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EL
"HOMBRE ESPIRITUAL"
Si leemos el Nuevo Testamento con un corazón
abierto y sencillo, dejándonos iluminar por la acción del
Espíritu, el único que "os lo enseñará
todo y os recordará todo lo que yo os he dicho" (Jn 14, 26),
en frase del mismo Jesús, sólo entonces podemos esperar
que El, que está en el Padre, se nos manifieste (Jn 14,21).
Jesús se presentó como el Ungido por el Espíritu,
el "Cristo": "El Espíritu del Señor sobre
mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva...”
(Lc 4, 18). Su vida se movió siempre bajo la acción del
Espíritu: "lleno del Espíritu Santo se volvió
del Jordán, y era conducido por el Espíritu en el desierto"
(Lc 4. 1), y "por el Espíritu de Dios expulsaba a los demonios",
manifestando así que había llegado el Reino de Dios (Mt
12,28).
En la vida de Jesús hubo momentos de gran efusión del Espíritu,
no sólo en el Bautismo del Jordán y en la Resurrección,
sino en varias ocasiones de su vida de ministerio, que le indujeron a
una ferviente alabanza al Padre: "en aquel momento se llenó
de gozo Jesús en el Espíritu Santo, y dijo: "Yo te
bendigo, Padre, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes,
y se las has revelado a pequeños... " (Lc 10, 21).
San Pablo nos lo presenta como "el último Adán"
que fue hecho "espíritu que da vida" (1 Co 15,45).
"En esto conocemos que permanece en nosotros: por el Espíritu
que nos ha dado" (1 Jn 3, 24). Y si no tenemos su Espíritu,
bien porque lo hemos dejado apagar (1 Ts 5,19), o bien porque bloqueamos
su acción con nuestra resistencia o pecado, "el que no tiene
el Espíritu de Cristo no le pertenece" (Rm 8,9).
El cristiano, que ha "nacido del Espíritu", en su realidad
más propia, en cuanto tal, "es Espíritu" (Jn 3,
6), o, como diría San Pablo, "hombre espiritual" (1 Co
2.15).
Llevar una "vida espiritual" y "ser espiritual" no
es más que dejar que el Espíritu de Dios habite en nosotros
(Rm 8,9; 1 Co 3,16), ya que por la fe en Jesucristo hemos recibido "el
Espíritu de la Promesa" (Ga 3. 14), hemos sido "sellados"
(Ef 1. 13), y por consiguiente, lo propio nuestro es "vivir según
el Espíritu" (Ga 5, 16), "ser conducidos por el Espíritu"
(Ga 5. 18), dejarse llenar, bautizar, invadir por su presencia.
Y si el Espíritu es Amor derramado en nuestros corazones (Rm 5,
5), y el amor asemeja, configura y transforma a las personas, como podemos
apreciar hasta en los mismos rasgos fisonómicos, sin duda que nos
hace cada vez más parecidos a El y nos reviste de su misma gloria
(Jn 17, 22), y así "reflejamos como en un espejo la gloria
del Señor, nos vamos transformando en esa misma imagen, cada vez
más gloriosos" (2 Co 3, 18).
Si así es el cristiano en su ser, en el orden de la acción
tiene que ser "espiritual", es decir, debe obrar "según
el Espíritu" (Ga 5, 25).
Sólo por la fuerza y la acción del Espíritu puede
conocer en orden a la salvación (1 Co 2,12), amar (1 Jn 4,7-19),
orar como conviene y alabar al Padre (Rm 8, 26•27), ser fortalecido
(Hch 1, 8; Ef 3, 16), dar testimonio y confesar que "¡Jesús
es el Señor!" (1 Co 12, 3), proclamar la Palabra de salvación
(1 Co 2,13) y obrar con el poder de Dios (1 Ts 1,5).
La Iglesia necesita hoy hombres de espíritu, maestros "espirituales"
que puedan guiar a otros.
En toda acción ministerial hay que dar aún más oportunidad
a la acción del Espíritu.
De manera especial en:
- la proclamación de la Palabra,
- en las celebraciones litúrgicas en las que se respire más
su hálito profundo y no que den en frío ritualismo,
- en la oración pública y comunitaria,
- en las comunidades cristianas y en los hombres dedicados al ministerio,
al pastoreo,
a la enseñanza.
El Espíritu no se puede disimular: se trasluce en las expresiones,
gestos, palabras, actitudes, se irradia y comunica a los demás.
CUALIDADES PERSONALES Y COMUNITARIAS
DEL DIRIGENTE DE R.C.
Por Rodolfo Puigdollers
Instrucciones de S. Pablo
Hay varios textos de la Sagrada Escritura, sobre todo de las cartas de
S. Pablo, que nos indican cuáles han de ser las cualidades de un
dirigente cristiano. En 1 Tm 3,1-7 nos indica las cualidades del epíscopos;
en 3, 8-13 las cualidades del diácono; en 5, 17-25
las cualidades del presbítero; en Tt 1, 6-9 nos
vuelve a hablar de las cualidades del epíscopos.
De todos estos textos vamos a fijarnos en el primero, que es el que nos
presenta de una forma más catequética las cualidades de
un dirigente.
Importancia de este ministerio
Empieza S. Pablo diciendo que este ministerio es una "gran función"
(1 Tm 3,1), es decir, un ministerio importante. Ya desde el principio
las comunidades cristianas aparecen con unos dirigentes (cf. Hch 2, 42;
4, 35; 6, 5-6; 13, 1; 14, 23; 15, 6.22; 20,17). En contraste con los dones
brillantes de curaciones, milagros, profecía, está el trabajo
oscuro y sin brillo del servicio de la asamblea de oración y de
dirección del grupo. Es un servicio que carece de todo aliciente
humano y que sólo representa un trabajo humilde, caritativo y silencioso,
pero importantísimo dentro de las comunidades. La marcha de los
grupos de oración y de las comunidades depende, en gran parte,
de la calidad de sus dirigentes.
1.- CUALIDADES PERSONALES
Dice S. Pablo: "es necesario que el dirigente sea intachable: profundamente
enamorado de su mujer, sobrio, equilibrado, educado, hospitalario, capaz
de enseñar; no dado al vino ni violento, sino comprensivo, enemigo
de discusiones, desprendido del dinero" (1 Tm 3, 2-3).
Intachable: cuanto mejor sea el dirigente, mejor para
el grupo.
