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UNA
JUVENTUD QUE NO PASA NUNCA
I.- El mundo de hoy busca halagar y adular a la juventud a base de ofrecerle
sIogans, valores falsos, ídolos y doctrinas de todo tipo, un verdadero
universo de diversiones, espectáculos y literatura, en el que predomina
la permisividad moral, y todo con vistas a unos fines sociales, comerciales
y políticos. Con mensajes mesiánicos e ilusorias promesas
se pretende llegar a convertirla en producto de explotación.
A duras penas encuentran muchos jóvenes en la sociedad de hoy su
puesto y, si pudieran, se evadirían de la misma con la misma facilidad
con que escapan de la casa paterna y rompen con sus raíces más
ancestrales.
Como consecuencia se presenta el fenómeno de un envejecimiento
psicológico prematuro, con pérdida de ilusión ante
el futuro, ya que el panorama que les presenta la sociedad moderna no
les resulta nada prometedor.
II.- Lo que más necesita el joven de hoy es que se le ofrezcan
razones para vivir, luchar y tener esperanza: hallar el verdadero sentido
de la vida.
Nosotros cristianos afirmamos rotundamente que para esto es necesario
que, sin rodeos ni disimulos, sepamos presentarles a Cristo Jesús,
único Salvador y Señor, con todo el mensaje del Evangelio
y sus exigencias. El joven no puede ser verdaderamente feliz hasta que
no encuentre a Jesucristo y empiece a sentirse amado por El y amarle.
Sólo en El encuentran los tesoros de la sabiduría, la ciencia,
la paz y el gozo que todos buscan.
III.- A los jóvenes de hoy no hay que condenarlos porque no son
peores que los adultos de hoy, sino, en parte, un producto de los mismos.
Tampoco hay que temerlos ni tratarlos con paternalismo, sino acercarse
a ellos con amor. Agradecen que se le hable claro, sin caer en el simplismo,
con la misma sinceridad que ellos acostumbran y partiendo de sus problemas
y sufrimientos.
Juan Pablo II, en el mensaje que dirigió en París a los
jóvenes de Francia, les hacía este diagnóstico: "cierta
inestabilidad inherente a vuestra edad y aumentada por la aceleración
de los cambios de la historia: cierta desconfianza respecto a las verdades
adquiridas, exacerbada por las enseñanzas recibidas en la escuela
y el clima frecuente de crítica sistemática; la inquietud
por el futuro y las dificultades de inserción profesional; la excitación
y superabundancia de deseos en una sociedad que hace del placer el objetivo
de la vida; la sensación penosa de impotencia para dominarlas consecuencias
equívocas o nefastas del progreso, las tentaciones de revuelta,
de evasión o de abandono. Todo esto como vosotros bien sabéis
ha 1legado hasta la saturación" (L 'Osservatore R. ed. española,
15 Junio 1980 p. 9)
Para representarles el verdadero rostro de Dios es necesario que lo puedan
reconocer en nuestras comunidades y en cada uno de nosotros, que no se
lo desfiguremos. Es el gran servicio y testimonio que corresponde a los
adultos.
Se requieren líderes que les ofrezcan seguridad, confianza, orientación
y perspectivas. Ayudarles a descubrir su verdadera vocación es
quizá la más bella labor que se pueda realizar con ellos.
No podemos ignorar que a muchos de ellos dirige el Señor una llamada
específica para entregarse a un servicio generoso a los demás,
para el sacerdocio, la vida consagrada o el trabajo en las misiones. No
escuchar y seguir esta llamada supone tener que marchar triste por la
vida (Mc 10,22).
IV.- La fuerza del Señor que salva y transforma al hombre se manifiesta
de forma extraordinaria en aquellos jóvenes que se abren a su Espíritu,
y entonces nos admiramos de la generosidad y capacidad de entrega a la
que pueden llegar.
Esta es la juventud que no pasa. Que nuestros jóvenes la puedan
conservar como un estado de su espíritu más allá
de una época de la vida.
MENSAJE DE LA R
C. PARA LA JUVENTUD DE HOY
Por el Dr. Eusebio Martínez, O.P.
Jesús dice mi nombre.
Actualmente algunos jóvenes parece
que viven aprisa, quemando etapas, pero a veces las experiencias con el
entorno les golpean con cantinelas, indiferencias, rechazos ... que incrementan
la búsqueda de la evasión en donde sea, con quien sea y
como sea. Se preguntan un por qué y para qué estudian, están
en familia, viven. Y empiezan a sentirse sin protagonismo en sus propios
acontecimientos y extrañarse de sí mismos. El entorno no
lo soportan, considerándolo una dictadura burda o fina, pero dictadura.
Algunos deciden vivir de espaldas al ambiente, sumergidos en un pasotismo
no significante, pero en donde encuentran bastantes gratificaciones eróticas
y hasta experimentan un protagonismo exacerbado mediante el consumo de
drogas. Un porro, por ejemplo, soluciona el problema de la soledad disminuyendo
o eliminando la conciencia de la misma, o sumergiéndoles en un
solipsismo excitante, con soliloquios fantásticos, experimentados
a veces como creaciones geniales.
En grupo, cada palabra del colega hace reír a pleno pulmón,
aunque los pulmones estén vacíos de aire puro. La presencia
de otros colegas no significa intercomunicación: "la vasca"
no es un grupo social, sino una presencia, la mínima de estímulos
para cada uno, según su estado de ánimo y la calidad de
cómo sus neurotransmisores puedan, por lo libre, dejar resonar
en sí mismo, los estímulos que se presenten. En la "vasca"
cada uno se comporta como si tuviera un micrófono averiado con
un altavoz también desajustado. Esta calidad de comunicación
permite un máximo de subjetividad en la emisión y percepción
de los estímulos, respetando así y facilitando el solipsismo
evasionista. Se siente uno pasota frente a los rollos de la sociedad.
La agrupación de la vasca se percibe como lugar de expresión
ideal. Se idealiza hasta la comida: es frecuente soñar allí
con montones de pasteles, porque la exagerada actividad cerebral consume
mucho glucógeno. De todos modos se vive sin nombre: lo más
que puedo pronunciar es el nombre de mi "vasca".
La primera vez que se va a un grupo de
oración, sin tener realmente un nombre propio, suele gustar porque
la persona que nos lleva nos introduce en algo realmente nuevo: me llaman
por mi nombre, me dicen que Jesús -presidente nato y único
de la asamblea- me ama: los hermanos con quienes tropiezo sienten interés
por mí, se tiene la impresión de que todos me dan algo de
estima personal, y nadie me pide nada. Esto es grande y parece demasiado.
Se suele salir con la impresión de que no se creía que eso
pudiera existir. En las reuniones de oración, los otros van configurando
un entorno con mucho relieve y el joven pasota no siente el deseo de pasar
del grupo, porque el relieve es muy significativo para él: se siente
respetado por su nombre, experimenta que él tiene un relieve significativo
para los demás, que es tan importante que Jesús ha dado
su vida por él; que el Espíritu Santo, el mismo Espíritu
que dirigió los pasos de Jesús en su paso por la tierra,
puede y quiere dirigir sus pasos. Y suelen confesar lo que todos confesamos:
el deseo de sentirnos amados con gratuidad.
Este tipo de joven en el fondo, fondo, siempre creyó en el desprecio
que los otros hacían de él, en que había perdido
su nombre propio, él mismo no creía en él. Pasaba
de los acontecimientos porque se sentía golpeado por los mismos.
En los grupos de oración de la Renovación Carismática
Jesús quiere detenerse delante de cada uno, nos llama por nuestro
nombre, me siento algo importante: Hijo de Dios y esto deja fuera de juego
toda huella de pasotismo. La fraternidad se funda en esta experiencia
gratuita de ser hijos de Dios todos, de poder experimentar en cada uno
de los hermanos la misma imagen de hijos de Dios. Esto engendra en mí
un respeto por mí mismo y por los demás que me transforma
en el ser mas dinámicamente movido a construir un mundo justo,
a ser en cada hermano un motivo para salir de mí mismo a un encuentro
creador, en donde la transparencia no se enturbia por egoísmos
que crean tensiones malsanas en las relaciones interpersonales.
El vacile.
La dinámica del vacile forma parte
de un núcleo de jóvenes disconformes con el mundo que les
toca vivir. Las sesiones vacilonas crea una risa en los colegas muy gratificante
en apariencia, pero también nerviosa porque incluso las carcajadas
son entrecortadas, no son fluidas ni relajantes. Frecuentemente las carcajadas
de los otros son zumbonas, molestas; pero no se puede hacer nada más
que acompañarlas sin consentirlas, porque forman parte del mogollón
social del grupo. Tengo que evitar que los otros se den cuenta que me
molestan, a no ser que pueda ser contundente con ellos. Generalmente esa
molestia se pretende apagar con "caladas" más profundas,
hasta que no salga fuera de mí nada de lo que había aspirado,
aunque sí salen los efectos, sin darme cuenta de ellos. Hay toda
una psicología del vacile que llega a veces a producir una cierta
seguridad, cuando el vacilón se convierte -con un cierto grado
de conciencia- en protagonista de los hechos. Protagonista de una comedia
cómica para los otros y frecuentemente de un drama para el sujeto
que lo protagoniza, llegando a veces incluso a mutilarse.
El ser "colega" es un conjunto de presiones escapistas que nos
quieren hacer protagonistas, pero que en realidad nos conduce a un vacile
más morboso. En las sesiones de vacile, cada uno se encuentra con
un rol que poco a poco configura un personaje llegando a sustituir al
individuo natural. Parecen una representación psicodramática
o psicocómica de educación donde entran en juego, entrecruzándose,
sistemas de aspiraciones y frustraciones, hondamente arraigadas en la
historia de los sujetos.
Jesús fue el polo opuesto del vacilón. Tenía y manifestaba
una seguridad sin asomo de dudas, en sus gestos y palabras. Sabía
de dónde venía y a dónde iba. Y ni la preocupación
de su Madre, ni el desplante de Pedro, le hicieron desviar su camino.
En los grupos de la Renovación Carismática, el encuentro
experiencial con Jesús, proporciona una seguridad de medios y fines
de tal manera que permite positivizar los acontecimientos del creyente
-tanto a nivel de aspiraciones, como a nivel de ejecuciones-. Diríamos
que el vacile es sustituido por una seguridad que, a veces, puede parecer
exhibicionista, cuando dejamos actuar al Espíritu Santo derramado
en la Iglesia, cuando se experimenta un impulso interior que se prodiga
en manifestaciones verbales y en conductas concretas de reorganización
de la vida individual y relacional, a través -sobre todo- de la
alabanza y del compromiso que la caridad suscita en los que la experimentan.
La caridad no es el amor humano, sino el Amor mismo de Dios, que a Jesús
le dio toda la seguridad en su vida misteriosa como Salvador.
Sentirse totalmente amados, de modo incondicional, con la lealtad y fidelidad
de Jesús, significa experimentar seguridad en todos los niveles
en donde la persona ha sido redimida por el amor. Un amor así,
entraña un complejo de finalidades y medios para conseguirlo, hondamente
significantes para el sujeto y para aquellos con los que se relaciona.
