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CAPÍTULO IV
LA IGLESIA, ANTE EL «MISTERIO DE INIQUIDAD»
1. EL PECADO, PRIMER ENEMIGO
20 En la literatura demonológica
la atención está centrada normalmente en los casos reales
o supuestos de posesión diabólica. Los medios de comunicación
social, por su parte, han acentuado fuertemente esta tendencia.
Hay que ser consciente de la deformación
de óptica así creada y evitar la trampa de dar más
importancia a lo que es raro y excepcional.
Lo que nos hace «esclavos»
del poder del Mal, no es normalmente la «posesión diabólica»;
los teólogos están de acuerdo en decir que el Demonio
no puede entrar en lo secreto de las conciencias si uno no se la entrega
voluntariamente.
Es el pecado y su dominio que nos
hacen esclavos y que permiten a las influencias perversas el amplificar
la nocividad, como un viento que sopla sobre un fuego imprudentemente
encendido. El arma más temible de que dispone el Demonio no
es la toma de posesión, sino el pecado en cuanto tal.
Su influencia está presente
allí donde el pecado reina, y éste ha invadido, en alto
grado, nuestra humanidad descentrada y entregada a tanta permisividad
moral.
La liberación es, por lo tanto,
fundamental y prioritariamente la liberación del pecado en
nosotros, que nos hace esclavos y disminuye nuestra libertad. La dificultad
que es el pecado actúa a todos los niveles del hombre: razón,
voluntad, acción, emoción. La escala de este tipo de
esclavitud es muy amplia y variada.
Es aquí, y no sobre fenómenos
que pueden ser únicamente psicopatológicos, que hay
que fijar ante todo la atención cuando se habla de liberación.
Como ha escrito Jean-Claude Sagne, O.P.:
«Es en el vacío provocado
por nuestra falta de confianza en Dios o por nuestro apego egoísta
o aún por nuestra suficiencia orgullosa, que el demonio interviene
para transformar nuestra debilidad en peso espiritual, para hacer
de nuestros apegos ‘ataduras’ espirituales y, por fin,
para hacer de nuestros movimientos de orgullo un obstáculo
endurecido a la invasión del Espíritu Santo. Habría
muchas cosas que decir sobre la acción tentadora del demonio
y de los ángeles malos que la secundan. Satanás endurece
lo que encuentra o lo desorganiza más. Acentúa los trazos
ya dibujados. Explota nuestras debilidades...» (1)
2. LA CONCUPISCENCIA
21 No se puede olvidar tampoco que hay en nosotros una realidad que
no se identifica con el pecado, pero que es un elemento de perturbación,
no identificable con lo demoníaco. Nos referimos a la concupiscencia.
En teología, se entiende generalmente
por este término los restos dejados por el pecado en el hombre
justificado por la gracia, es decir, las secuelas que se manifiestan
en contra de su voluntad bajo forma de diversos impulsos. Es este
un dato clásico que califica una situación previa al
ejercicio de la libertad y que condiciona por una parte el actuar
moral del hombre justificado. San Pablo no dudó en escribir:
«No hago lo que quiero, sino que hago lo que aborrezco»
(Rm 7, 15).
No hay que identificar esta concupiscencia,
subyacente al actuar humano, con un dominio especial directo del Demonio.
3. EL PECADO «ESTRUCTURAL»
22 Lo dicho a nivel de las personas
es verdad también a nivel de las estructuras inhumanas de nuestra
sociedad, estructuras económicas, sociales, políticas,
que no reconocen los derechos del hombre y que son incompatibles con
su dignidad. A esta escala reina también el pecado, aun cuando
la responsabilidad de cada uno se separa y se desliga mal de la responsabilidad
colectiva.
Nos imaginamos demasiado fácilmente
que la acción del Demonio es de tipo espectacular. De hecho,
las intervenciones «visibles» son la excepción.
Su acción, por ser invisible y sutil, no es por eso menos perversa.
4. EL HOMBRE, PRIMER RESPONSABLE
23 El pesimismo radical con respecto
al mundo, al cuerpo humano, a la libertad innata del hombre, no pertenece
a la fe católica. Aun herido por el pecado, el hombre permanece
el primer responsable de sus actos y no es el juguete pasivo de influencias
diabólicas que lo manipulan.
La influencia del Demonio se ejerce
de diversas formas: es el tentador, el seductor, el inspirador de
opciones culpables. Engaña y presenta lo falso como verdadero,
el mal como bien, «disfrazándose de ángel de luz»
(2 Co 11, 14).
Pero su dominio no es despótico:
requiere la aquiescencia de los interesados, y en último término,
el hombre es siempre responsable de su pecado.
La insistencia en las influencias
diabólicas no debe servir de excusa y de alibi a la debilidad
humana y disminuir o eliminar la conciencia de nuestra responsabilidad.
Es demasiado fácil apelar a causas extrínsecas a nosotros
mismos, para camuflar o atenuar la libertad de nuestra propia decisión.
La Iglesia se ha opuesto siempre a todo lo que «desestabiliza»
al hombre y le convierte en juguete de fuerzas extrañas. Profesa
que Dios ha puesto nuestra suerte en nuestras manos, creándonos
libres y responsables y que si la responsabilidad puede ser atenuada
por circunstancias, ésta permanece sin embargo fundamentalmente
intacta.
5. LA FE, SALVAGUARDA SUPREMA
24 En cuanto al Demonio, todo le
es válido para impedir la adhesión del hombre a Dios.