Profundamente enamorado de su mujer: no sólo una
armonía y fidelidad conyugal, sino también, profundamente
metidos ambos en la Renovación. Indudablemente cada uno debe vivir
su ritmo de vida en el Señor, pero a nivel de vivencia de la Renovación
debe haber una experiencia conjunta; de lo contrario, surgen problemas.
Si esta armonía no se da es mejor no ser dirigente, por el bien
del matrimonio y de todos.
En los dirigentes no casados hay que esperar también una auténtica
integración de la sexualidad, con madurez. Esto supone una opción
de vida. Los miembros demasiado jóvenes es mejor que no sean dirigentes.
Sobrio: sobriedad significa austeridad. Pablo VI ponía
como lema de la Renovación: "bebamos alegres la sobria efusión
del Espíritu" (S. Ambrosio). Donde está el Espíritu
está la sobriedad. Esta se expresa en el comer, en el vestir, en
el hablar, en el vivir; se expresa también en las manifestaciones
afectivas, sobriedad en los lloros, en los suspiros, en los abrazos.
Equilibrado: libre de desequilibrios psíquicos
y emocionales graves. Una persona con carácter firme y estable,
probado y fortalecido en la tribulación. El dirigente lleva el
peso del grupo, el peso de muchos hermanos. J. Loew ha escrito: "debéis
aprender a no ser esa especie de caballero solitario que entra, que sale,
que hace lo que quiere, sin preguntar ni someterse a nadie; ni aquella
especie de flor sensitiva que nadie puede tocar sin que se produzca un
drama; ni aquel razonador que parece encantado en discutir, en oponerse
a los otros; ni aquel testarudo que vuelve siempre sobre las mismas cosas
incansablemente" (Seréis mis discípulos. p. 120).
Educado: algo muy sencillo, muy elemental, pero muy importante.
El dirigente es una persona de continuas relaciones interpersonales.
Hospitalario: el ministerio del dirigente es un ministerio
de unidad. Ha de saber acoger.
Capaz de enseñar: capaz de enseñar con
el ejemplo.
No dado al vino: ni a ningún otro vicio.
Ni violento: no como esas personas que se descontrolan
con tanta facilidad, sino pacífico.
Comprensivo: con esa madurez que cubre multitud de pecados,
que es capaz de comprender tantas cosas, que sabe pasar por alto las incomprensiones.
Enemigo de discusiones: el dirigente no es guardián de
la ortodoxia, sino instrumento de paz. Siempre atento al crecimiento del
grupo.
Desprendido del dinero: otro aspecto importante de la
sobriedad.
2.- CUALIDADES COMUNITARIAS
S. Pablo dice: "tiene que llevar bien su propia casa, de modo que
sus hijos le obedezcan por su autoridad moral, porque si uno no sabe llevar
su casa, ¿cómo va a cuidar de la asamblea de Dios?"
(1 Tm 3,4-5).
No sólo se requieren unas cualidades personales, sino también
unas cualidades comunitarias: el dirigente es fundamentalmente el hombre
de la comunidad, el ministro de la unidad. Esto supone tres dimensiones:
a) una persona que haga crecer a su alrededor los carismas:
no una persona que tenga muchos carismas, sino que haga crecer carismas
a su alrededor. Algunos tienen más bien la tendencia contraria,
la tendencia a apagar carismas; es mejor que el dirigente tenga menos
carismas pero que haga crecer los carismas de los demás, que sepa
descubrirlos y reconocerlos.
b) que sepa mirar por el bien de todos: qué es
lo que va bien a todos, qué es lo que hará crecer a los
más débiles y a todo el grupo; es el que sabe captar que
todo es bueno, pero que no todo es conveniente en un momento dado.
c) que sepa mantener la unidad: su ministerio fundamental
es el de la unidad del grupo; por eso no puede ser fuente de división.
Su autoridad no puede ser despótica. Debe ser una persona respetada
y aceptada por todos de un modo natural; que los demás vean en
el dirigente algo que les lleva por sí mismo a una aceptación
y respeto. Debe cuidar la "asamblea de Dios". No es el grupo
de fulanito o de fulanita, es el grupo de Dios. El dirigente debe ser
una persona que no se siente dueño del grupo, es más, una
persona que no sea insustituible. Quien aparece como insustituible significa
que ha dejado de ser servidor y se está convirtiendo en dueño.
Ha de ser una persona que tenga un sentido eclesial de comunión
con los demás. Hay personas que crean comunión dentro del
propio grupo, pero que no crean comunión con los demás grupos,
con la diócesis, con el Obispo. El dirigente ha de ser el hombre
de la unidad interna y de la unidad con la Iglesia.
3.- MADURO EN LA FE
Dice S. Pablo: "que no sea recién convertido, no sea que,
llevado por la soberbia, el diablo tenga de qué acusarle (1 Tm
3, 6). En otro lugar comenta este mismo aspecto diciendo: "ha de
ser fiel a la doctrina auténtica, para que sea capaz de predicar
una enseñanza sana y de rebatir a los adversarios" (Tí
1,9).
Esto supone en primer lugar personas con una experiencia espiritual, personas
de oración, personas que no estén recién convertidas,
personas que hayan crecido en la fe.
Igualmente personas católicas. ?Para ser dirigente de un grupo
católico se debe ser católico. No sólo de nombre,
sino también haber descubierto ciertos aspectos muy importantes
del sentir católico: la dimensión sacramental, el sentido
?del Bautismo, de la Confirmación, de la Eucaristía, de
la Reconciliación, el ministerio sacerdotal, la escucha de la Palabra
en la comunidad, el sentido del magisterio, el ministerio del Papa, el
ministerio de María. etc.
También personas que hayan captado profundamente lo que es la Renovación
Carismática. Algunos ven en ella simplemente una renovación
de la piedad o una devoción nueva, un método para avivar
la liturgia o la vida parroquia1. La renovación, ha dicho Ralph
Martin, "es una verdadera revolución de nuestra mentalidad,
que produce un cambio radical en nuestra manera de relacionarnos".
El dirigente ha de haber comprendido lo que es la fuerza del Espíritu
Santo, haber pasado de "mis" dones, "mi" tiempo y
"mi" dinero a nuestros dones, nuestro tiempo y nuestro dinero.
Es el paso de trabajar juntos cuando existe armonía y alegría,
a trabajar juntos a pesar de todo, en la enfermedad y la salud, en la
prosperidad y en la adversidad. Si no hay compromiso profundo con la Renovación
no hay posibilidad de ser un dirigente.
