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Por RALPH MARTIN (Texto resumido de la conferencia pronunciada en la 1I Asamblea Nacional, en Alcobendas, Madrid, 1978) LA IGLESIA EN EL MUNDO ACTUAL Para comprender lo que el Señor está haciendo con la Renovación Carismática hemos de comprender algo de la situación de la Iglesia en eI mundo, de hoy. En tiempos pasados toda Europa fue cristiana. Pero hace centenares de años que ciertas fuerzas trabajan para descristianizar a Europa. Durante cuatrocientos años la Iglesia
ha presentado ante el mundo, no un testimonio de amor y unidad, sino de
desunión, de luchas y rivalidades. En el siglo pasado algunos profesores
de la Sagrada Escritura empezaron a enseñar de una forma que minaba
la confianza de los cristianos en la Palabra de Dios. Dentro de Europa
ha habido una disminución progresiva de la fuerza y de la fe cristiana.
Escandinava, por ejemplo, país en otro tiempo cristiano, tiene
ahora el porcentaje más alto de alcoholismo, drogas y suicidios.
De la Iglesia Anglicana, que fue tan fuerte, ahora sólo van un
dos o tres por ciento a la iglesia el día de Pascua. Igual situación
en los países católicos: en Bruselas sólo un diez
por ciento va a la iglesia el domingo. Semejante es la situación
en Italia y Francia, y muchos otros países del mundo. EXTENSION DE LA R.C. EN LA IGLESIA CATÓLlCA Según encuestas realizadas últimamente, unos cinco millones de católicos en Estados Unidos han tenido alguna relación con la Renovación Carismática. Esto supone el 10 por ciento de los católicos norteamericanos, lo cual es de gran influencia en la Iglesia Católica de este país. También se esparce muy pronto por
todo el mundo en la Iglesia Católica. Crece rápidamente
en América del Sur, por ejemplo, en Colombia, donde hay más
de diez mil grupos de oración. En Centroamérica y Venezuela
ha habido conferencias con más de 25.000 personas. Crece abundantemente en Francia, en Irlanda.
También en los países asiáticos, de manera especial
en Filipinas y en Shiri Lanka (antes Ceilán). El Cardenal Suenens suele decir que los católicos normales viven una vida que “es anormal” y nos pidió que buscásemos en el Nuevo Testamento aquellos aspectos que manifiestan una vida cristiana normal. ¿Cuál es la Visión que nos da el Nuevo Testamento de una vida cristiana normal? Descubríamos cuatro elementos fundamentales que deseo compartir con vosotros hoy. No es normal para los cristianos el no conocer a Jesús como su Salvador, el ignorar en su interior que Cristo, murió por ellos, que derramó su sangre para salvarnos. Vida cristiana normal significa reconocer a Cristo como nuestro Salvador, el que quita nuestros pecados y restablece nuestra unión con el Padre. Jesús es el que nos une con Él para siempre y nadie más que Jesús. ¡Aleluya! No basta recibir y aceptar a Jesús como nuestro Salvador y gozar la alegría de saberlo. Hay que someterse a ÉL como Señor. Esto quiere decir que aprendamos que le pertenecemos a ÉL. Fuimos creados por ÉL y para ÉL. El primer capítulo de la carta a los Colosenses nos dice que Dios creó el universo por Jesús y para Jesús. Hemos sido creados para el Hijo de Dios. No nos pertenecemos, pertenecemos al Hijo de Dios. Por el precio de su sangre fuimos comprados
y rescatados del pecado y de la muerte. Por estos dos motivos le pertenecemos
a ÉL. Someterse a Jesús como Señor quiere decir entregarle nuestro tiempo, nuestro dinero, nuestros dones, nuestras relaciones, nuestras decisiones. No son ya nuestras posesiones. Han de ser usadas para el Reino de Dios. Hemos de recibir orientaciones de Jesús sobre cómo quiere ÉL que usemos nuestras vidas y todo lo que tenemos para ÉL. ¿Qué significa amar al Señor nuestro Dios con todo nuestro corazón, con toda nuestra mente, con todas nuestras fuerzas? Someterse a Jesús como Señor y dejar que ÉL use nuestras vidas como ÉL quiera. Por tanto: vida cristiana normal quiere decir: conocer a Jesús como nuestro Salvador y someternos a Él como Señor. Aunque vayamos a la iglesia todos los domingos, recitemos el rosario y demos nuestro dinero en las colectas, si no reconocemos a Jesús como Salvador y no nos sometemos a ÉL como Señor, no vivimos vidas cristianas normales. SEGUNDO ELEMENTO: UNA VIDA VIVIDA EN EL PODER Y LA FUERZA DEL ESPIRITU Si el Espíritu Santo es invisible, los resultados de su presencia y su acción son muy visibles. Donde no vemos los resultados de su presencia, tal vez es porque no esté allí como debería estar. Se nos ha dado el Espíritu para que se manifieste en nuestras vidas, cambiar las cosas, dar testimonio y hacer a Jesús visible en el mundo. Jesús habló de cosas concretas que el Espíritu iba a hacer en el mundo. El capítulo octavo de la carta a los Romanos habla de nuestra debilidad y flaqueza para orar, pero el Espíritu nos ayuda con gemidos inefables. Jesús habló un día a la Samaritana de la verdadera adoración, del culto a Dios en espíritu y en verdad. Jesús vino a hacer de su pueblo el nuevo templo de Dios. Nosotros somos este pueblo y este templo que puede dar culto a Dios en espíritu y en verdad. Una de las cosas más importantes
