurgimiento del "carisma de curación":
recuperación del equilibrio psicológico y físico,
gracias a la nueva integración personal y comunitaria del ser,
pero por la intervención de Dios y para Dios" (Ibidem, p.
59).
Externamente consiste en la oración que un grupo de hermanos, o
más bien toda la comunidad cristiana, eleva a Jesús glorificado
para que derrame su Espíritu de una manera nueva y en mayor abundancia
sobre la persona por la que se ora imponiéndole las manos. Se pide
al Señor que realice en nosotros de nuevo lo mismo que hizo con
sus Apóstoles, reunidos con María su Madre, y con los mismos
efectos, es decir, que derrame de nuevo en nosotros "la fuerza del
Espíritu Santo" (Hch 1,8) para ser verdaderamente sus testigos.
La imposición de manos ni es un gesto mágico ni un gesto
sacramental. Es un gesto de comunión con el hermano, un signo de
amor, una expresión de que toda la comunidad ora por él.
La Efusión del Espíritu es una gracia particular que nos
hace tomar conciencia de una realidad que habíamos perdido de vista:
el Espíritu Santo; "es la correspondiente aceptación
personal de aquello que nos fue prometido y concedido sacramentalmente
por Dios en el Bautismo y en la Confirmación. Por consiguiente,
la renovación del bautismo del Espíritu es, respectivamente,
la renovación del Espíritu" (H. MUHLEN, O.c., p. 123).
Para la Iglesia primitiva la experiencia del Espíritu era algo
muy importante. Para el cristiano de hoy la conciencia y sobre todo la
vivencia de su presencia y acción ha de ser algo decisivo.
No siendo ni el sacramento del Bautismo ni el de la Confirmación,
el Bautismo en el Espíritu Santo es una efusión más,
una nueva efusión del Espíritu.
La Efusión del Espíritu no cubre todas las riquezas de la
Renovación. Para los Apóstoles fue el principio de una nueva
vida, para nosotros es como la puerta de entrada en esta renovación,
el punto de partida, el comienzo de un nuevo caminar en el Espíritu.
En cada persona actúa de acuerdo con su idiosincrasia, su carácter,
su historia, su apertura al don de Dios. En unos puede ser una verdadera
conversión y un encuentro personal con Jesús, en otros una
renovación de la vida cristiana que estaban viviendo lánguidamente,
y en otros puede ser llegar a cierta plenitud del Espíritu.
¿CUALES SON LOS EFECTOS
MAS PERCEPTIBLES?
1) Jesucristo, don por excelencia, se convierte en
el centro de la vida al que se proclama como el Señor.
2) La Palabra de Dios se convierte en palabra viva
que el Espíritu nos hace gustar y comprender.
3) Los que por el Espíritu descubren a Jesús en una relación
vital descubren también que son hermanos en Cristo y sienten
la necesidad de amarse y vivir la comunión fraterna,
como don manifiesto del Espíritu.
4) Libertad espiritual:
la Renovación no es emoción sentimental ni evasión
de las realidades de la vida, sino fuerza para romper con todo
aquello que se oponga al Espíritu del Señor. '
5) Manifestación y crecimiento de los frutos del Espíritu,
principalmente del amor, la alegría, la paz, la mansedumbre.
6) Redescubrimiento de la Iglesia: el Espíritu,
que es el alma de la Iglesia, no divide sino que nos hace sentir miembros
vivos de una Iglesia, institucional y carismática a la vez.
7) Redescubrimiento de María
como la que recibió la plenitud del Espíritu y escuchó
en su corazón su voz y, presente en el Cenáculo con los
Apóstoles, asistió al nacimiento de la Iglesia.
8) Un camino nuevo para el Ecumenismo, pues se trata
de un fenómeno de renovación que se está dando
en todas las Iglesias cristianas y hasta en los mismos judíos.
La experiencia común es camino de encuentro, como se ve en los
numerosos grupos ecuménicos que surgen.
LAS COMUNIDADES CARISMÁTICAS
El que cada grupo se reúna un día
a la semana para la oración hace que sus miembros aprendan a conocerse,
amarse y aceptarse. Sienten que el Señor los ha puesto juntos para
caminar en el Espíritu.
Pero hay otros muchos momentos de la vida del grupo que también
contribuyen a estrechar cada vez más los lazos fraternales y a
vivir el compromiso de unos para con otros: los días de convivencia,
los retiros, las celebraciones de la eucaristía, de la reconciliación,
el sufrimiento o la alegría de cualquier hermano y que todos han
de compartir.
Todo esto va llevando al grupo, por la acción del Espíritu,
hacia una cohesión o compenetración constante en una marcha
hacia la comunidad. Cada grupo está llamado a crecer y progresar
de forma que un día surja de su seno una comunidad con aquellos
hermanos que más se sientan llamados.
Al cabo de ciertas etapas y no pocas dificultades se ha de llegar a la
comunidad carismática, la cual no tiene límite en cuanto
a los miembros que acepta.