4.- CON BUENA FAMA
Dice S. Pablo: "es necesario también que tenga buena fama
entre los de fuera, para que no caiga en descrédito y en las redes
del diablo" (1 Tm 3.7).
No se trata de una estrategia, ni de buscar honores o buscar que los demás
vean bien al grupo, sino de ese buen sentido común y profundo de
que el grupo de oración está llamado a realizar algo en
medio de la comunidad cristiana y que, por lo tanto, ha de dar testimonio,
no escándalo.
El dirigente ha de tener buena fama ante los demás por su equilibrio,
su vida cristiana, su compromiso. Si los dirigentes no tienen capacidad
de dar testimonio, porque por sí mismos son causa de escándalo,
entonces desaparece toda posibilidad de testimonio. El comportamiento
de una persona, especialmente de un dirigente, puede convertirse en un
obstáculo para que los demás se acerquen a captar la gracia
de Dios.
¿ COMO ES
EL AUTENTICO LIDER DE LA R.C.?
Por Tomas Forrest
De la charla que el P. Tomás
Forrest pronunció en la Semana para Dirigentes, celebrada en Burgos,
Agosto de 1.979. Extractamos algunas ideas.
La Renovación Carismática, por medio de esta gran efusión
del Espíritu Santo, más que un movimiento popular es una
renovación del liderazgo de la Iglesia. Esto quiere decir renovación
sacerdotal, pero también renovación laica, porque los laicos
tienen que desempeñar una gran parte en esta función de
pastorear a las ovejas.
Si decimos que dentro de la Renovación hay problemas, dificultades,
y hasta a veces puede haber escándalos, siempre podremos expresar
todos los problemas y dificultades con una sola palabra: los líderes:
es decir, por falta de líderes auténticos.
¿Cómo es el líder auténtico de la R.C.? ¿Cuáles
son sus cualidades?
1) Ante todo es un hombre de oración. El líder
para ser líder debe hablar con Dios. Si no habla con Cristo ¿cómo
va a poder decir: "soy su discípulo"? Debe escuchar en
oración y obedecer la voz del Señor. A través de
la oración debe llegar a conocer a Dios, a Dios su Padre, a Dios
su Salvador, hermano y amigo, a Dios huésped de su alma.
Debe discernir, y para discernir tiene que orar. No hay discernimiento
posible sin oración. Debe ser testigo del Cristo que se apartaba
para orar.?
2) Es hombre o mujer de estudio.
San Francisco de Asís dijo una vez que el sacerdote que no estudia
es más peligroso que el pecado. Los sacerdotes han tenido que estudiar
al menos durante sus años de seminario. Si nosotros no estudiamos,
somos un peligro porque guiaremos por caminos de confusión.
Debemos entender bien lo que es esta Renovación. Si somos líderes
de la Renovación, hemos de tener un concepto muy claro de lo que
es, una visión del plan y del propósito del Señor.
Hemos de estar preparados para poder criticar "ciertas fuentes de
doctrina" de aquellos que hablan con tono de autoridad, pero que
no andan en la verdad. Debemos conocer la literatura católica de
la Renovación. Ustedes aquí en España están
produciendo buena literatura, y poco a poco llegarán a producir
más. Hay una rica literatura carismática que nos puede ayudar
a profundizar y nos capacitará para bregar contra malas interpretaciones
que a veces se dan con tremenda autoridad.
El líder auténtico debe saber decir: "No sé,
pero voy a estudiar: no sé, pero voy a orar; no sé, pero
voy a consultar": esto es sabiduría combinada con humildad.
Por ser líder no debes pensar que a cada pregunta has de contestar
con autoridad. Nadie espera que lo sepas todo.
3) Debe estar guiado por el Espíritu Santo. Así
como el Espíritu Santo condujo a Jesús al desierto, después
de haber sido bautizado en el Jordán, así también
ahora tiene que guiar a todo aquel que conduce a otros. El nos dará
su poder si dejamos que nos guíe, puesto que la meta que nos proponemos
sobrepasa nuestras fuerzas. Decir "Sí" al Espíritu
Santo, cueste lo que cueste, y dejarse mover por El: sin esto no se puede
ser líder de la Renovación. Decir siempre "Sí"
al Espíritu.
4) Tiene responsabilidad y autoridad.
Ser responsable quiere decir tener que rendir cuentas ante el Señor
del rebaño, de su crecimiento, del éxito del grupo que es
aquello que Dios quiere. "¡Ay de vosotros, pastores!",
dice el Señor. Esto nos hace ver que si frente a Dios tenemos responsabilidad
de estas ovejas, también tenemos sobre ellas autoridad. Si Dios
quiere que guíe a este grupo, debo guiarlos con cierta autoridad.
No estoy simplemente para ofrecer sugerencias, consejos y que después
hagan lo que quieran.
El espíritu del mundo de hoy no sabe interpretar la autoridad como
un bello servicio cristiano.
Una autoridad llena de amor, pero autoridad que controle las situaciones
y asegure que todo marche según el impulso del Espíritu,
y por tanto proteja contra el desorden, contra el abuso de los dones,
contra las exageraciones emocionales.
5) Debe ser humilde. El Dios a quien servimos es humilde.
Los cristianos somos los únicos en toda la historia que adoramos
a un Dios humilde, hecho hombre, nacido en un establo, conocido como "el
hijo del carpintero” (Mt 13, 55), muerto en una cruz y hecho pan
en un altar: "Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón"
(Mt 11,29).
En Italia, en una reunión como esta, de unos quinientos líderes
de la Renovación, me hicieron una pregunta: "¿Por qué
hay desunión entre los líderes? Yo contesté con una
sola palabra: "Orgullo”.
No tratamos de ganar elecciones ni de complacer a todo el mundo. Muchas
veces tendremos que hacer lo que no obtendrá la aprobación
de todos. Si servimos a un Dios que es humilde, hemos de aprender de El."
EL
EQUIPO DE DIRIGENTES
Por Mª. Dolores Larrañaga
El equipo dirigente, o de discernimiento
en los grupos de la R.C. está formado, ordinariamente, por tres
o cuatro hermanos, que tienen el ministerio de abrir cauces para que sea
realmente el Señor quien conduce a su Pueblo. Jesús es el
único Pastor, y por tanto este servicio supone, primordialmente
el procurar el clima y los medios para que se escuche la voz del Pastor
y se le siga fielmente (Jn 10,4).