que suceden en la R.C. es la alabanza y la adoración: Dios es adorado
y glorificado en Espíritu y en verdad. Jesús nos da el Espíritu para que podamos dar testimonio de Él. Un día, Jesús mandó a sus apóstoles que no se ausentasen de Jerusalén, sino que aguardasen la Promesa del Padre, y les dijo: “Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que vendrá sobre vosotros, y seréis mis testigos” (Hch 1,8). Fijaros en lo que dijo Jesús: No seréis testigos de una institución o de una moralidad o de un credo. Seréis testigos de Mí, del Hijo de Dios vivo que habéis encontrado. Seréis testigos de Jesús resucitado. Podréis decir: ¡JESUS VIVE! TERCER ELEMENTO: UNA VIDA DE RELACION EN COMUNIDAD Jesús vino a hacer de nosotros un pueblo, un cuerpo, una comunidad. Dio los dones carismáticos para fortalecer nuestra mutua relación en comunidad. En el capítulo XII de la Primera a los Corintios nos dice S. Pablo que las relaciones de los cristianos entre sí son como las de los miembros del cuerpo humano entre sí. La conversión cristiana no es sólo conversión a la persona de Cristo, a una vida en el Espíritu. Es también una conversión a nuestros hermanos y hermanas en Cristo. Es no sólo aceptar a Cristo, sino también aceptar a los hermanos y hermanas en Cristo. No es completa hasta que no entramos en una relación de hermanos y hermanas en Cristo. ¿En qué consiste esta relación? Relacionarnos unos con otros, no sobre la base de la propia conveniencia, sino fundándonos en un compromiso. Porque estamos comprometidos no solamente con Cristo, sino también con nuestros hermanos. La R.C. permanecerá superficial si no nos comprometemos unos con otros. Es decir, ser hermanos y hermanas en Cristo
quiere decir que no sólo vamos a buscar a dos o tres con los que
nos llevamos bien, con los que nos gusta estar, de los que podemos ser
amigos. Relacionarse a este nivel no es más que amarse unos a otros
como la gente del mundo se ama y no como Cristo nos amó a nosotros. Por tanto, ser hermanos y hermanas, es preocuparme no sólo de mi bien, sino del bien de los demás. Orientar mi vida, mis decisiones no apoyándome sólo en lo que es bueno para mí, sino en lo que es bueno para «nosotros». Muchas de mis decisiones personales tienen que dejar de serlo. Por ejemplo, cuando se trata de tomar nuestras vacaciones, etc. Son decisiones que afectan al Cuerpo de Cristo. El Cuerpo de Cristo sufre numerosos problemas porque muchos hermanos y hermanas no se han preocupado de las necesidades de los demás. Jesús nos ha dicho que este amor a los hermanos es la señal y el secreto para atraer a aquellos que no crean en ÉL. Si nos preocupamos de una obra de evangelización,
por ejemplo, de recristianizar a España, tenemos que ocuparnos
y preocupamos de nuestras relaciones de hermanos entre nosotros. Jesús murió en la Cruz, resucitó y envió su Espíritu para que nosotros nos hiciéramos sus discípulos y diéramos fruto, el fruto de su Espíritu en nuestras vidas y en nuestras relaciones, el amor de Cristo en todas nuestras obras, el fruto de que nuevos hermanos lleguen a ÉL por la obra de la evangelización. La voluntad de Dios es que crezca su Iglesia, que el mundo llegue a la fe, no que la Iglesia pierda la fe; que la Iglesia evangelice al mundo y no que el mundo evangelice a la Iglesia. Se necesita una profunda renovación en la Iglesia. En las parroquias no se vive una vida cristiana normal: los cristianos no se aman unos a otros y cada vez son menos los que se preocupan de entrar a formar parte de la vida parroquial. La Iglesia necesita ser restaurada a una
vida cristiana normal. Quiero deciros cuál es el secreto
importante: a aquél que es fiel en lo poco se le confiarán
cosas grandes. Si no sois fieles a lo que Dios os da hoy, aun lo que tenéis
se os quitará. En esto Jesús es muy claro. Jesús nos da fuerza hoy, nos da luz e inspiraciones del Espíritu Santo, puede movernos a orar por los miembros de nuestras familias, por los de nuestras congregaciones religiosas, puede inspirarnos a comprar un libro y dárselo a un amigo o ir a casa y amar más de lo que hasta ahora hacíamos a nuestro marido o mujer; a aquél que es fiel a la gracia que se le da hoy se le dará más gracia mañana. La Renovación en España está empezando, relativamente es pequeña: pero recordad: al que es fiel en lo poco se le confiarán cosas mayores. ¡Gloria a Dios!
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