Por eso no puedo vacilar. A medida que el Amor de Jesús nos hace
descubrir en nosotros y en los demás la imagen que en lo profundo
del ser imprimiera un día el Creador, encontramos con gran gozo,
la significación más profunda de nuestro ser y la motivación
más dinámica y poderosa para nuestros comportamientos; dejando
la duda y el vacile, frutos de la ignorancia y de la desmotivación
personal.
Sentirse realmente libres.
Cuando uno actúa motivado por
lo que "me da la gana", como no expresa nada que no esté
motivado por pulsiones interiores o por presiones externas, nunca hace
lo que realmente quiere, sino solamente lo que puede. Hacer lo que uno
le da la gana, es vivir empobrecido en un sistema sin opciones varias,
aparece como un paquete de impulsos sin posibilidad de freno, porque no
interviene un juicio critico, que pueda analizar diversas opciones y decidirse
por la más conveniente. Solamente decimos que hacemos lo que nos
da la gana, expresando con ello una forma tardía de negativismo,
frente a unas exigencias de la realidad del entorno que me asustan y que
superan mis posibilidades, amenazándome con una experiencia de
fracaso. Ese negativismo de hacer lo que me dé la gana o el amodorramiento
son las únicas salidas.
El que hace lo que le da la gana no tiene ansias de libertad, ni tiene
fe en la libertad de los demás. Sólo cree que cada uno tiene
su rollo. La libertad les da mucho miedo, porque significa entre otras
cosas una renuncia consciente a gratificaciones impulsivas inmediatas:
sin ellas parece que no pueden vivir. Por eso la libertad se convierte,
paradógicamente, en una amenaza. En el fondo se tiene conciencia
de estar atado y vendido a su rollo. Si leí "el Juan Salvador
Gaviota", me pudo hacer soñar, pero sólo éso,
o tampoco creí en él, considerándolo como otro rollo.
Cuando en una comunidad de oración
"Cristo rompe las cadenas y me da la libertad", se llega a sentir
uno libre para saber discernir y optar, para no seguir las determinaciones
de los paquetes de impulsos, ni los empujes y rollazos de los colegas
más machos. Se siente uno libre para vivir consigo mismo y con
los demás, para estar a gusto dentro de mí y fuera de mí;
para amarme y amar, sin ser narcisista ni exhibicionista; para soñar
esperanzado con un mundo personal y social más intenso y con un
abanico de posibilidades cada vez más extenso. Esta experiencia
de libertad parte de una fuerza interior cada vez más rica en conocimiento
propio y ajeno, en metas siempre abiertas a nuevas realidades.
El que no es libre necesariamente está condenado a repetirse incluso
en los golpes; es reiterativo; carece de experiencia de novedad. La experiencia
del Espíritu de Jesús se caracteriza básicamente
por la novedad, realmente es un mundo nuevo, estreno vida todos los días.
No veo a los otros como competidores o posibles enemigos; ante ellos,
al menos en los grupos de oración, puedo transparentarme, yo abro
mi vida y ellos me abren la suya, adquiriendo constantemente nuevas posibilidades
de realizarme, nuevos caminos de expresión de vida, que anteriormente
ni sospechaba.
Los psicólogos aplican con éxito
un método de aprendizaje mediante modelos (Bandura). En los grupos
de transparencia de la Renovación Carismática, se aprende
a vivir en profundidad y se observa modelos variados de cómo Cristo
rompe cadenas y libera de ataduras, de cómo se conquista la libertad
frente a determinismos de otro modo infranqueables. Es una maravilla pedagógica
para sentirse libres y siempre esperanzados. Se sabe hacia dónde
se camina y se quiere sobre todo caminar.
Se puede soñar en el futuro.
Es muy difícil a un joven, que
tiene mucha más vida por delante que la que ha vivido, soñar
en el futuro. Actualmente se desconfía hasta de la preparación
académica para poder soñar, con cierto realismo, en un futuro.
Cuando en la sociedad se empieza a respirar la copla de que "cualquier
tiempo pasado fue mejor", cuando el joven percibe en el entorno una
creciente inquietud por el futuro, que necesariamente será suyo;
pues se le quitan las ganas de soñar y prefiere amodorrarse como
sea. Como hacer camino.... Las contradicciones del mundo actual son muy
fuertes. Hacen crisis los tres pilares fundamentales que durante muchos
siglos han cimentado la seguridad de la mayoría: La Familia. La
Patria, La Iglesia. El ocaso de las ideologías: la proliferación
de las opiniones y la alergia frente a las certezas -dogmático,
por ejemplo, ya suena hasta mal-. El predominio de una técnica
consumista en medio de una crisis económica. Algunos jóvenes
tuvieron ilusión en movimientos políticos de liberación
sociopolítica, pero ahora se han visto atrapados por el mismo movimiento,
por la disciplina de partidos. En fin, el joven encuentra motivos de desengaño,
y sin embargo a un joven sano le hierve la sangre cuando se ve frenado
en su futuro, porque es más futuro que presente y pasado. Sin futuro,
su presente carece de sentido porque todas sus estructuras psicológicas
y dinámicas internas apuntan hacia el futuro. El fuego de sus funciones,
sin futuro se amortigua hasta cesar y no querer vivir, "en el porro
está la solución".
¿Qué se me ofrece en la Renovación Carismática?
Si no se experimenta es difícil comprenderlo, pero ofrece un futuro,
con nuevas coordenadas, en donde el más allá toca con la
eternidad. El horizonte no se ve, porque es muy fuerte el barrunto del
más allá. La Renovación Carismática es como
una pirámide cuyos puntos de apoyo no están, paradógicamente,
en la base, sino en el vértice, afincado en la vida misma de Dios.
Esta paradoja parece una locura irreal, si la realidad se agotara en lo
que se palpa y se siente en la base. Sí, amigo, vamos un poco al
revés de lo que dicen los partidos políticos democráticos,
que parece que se apoyan en la base, al revés de lo que constituye
un futuro apoyado exclusivamente o principalmente en la seguridad económica,
en la máxima capacidad de consumo, en la máxima cuantía
de propiedades.
Pero todo esto es normal que nos digan los que nos ven sin entendernos
que estamos "pirados", que somos un grupo -muchos grupos ya-
de espiritualistas chalados, sin contacto con la realidad. Para nosotros
la insensatez es apoyarse exclusivamente o buscar un máximun de
apoyo en esas bases, que un viento fuerte puede destruir, dejando todo
en el aire a merced de su propia gravedad y como el punto de gravedad
está en la base, pues todo se viene abajo. Hace años, por
ejemplo, teníamos los nuevos ricos: ahora aparecen los nuevos pobres
con depresión, excluyo a los obreros parados, me refiero a sujetos
que habían puesto su seguridad futura en la economía y ahora
se ven con X millones, menos Y, siendo el valor de X mucho mayor que el
de Y, con un síndrome parecido al de los ricos de la gran recesión
de los años 30.
La democracia en la Renovación
Carismática es perfecta, todos tenemos el mismo rango: todos somos
hijos de Dios y este rango nos ha sido regalado. Cada uno tendrá
sus dones, pero no son para él sino para la comunidad. Hasta los
que la gente llama "dirigentes", nosotros llamamos servidores,
y si su carácter no les juega una mala pasada, realmente lo son
siempre. Con este esquema democrático, se puede soñar en
una sociedad justa, como las primeras comunidades cristianas, en donde
nadie pase hambre. Y además no estamos sometidos a las nomenclaturas,
que las hay en todas partes, en donde la propiedad de bienes y de dones
sea exclusivista e individualista.
En esta comunidad de fieles se puede soñar porque existe una fuerza
que nos impulsa a ir más allá y en cierto modo estamos condenados
a vivir con la tensión del más allá, descubriendo
la imagen original que Dios puso en cada uno de los hombres, y modificando
las lógicas actitudes de bienes y servicios frente a los que vayamos
descubriendo en el camino y experimentalmente como hijos de Dios.
El futuro, lleno de verdades que el Espíritu Santo nos va descubriendo
condiciona los pasos de cada uno, tiene que condicionarlos. Aquí
sin futuro no se puede caminar, el pararse o el amodorrarse nos desclasifica.
¿Vivimos de una ilusión? Pues sí, pero es que hay
ilusiones, que se dan, porque son verdad. A veces nos llaman "ilusos",
yo ya los he oído. La ilusión aquí es poder ir cada
vez más allá, despojándose de todo aquello que pesa
y entorpece el caminar, de todo aquello que ata y no deja moverse, de
todo aquello que atontona y no deja ver. Y se puede ver hasta en la oscuridad,
porque vivir en fe es esperar conseguir lo que no se ve: bueno, siempre
se barrunta algo, aún en las llamadas noches obscuras, la noche
de por sí, ya es bastante obscura. Hay siempre un reflejo de la
Resurrección de Jesús que tira pantallas y tapias.
. Si te quieres comprometer…
Hace un tiempo tuve la oportunidad de
dialogar con una persona muy comprometida con un cambio social y político.
Es increíble, pero es verdad, el motivo de todo ese compromiso
era recuperar la estima de la madre, que de niña no había
tenido.
Y es que en esto de los compromisos tenemos que tener en cuenta un dicho
de un filósofo de hace dos mil años: "agere sequitur
esse" el hacer sigue al ser. Si yo llego a experimentar que soy un
puro don de Dios, que todo lo que tengo es un don de Dios, que soy hijo
de Dios, que la fraternidad humana está enraizada en la presencia
de la imagen y semejanza de Dios en cada uno de los hombres, no puedo
quedarme indiferente ante la injusticia o el sufrimiento de los demás,
tiene que surgir fluidamente, el intentar reparar, en la medida de mis
posibilidades -que suelen ser más de las que queremos que sean-
la injusticia o el sufrimiento. Tengo que ser capaz de amar al que sufre,
al que se encuentra marginado, acortando algo la marginación y
denunciar claramente al que comete la injusticia. La conciencia de la
imagen de Dios en el hombre y la fraternidad radical y original de todos
los hombres, no me permiten odiar a nadie. Sólo podré denunciar
clara y públicamente la injusticia si soy capaz de amar de veras,
y demostrar que los amo, a los que denuncio. Si no es así mi denuncia
se puede convertir en una nueva injusticia. Jesús que denunció
sin miedo a muchos, murió por amor de aquellos a los que denunciaba.
El compromiso del carismático es ineludible, pero tiene su estilo
y su talante, que no puedo conscientemente ser instrumento de salvación
para un miembro del cuerpo místico y de condenación para
otro.
Dr. EUSEBIO MARTINEZ (Del grupo "Rosa
de Sarón" de Madrid)
EVANGELIZANDO ENTRE JÓVENES
Por Alejandro Balbás Sinobas
Sobre los jóvenes se ha hablado
y escrito mucho. Yo mismo hace años me inclinaba con gusto hacia
todo lo que fuera este tema. Recuerdo los pensamientos, variedad y posibilidades,
por ejemplo, de "LOS JOVENES, NUESTRO FRENTE DE EVANGELIZACION"
en Misión Abierta. Y otros más. Hoy me encuentro ya en un
campo muy concreto, el de la Renovación Carismática, y pudieran
ser buenas estas aportaciones.
Cuando se pregunta y se comenta sobre la situación de nuestros
grupos, aflora casi siempre la cuestión de los jóvenes.