Debe ser un auténtico Equipo
Los Hechos de los Apóstoles, refiriéndose a la multitud
de los creyentes, dice: "No tenían sino un solo corazón
y una sola alma" (Hch 4, 32). Todo grupo de la R.C. debe tender a
ese ideal, pero para el equipo dirigente es una exigencia.
Supuestas las cualidades y actitudes, ya mencionadas, en los hermanos
que ejercen este ministerio, se dará fácilmente la unidad,
ya que Jesús es la vida, el centro, el Señor de cada uno
de los que componen el Equipo. Solamente El puede hacer esta unidad, que
no se realiza "por el poder de la carne ni de la sangre”.
En el equipo, formado según la voluntad del Padre, y reunidos en
nombre del Señor Jesús, el Espíritu se hace especialmente
presente, asistiéndolo con sus luces, dones y carismas, y haciéndole
sentir la paz y el gozo de su presencia, y la seguridad de que "si
confía en el Señor no la va a fallar".
Transparencia
Es este un signo de la presencia de Jesús. La transparencia excluye
toda interferencia causada por otros intereses que no sean los Suyos.
"El que obra la verdad va a la luz, para que quede manifiesto que
sus obras están hechas según Dios (Jn 3, 21). Esta transparencia
no nace de un esfuerzo, es consecuencia de la presencia del Espíritu.
Corrección Fraterna
Como consecuencia lógica, la corrección fraterna es algo
connatural, ya que el buscar sinceramente los intereses de Jesús,
exige el que el equipo le sirva con la mayor fidelidad posible, detectando
todo cuanto lo pueda nublar o entorpecer y poniendo los medios para evitarlo.
DISCERNIMIENTO
Sabiendo que el ministerio de este Equipo es el discernimiento, y discernir
significa descubrir la Voluntad del Padre, la escucha se impone como clima
de vida. a) Escucha al Señor en la Oración, b) escucha la
Palabra, c) escucha de la Profecía, d) escucha de los hermanos,
e) escucha de los acontecimientos.
a) Escucha del Señor en la Oración. La
exigencia de la oración personal diaria, preferentemente de escucha,
y en clima de alabanza durante el día, llevará a los hermanos
a entrar fácilmente en la oración al reunirse el equipo.
Oración que les sitúa en el clima de Dios, bajo su mirada,
donde el Espíritu puede iluminar las mentes y mover los corazones.
b) Escucha de la Palabra. Cuando un Equipo de Discernimiento
tiene conciencia de su grave responsabilidad, escucha asiduamente la Palabra
de Dios, ya que a través de ella el Señor va manifestando
los planes que tiene sobre el grupo, convirtiéndose la Palabra
en la Roca firme sobre la que se construye y en la expresión de
la fidelidad de Dios. El Equipo sabe que es el Señor quien conduce
a su pueblo y que el discernimiento tiene su firme apoyo en la Palabra.
c) Escucha de la Profecía.
Es importante el discernimiento de la Profecía por el papel que
ésta desempeña en los planes de Dios. No todo lo que se
dice en tono de profecía es en realidad lo que pretende ser, pero
una vez que se reconoce como tal, el equipo de discernimiento debe acogerla
con amor y agradecimiento, para dar al Señor la respuesta que espera,
y seguir sus caminos que, ordinariamente, no son los nuestros (Conf. Is
55, 8-11). Esto requiere una actitud de fe en que el Señor habla
a su pueblo. La fe es don que ordinariamente el Señor concede a
los sencillos.
d) Escucha de los hermanos. El Señor manifiesta
frecuentemente su voluntad a través de los hermanos, de sus palabras,
aspiraciones, necesidades y deseos. La conciencia de la grave responsabilidad
que pesa sobre el Equipo de Discernimiento "como quienes han de dar
cuenta de los hermanos" (Hb 13, 17) tratará de descubrir los
planes de Dios en esta escucha, para en todo momento buscar el rostro
de Dios y cumplir su Voluntad, sin ser movido por razones de prudencia
humana, o de satisfacer deseos mundanos.
e) Escucha en los acontecimientos. El descubrir el plan
de Dios a través de los acontecimientos, y acoger este plan con
gozo y alabanza, aunque suponga sufrimiento y cruz, es secundar la obra
del Señor sobre el grupo, sobre los hermanos y sobre el propio
equipo. Es un acto de discernimiento el contemplar al Señor en
su cruz, y alabarle y darle gracias por participar en su Pasión
que nos lleva a la Resurrección.
REUNION DE EQUIPO
Por todo lo que se ha dicho, se entiende que la reunión del Equipo
de Discernimiento no se puede desarrollar en un nivel "natural"
en que se dan "opiniones". Puede ser grave por la oposición
que supone a los planes de Dios, desconociéndolos, el que la reunión
sea una confrontación de pareceres, a nivel de razón humana,
pero no de acuerdo con el querer de Dios.
Nuestra voluntad y nuestros planes no son muchas veces los del Señor,
por esto el Equipo no se reune a hacer planes, sino a abrirse para que
el Señor manifieste los suyos.
Donde hay verdadero discernimiento las decisiones suponen un "consensus"
o sintonía de los que forman el equipo, en unión de corazones
y de voluntades. Si esto no sucede se debe orar hasta que el Señor
una al equipo en un mismo sentir.
Asuntos que debe tratar
a) Ralph Martin nos decía en la Asamblea Nacional de 1978:
"La responsabilidad más importante de todos aquellos que están
al cuidado pastoral no es primeramente organizar proyectos ni hacer planes
o administrar los detalles prácticos del grupo de oración,
sino cuidar y vigilar por la vida de las personas que están en
grupo: su vida con Dios, su vida en relación con los demás
hermanos y las relaciones con aquellos que no
pertenecen al grupo.
Todo esto significa que las relaciones entre los dirigentes han de ser
sanas. No basta que trabajen juntos; lo más importante es que vivan
como hermanos y hermanas en el Señor. La vida de relación
entre los dirigentes tiene que ser un modelo y un testimonio para el resto
del grupo. La calidad de las relaciones que exista entre ellos determinará,
en gran medida, la calidad de vida que habrá en el mismo grupo.
Por tanto, los dirigentes tienen que tomar mucho tiempo, no sólo
para trabajar juntos, sino para compartir sus vidas, conocerse y amarse
más. Deben buscar la forma de responsabilizarse y de cuidar los
unos de los otros. La función primordial del liderazgo pastoral
es ayudar a todo el grupo a que crezca en amor y unidad. Y si los dirigentes
no crecen en amor y unidad, será casi imposible que el grupo crezca.