Hay comunidades en el mundo que pasan de varios cientos y alguna que se
aproxima a los dos mil miembros. Cuando la comunidad llega a crecer tanto
ha de estar integrada por otras subcomunidades, y cada una de éstas
por pequeñas comunidades domésticas o células de
seis a diez personas, a veces más que viven en el mismo hogar.
Al frente de cada agrupación hay unos coordinadores o equipo de
coordinadores. Es decir, que las grandes comunidades son más bien
asociación de pequeñas comunidades domésticas. Esto
no quiere decir que todo miembro de una de estas comunidades tenga que
cohabitar con otros. En algunas comunidades hasta el 75 por ciento de
sus miembros viven en comunidades domésticas y los otros viven
cada uno en su propia casa. No hay grupos mixtos en la misma casa, a no
ser en una familia abierta, formada por un matrimonio con sus hijos, que
admite a otros hermanos, y todos están sometidos en obediencia
al matrimonio, que siempre será el responsable de la comunidad
doméstica.
Dentro de la gran comunidad surgen diversas funciones: los coordinadores,
los servidores y las servidoras. Los coordinadores son como los responsables,
y son discernidos en reuniones de oración entre aquellos que tienen
dotes de pastor. El equipo de coordinadores es el responsable del funcionamiento
de las comunidades domésticas a las que ayudan en sus comienzos
y aseguran su crecimiento espiritual. Los coordinadores en el ejercicio
de sus funciones reciben la ayuda de los servidores y servidoras.
Este es un esquema frecuente de comunidades
carismáticas. Sin embargo otras comunidades tienen otra organización
de acuerdo con su propio carisma y llamada. Dentro de cada comunidad puede
haber gran variedad de compromisos, de forma de compartir bienes y de
formas de convivencia. Hay quienes comparten todos sus bienes y hay quien
entrega una parte.
Es el Espíritu, no la organización, lo que impulsa y dirige
el desarrollo de cada comunidad. Las estructuras, y solamente las imprescindibles,
están al servicio de este proceso, por lo que la comunidad no es
una organización, sino un organismo, un cuerpo vivo de hermanos
en el que se manifiesta el Cuerpo de Cristo.
Lo que más distingue a las comunidades de la R.C. de aquellas que
no lo son quizá lo podamos condensar en las siguientes notas: 1)
En la importancia que se da a la acción del Espíritu
Santo, para escuchar sus inspiraciones y dejarse llevar por su
acción, por lo cual es normal que se manifiesten los mismos fenómenos
carismáticos que nos describen el Libro de los Hechos y las Epístolas:
profecía, conocimiento íntimo de la Palabra de Dios, fe
que traslada montañas, curaciones, etc. 2) En la conciencia
que viven sus miembros de que han sido dados por Dios el uno para el otro
y reunidos por El para formar su Cuerpo, dar testimonio colectivo
y evangelizar.
De aquí la importancia que tiene en estas comunidades el carisma
del Amor, como don del Espíritu, que madura y crece entre sus miembros
a través de la transparencia, el servicio, el sometimiento y la
obediencia, la corrección fraterna, todo lo cual no es posible
sino mediante un compromiso profundo con el Señor y una vida sólida
de oración.
Todas estas comunidades
sienten la necesidad de evangelizar, y así han surgido ya varias
formas de evangelización. Hay comunidades que salen asiduamente
cada semana por las calles y plazas en grupos a evangelizar.
"La multitud de los creyentes no tenía sino un solo corazón
y una sola alma. Nadie llamaba suyos a sus bienes, sino que todo era en
común entre ellos". (Hch 4,32)
LOS CARISMAS
Como indica su mismo nombre, una de las
características de la R.C. son los carismas.
Los carismas son "dones o talentos que el creyente o la comunidad
reciben en cuanto manifestaciones del Espíritu,
obra gratuita de Dios, para servicio de la construcción
del Cuerpo de Cristo”.
Hablar de carismas es poner el acento en el carácter gratuito
de los dones de Dios, en su cualidad de servicio a la
edificación del Cuerpo de Cristo y de manifestación
viva del Espíritu.
"Es Dios quien construye su Iglesia. Para esto ha instituido las
estructuras de esta Iglesia por medio de Jesucristo su santo Servidor,
pero no cesa de construirla actualmente por medio de los dones, los servicios
o ministerios, los diversos modos de acción de que habla S. Pablo
en 1 Co 12,4-6. Y esto distribuyendo talentos y dones a todos los fieles"
(Y. CONGAR, Je crois en l'Esprit Saint, tomo II, Cerf,
Paris 1979, p. 210).
La R.C. trata de estar abierta a los carismas, es decir, intenta vivirlo
todo como carisma, recuperar la dimensión de "don" de
toda la vocación cristiana. Dentro de esta apertura no se rechaza
nada que pueda venir de Dios. No es casualidad que se presenten juntas
la fe expectante y las curaciones, el sentido de la gratuidad y la alabanza
en lenguas, la escucha de la Palabra y la profecía.