¿Hay jóvenes? ¿Son muchos los jóvenes? Si
la respuesta no es un "no" rotundo con una pizca o mucho de
pena, surge animada conversación entre ansiedad y satisfacción,
entre preguntas y respuestas y no faltando, a pesar de todo, sus correspondientes
interrogantes.
Por que los jóvenes
El abordar directamente este tema no responde a una medio psicosis que
pudiera tenerse sobre su necesidad, ni mucho menos a una mentalidad hecha
de criterios humanos con cuyo cumplimiento se reviste y adorna, e incluso
anima, cualquier reunión o cualquier grupo. No. En la Iglesia tienen
cabida todos. Todos somos Iglesia. Se trata de una renovación de
la Iglesia. Y la Iglesia ha de expresarse en toda su dimensión
humana de los hombres, sin exclusivismos, sin acepción de clases
ni de personas. En este sentido los jóvenes han de ser expresión
y signo, entre otros, de la vida eclesial. Espero llegue a tratarse también
el tema de los niños.
Papel de los adultos.
Por otra parte, ¿no necesitan los jóvenes de los adultos?
Qué bueno y qué sorprendente el oír a jóvenes,
por ejemplo: "Nosotros queremos también saber de los mayores
y convivir con ellos, porque así aprendemos". O el caso del
joven entonces que hoy se arrepiente de aquella su pretendida independencia
en base de que "el joven es joven".
Efectivamente, todas las personas que forman el grupo-comunidad, y ésta
como tal, han de estar abiertas siempre y a cualquiera, en este caso,
a los jóvenes. De una manera especial, mientras no se produzca
la integración efectiva, habrán de crearles un ambiente
de acogida constante, de calor aleccionador y de testimonio edificante.
Habrán, igualmente, de prestarles toda la atención y facilidad
en orden al conocimiento del Señor, ordenación de su vida
y ejercicio del poder del Señor, siempre que sea necesario y un
buen discernimiento lo aconseje.
Los adultos, para los jóvenes, han de ser caminos de vida abiertos,
ofreciéndoles permanentemente ilusiones y esperanzas, así
como respuestas claras y reales a sus vidas, inmaduras aún, a sus
vidas en desarrollo e incluso, pueden ser a vidas prematuramente rotas.
Naturalmente que allí, en los adultos,
ha de vivirse ya una vida en el Espíritu clara y fecunda, capaz
de traslucir la presencia del Señor con todo su poder y capaz,
así mismo, de absorber y transformar cuanto el joven sea y lleve
consigo. Se ha de llegar así a una unidad, bien que variada y multicolor.
El testimonio eclesial, en medio y con la complejidad de personas, ha
de ser claro y manifiesto. Un solo Señor, una sola fe, un solo
bautismo que nos haga a todos un solo rebaño, una sola Iglesia.
Ante una situación.
El mundo de los jóvenes de un tiempo a esta parte ha entrado en
una nueva experiencia respecto de la religión. Se observa una desafección
religiosa, que no la podemos enmarcar ingenuamente en el simple y lógico
proceso evolutivo de la persona. Pasó aquella edad de crisis y
nos encontramos con el problema agudo y muy extendido.
Ese problema se traduce realmente en un indiferentismo religioso por el
que la religión queda reducida a lo superfluo, a lo que ni sirve
ni, por tanto, importa.
Y es por eso mismo, por lo que a veces se expresan en una animosidad contra
las instituciones religiosas, que a uno le hace exclamar: ¿por
qué?
La ignorancia religiosa es tremenda. Hay un vacío y un no saber
que deshumanizan al hombre, al joven, de tal manera que para él
lo religioso constituye otro mundo, que podría fácilmente
dejar de existir y no pasar nada. ¿Dónde ha quedado la formación
religiosa? ¿Cómo ha sido y cómo se ha impartido?
¿Dónde están los frutos? Realmente es preocupante,
lo suficiente como para no dejarlo pasar por alto.
Y ¿qué decir del quietismo religioso? ¿Esa religión
que deja "tranquilos" a tanta gente o esa gente que se queda
"tranquila" con una religión superficial, que no compromete
a nadie ni a nada? ¿Qué decir de la situación o caso
de los que ya "cumplen"?
Existe mucha masa. Hay jóvenes, entre abúlicos y alienados,
viviendo de prestado, de una forma totalmente impersonal, dejándose
llevar y arrastrar con perspectivas nada claras y sí muchos riesgos
impensable. El mundo del pecado existe. Y con nombrarlo basta para nuestro
caso.
Digo todo esto, esta situación, en apuntes sin más enredos
y explicaciones porque hemos de arrancar de la realidad, y estos derroteros
existen y están extendidos de tal modo que no pocos jóvenes
pueden discurrir por ellos.
Pistas para una iniciación pastoral
Y sin embargo, son necesarios los jóvenes. Quisiera ofrecer algunas
aportaciones sacadas de la misma experiencia, que pudieran servir de posibles
pistas en orden a una acción pastoral juvenil.
Lo primero que uno piensa es cómo
conectar con los jóvenes, cómo llegar a un encuentro, al
menos inicial. Varios factores y elementos pueden influir.
Nos lo cuentan Roberto, Cristina y Javi:
"Nos hizo tomar contacto con la Renovación Carismática
motivos como: el que conocíamos a personas que conocían
la Renovación Carismática y nos invitaron. También
porque quisimos enterarnos de qué era la R.C. o al menos de qué
es lo que hacían las personas que iban allí, a las que nasotras
conocíamos. Después tuvimos el primer contacto de diferentes
formas: un contacto en la Asamblea Nacional; a través de una fiesta
de cumpleaños: a través de una Eucaristía. A partir
de esto nos incorporamos al grupo de jóvenes unos antes y otros
un poco después".
Otros jóvenes hablan en concreto de las personas que intervinieron
para el conocimiento o primer contacto. Fueron hermanos (as), amigos (as),
y no falta quien acudió por invitación de su propia madre.
Expresando el relato de una amiga hoy en el grupo, dicen:
"Ella quería divertirse. La invitaron a una fiesta de Navidad,
(un encuentro de jóvenes). No sabía de qué iba la
cosa. La gente le pareció maja y decidió meterse".
Hemos de resaltar dos cosas en este comienzo. Primeramente la acción
sencilla de invitar de unas personas, adultas o no, para ofrecer a otras
la oportunidad de participar de algo que ellas estaban viviendo, de algo
tal vez extraño, tal vez nuevo. Las personas que invitan están
realizando un compromiso de evangelización de tú a tú.
Es el Señor que envía operarios. Es el Reino que se extiende.
En segundo lugar, es la fuerza de convocatoria que encierra en sí
un acto comunitario. Son celebraciones del paso del Señor, del
amor de los hermanos por el Señor, de la presencia del Señor
en la Eucaristía y manifestada en sus amigos, de cualquier fiesta
en nombre del Señor, del poder del Señor. Todos estos acontecimientos,
o tiempos fuertes, en realidad constituyen un auténtico pregón,
al cual responden en expresión de interés, a veces de curiosidad
interesada y siempre la gracia del Señor que llama y llama.
Mas ese pregón ha de convertirse en un verdadero "pregón
kerigmático". Quizás comenzó a serlo ya. Por
eso es necesario más explicitación del mismo, más
claridad en la llamada y más sinceridad en la respuesta. Hacía
yo esta pregunta al grupo de jóvenes ya en marcha por los caminos
de la R.C.: ¿"Qué motivación última impulsó
tu decisión de continuar o integrarte en el grupo "? El grupo
de Begoña, Lourdes, Roberto, José A. e Isaac responde:
"Mi motivo fue el seguir conociendo a Jesús a través
de ese grupo que me lo había descubierto por primera vez. El nuevo
sentido que dio a mi vida y a las relaciones con los demás hizo
que quisiera vivir de ese modo diferente en unión con los demás
hermanos que compartían ese mismo Jesús. Mi motivo fue que
en el grupo encontré a Jesús, sencillo, humilde, sin todo
el ornamento del que me le habían rodeado y por el que había
perdido el significado para mí. Aquí encontré la
Verdad.
Mi decisión última de integrarme en el grupo que no fue
mía, sino de EL. Una vez que había comenzado a conocerle
y a amarle, no podía cerrarme a su Amor. No podía olvidar
que EL me estaba esperando. El grupo fue el que me mostró a este
Jesús-Amor del que ya no puedo separarme. En el grupo es donde
estoy aprendiendo a plasmar el amor de Jesús en los demás
hermanos. Bueno, pues lo que me impulsó a seguir viniendo, aunque
a veces haya faltado, fue después de la acampada de este año,
que he visto que Jesús me ayuda y me guía".
Nos damos cuenta cómo es Jesús el que se hace presente,
el que se hace cercano, hablando, llamando, Jesús es la motivación
última y principal. Y fuera de Jesús o al margen de Jesús
no se puede caminar, ni comenzar bien. Jesús ha de ser el que se
convierta en la auténtica llamada eficaz. No quita el manifestarse
Jesús en los hermanos del grupo, para que la motivación
sea la misma. Por ejemplo, el grupo de Goyi, Begoña, Mª Ángeles
y José Luís contesta a la misma pregunta:
"Nos gustó la forma de cómo se vivía la religión
católica, ya que ésta era muy distinta a la que habíamos
vivido anteriormente. Frente al mundo exterior viven en unión con
los hermanos. Por ejemplo, todos participan de las alegrías y penas
de los demás. El Jesús que conocimos aquí no era
un Jesús de ocasiones, sino que era toda la vida y le daba sentido.
La gente con cariño a todo el que va. Buscábamos, un grupo
y vimos que éste era lo que buscábamos, porque habíamos
estado en otros, pero no nos llenaban".
Más, mirada esta iniciación o este anuncio kerigmático
desde una posición personal, el grupo de Javi, Cristina y Roberto
contesta:
"Al haber estado buscando durante cierto tiempo el motivo de mi vida
y no encontrarlo, me di cuenta de que en la R.C. había algo especial,
algo distinto a todo lo demás. Ese algo era Jesús, que podía
ser la razón de una vida bastante completa y por eso me integré
en el grupo.
El hecho de haber asistido con otros jóvenes a una acampada durante
una semana, me impulsó a pensar en algo que me hacía ser
diferente, en algo, o mejor, en Alguien que era capaz de transformar mi
modo de ser, mi timidez ante los demás, mi irresponsabilidad, etc.
Empecé a buscar ese Alguien y me di cuenta de que estaba a mi lado,
pero no le conocía. Me di cuenta de que era Jesús, pero
que no sabía mucho de El, sólo lo que me habían contado
y decidí conocerle y entablar una relación más profunda
con EL.
Me impulsó a seguir el ambiente que había y el intentar
averiguar el por qué de ese ambiente y de esa alegría que
no era frecuente encontrar".
Es cierto, la fe no es algo que la sola persona o se inventa o se crea.
La fe surge de un pregón o anuncio, que puede revestir diversas
formas, o que se traduce en una comunicación y muy bueno también
en un testimonio personal o comunitario. Y Dios tiene mil formas, por
supuesto. Estamos constatando una experiencia.
Perseverancia y mantenimiento de la vida comenzada.