Prácticamente hablando, creo que los dirigentes deberían
pasar la mayor parte del tiempo de sus reuniones compartiendo sus propias
vidas y lo que el Señor hace en ellos; no tanto hablar de los problemas
importantes que existan en el grupo, sino más bien hablar de los
problemas importantes que existan en la vida de cada uno.
A medida que se desarrolle una buena relación entre los dirigentes,
podrán entonces cuidar y responsabilizarse de la vida de todo el
grupo".
b) Al tratar del grupo o la asamblea de oración deben hacerse
algunas preguntas: ¿Está siendo el Señor
realmente glorificado? ¿Cómo es la alabanza? ¿La
escucha de la Palabra? ¿La oración está movida por
el Espíritu o se detecta palabrería, protagonismos que distraen
al grupo? ¿La oración es de muchos hermanos o unos cuantos
la monopolizan? ¿Hay alabanza conjunta de todos los hermanos? ¿Canto
en lenguas? ¿El ministerio de música ayuda realmente la
alabanza? ¿Hay un verdadero carisma de profecía? ¿Se
nota crecimiento en los hermanos?
La respuesta a estas preguntas puede orientar y discernir sobre el alimento
que necesita el grupo: Enseñanza, manera de llevar la Oración,
de hacer la introducción, avisos, corrección fraterna, personal
o colectiva, etc.
c) Grupos de crecimiento o profundización. Es
este otro asunto que debe ser discernido (de esto se tratará en
el artículo siguiente).
d) Tiempo de reunión del Equipo. El equipo necesita
una dedicación a este ministerio. Debe reunirse el equipo completo
al menos durante dos horas cada semana, más otra hora extra antes
de comenzar la Asamblea, y siempre que las circunstancias así lo
exijan.
FUNCIONES PASTORALES
DEL EQUIPO DE DIRIGENTES
Por Xavier Quincoces i Boter
Los hermanos a los que, por sus dones
de discernimiento y gobierno, el grupo de oración o la comunidad
ha reconocido y aceptado como dirigentes están llamados a ejercer
una función de pastoreo para guiar a todos los miembros del grupo
por caminos de constante escucha al Señor y de crecimiento espiritual
continuo.
De ellos depende en gran medida el que por un crecimiento armónico
el grupo llegue a fructificar en esa gran maravilla que es la comunidad.
A cada grupo el Señor dirige una llamada o vocación específica
y le reserva unos planes muy concretos. Habrá que velar y cuidar
para que se cumpla esta vocación que es la voluntad de Dios.
Pero al mismo tiempo han de tener siempre una visión amplia y profética
de lo que el Señor pretende hoy con esta "suerte para la Iglesia
y para el mundo" (Pablo VI) que es la Renovación, sobre todo
en cuanto a las posibilidades de evangelización
que representa para muchos hombres y mujeres, que a través de la
experiencia personal de un nuevo Pentecostés se convertirán
en elementos dinámicos para proclamar la Buena Nueva, y en cuanto
al testimonio de sus comunidades cristianas que muestran
al mundo de hoy la presencia del Reino de Dios entre nosotros.
Deben tener siempre muy claro que no se trata de un movimiento de grupos
de oración. Los grupos no son más que un medio para llegar
a un fin mucho más amplio y ambicioso que es el renovar toda la
Iglesia, por lo cual el grupo no se puede quedar siempre en grupo de oración,
sino que ha de crecer y progresar hasta llegar a una auténtica
comunidad cristiana.
Para el equipo de dirigentes tienen aplicación las mismas palabras
que San Pablo dirigió a los presbíteros de la Iglesia de
Éfeso: "Tened cuidado de vosotros y de toda la grey, en medio
de la cual os ha puesto el Espíritu Santo como vigilantes para
pastorear la Iglesia de Dios, que El se adquirió con la sangre
de su propio Hijo" (Hch 20, 28).
Veamos qué cuidados pastorales han de realizar, siempre, por supuesto,
en conexión con y en dependencia de los legítimos Pastores
del Pueblo de Dios.
Fijándonos en un grupo cualquiera veremos que distintos hermanos
requieren distinta atención pastoral. No necesitan lo mismo aquellos
que ya llevan seis años y aquellos que apenas hace tres meses que
han llegado al grupo.
DISTINTAS ETAPAS A SEGUIR
Todo crecimiento y maduración tiene
unas etapas y por tanto unas necesidades propias.
l.-Etapa de iniciación
Tanto a los que vienen a visitar el grupo
como a los que se van añadiendo atraídos por la vivencia
que han experimentado y que se sienten deseosos de un crecimiento espiritual,
hay que dedicar un ministerio de acogida por el que se
llegue a un contacto personal en diálogo y escucha atenta de sus
problemas e inquietudes. Hay que alentarlos en el camino de la conversión,
invitándoles a participar en el Seminario de Iniciación
a la vida en el Espíritu y a recibir después la efusión
del Espíritu.
Lo más importante de esta etapa es que se llegue a un encuentro
personal con el Señor, Jesús, y que se le acepte y acoja
como al propio Salvador y Señor, al cual se le entrega la vida
en orden a vivirla para El.
2.-Etapa de integración y crecimiento.
Pero no basta eso. Hay que hacer que cada hermano se integre en la vida
y actividad del grupo según las aptitudes y carismas potenciales
que se empiezan a manifestar, que participe, por ejemplo, en alguno de
los distintos servicios y ministerios, como el de la música, la
librería, la acogida, cuidado de los enfermos, etc.
Si no hay verdadera integración en el grupo y asistencia asídua
a sus actos para alabar juntos al Señor y compartir con los demás
hermanos la experiencia de Dios, todo se irá desvaneciendo poco
a poco sin que se llegue a profundizar en la vida espiritual.
La piedra de toque y, en realidad, siempre lo más difícil,
pero también decisivo, son las relaciones personales, un espíritu
de servicio cada vez mayor y el compromiso que en el caminar juntos poco
a poco se va contrayendo.
Los dirigentes han de estar atentos a la acción del Espíritu,
pues no cabe duda que a todos hará sentir la necesidad de un compromiso
en cuanto a la oración personal diaria, la asistencia al grupo,
la lectura y estudio de la Palabra de Dios y alguna forma de compartir
bienes. En este sentido habrá que enfocar muchas veces la enseñanza
y llegar a la entrevista personal para revisar y alentar el cumplimiento
de estos compromisos.