San Pablo enseña que hay una gran diversidad de carismas. En una
asamblea de oración tan carisma es el que habla lleno de la sabiduría
de Dios, como el que habla lleno de la ciencia de Dios, como el que escucha
a ambos con fe; tan carisma son las curaciones como el compartir económico;
tan carisma es el hablar inspirado como el saber discernir lo escuchado;
tan carisma es el hablar en lenguas como el captar proféticamente
el sentido de lo dicho. "Aspirad a los carismas superiores"
(1 Co 12,31), es decir, a lo que más ayuda a la construcción
del Cuerpo de Cristo.
Digamos alguna palabra más sobre
los carismas más espectaculares, a causa de la extrañeza
que pueden causar. Sin embargo, ¿qué cosa más tradicional
que las curaciones, como encontramos en los Hechos de los Apóstoles,
en las vidas de los santos, en Lourdes y otros santuarios? ¿O más
tradicional que el hablar inspirado de algunos santos, de algunos predicadores,
de tantas personas? ¿o más tradicional que la "iubilatio"
de un S. Agustín, o los "cantos" de un S. Francisco,
o los "bailes" de un S. Pascual, o los "aleluyas"
gregorianos, o las "saetas" de una procesión andaluza?
La oración en lenguas:
"Se trata de una facultad de orar desde lo más profundo de
la persona, con sonidos que para la propia persona orante carecen de todo
significado definible. Estos sonidos no forman una lengua determinada
que el orante desconoce, aunque puedan reconocerse en ellos reminiscencias
inconscientes de otras lenguas.
El contacto con Dios en el don de lenguas es tan profundo que nos lleva
más allá de los límites del lenguaje comprensible
y de la consciencia inteligible. Es una de las manifestaciones de lo que
podría llamarse “oración infusa”. Puede utilizarse
correctamente o puede hacerse un mal uso de ella, por ejemplo, para llamar
la atención" (SCHOONENBERG, en Concilium
nov. 1974, p. 72).
"No puedes decir lo que es Dios y tampoco puedes callarte. Entonces,
¡qué hacer sino exultar, abrir el corazón a una alegría
que ya no tendrá necesidad de buscar palabras, extender su alegría
mucho más allá de los límites de las sílabas!"
(S. Agustín, Enarr. in Ps. 32).
La profecía: "Se trata de la edificación
de las personas, por medio de la cual se produce la edificación
de la Iglesia. No es el don habitual de comprender y de explicar la Palabra,
no es la enseñanza. Pero tampoco se trata, como el hablar en lenguas,
de una expresión irracional: es una palabra inteligible, pero que
es dada, "inspirada" por el Espíritu. Esta palabra pone
al que la escucha ante la verdad de Dios y ante la verdad de sí
mismo" (Y. CONGAR, o.c., II, p. 229).
"Ni el profeta ni su profecía constituyen por sí mismos
la prueba de su autenticidad. Las profecías han de someterse a
la comunidad cristiana y a los que ejercen las responsabilidades personales"
(Documento de Malinas-l, E 5).
La curación: "La
curación de hombres heridos, enfermos, abandonados, es un signo
de la llegada de los tiempos mesiánicos. S. Pablo pone los dones
de curación y el de obrar milagros entre los carismas del Espíritu:
1 Co 12,9.28-30. ¿No es el Espíritu el don mesiánico
por excelencia? Los Hechos de los Apóstoles contienen muchos relatos
de milagros y de curación. Y también la historia de la Iglesia,
a lo largo de todos los siglos, a pesar de que hay que admitir que la
literatura hagiográfica y monástica o la confianza popular
han exagerado la realidad efectiva: también muchos han pensado
que los milagros, como el don de lenguas, no habían sido concedidos
más que para los principios de la Iglesia. Nuestra época,
a pesar de estar tan orgullosa de su ciencia y de su dominio de los elementos,
desmiente claramente esta interpretación. Conoce los milagros,
las apariciones y, especialmente en la Renovación, el don de hablar
en lenguas y obrar curaciones. Lo que ocurre en la Renovación tiene
un interés eclesiológico, además del evidente interés
pneumatológico. En la Iglesia católica los hombres de Dios
han sido siempre el instrumento de curaciones, y se han constatado muchas
veces sensibles mejorías después de la celebración
del sacramento de los enfermos, pero las curaciones han sido atribuidas
sobre todo a santos del cielo, especialmente a la Virgen María.
Con la Renovación, vuelven a ser una característica de la
Iglesia de aquí abajo, un rasgo normal, cotidiano. Se
intenta evitar el sensacionalismo que fácilmente la marcaría.
El contexto es el de las reuniones de oración de la Renovación:
don y fe absoluta en Jesús que está vivo y cuyo Espíritu
obra con fuerza; oración fraterna, comunitaria, quien tiene el
carisma de curación no obra solo, salvo excepción; imposición
de manos que, acompañando la oración en fe, es un gesto
clásico, bíblico, que expresa la acción poderosa
del Espíritu; acción de gracias aun antes de cualquier mejoría
sensible. Se trata fundamentalmente de vivir, con hermanos, en una comunión
de fe y de oración, una relación con el Dios vivo que transforma
la relación consigo mismo, con su alma y con su cuerpo. Ya que,
si bien se producen curaciones físicas, se producen sobre todo
espirituales, interiores y, si se quiere, psíquicas" (Y. CONGAR,
o.c., II, p. 230-232).
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