Si para todos constituye problema el perseverar o no, mantenerse en el
seguimiento de Jesús más o menos, para los jóvenes
mucho más. El joven está sujeto de ordinario a altibajos
en su conducta. Las crisis y sus estados de ánimo lo zarandean,
intentan apartarlo, ponerle el hoyo del hundimiento a sus pies, amén
de otras tentaciones y obstáculos. He aquí algunas respuestas
que contestan a este planteamiento:
"Mi vida ha ido cambiando desde que conozco a Cristo. Ha cambiado
día a día en la relación con el grupo y fuera del
grupo. Ha cambiado mi forma de pensar y toda la escala de valores. Te
sientes protegida por una serie de hermanos en los que me puedo apoyar
porque sé que me los ha dado Jesús, que es en quien verdaderamente
me apoyo. Incluso cuando me siento apartar de Jesús, son los hermanos
los que me ayudan a volver a El. Ahora me doy más cuenta de que
quien verdaderamente sostiene mi vida es Jesús, porque cuando me
siento alejar de El, todo se viene abajo.
También he descubierto que a Jesús lo necesito no solo en
los malos momentos, sino siempre, porque es el único que puede
hacer que tu vida valga algo. Estar con Jesús no es estar "atado"
a Jesús, es ser libre y encontrar la libertad con Jesús.
Jesús no te hace esclavo, te hace libre.
Me siento incorporado a un grupo de hermanos y, por tanto, esto me hace
ser más responsable y consecuente con este grupo y con Jesús
en el que todos vamos caminando día a día en una renovación
personal y comunitaria .
También mi vida está sostenida por una gran esperanza en
Jesús. Desearía todavía una relación más
completa entre todos los hermanos y que Cristo fuera todavía más
el Señor de mi vida". (Javi, Cristina, Alberto).
Es Jesús el que continúa sosteniendo su vida. Naturalmente
que ahora mucho más en profundidad y mucho más conscientes.
Su vida ha de ser cristocéntrica, llegando a constituir Jesús
su gran ideal. Es de notar el cómo se dan cuenta de la posible
separación, del riesgo del abandono, que a su vez puede ser un
estímulo constante. Igualmente se busca el apoyo en los demás.
El individualismo y la soledad les hunden.
Y en la misma línea se expresan el grupo de Begoña, etc.:
"Mi vida la sostiene Jesús. Es quien la da sentido en la necesidad,
en la alegría, en la angustia, en cada momento de mi vida: El está
presente, El lo vive conmigo. Mi desarrollo debería ser el que
Jesús vaya marcando en el grupo. El va haciéndome más
persona, más cristiana verdadera. Este es un caminar lento, porque
EL sabe mis limitaciones y me va exigiendo según la medida de mis
posibilidades. Desearía que en mi andadura en el grupo me fuera
abriendo cada vez más al amor que Jesús me pide tenga a
los hermanos.
Mi vida la sostiene Jesús. El es
quien me guía por el camino que ha elegido para mí. Dentro
del grupo El me ayuda a seguir sus pasos con ayuda de los hermanos y quisiera
que El me guiase siempre”.
En cambio hay una orientación distinta en la respuesta del grupo
de Goyi, ete. A la pregunta, que era: "qué sostiene tu vida
y cómo se desarrolla en el grupo". Se explaya más en
los resultados prácticos de tener a Jesús como centro de
su vida y que pudiera constituir como el programa de su vida en crecimiento:
contestan escuetamente:
- "Fe mayor.
- Mayor relación con las tres personas de la Santísima Trinidad.
- Tenemos a Jesús como un amigo que está siempre a nuestro
lado.
- Al tener a Jesús como amigo, tenemos mayor confianza y nos dirigimos
más a EL con la oración. Para acercarnos más a Jesús
acudimos a los sacramentos.
- Utilizamos la Biblia, porque en ella está la Palabra de Dios
y la vemos más clara.
- En las canciones de la R.C. nos fijamos más en el contenido que
en la música.
- Jesús nos ayuda en todos los acontecimientos de nuestra vida:
. estudios
. y relaciones con nuestros amigos
y familia.
- Muchas más alegrías, porque vemos las cosas de otro modo.
- Mayor comunicación dentro de nuestras ideas, problemas con los
demás hermanos del grupo.
- Más compañerismo con los demás"
Su vida va discurriendo así por
cauces realistas, se va traduciendo en algo muy concreto y su propia religión,
su cristianismo, va personalizándose y el joven se va haciendo
y madurando.
Naturalmente que todo esto ha de ser un proceso que necesita mucha atención
y orientación. En la práctica ha de convertirse en un auténtico
catecumenado, donde haya una enseñanza que vaya vertebrando sus
ideas e iluminando su vida; una vivencia y celebración de su propia
fe individual y de grupo: un cambio en su vida y comportamiento, signo
de que son portadores de algo trascendental, de un mensaje que es factible
y a la vez atractivo.
Su vida va siendo una respuesta personal en línea de fe, de seguir
a Jesús, de dejarse guiar por el Espíritu Santo. Es momento,
así mismo, de sentirse muy unidos entre sí y al mismo tiempo
considerarse Iglesia y en activo, no solo de mente. Igualmente la Virgen
María ha de ir ocupando su puesto en la propia vida del joven,
conforme a los planes de Dios y por tanto de su propia necesidad. Ha de
ser su Madre que le lleve de la mano, que interceda por él, que
le de ejemplo de vida.
Otros tiempos y momentos.
Una atención especial ha de dirigirse también a algo de
lo que el joven, sobre todo el más joven, el adolescente, necesita
en su propio desarrollo integral. Me refiero a saber emplear tiempos libres
o dedicar un tiempo especial a ciertas actividades o al esparcimiento
Podrían, por consiguiente, entusiasmarse por ciertas actividades
o trabajos manuales. No sería suplantar ninguna labor institucional,
pero sí ir más allá, educando, por ejemplo el tiempo
de ocio, fomentar la creatividad, crear formas nuevas de expresión
religiosa bien en objetos, escenificaciones personales, música,
etc. etc. Estamos en unos tiempos de comunicación, de expresión
y de anunciar de mil formas y maneras nuestras vivencias.
Igualmente, la alegría y la necesidad de convivir deben llevar
a los responsables a proporcionarles tiempos hábiles para ello:
convivencias, marchas, fiestas de santos, cantos, etc.
Todo ello podría convertirse también en lugar y cita para
otros jóvenes. Oportunidad de compañerismo, de apertura,
de anuncio, de descubrimiento de otra vida. Los que, tal vez, pasaron
por esta experiencia, la pueden ofrecer generosamente y con toda satisfacción
y alegría.
Posible sin desearlo.
No se nos ha de ocultar el temor de algunos abandonos. Es que...? Sí,
nunca hay una confirmación definitiva en un proceso un tanto contingente
y en una edad tan voluble. La respuesta personal ha de ser una disposición,
y a veces tensión, constante. Exige lucha y esfuerzo ante un mundo
por otra parte asfixiante y tentador.
Se imponen manos alzadas al Señor en una oración permanente
por unos y otros, por jóvenes y adultos. Se impone saber prevenir
o curar, saber acoger y perdonar, saber advertir y corregir. Por la inestabilidad
natural conviene no abandonar a los abandonados ni alejarse de los alejados.
Ah, y buena tarea de compañerismo y de evangelización entre
los mismos jóvenes.
Hacia una nueva experiencia cristiana
Toda esta vida tan aleccionadora y prometedora naturalmente que ha de
realizarse en una experiencia personal. Por ella han de hacer pasar cuanto
ven, oyen y hacen. Es necesario que el amor de Dios y su poder se hagan
experiencia, vivan y se sientan los jóvenes, en verdad, amados,
perdonados, alegrados, enriquecidos, transformados. Que algo haya pasado
en sus vidas. Que puedan pasar, para ello, de lo que pudieran ser simples
emociones a verdaderas vivencias y éstas, compartidas. Pasar de
una pasividad cansina a una vida cristiana en acción, a un protagonismo
(no peyorativa) eficiente, a una personalización de la fe responsable
y comprometida. Vivan los compromisos de tal manera que se vea que su
vida se traduce en eficacia o que da frutos. Esto es algo que, al mismo
joven le hace vivir más y mejor. Sepan, igualmente, llevar amor,
alegría, fe en Jesús, de tal manera, que a su alrededor
y en sus ambientes haya fraternidad, comunión, compartir. Y todo
ello porque el Señor actúa con su Espíritu y ellos
se sienten útiles para su obra.
Hay oportunidad para que celebren su propia fe. Cómo hay que cuidar
la celebración de los sacramentos. Cómo hay que contar con
la fuerza de la Palabra de Dios y del Espíritu. Y en ese contacto
y celebración y con esa luz es donde se ha de encontrar a sí
mismo, donde hará fiesta de su propia vida renovada, reconfortada,
animada, respondida generosamente por el poder del Señor.
Cuando el empeño de un sacrificio se impone y cuando la fuerza
de un Cristo crucificado entran en su vida, podemos decir adelante y cantar
victoria en nombre del Señor. Se necesita madurez fraguada en el
sacrificio y en el vencimiento de obstáculos.
Y un joven así, que se va entendiendo, que va penetrando en la
vida, en la amistad de Jesús, ora, orará, encontrará
gusto en orar. Entenderá lo que es hablar con Dios, salir fortalecido
de haber estado con Dios. Sí, que Dios escucha a los humildes y
de sincero corazón.
Es mucho y campo abierto el de los jóvenes.
El Señor ante todo. A nosotros nos toca plantar, regar. La obra
es del Señor y por eso me lleva a creer en los cambios de vida.
He aquí algunos en expresión de los mismos jóvenes:
"Me doy más cuenta de lo que hago y de mis relaciones con
los demás e intento mejorarlas lo más posible y tengo una
mayor fortaleza para afrontar las cosas. Mi timidez se va superando. Miro
la vida a través de otro prisma distinto. No es que sea mejor o
peor que antes, pero intento renovarme".
"Mi intento de conocer más a Jesús se ve traducido
en un conocerle más a través de la oración tanto
personal como comunitaria. También en un mayor intento de transformarme
en el mundo en que vivo. Sin querer aspirar a hacer grandes y fenomenales
cosas, sino cambiar dentro de mi pequeño mundo.
Vemos la Misa de otra manera. No nos fijamos tanto en lo superficial,
sino que intentamos profundizar más y ver a Jesús realmente
en la Eucaristía y no solo al sacerdote.
También podemos dar testimonio de Jesús en los estudios,
no quizás como quisiéramos, pero algo sí".
"Jesús ha cambiado mi forma de ver a los demás. Cuando
trato a las personas, las busco a ellas en sus problemas, en sus preocupaciones
y alegrías. He dejado de buscarme a mi misma y mi satisfacción
personal. Cuando sabes que esa persona que tienes a tu lado, es tu hermano
y en él está Jesús, todo cambia: sus fallos, sus
manías, sus virtudes adquieren una dimensión distinta. Deja
de importar el tiempo cuando en un hermano ves a Jesús, ya no se
pierde, no se desperdicia nada, todo es útil y es válido.
He aprendido a hacer las cosas con alegría, con un desprendimiento
que es fruto de vivir con Jesús".