3.-Etapa de profundización.
Los hermanos ya plenamente integrados y que se mantienen en los compromisos,
descubrirán que la reunión semanal de oración no
es suficiente para su crecimiento. Sentirán una llamada interior
a una mayor entrega, y de una forma u otra harán llegar estas aspiraciones
y deseos a los dirigentes.
a) Para dar respuesta a estas nuevas necesidades pastorales se puede alentar
hacia la formación de pequeños gropos de profundización,
de ocho a diez personas, que se reúnen semanalmente para orar,
compartir y profundizar más en la enseñanza. Los dirigentes
necesitan mucha luz y discernimiento para la formación de estos
grupos y deberán entrevistarse con cada uno de los que deseen formar
parte de un grupo pequeño, para ver en qué grupo encajan
o si, dadas sus condiciones o de trabajo o de situación familiar,
es mejor que no entren a formar parte de un grupo pequeño.
Estos grupos pequeños han de ser estables y, para conseguir una
mayor compenetración y apertura entre los que lo forman, conviene
que se mantengan cerrados durante algún tiempo hasta que estén
en condiciones de acoger a otros hermanos, una vez se haya llegado a crear
un espíritu muy definido.
Los compromisos pueden ser los mismos
que en la anterior etapa, pero vividos con mayor exigencia e intensidad,
sobre todo la oración personal y el servicio a los demás.
El grupo pequeño no debe sustituir a la gran asamblea de oración,
a la que concurren todos los grupos, al contrario ésta debe revitalizarse
y adquirir más fuerza.
b) Se puede introducir también un auténtico ministerio
de acompañamiento espiritual, de forma que cada hermano
que está en esta etapa tenga un compañero, también
discernido por el equipo de dirigentes, a quien con cierta periodicidad
dé cuenta de la marcha de su vida.
Este compañero debe ser del mismo sexo. No es una dirección
espiritual, sino una forma de sometimiento y de acompañamiento
espiritual, para revisar los aspectos fundamentales: l) relación
con el Señor: oración, tiempo; 2) relación con los
hermanos: dificultades, apertura, comunicación, servicio, compartir
bienes; 3) aspectos de la propia vida familiar, comunitaria, profesional,
social.
Para que esta relación espiritual se desarrolle en conformidad
con las exigencias del Espíritu, el equipo de dirigentes tendrá
reuniones periódicas con los que tienen este ministerio, para contrastar
dificultades y progresos, casos en los que convenga introducir algún
cambio, etc.
4.-Etapa de comunidad de alianza
Algunos, y ciertamente no todos, de los que forman parte de grupos de
profundización sentirán al cabo de unos años la llamada
a dar un paso más adelante: a formar parte de una comunidad de
alianza.
La responsabilidad del equipo de dirigentes es enorme, cuando llega este
momento y ellos han de ser instrumentos de unidad entre la comunidad que
pueda surgir, la cual puede tener sus propios pastores, y el grupo de
oración, que debe saber apreciar y alabar al Señor el que
algunos de sus hermanos sientan la llamada a un mayor compromiso.
Los dirigentes de un grupo no están todos necesariamente llamados
a formar parte de una comunidad de alianza, pero sí de un grupo
de profundización. Sin embargo deben animar y alentar a aquellos
que se sientan llamados en este sentido y ofrecer toda la ayuda que puedan.
Cada grupo debe desear y pedir al Señor que le conceda la atención
pastoral adecuada, que tenga buenos dirigentes, pues de esto depende el
que crezca y madure. Habrá una rápida integración
de los hermanos nuevos que llegan, se formarán grupos de profundización
a su debido tiempo, con un compromiso cada vez más estable al servicio
de la Iglesia y de todo el grupo, y un día, como fruta madura,
nacerá también una comunidad de alianza, que viviendo en
plenitud la vida carismática, el evangelio y las bienaventuranzas,
será luz para todos los que la contemplen.
¿ COMO ELEGIR A LOS DIRIGENTES DE
UN GRUPO?
Por Luis Martín
Cuando empieza a formarse un grupo lo
importante es que haya al menos una persona que tenga idea de lo que es
la R.C. y cómo funciona un grupo, que sepa alentar y acoger a las
personas que acudan.
En realidad nos es difícil comenzar un grupo. Es más fácil
de lo que pueda parecer. Bastante más difícil es llevarlo
hacia adelante, saberlo guiar bajo la acción del Espíritu
por caminos de maduración espiritual, de crecimiento y de compromiso.
La persona que ha comenzado un grupo es la que en los primeros meses asume
las funciones de dirigente del grupo, dirige la reunión de oración
y se responsabiliza de todas las necesidades que empiezan a surgir. Pero
desde el primer momento debe sentir la necesidad de asociar a algún
otro hermano a este ministerio de la dirección del grupo y que
se vaya formando así cierto tipo de equipo informal de dirigentes,
de tal forma que cuanto antes deje aquella persona de ser ella sola el
responsable o la responsable del grupo.
Hay que decírselo muy claro a los grupos incipientes que empiezan
a crecer, y con mayor razón a aquellos que ya no son incipientes,
pero se mantienen en esta situación: un solo responsable o dirigente
al frente de un grupo es malo y no menos peligroso, pues el que este dirigente
haya comenzado el grupo no quiere decir que ahora, al cabo de unos meses,
sea la persona más indicada para dirigirlo, y debe dar facilidades
o para compartir este ministerio con otros hermanos o para retirarse a
tiempo. Es mala cosa que se diga: "el grupo de Pepito o el grupo
de Juanita...“ En la R.C. todo protagonismo es contraproducente,
y cuando surgen ídolos vemos como a su tiempo se derrumban.
Ya cuando el grupo ha crecido y lleva cierto tiempo funcionando, llega
el momento delicado de formar un equipo pastoral. Habrá que discernir
y elegir un equipo de dirigentes.
Si el grupo es antiguo y ya tiene establecido este ministerio, le llegará
también el momento, de ordinario una vez al año o cada dos
años, de revisar y volver a discernir su equipo de dirigentes.
Para ambos casos son válidas las orientaciones que a continuación
se exponen. Ralph Martín, en el Seminario sobre líderes,
que dirigió en la Asamblea Nacional de 1978, afirmaba:
"Algunas veces es necesario hacer
cambios en los líderes. Algunas personas que tenían verdaderos
dones para líderes de grupos pequeños, quizá no tengan
el don para ser líder del grupo grande. Una de las cosas sobre
las que tenemos que estar alerta es el hacer los cambios necesarios en
un grupo a medida que crece. A veces se dan cambios en la vida de un líder,
que al cabo de un año o dos después advierte que tiene que
dedicar más tiempo a su propia familia o a su propia comunidad
religiosa y que por algún tiempo debe retirarse del liderazgo del
grupo carismático... No debemos aferrarnos a nuestros puestos de
líderes. Lo más importante de nuestra vida es ser hijos
de Dios y el servicio más grande que tenemos que realizar es amar
a Dios y a nuestros hermanos. No importa la función o la manera
concreta como ejerzamos este amor a Dios y a los hermanos, ya sea colocar
sillas o predicar. Lo que importa es encontrar nuestro modo de servir
a nuestros hermanos".
Cuando se acerca el momento de discernir o revisar el equipo de dirigentes
conviene dar una o varias enseñanzas al grupo sobre: a) Cualidades
que han de tener los dirigentes, qué personas son aptas y cuáles
no son aptas, tal como se expone en artículos anteriores, resaltando
de manera especial la personalidad humana (equilibrio,
emociones, carácter) y los dones del Espíritu;
b) funciones o ministerios que ha de ejercer el equipo
a discernir.
Para este discernimiento se prepara un retiro, al que no han de asistir
todos los miembros del grupo, sino solamente aquellos que estén
verdaderamente integrados en el grupo, es decir, que
participen asiduamente en sus reuniones y en toda su vida, o al menos
manifiesten con sus actitudes esta voluntad, si por sus condiciones y
responsabilidades familiares o de trabajo tienen que faltar de vez en
cuando. No basta que estén integrados en el grupo, sino que tengan
cierta antigüedad en el mismo, y por tanto hayan
asimilado el espíritu y la mentalidad de la Renovación y
hayan visto por experiencia el papel que desempeñan los dirigentes.
Los nuevos, los que han llegado en los últimos meses, no conocen
aún suficientemente a las personas, no sólo sus dones y
cualidades sino también sus defectos, y difícilmente podrán
ejercer un buen discernimiento, hasta que no tengan más experiencia
y conocimiento del grupo y de la Renovación.
PROCEDIMIENTOS QUE HAY QUE EVITAR
1.- Hay que evitar un enfoque
puramente humano o político.
No se trata de elegir un gerente por su preparación intelectual
y dotes de organización. Ni de presentar candidaturas a las que
unos u otros apoyan, como en los partidos políticos, en los que
juega la mayoría popular.
Tampoco se pretende que sea un equipo lo más representativo posible
de forma que, por ejemplo, reúna a un matrimonio, a un sacerdote,
a un joven, a una religiosa, etc. Un equipo que se eligiera con estos
criterios resultaría casi siempre mal, pues no siempre saldrían
las personas adecuadas, ni respondería a las cualidades exigidas.
No es cuestión de buscar una fórmula de compromiso equilibrada
entre todos.
"No queremos un grupo que funcione como un parlamento, queremos un
equipo de hermanos y hermanas que realmente hayan sido llamados y dotados
con los dones del Señor" (Ralph Martin).
2.-Elegir a una persona determinada para
formar parte del equipo de dirigentes no es una recompensa a
su trabajo, a su antigüedad, a su celo. Estas razones no significan
que tenga los dones requeridos.
Ni tampoco ha de entrar en cuenta el escoger a una persona por miedo a
que se ofenda si no es elegida. El que se ofende por no salir elegido
demuestra con esto mismo que no servía para dirigente de un grupo
de la R.C.
No es razón suficiente el escoger a las personas que consideramos
de vida más santa, pues no siempre los más santos han sido
dotados por Dios con los dones de gobierno o de pastoreo.
3.-No es criterio suficiente para elegir a un hermano
el que sea sacerdote, o que sea el párroco. Esto
puede ser válido en algunos movimientos apostólicos, pero
no vale en la R.C.
A veces se piensa: "si tenemos a este sacerdote o aquel párroco
en el grupo de dirigentes, se integrará más plenamente en
la R.C... "
Si el sacerdote no tiene verdadero interés y entusiasmo por la
Renovación, si no ha captado su espíritu y no ha pasado
él también por la experiencia de la efusión del Espíritu,
de forma que esté abierto a todos los dones y haya entrado como
los demás por una nueva conversión de forma que se integre
en el grupo sintiéndose cristiano y hermano antes que pastor, difícilmente
podrá desempeñar el papel de un buen dirigente del grupo
de la Renovación.
4.-Se ha de evitar el criterio de renovar, por sólo renovar, o
el buscar que se vaya rotando. Se puede pensar: "tal hermano o tal
hermana ya llevan mucho tiempo, demos oportunidad a otros que nunca han
salido". Con esto demostramos que consideramos este ministerio como
un premio, o algo apetecible en lo que nos vamos turnando para dejar a
todos contentos.
Se trata de discernir comunitariamente
en el Espíritu, es decir, dejándonos guiar por
la acción del Espíritu. No han de entrar en consideración
los factores de la simpatía, la amistad, el parentesco.
En algunos casos, los dirigentes antes que ser elegidos ya han sido reconocidos
por el grupo o la comunidad como tales por su servicio y entrega a los
demás, por su acción de integrar, unir, alentar, guiar al
grupo por los caminos de crecimiento en la vida del Espíritu. Esto
se ha de tener en cuenta a la hora del discernimiento.
¿ QUE FORMULA PODEMOS UTILIZAR?
Las fórmulas y procedimientos que se utilizan en los diversos grupos
y comunidades de la R.C. tanto si son grupos pequeños o grandes,
de varios años o de reciente creación, comunidad de alianza
o simplemente grupo de oración, varían tan sólo en
ciertos detalles, pero coinciden en lo más esencial: en poner toda
la confianza para discernir a las personas adecuadas, más que en
la fórmula o en el procedimiento, en la acción del Señor,
al que se somete todo el proceso acompañado de oración intensa,
tal como hiciera Jesús (Lc 6, 12-16) para elegir a los Doce, y
en muchos casos también con ayuno, a semejanza de la comunidad
de Antioquía, en la que, "mientras estaban celebrando el culto
al Señor y ayunando" (Hch 13, 1-3) habló el Espíritu
Santo para designar a Pablo y Bernabé.