"Tengo un punto de vista del mundo,
distinto del que el mundo nos quiere hacer ver. El hecho de ver a las
personas su punto positivo y valorar con los ojos del amor que Jesús
pone en mí. He cambiado a nivel personal, me he liberado de varios
complejos, ha nacido en mí una esperanza y una dedicación
a las personas que me rodean, a llevar esa esperanza a los demás
y hacerles partícipes de mi alegría en el Señor".
"El cambio de mi vida ha sido muy grande, pues EL me ha ayudado a
seguir por un camino del que me había desviado antes, había
perdido lo importante que tiene la vida y con EL lo he vuelto a encontrar.
Ahora lo siento dentro de mí. Aunque como cualquier persona tengo
mis altibajos, en él vuelvo a encontrar lo que había perdido
y lo que es importante para estar contenta y feliz. Me ayudo a comprender
y ayudar a las personas que me necesitan y procuro ayudarlas”.
De esta manera también los jóvenes podrían pasar
por la experiencia de convertirse en profetas ante su mismo mundo. A este
respecto, sobre qué haría o diría un joven, uno contesta:
"Intentaría preguntarle (a otro joven): ¿Qué
es para él Jesús? Y después le daría más
o menos mi testimonio de lo que significa para mí el conocer a
Jesús, al menos en la forma que lo conozco. Le contaría
cómo era antes y cómo soy ahora, lo que ha cambiado mi vida,
cómo Jesús puede llenar la vida de una persona, sin necesitar
cosas que te solucionan algo en un momento, como la droga, el alcohol
o en definitiva sin necesitar algo material, algo del mundo que al final
no sirve para nada.
También le diría que Jesús no es un Jesús
lejano, sino un Jesús cercano a nosotros y que Jesús está
en todas las cosas que palpamos y que vivimos. Le contaría cosas
concretas que El ha hecho en mi vida más que muchas teorías
y que viese que Jesús ha influido en mi vida.
Sobre todo trataríamos de conocer a Jesús y no tanto de
dar a conocer a la Renovación ya que lo importante verdaderamente
es Jesús. Sobre todo no trataríamos de convencerle, sino
de presentarle a algo o Alguien que le pueda y que de hecho nos ha ayudado
a nosotros, como es JESUS”.
JÓVENES: ¿QUÉ
NOS PIDEN? ¿QUÉ LES OFRECEMOS?
Por Pedro José Cabrera
"Si os mantenéis en mi
Palabra, seréis verdaderamente mis discípulos, y conoceréis
la Verdad y la verdad os hará libres" (Jn 8, 31-32)
Ríos de tinta han corrido, y seguirán corriendo, en torno
a la situación actual de la juventud en nuestras sociedades industriales
avanzadas. Desde todas las instancias (políticas, comerciales,
eclesiásticas, etc.) se han vertido sobre los jóvenes multitud
de proclamas, bandos y promesas más o menos alentadoras: el colectivo
juvenil ha sido y es, objeto de la atención más desmesurada
por parte de todos los que desde una posición u otra se han considerado
parte interesada en el asunto.
En todos los casos, ha existido, por lo general, un mismo denominador
común, se ha hecho a los jóvenes objeto
de interés (cuando no baluarte a conquistar) y muy pocas veces
se les ha considerado como sujeto con intereses propios.
Como podríamos prever el resultado lógico ha sido que hemos
llegado a un momento en el que no son ya palabras lo que los jóvenes
están dispuestos a escuchar. Hoy por hoy, se "pasa" de
cualquier rollo; a los jóvenes de hoy se les han contado todos
los cuentos,... y ya saben todos los cuentos.
1.- El Anuncio
Sin embargo, frente a todas las palabras,
frente a todos los discursos y teorías, nosotros sabemos que hay
una palabra, la Palabra, de la cual una vez oída, es imposible
pasar, porque lo cambia todo, lo remueve todo, lo trastoca y lo transfigura
todo. Es la Palabra que, sabiéndolo o no, ansiándola o no,
esperan escuchar hoy los jóvenes, lo mismo o más que los
mayores. La Palabra es: Jesucristo. No hay otra.
2.- Autenticidad
Creo honradamente, que las personas jóvenes esperan encontrarse
con alguien que pronuncie con claridad y sin miedo esta palabra: Jesucristo.
Lo que sucede es que ésta es una palabra que no puede ser escuchada
por los jóvenes de nuestro mundo, a los que se les ha forzado a
vivir en el escepticismo a fuerza de decepciones, esta Palabra ha de ser
pronunciada desde el corazón, y poniendo la vida entera como garantía
de que es cierto lo que se dice.
El primer paso por tanto es la Autenticidad, que ha de acompañar
al anuncio dándole fuerza y credibilidad.
3.- Libertad
En la Renovación Carismática, hemos sentido todos, el gozo
inmenso que supone poder expresar colectivamente con libertad nuestra
fe, con "salmos, himnos y cánticos inspirados" (Ef 5.
19), con nuestros brazos y nuestro cuerpo entero. Pero quizás por
eso mismo estamos especialmente llamados por el Señor a vivir con
libertad nuestra fe, dándole a ésta un contenido cada vez
mayor, acompañando con gestos concretos, vitales, aquellos otros
más externos que de no ser así se convertirán en
pura palabrería vana.
Los jóvenes nos piden (pedimos) a la R. C., como a la Iglesia entera,
que se esfuerce en el intento de construir espacios en los cuales sea
posible poder vivir y expresar con libertad la relación que nos
une a nuestro Padre Dios. Espacios desde los que poder proclamar con libertad
que Jesús es el Señor, que Cristo ha resucitado en medio
de nosotros.
Estos espacios de libertad, no son otra cosa que comunidades,
los jóvenes necesitan encontrar comunidades donde se viva, la libertad
que da el Espíritu, aquella que nace de la verdad acompañada
del amor, la libertad de los hijos de Dios. Comunidades donde "ofrezcamos
nuestra vida entera como un culto en el Espíritu,
como un sacrificio de alabanza de la gloria del Padre".
Comunidades con capacidad de acogida; donde se practique
la escucha, y en donde, llegado e] momento, se pueda escuchar la única
palabra que verdaderamente importa: la Palabra que nos hace libres.
Comunidades fieles, donde se viva el compromiso con Dios
y con los hermanos: aprovechando y enriqueciéndose de los tesoros
existentes en la Iglesia, en su tradición y en su realidad presente.
Comunidades comprometidas y estables. Se dice de los
jóvenes que son inconstantes, pero esto quizás sea porque
les gusta buscar detenidamente; una vez que encuentran la perla preciosa,
el tesoro escondido en el campo, sienten tanto como cualquier hombre la
llamada a comprar ese campo y establecerse en él.
Comunidades católicas, es decir universales. Y
esto es siempre obra de Dios, los hombres tendemos siempre a poner límites,
a formar partido, a hacer "rancho aparte" con aquellos que nos
agradan, olvidando e incluso odiando, a los que nos parecen "de fuera",
de otro grupo, otra iglesia, otra comunidad. La universalidad nos hace
semejantes a Dios, que "hace salir el sol sobre justos y pecadores”.
Comunidades luminosas que reflejen la Luz, que es Cristo.
No es nuestra la luz pero nos ha sido concedido poder reflejarla. No son
nuestros los dones y carismas, pero nos han sido concedidos para crecimiento
de la comunidad.
Comunidades sencillas y pobres. Con la sencillez de Jesús,
amigo de los pequeños, obediente y sumiso al Padre, con la pobreza
de los que lo han dado todo (de verdad, sin metáforas) por seguirlo,
confiados en su promesa: “Yo os aseguro que nadie que haya dejado
casa, mujer, hermanos, padres o hijos por el Reino de Dios, quedará
sin recibir mucho más al presente y, en el mundo venidero, vida
eterna" (Lc 18,29-30).
Y sin embargo, si las dos notas que marcan más positivamente a
la juventud actual son el deseo de autenticidad y de libertad, valores
éstos de por sí tremedamente positivos, también es
cierto que en su intento de conseguirlos corren el riesgo, de moverse
en la más infeliz de las contradicciones, adoptando comportamientos
que en lugar de acercarlos a la meta que pretenden les alejan de ella,
o los encierran en laberintos de los que luego es muy difícil salir.
Pero al fin y al cabo nadie nace sabiendo. Lo terrible del caso presente,
es que a los jóvenes de hoy todo nos invita a soltar amarras desligándonos
totalmente, a cortar las cadenas (y junto a ellas los vínculos)
que nos atan al pasado, un pasado que se ha mostrado incapaz de resolver
los grandes problemas del hombre (la guerra, el hambre). Se nos obliga
casi a vivir sin raíces, despojados de todo, como cometas arrancadas
por el viento. El joven se encuentra frente a un mundo que él no
ha construido, no se puede esperar que sin resistencias, lo acepte todo,
tal y como se le presenta. ¿Por qué comprometerme con una
sociedad injusta y que pretende "devorarme"?
Surge entonces el problema ¿cómo encontrar razones para
explicar a los jóvenes los errores ajenos? Probablemente sólo
las propias equivocaciones sean un remedio eficaz. Llegado a este punto,
la visión de la propia limitación, de la propia pobreza,
es lo que hace volver los pasos hacia la casa del Padre. En ese momento
es preciso que los hijos que ya nos encontramos conviviendo en la casa
con el Padre, nos mostremos dispuestos a celebrar la fiesta por el que
regresa.
4.- Compromiso
Una vez aquí, ha de haber posibilidad de insertarse efectivamente
en la Iglesia (en la R.C.), para ello se necesitan vías concretas,
progresivas, adaptadas a la situación de cada uno, por medio de
las cuales se pueda nacer y, una vez nacidos, crecer en la Vida en el
Espíritu. ¿De qué serviría un momento de gracia
abundantísima, durante un seminario de las siete semanas, si esto
no se puede prolongar en una vida entera conformada y acorde con esta
experiencia cumbre?
Es necesario ofrecer a los jóvenes vías de compromiso, gradual,
creciente, por medio de las cuales llegar a ser un día hombres
plenamente consagrados al Señor.
El compromiso es necesario porque introduce en la fidelidad de Dios. El
compromiso es posible no porque nosotros seamos fieles (que no lo somos,
aunque lo intentamos) sino porque "fiel es quien nos llama y es El
quien lo hará" (1 Ts S, 24). El compromiso, la alianza, nos
hace permanecer en Dios, en la Vida Nueva, y sólo si "permanecemos
en su palabra, seremos verdaderamente sus discípulos, los que dejándolo
todo le seguían día a día en su peregrinar.
Durante un tiempo quizás largo, y sin duda doloroso, los jóvenes
han dejado y dejarán aún muchos la casa del Padre, la Iglesia,
mientras esto dure a nosotros se nos pedirá que participemos entretanto
de la paciencia de Dios, de la misericordia y la ternura entrañable
de Dios, de la caridad y el amor de Dios que "todo lo excusa, todo
lo cree, todo lo espera, todo lo soporta" ( 1 Co 13, 1), de manera
que el participar día a día del amor de Dios, vaya configurando
en nosotros al mismo Cristo, y sea El quien convoque, y llame, y se de
a conocer a los jóvenes, y a todos los hombres.
PEDRO JOSE CABRERA Comunidad Magnificat. Madrid.
LA CURACIÓN DE LOS JÓVENES
Por Antonio Viguri, O. C. D
Jesús vive. Sigue curando. Y los jóvenes sienten esa presencia
viva del Señor. En Lc 7.11-17 nos encontramos con el joven de Naín.
En Lc 8.49-56 con la Hija de Jairo. Nos encontramos hoy con muchos jóvenes
naturales de Naín y con muchos jóvenes hijas de Jairo, que
van por la vida encerradas en sus féretros o adormecidos en su
sueño de muerte.
Y Jesús sigue "tocando" los féretros y "levantando"
de la cama. El Señor es la alegría de la juventud.
El Señor los hace libres. El Señor les cambia el corazón.
Les da un corazón nuevo.
En mi experiencia con jóvenes he palpado esa presencia del Señor.
Sobre todo y de una manera más ágil, más patente,
más bonita en estos últimos tres años; desde que
el Señor me fue llevando por donde ÉI quiso.
Voy a contaros un poco esa experiencia.
Necesidad de curación
Es muy frecuente encontrarte con jóvenes aparentemente alegres.
Acampadas, grupos, convivencias. Chicas con cara de felicidad, derrochando
sonrisas, cantando, levantando los brazos. Todo muy bonito, pero quizá
detrás de todo eso hay un corazón enfermo. Necesita ser
curado. O ese chico, derroche de simpatía, abierto y detrás
de esa falsa seguridad hay un corazón triste y vacío. Jóvenes
que han recibido la efusión del Espíritu. Y no están
curados.
Mientras los jóvenes y lo mismo los adultos no se sientan totalmente
curados es muy difícil que los grupos marchen con fuerza en el
Señor.
Todos sabemos las heridas de los jóvenes.
No se han sentido arropados en su infancia. Otros pensaban que sus hermanos
eran más queridos por sus padres que ellos. Vivieron una infancia
solos. Nunca se han sentido con amigos. No han experimentado el cariño.
Han tenido envidias. Les han comparado con sus hermanos y primos ó
tal vez con sus vecinos o compañeros de clase.
Y ya problemas más serios para ellos como han podido ser experiencias
de tipo sexual sin importancia, pero que para ellos fue causa de un trauma.
Familias rotas. Padres que riñen y el hogar es un pequeño
infierno. Droga. Alcohol.
Y otras muchas heridas que han marcado al joven desde que era muy niño.
Por el Sacramento de la Penitencia
Pero los jóvenes se curan. ¿Cómo? Al encontrarse
con el Señor en el Sacramento de la Liberación. En la Confesión.
Sacramento de Sanación.
La Oración de Sanación sobre los jóvenes a nivel
de grupo es fabulosa. Hace tres semanas viví una experiencia muy
fuerte. Eran 34 chicas. Una noche oramos por algunas. Una llevaba tres
años en grupos de oración. Pero tenía una herida
desde pequeñita. Oramos por ella. Y antes de un minuto el Señor
se manifestó. Y quedó curada. Después se confesó
y su corazón era "otro".
Hay quienes se preguntan qué es lo primero, la oración de
sanación y a continuación la confesión o primero
la confesión y después la sanación. Depende. Si el
joven es creyente quizá las dos cosas pueden ir juntas. Si el joven
no tiene experiencia de Dios pero busca algo es mejor orar por él,
pues esa oración prepara y abre puertas al sacramento.
Pero más bien me voy a fijar en esa sanación dentro del
Sacramento.
Desde que sigo este camino el Señor está haciendo maravillas.
Hay que comenzar por decir que el corazón de un joven es apasionante.
Es alguien muy querido por Jesús y que debe ser mi amigo.
El joven se acerca al sacerdote con miedo, nervioso, con cierta desconfianza.
Pero con la esperanza. Y le molesta que tengamos prisa. A veces en las
grandes aglomeraciones defraudamos a los jóvenes.
Hay que abrirle al Señor. Charlar
de todo un poco. No limitarnos a una estadística de pecados. Que
nos cuente su vida.
Y dialogar con él. Preguntarle. Meternos en su vida. Así
como suena. Pero dando tiempo al tiempo y sin brusquedades. Son muy pocos
los jóvenes que se molestan cuando te metes en su vida. Están
deseando.
Los jóvenes me han enseñado a no tener miedo a preguntar
ayudarles a meterse en esas zonas que les duelen, pero que no saben como
llegar a ellas.
Cuando el joven está con ganas de liberarse es una pena que por
miedo, por un respeto mal entendido no descubramos con él sus heridas.
Un método muy eficaz es invitarles a que escriban sus recuerdos.
Desde que eran pequeñitos hasta el momento presente. Lo considero
el camino más directo para la sanación. Que escriban todo
lo que recuerde y que no dejen de escribir eso que para ellos piensan
que son tonterías. No hay ninguna tontería subjetiva cuando
nos ha venido al montón de nuestros recuerdos.
Cuando veo que el joven está dispuesto y tiene confianza le suelo
preguntar: ¿Me dejas que te pregunte todo lo que me dé la
gana. ¿Estás dispuesto? Si el joven aunque le cueste dice
que sí. "me tiro a matar". Y le pregunto hasta la marca
de la papilla que tomó de crío. Si el joven está
dispuesto, no me consta que haya herido a nadie en estos dos últimos
años con mis preguntas, que a veces son muy delicadas sobre todo
en el terreno sexual que es donde precisamente más heridas se encuentran.
Necesidad del Sacerdote
Es una exigencia de los jóvenes. Me decía Mari Carmen Velasco,
del grupo de Pamplona: "Mire el sacerdote a la persona y conózcala,
vea si es sensible o dura, tímida o abierta para poder meterse
en su terreno de la manera más adecuada y profundizar". "Rompa
con el esquema y haga preguntas ni más ni menos que indiscretas
de todo lo que sea necesario". Ella ha tenido esa bonita experiencia.
"Tengo la seguridad de que Jesús está conmigo, me ayuda
a ser más pobre para servir a los demás".
Su hermana Mariví apunta: "Que el sacerdote sea decidido,
que no tenga miedo ni sienta reparo de confesar a un joven. Que no piense
que por ser jóvenes vamos a ser todos iguales,"
Y su amiga Anabel Jaurrieta añade:
"Me ayudó mucho la confianza que me dio. Me fue sacando todo
por medio de preguntas sencillas que en la vida ordinaria carecen de importancia
y otras que parecían ser “indiscretas”.
Y cientos de jóvenes van encontrando esa paz en Jesús.
Cuando han terminado de exponer sus heridas, su vida, sus proyectos, cuando
ya parece que no les queda nada oramos. Les impongo la mano con cariño
y vamos orando al Señor. Le pedimos que vaya acariciando las heridas
de aquel joven en medio de la alabanza y gracias al Señor. Es maravilloso.
Por otra parte el Señor se manifiesta claramente en los jóvenes
que en ese momento se van liberando. Algunos se curan rápidamente
de cosas concretas. Otros requieren más tiempo. Es obra del Señor.
Hay que animar al joven a dejarse querer por el Señor y a creer
que el Señor está ahí, curándole.
Llevaría mucho espacio el llegar a casos concretos de curaciones,
que han hecho que los jóvenes hayan comenzado una nueva vida, llena
de gozo y esperanza a pesar de seguir con los mismos problemas o a veces
mayores, pero ya no están solos nunca más. El Señor
Jesús está con ellos.
Debemos orar mucho para que los sacerdotes se liberen ellos mismos del
miedo. No somos nosotros los que curamos. Es el Señor Jesús
quien cura. Dejemos que trabaje. Prestémosle nuestras manos vacías
y nuestros labios pobres de palabras.
Los jóvenes nos esperan. Los jóvenes quieren la libertad.
Y esa libertad solo la da el Señor Jesús. ¡Gloria
a Tí, Señor!
P. Antonio Viguri O.C.D.
(Si algún hermano sacerdote
le interesa, le puedo enviar a título privado la serie de preguntas
y de posibles heridas que he encontrado en mi largo trato con jóvenes.
Algunas son inverosímiles, pero a pesar de que parecen cosas absurdas
e irreales a algún joven le han ocurrido. Y le herían mucho).
LA SEÑAL DE LA ACCIÓN
DEL ESPÍRITU
(Adaptación de un texto de Abdicho
Chassaja, monje del siglo VII)
¿Cómo reconocer al Espíritu
Santo que obra en nosotros, en qué se descubre su poder, cuáles
son las señales que revelan su obrar en nosotros?
1. Ansia de Dios
La primera señal de que el Espíritu obra y actúa
en nosotros es el ansia del amor de Dios, ardiente como un ascua, en el
corazón del hombre. De ahí nace en ese corazón el
apartarse del mal, el morir a sí mismo, el amor a su condición
de peregrino en esta tierra, y la renuncia, que hace brotar toda virtud.
2. Humildad
La segunda señal en la que verás palpablemente que obra
en ti el Espíritu que has recibido en el bautismo, es la aparición
en tu interior de la verdadera humildad; esa humildad que nace del Espíritu
y que lleva al hombre a considerarse como nada, a pesar de las obras y
maravillas que realice en él el Espíritu Santo. Un hombre
así considera a todos como más grandes y santos; para él
no hay buenos y malos, justos y pecadores. De esa humildad brota espontáneamente
en el corazón la paz, la sumisión y la perseverancia en
las tribulaciones.
3. Misericordia
El tercer distintivo de la obra que realiza en ti el Espíritu Santo
es esa misericordia que tiende a reproducir en ti la imagen de Dios, que
es el rostro de Cristo. Cuando tu espíritu abraza mentalmente a
todos los hombres, brotan las lágrimas y, en cierto modo, todos
entran en tu corazón; tú los abrazas y los besas con un
amor lleno de misericordia, y derramas mentalmente sobre todos ellos tu
benevolencia. Al acordarte de ellos, tu corazón se enciende como
una brasa por el fuego del Espíritu Santo que mora y obra en ti.
De ahí brota en tu corazón la bondad y la amabilidad, hasta
el punto de que en adelante resulta imposible que dirijas a nadie una
palabra ofensiva ni te permitas pensar mal de ninguno; todo tu afán
es hacer bien a todos, de pensamiento y de obra.
4. Amor
La cuarta señal en la que reconocerás que obra en ti el
Espíritu Santo es el verdadero amor, que si no es verdadero aleja
de tu interior la presencia de Dios. Esa es la llave espiritual que te
permitirá abrir la puerta secreta del corazón en que se
oculta Cristo nuestro Señor. De este modo nace la fe que nos hace
contemplar lo que sólo el Espíritu conoce y que no se puede
expresar con palabras. El Apóstol llama a esta fe "garantía
de los bienes que esperamos" (Hb 11, 1). Los ojos de la carne no
pueden percibir estas cosas, pero para los ojos del Espíritu resplandecen
claras y luminosas en el fondo del corazón.
5. Discernimiento
La quinta señal característica de que obra en ti el Espíritu
Santo -ese Espíritu que has recibido en el bautismo- es la mirada
luminosa de tu espíritu, que brilla en tu corazón como una
lente que concentra la luz recibida de la Santísima Trinidad. Esta
sabiduría te lleva a elevarte hacia las cosas espirituales, cuando
contemplas las cosas materiales, y así entrar en la contemplación
de Dios. De esta contemplación nace luego en ti ese lenguaje espiritual
y ese conocimiento de la voluntad de Dios, ese olfato y gusto espiritual,
esas palabras profundas del discernimiento espiritual: el gozo y la alegría,
el júbilo y la transfiguración, el canto de salmos, himnos
y alabanzas, la comunión con toda la Iglesia y con toda la creación.