Sin duda que el Espíritu Santo actúa a través de
una comunidad que se somete a la acción del Señor, cuyos
miembros pueden tener también un sentido natural para descubrir
quiénes entre ellos poseen los dones para guiar y pastorear todo
el cuerpo, como ocurrió con la elección de los Siete (Hch
6, 1-6).
PROCEDIMIENTO QUE SIGUEN LAS GRANDES
COMUNIDADES
En las grandes comunidades carismáticas
se tiene ya institucionalizado y experimentado el procedimiento para elegir
tanto a los que se nombra como últimos coordinadores como a otros
dirigentes a los que se encomiendan funciones de menor responsabilidad.
En términos bíblicos es lo que se conoce con el nombre de
"ancianos".
Ralph Martin nos presentaba así en la Asamblea de 1978 el siguiente
procedimiento: "En nuestra comunidad damos una vez al año
una enseñanza sobre el liderazgo pastoral y las cualidades que
se requieren. Después pedimos oración y que se reflexione
para ver cuáles son las personas que tienen estas cualidades. En
el discernimiento hay tres momentos importantes: 1) un discernimiento
de toda la comunidad, a partir de la enseñanza de la Sagrada
Escritura sobre el liderazgo espiritual; 2) después pedimos el
discernimiento del equipo de servidores; 3) y por último,
el discernimiento de la persona a la que se va a nombrar.
Cuando coinciden estos tres discernimientos vemos que es la persona adecuada.
A las personas que hayan sido elegidas procuramos darles una responsabilidad,
no en cosas grandes todavía sino en cosas pequeñas. Quizás
empiezan por ser líderes de pequeños grupos de diálogo
en el Seminario sobre la Vida en el Espíritu, o se les pide que
guíen a personas que buscan información sobre la vida en
el Espíritu, y más tarde que tomen la responsabilidad de
un grupo pequeño de personas que quieren profundizar y crecer.
Y así la mejor manera de verificar nuestro discernimiento es darles
pequeñas responsabilidades primero. Si lo hacen bien, les pediremos
un día que asuman responsabilidades mayores. Los líderes
que escogemos son primero para un tiempo corto. No tenemos una ceremonia
solemne en la que se les diga que van a ser líderes de la comunidad
para siempre. Si al cabo de un año o dos advertimos que están
haciendo bien su servicio, entonces les confirmamos en este servicio.
Y después cada dos años revisamos a ver si realizan su servicio
de forma competente. O sea que nosotros no lo hacemos por elección
realmente, sino por discernimiento, apoyados en los criterios de la Sagrada
Escritura y de forma que los líderes estén siempre supervisando
todo este proceso de nombramiento, que incluye un periodo de adiestramiento,
un año o dos de servicio temporal, antes de que una persona sea
confirmada como pastor. En un grupo pequeño que acaba de empezar
quizá se pueda tener un proceso más sencillo que lo que
hacemos en mi comunidad".
En otras comunidades después de haber dado la enseñanza
se deja una semana para reflexionar, orar y que cada uno escriba
unas recomendaciones o sugerencias sobre las personas que considere
más apropiadas.
Es importante que las recomendaciones vayan firmadas y que se incluya
también las razones por las que se propone a tal hermano y el grado
de convicción que se tiene para recomendarlo, y si se le recomienda
para que se convierta en líder inmediatamente o más adelante
en el futuro.
Los dirigentes actuales deberán leer las recomendaciones y hacer
un discernimiento a partir de ellas, guardando después estricto
secreto sobre el contenido de las cartas. Por supuesto que no hay que
considerar las distintas recomendaciones como votos y que se debe prestar
especial atención a las razones que se dan y a la persona que hace
la recomendación, es decir, ¿hasta qué punto este
miembro de la comunidad conoce a la persona que recomienda? ¿Qué
madurez, compromiso y sabiduría se aprecia en quien hace la recomendación?
Finalmente los dirigentes habrán
de decidir a los que ellos creen que deben ser líderes. Todos los
líderes deben coincidir respecto a cada persona antes de ser designada
líder. Esta fase del discernimiento es la más crucial.
Si el discernimiento de la comunidad y de los dirigentes
concuerda, vendrá después el discernimiento de la
persona que ha sido propuesta. Quizá tenga razones particulares
para no aceptar, pero debe exponerlas. Si es por falta de celo y entusiasmo
ante la responsabilidad y el duro trabajo que implica este servicio, esto
es razón suficiente para descalificarle, pues el pastor debe dar
su vida por las ovejas.
FORMULA SENCILLA PARA LOS GRUPOS
Después de la enseñanza que se ha dado al grupo y la preparación
espiritual que antes se dijo, se celebra el retiro al que se ha de asistir
con la disposición de escuchar al Señor y no dejarse llevar
de ninguna inclinación natural.
Será bueno empezar con una celebración de la reconciliación
de forma que se llegue a una gran transparencia y abertura entre todos.
Se podrá hacer un poco de revisión comunitaria de la marcha
del grupo desde la última elección y lo que nos parecen
ser las perspectivas que el Señor nos está marcando para
un futuro inmediato y que el nuevo equipo deberá emprender con
decisión.
Se debe aclarar cuántos se van a elegir, un número de tres
a cinco, más no conviene; y al cabo de cuánto tiempo, si
de un año o dos, hay que volver a revisar el equipo.
Después de haber vuelto a recordar la enseñanza que se dio
a todo el grupo sobre las cualidades de los dirigentes y las funciones
que deben desempeñar, se puede hacer un primer discernimiento de
forma que, por el procedimiento de votación secreta u otro apropiado,
se obtenga una lista no muy larga de los posibles candidatos, en la que
haya tres o cuatro personas más del número que se haya de
elegir.
Si hay dispersión de votos o salen muchos nombres, ello muestra
que el discernimiento no es muy bueno.
Después de otro tiempo de reflexión y oración se
hace una segunda votación solamente entre las personas que forman
la lista anterior. El equipo que salga debe obtener la aceptación
de todos.
Por muy bueno que sea el equipo si no cuenta con el apoyo y amor de todos
los miembros del grupo, de poco va a servir. Esto significa que no podemos
estar criticando la labor de los dirigentes. Si yo creo que hacen algo
o que no proceden según la acción del Espíritu, lo
que he de hacer es hablarlo lealmente con ellos, con sinceridad y amor,
en plan de sugerencia y colaboración, pero no de crítica
o censura.
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