MENSAJE EPISCOPAL A LOS DIRIGENTES DE R C. DE CANADÁ
Por Mons. Luis Gonzaga Langevin
Mons. Langevin es actualmente obispo
de la diócesis de Saint-Hyacinthe (Canadá) y responsable
episcopal de la Renovación Carismática en Québec.
Ha sido misionero en Uganda y Provincial de los Padres Blancos en Canadá.
El siguiente mensaje fue dirigido al Congreso de dirigentes diocesanos
de la R.C. de lengua francesa de Canadá, celebrado en Montreal
los días 24 - 26 de abril de 1981. Lo reproducimos para los lectores
de KO1NON1A por su validez en la situación actual de la Renovación
en nuestro país.
Queridos amigos:
Es para mí una gran alegría estar hoy en medio de vosotros
en este congreso de dirigentes diocesanos de la Renovación Carismática
de lengua francesa de nuestro país. Es un acontecimiento que hay
que resaltar y del que hay que felicitar a su promotor, el presidente
de la Asamblea Canadiense Francófona de la Renovación Carismática
Católica, M, Jean-Noel Carpentier. Desde hace tiempo y desde distintas
partes, se deseaba un encuentro de este tipo y me alegra constatar que
sois numerosos los que habéis contestado a la invitación.
Demos gracias al Señor. Yo quiero aportaros mi apoyo y mi ánimo
con alegría y Esperanza.
El camino emprendido en este fin de semana es importante, a pasar de quo
el tiempo de que disponéis es corto. Es una puesta en marcha que
deberá continuarse de diversas formas que, sin duda, tendréis
que precisar. Después dc diez años de existencia de la Renovación
Carismática y preguntándoos qué espera el Señor
de vosotros, qué os dice el Espíritu a través de
los acontecimientos pasados y presentes, por qué caminos el Espíritu
os conduce.
En este contexto, me habéis pedido que os diga hoy lo que creo
ver dibujarse en el horizonte de la Renovación. Comprenderéis
que no habiendo podido participar en vuestros intercambios desde el principio,
pido disculpas por adelantado si toco algún punto que ya ha sido
abordado. Me consolaré pensando que es el mismo Espíritu
quien inspira al pueblo de Dios y a un obispo!
Antes de contestar a la pregunta que me hacéis, quisiera insistir
en un punto. Cuando somos llamados a revisar un trozo de vida, como es
el caso hoy en el camino emprendido, se pueden adoptar tres actitudes.
La primera actitud consiste en no querer ver sino lo positivo, los logros,
los éxitos, sin ni siquiera echar una mirada o admitir que pueda
existir algo negativo, errores de recorrido, o hasta deformaciones.
La segunda actitud, opuesta a la primera, se centra tanto en lo negativo,
en los obstáculos o hasta en las aberraciones, que las sombras
casi escondan completamente la luz. Una y otra actitud, lo comprendéis
perfectamente, pecan de falta de objetividad, escrutan la realidad a través
de una mirada deformada que se expone a engendrar o la exaltación
o el abatimiento.
La tercera actitud intenta mirar la realidad con una mirada lo más
objetiva posible, es decir, una mirada que percibe las sombras y las luces,
lo positivo y lo negativo. Tal mirada permite una justa visión
de las cosas, permite también avanzar desarrollando lo que es bueno
y corrigiendo lo que debe ser corregido.
Frente a la Renovación, somos llamados, según una frase
que tomo del Cardenal Suenens, a decir SI a la Renovación que es
un don de Dios a la Iglesia y al mundo de nuestro tiempo, y a decir NO
a la desviación de la Renovación. Volvemos siempre a la
frase de Pablo a los Tesalonicenses: "No apaguéis el Espíritu...
verificadlo todo: guardad lo que es bueno: preservaos de toda clase de
mal' (1 Ts 5,19).
I- RETROSPECTIVA DE LA RENOVACIÓN
CARISMÁTICA
A) Aspectos positivos.
Igual que la Renovación hizo correr
tinta en sus comienzos, igual se puede decir hoy, me parece, que esta
Renovación forma parte de la vida de la Iglesia, aunque encuentra
aún aquí y allá resistencias, tanto entre los laicos
como entre los religiosos, religiosas y sacerdotes. Toda clase de documentos
del Magisterio han señalado los aspectos positivos de la Renovación.
Basta recordar el mensaje de los obispos canadienses en abril de 1975,
el mensaje de Pablo VI a los congresistas de la Renovación reunidos
en Roma con motivo del Pentecostés de mayo de 1975, las numerosas
declaraciones de Conferencias Episcopales de diversos países, etc.
Al leer estos documentos, se ve que la Renovación forma parte de
la vida de la Iglesia.
Los aspectos positivos de la Renovación
son muy numerosos y siempre válidos "el gusto por una oración
profunda, personal y comunitaria, una vuelta a la contemplación
y un acento puesto en la alabanza a Dios, el deseo de darse totalmente
a Cristo, una gran disponibilidad a las llamadas del Espíritu Santo,
una mayor asiduidad a la lectura de la Sagrada Escritura, una generosa
entrega fraterna, la voluntad de concurrir al servicio de la Iglesia.
En todo esto podemos reconocer la obra misteriosa y discreta del Espíritu,
que es el alma de la Iglesia". Estas palabras de Pablo VI a los dirigentes
de la Renovación Carismática, en noviembre de 1973, han
sido citadas por muchos obispos de todo el mundo. Cada uno de estos aspectos
positivos podría ser ilustrado con numerosos ejemplos.
En su documento de mayo de 1979, los responsables diocesanos de la Renovación
Carismática, preguntándose sobre la vida de la Renovación
entre nosotros, han señalado algunos puntos concretos que manifiestan
la madurez de la Renovación en nuestro ambiente: profundización
de la fe que va unida a una devoción mariana descubierta, purificada
e integrada en una visión renovada de la Iglesia; una vida contemplativa
atraída hacia el silencio y que tiene sed de mayor formación
doctrinal y bíblica; perseverancia y constancia de muchos en la
oración; renovación vocacional que orienta a algunas personas
hacia el sacerdocio, el diaconado, la vida religiosa o los ministerios
laicos en los diferentes sectores de la Pastoral. "En esto, dicen
los responsables, reconocemos la obra del Espíritu que devuelve
a la Iglesia de Jesucristo el rostro que el mundo necesita para encontrar
de nuevo el camino de la verdad y de la vida".
Cuando miramos las aportaciones positivas de la Renovación Carismática,
no podemos sino reafirmar con los obispos canadienses que "la Renovación
Carismática emerge como una llamada... dirigida a la conciencia
cristiana para estimularla y renovarla en profundidad. Brota del corazón
de la comunidad eclesial como un himno de confianza incondicional en la
presencia todopoderosa del Espíritu en el mundo".
Si no insisto en desarrollar más estos aspectos positivos, es porque
estoy convencido que obráis dentro de la Renovación, porque
constatáis cotidianamente, si se puede decir, las aportaciones
positivas de esta Renovación a la vida de la Iglesia. Hacéis
vuestras las palabras de Pablo VI en el Pentecostés de 1975:
"Esta Renovación ¿no será una oportunidad para
la Iglesia y para el mundo?".
B) Las sombras
Lo que acabamos de decir, aun permaneciendo en nuestra memoria, no debe,
sin embargo, empujarnos a una euforia que nos haga olvidar que haya algunas
sombras en este cuadro. Esto no debe extrañarnos; es lo contrario
lo que debería inquietarnos. Toda la vida de la Iglesia, no lo
olvidemos, comprendido el período primitivo de que nos hablan los
Hechos de los Apóstoles, ha tenido sus problemas y dificultades,
sus sombras y sus luces. El Espíritu, que es el alma de la Iglesia,
hoy como ayer, ha sabido siempre servirse de las sombras para hacer resaltar
la luz y conducir a la Iglesia en una marcha hacia adelante. Las recriminaciones
de las viudas que se creían heridas en el servicio de las mesas
nos trajo la institución de los diáconos. Las tensiones
suscitadas por los judaizantes bien intencionados llevaron al Concilio
de Jerusalén, que hizo saltar los moldes demasiado estrechos del
judaísmo, lo cual permitió que la Buena Nueva fuera accesible
al mundo entero.
Por nuestra parte, debemos revisar todo lo vivido en la Renovación
para discernir por qué caminos nos lleva el Espíritu. No
se puede decir, como se oye a veces, que algunos líderes no son
carismáticos simplemente porque tienen la valentía de atraer
la atención sobre algunos puntos que presentan dificultad o de
emitir reservas sobre algunas prácticas que pueden llevar a desviaciones
o hasta poner en juego la credibilidad misma de la Renovación.
Permitidme ser más precisos y señalar algunos puntos.
1. Sensacionalismo y maravilloso. La Renovación
Carismática aparecerá como una gracia hecha a la Iglesia
de nuestro tiempo para la toma de conciencia experiencial de la acción
del Espíritu, tanto en la profundidad de la persona como en la
vida de la Iglesia, la cual es invitada a acoger toda la gama de dones
del Espíritu que éste reparte entre los cristianos de toda
condición. La acogida y el ejercicio de estos carismas están
ordenados a la construcción del Cuerpo de Cristo que es la Iglesia.
En los principios de la Renovación hubo, al menos en algunos lugares,
un afán desmesurado de lo maravilloso y de lo sensacional. Por
esta razón los obispos canadienses hablaron sobre este punto. Hoy,
aunque la reacción ha disminuido mucho, sin embargo, queda aún
quizá algo. Todos vosotros conocéis personas que en la práctica
rechazan toda clase de enseñanza y de profundización seria
bajo el pretexto de que no es suficientemente carismática; estas
mismas personas, por el contrario, van por todas partes donde hay imposición
de manos, profecías, etc. "Esta forma de actuar muestra una
mentalidad de consumidor y una búsqueda de sensacionalismo"(R
18).
Hay que estar abierto a los dones del Espíritu y acogerlos con
gratitud cuando han sido autentificados, pero hay que recordar también
que estos dones están ordenados a la construcción del Cuerpo
de Cristo y que lo esencial es la caridad que nos introduce en el misterio
de Cristo y hace de nosotros testigos del Evangelio. Es lo que Juan Pablo
II recordaba recientemente a los 18.000 peregrinos de la Renovación
reunidos en Roma: "La Renovación en el Espíritu tendrá
una verdadera fecundidad en la Iglesia, no en la medida en que suscite
carismas extraordinarios, sino más bien en la medida en que lleve
al mayor número posible de fieles, en los caminos de la vida cotidiana,
al esfuerzo humilde, paciente, perseverante por conocer siempre y mejor
el misterio de Cristo y testimoniarlo" (KOINONIA, nº 27, p.14).
2. Falta de discernimiento. Todos vosotros os habéis
encontrado seguramente, un día u otro, personas que pretenden tener
tal o cual carisma y que se ponen a ejercer un ministerio que ellas califican
de "carismático", pero que se podría calificar
de inoportuno porque se ejerce fuera de todo control de personas autorizadas
y competentes. Generalmente, estas personas rechazan todo discernimiento
eclesial, rechazan todo lo que no va en su línea. Se podría
decir lo mismo con respecto a las personas que se lanzan en aventuras
de todas clases en nombre de pretendidos mensajes recibidos del cielo.
Quizá sería bueno recordar que la obra del Espíritu
se mide por sus frutos y que uno de los grandes signos del Espíritu
es la humildad que da la convicción de que uno se puede equivocar
y que no es el único que posee el Espíritu.
Quizá sería bueno recordar
que cuanto más una cosa pueda alcanzar a un número mayor
de personas, más se tendrá que someter esta cosa al discernimiento
de un mayor número de personas. De este modo se explica el papel
de los responsables diocesanos a nivel de las diócesis, el papel
de la Asamblea Canadiense Francófona de la R.C.C., de su Ejecutiva
y del Comité de pastoral de la R.C. a nivel nacional; de este modo
igualmente se explica, ¿por qué no?, el papel de los obispos.
A ellos corresponde en última instancia el juzgar por sí
mismos, ayudados por personas intermediarias, la autenticidad y la puesta
en obra de los dones del Espíritu, tal como recuerda la Lumen Gentium
en el nº 12.
El discernimiento no debe ser hecho únicamente por nuestros amigos
que piensan como nosotros, sino debe ser también el de la comunidad
eclesial. He aquí, me parece, un punto en el que la Renovación
tiene aún mucho camino que recorrer y esto se refiere tanto a los
miembros de la base como a los grupos de oración y a los líderes.
3. Orgullo carismático. Los obispos canadienses,
en el número 22 de su declaración, hablaron, con mucha caridad,
de un "exceso referente a la pertenencia a la Renovación Carismática".
"No es necesario, decían los obispos, formar parte de un grupo
carismático para recibir los carismas del Espíritu que sopla
donde quiere". Fruto del Espíritu, esta Renovación
no posee ningún monopolio, y no todos están llamados a formar
parte necesariamente de los grupos de oración para estar bajo el
movimiento del Espíritu. Algunas formas de actuar o de expresarse,
algunas insistencias inoportunas pueden explicar en parte estas resistencias
que se encuentran en personas que ven a los "carismáticos"
como fanáticos que se pasean con la Biblia en la mano con la pretensión
de tener respuesta a todas las preguntas. Difícilmente se puede
evitar pensar en la parábola del fariseo y el publicano.
Otra forma de este orgullo se encuentra en el comportamiento de ciertas
personas que creen tener el monopolio de la verdad y que resuelven los
interrrogantes más difíciles y más delicados, rechazan
categóricamente la posibilidad de que pueda haber otros puntos
de vista distintos de los suyos y que, para triunfar, no dudan en esparcir
sospechas y falsos rumores sobre los que no piensan como ellos. Esta forma
de orgullo, con toda seguridad no viene del Espíritu. Uno se tiene
que preguntar sobre cuáles son los verdaderos motivos que empujan
a estas personas a actuar de esta forma.
4. Falta de formación.
Desde hace algunos años se han realizado grandes esfuerzos en las
distintas diócesis para asegurar un resurgimiento espiritual, una
formación bíblica y doctrinal. Todo esto es excelente y
merecéis una felicitación por este trabajo. Es algo positivo.
Pero, de todos modos, quedan interrogantes cuando uno ve grupos que vegetan
o que encuentran toda clase de dificultades porque los dirigentes y los
miembros de los ministerios no quieren esforzarse en buscar una verdadera
profundización espiritual. ¿Cómo podéis llegar
a nivel diocesano o local, a estos animadores para hacerles salir de su
ghetto?
5. La cuestión demonológica. Quisiera,
aunque sólo fuese mencionar, aun sabiendo que me meto en un terreno
resbaladizo, esta tan delicada cuestión que choca a tantas personas
dentro y fuera de la Renovación y que, me atrevo a decirlo, divide
las fuerzas vivas de la Renovación Carismática.
Sabéis perfectamente, y esto es muestra de un malestar notado por
muchos de vosotros, que el primer dossier entregado al Comité de
pastoral de la Renovación Carismática se refería
a estas difíciles cuestiones de demonología, ocultismo,
exorcismo, liberación, etc. Sabéis quizás que un
arzobispo africano fue avisado por Roma, en tiempos del Papa Pablo VI,
para que cesase los numerosos exorcismos que practicaba en su diócesis.
Sabéis quizás también que, contestando a cartas publicadas
en el periódico inglés "The Times", el Cardenal
Suenens, en octubre de 1980, escribió un artículo en la
revista "The Tablet", artículo en el que el Cardenal
se inquieta por la multiplicación abusiva de sesiones de exorcismo,
bajo distintas formas, con o sin el nombre, que se encuentran en grupos
carismáticos de diversas tradiciones. Se trata, dice el Cardenal,
de un campo en el que debemos entrar, y cito: "con extrema reserva,
prudencia y humildad. Recordando que los exorcismos solemnes están
reservados al obispo o a su delegado, el Cardenal pide al Magisterio que
dé directrices pastorales puestas al día, "actualizadas",
que permitan poner orden en la "vulgarización abusiva"
que procede de personas bien intencionadas pero que se aventuran sin preparación
y sin unión estrecha con la autoridad eclesial en un campo extremadamente
difícil. Hay que recordar que, en este campo, más vale ser
demasiado prudente que poco. (Cf KOINONIA, nº 31, pp. 12-13).
Sin querer elaborar más, quisiera simplemente hacer una pregunta:
¿No será que el Maligno es tan sutil que es capaz de crear
divisiones entre vosotros por causa suya?
II.- MIRADA HACIA EL FUTURO.
De toda esta experiencia de la Renovación que acabo de evocar rápidamente,
¿qué rasgos podemos retener para el futuro? ¿Cuáles
son los obstáculos que pueden surgir? ¿Cuáles son
las líneas de fuerza que estáis llamados a desarrollar?
1.- Una renovación de la oración.
Fundamental y esencialmente, me parece que la Renovación como tal
está basada en la oración. Esta es su aportación
original a la vida de la Iglesia de hoy. No debéis apartaros de
esta línea. No digo que no haya lugar para otra cosa, sino que
la oración es y debe permanecer en el corazón de la vida
de la Renovación. Debéis trabajar para que la oración
sea cada vez más profunda, resplandeciente y vivificante para toda
la vida de la Iglesia.
Desde el principio, la Renovación ha sido requerida regularmente
por toda clase de organizaciones que querían meter a la Renovación
en cruzadas de todo tipo. La Renovación como tal, me parece que
no debe "dejar la oración por el servicio de las mesas"
(Hch 6,2). Los miembros de la Renovación, a título personal,
son llamados a comprometerse allí donde el Señor les llama
en su medio respectivo, sea en obras eclesiales o extraclesiales, pero
la Renovación como tal debe permanecer centrada en la oración.
2. El trabajo de formación.
Cuanto más progrese la Renovación,
más descubriréis que los miembros de la Renovación
tienen necesidad de una sólida formación bíblica,
doctrinal, etc. Ya se ha hecho una buena labor en las diversas diócesis
y hay que continuarla e intensificarla intentando alcanzar a los que tienen
más necesidad, especialmente a los dirigentes y miembros de los
ministerios. La Iglesia necesita hoy más que nunca creyentes que
sean signo, capaces de hablar de su fe. Tened cuidado que no sean siempre
las mismas personas las que frecuentan las sesiones de oración
y los retiros. Incitad a estas personas a que atraigan a otras. Este trabajo
de formación contribuirá, por una parte, a dar sólidas
bases a la Renovación y, por otra, a atenuar los efectos del sensacionalismo
y de la búsqueda de lo maravilloso.
3.- Apertura al Espíritu y discernimiento.
La Renovación es una toma de conciencia
existencial de la acción del Espíritu tanto en el corazón
de la vida de las personas como en el corazón de la vida de la
Iglesia; esta toma de conciencia se acompaña de una apertura y
de una acogida de los diversos dones que el Espíritu reparte entre
los fieles de toda condición para la construcción del Cuerpo
de Cristo que es la Iglesia. Si no queréis que la Renovación
se esclerotice, hay que permanecer abiertos a la acción del Espíritu,
abiertos a las sorpresas del Espíritu Santo.
Esta apertura y esta acogida debe sin cesar ir acompañadas de un
discernimiento juicioso. Este discernimiento, para el que hay que formar
seriamente a los miembros de la Renovación, deberá vivirse
a todos los niveles. Tendréis que encontrar los mecanismos necesarios
para que este discernimiento pueda ejercerse eficazmente en lo concreto
de la vida cotidiana según los diversos niveles de la vida de la
Renovación. Una apertura al Espíritu que no vaya acompañada
de un sólido discernimiento lleva necesariamente al iluminismo
y al orgullo. Por el contrario, una apertura al Espíritu que acepte
humildemente el discernimiento eclesial es necesariamente benéfico
para todos.
4. Sostener a los que avanzan.
Muchas personas han encontrado en la Renovación al camino de la
fe, la vuelta a la práctica religiosa o, simplemente, un dinamismo
nuevo en su vida con el Señor. Realizado este arranque o este nuevo
arranque, es preciso que la Renovación pueda acompañar a
estas personas y ayudarlas a progresar espiritualmente. Ya han aparecido
algunas iniciativas buenas, pero hay que desarrollarlas y suscitar nuevas
para que todos estos cristianos, felices de creer en Jesucristo, no pierdan
ánimo o se desanimen por no encontrar el alimento sólido
que necesitan o no comprender las etapas del caminar espiritual al que
han sido llamados.
5. Evitar la trampa de la demonología.
Aunque no se trate de un tema que se dé
mucho entre nosotros, hay que recordar que tocamos un punto que puede
comprometer la credibilidad misma de la Renovación Carismática.
Se están haciendo estudios serios sobre todo estas cuestiones delicadas
y difíciles. No nos comportemos como aficionados y vayamos a desarrollar
fanatismos malsanos. Hasta que no tengamos más luz, os pido que
hagáis una presentación positiva, es decir, que introduzcáis
a las personas en el amor de Dios el cual, apoderándose cada vez
más de sus vidas, quitara todo lo que obstaculiza a este amor.
En Jesucristo es en quien somos salvados, él es nuestro liberador.
Recordad, finalmente, que, según nuestra fe, los sacramentos son
la primera fuente de liberación y de curación.
6. Unidad de los líderes.
Desde hace diez años, la Renovación
se está desarrollando entre nosotros y, con el tiempo, se ha dotado
y se dotará aún más de los instrumentos que necesita
para responder eficazmente a esta acción del Espíritu en
la Iglesia de hoy. El presente encuentro de líderes diocesanos
de la R. C. marca un momento importante. ¿Seréis llamados
a repetir este encuentro? Sois vosotros quienes tenéis que decidir.
Por mi parte, y con esto termino, deseo que vuestra unidad crezca cada
vez más, porque el Espíritu que os reúne es un Espíritu
de Amor y, allí donde está presente, crea la unidad, apretando
los lazos que nos hacen hijos de la gran familia de Dios. Que crezcan
en vosotros, cada vez más, estos auténticos frutos del Espíritu
que son la fe, la esperanza y la caridad auténticas. Amén.
Aleluya.
Texto francés en Selon sa Parole, juinjuillet 1981; traducción
de KOINONIA
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