Su táctica habitual podría resumirse así: el
Demonio intenta esconder a Dios al hombre.
Para impedirnos alcanzarle y vivir
en la luz, ataca preferentemente a la base de toda vida cristiana:
la fe teologal. Porque la fe nos pone en contacto directo con Dios,
y el Demonio no puede entrar en este campo reservado a Dios sólo.
Cuanto más el hombre vive de la fe, más le resulta inaccesible.
La fe es una fortaleza que pone al abrigo de sus ataques, y por eso
intenta hacer salir al creyente, haciendo destellar todo el juego
de lo extraordinario, donde le es fácil hacer ilusionismo,
y llevar al fiel a apoyarse sobre otra cosa que la fe pura.
Éste es el indiscutible peligro
de las «visiones», «revelaciones», «profecías»
que abundan en nuestro mundo y de las que la Renovación carismática
debe tener cuidado. La presunción es que se trata lo más
frecuentemente de frutos de la imaginación, que corresponde
a la Iglesia discernir para evitar el peligro de iluminismo. Estas
falsificaciones de lo sobrenatural constituyen un terreno particularmente
accesible a la acción del Espíritu del mal.
Al fin y al cabo, podríamos
preguntarnos si la forma exagerada de presentar la obra de Satanás
en este mundo no podría ser también una astucia de Satanás,
proveyendo a los que niegan su existencia un argumento suplementario
para motivar la negación.
6. EL «MISTERIO DE INIQUIDAD»
a) A nivel de lo invisible
25 Este mundo de tinieblas es tenebroso
por definición, fuera del alcance directo de nuestras estructuras
mentales.
Sin duda el misterio de Dios es cegador,
él también, pero por otra razón: porque nuestros
ojos son demasiado débiles aquí abajo para sostener
su luz.
¿Quién sondeará
el misterio del amor creador, redentor, santificador de Dios?
El «misterio de iniquidad» del que habla San Pablo, por
el contrario, no es del mismo orden: es impenetrable por las tinieblas
mismas que lo rodean. No se puede entrar en él con una antorcha
en la mano. En este campo, más que en otros, hay que insistir
en la discreción y la sobriedad requeridas para hablar de él
de forma adecuada. Guardémonos de introducir en el reino de
las tinieblas nuestros conceptos humanos siempre analógicos
y deficientes, nuestra lógica, nuestras clasificaciones. Al
leer cierto tipo de literatura, uno tiene ganas a cada paso de gritar
peligro ante tantas pseudocertezas.
MacNutt, uno de los autores que,
según mi opinión, ha vulgarizado hasta la exageración
católica en la Renovación carismática las influencias
demoníacas, escribió acertadamente -aunque lo olvidó
demasiado a menudo en la práctica- que no hay ninguna manifestación
demoníaca que no sea ambigua, que ningún síntoma
o cúmulo de síntomas lleva a concluir con evidencia
en una operación propiamente demoníaca. Esto es tan
cierto que estamos aquí en el campo de las tinieblas, en el
puro irracional, en lo no-inteligible por definición. (2)
b) A nivel de lo visible
26 Este misterio de iniquidad actúa
normalmente a la sombra; a veces, sin embargo, aparece de una forma
visible.
Se encuentran restos de la creencia
de la Iglesia en manifestaciones diabólicas en la liturgia,
el Ritual, la patrística, las vidas de los Padres del desierto,
de los anacoretas, de los monjes, de los santos. Los relatos abundan,
coloreados por el espíritu del tiempo y las ingenuidades de
la época, pero su misma continuidad merece retener la atención.
La permanencia del fenómeno
de las manifestaciones diabólicas, verdaderas o falsas, suscita
varios interrogantes.
Se las encuentra, efectivamente,
en todas las épocas y bajo una variedad de formas. Particularmente
en la vida de los santos más diversos, como Benito, Francisco,
Juan de Dios, Vicente Ferrer, Pedro de Alcántara, y entre las
santas: Margarita de Cortona, Ángela de Foliño, Rita
de Casia, Rosa de Lima y tantas otras.
Más cerca de nosotros, en
el siglo XIX, la vida del Cura de Ars es fértil en tentaciones
que le aparecen como «infestaciones» crueles y severas.
Los hagiógrafos hablan de ruidos insólitos e inquietantes
que le impedían dormir, vejaciones y amenazas, gritos groseros,
bofetadas, insultos de todas clases.
Todo esto se atribuye al Espíritu
de las tinieblas. Para el siglo XX citemos solamente, a modo de ejemplo,
la vida del P. Pío, célebre estigmatizado muerto en
1968 y cuya causa de beatificación está en estudio.
Se encuentran en él numerosas referencias a ataques demoníacos:
el demonio se le aparecía bajo formas horribles, le torturaba,
le tiraba fuera de la cama -y esto en múltiples ocasiones.
¿Qué concluir de la
permanencia de estos fenómenos? Yo diría esencialmente
esto: estamos aquí en el campo de las tinieblas, en el que
hemos de adentrarnos con extrema prudencia. No se puede evitar la
pregunta: ¿qué es lo que procede del psiquismo de cada
uno, qué es lo que denota con claridad influencias demoníacas?
No tenemos criterios seguros y decisivos. Todo lo que podemos decir
es que no es razonable aceptarlos en bloque como manifestaciones diabólicas
-es la tentación de tipo sobrenaturalista-, pero que no es
razonable tampoco rechazarlos en bloque como fenómeno de histeria
o alucinación -es la tentación de tipo racionalista.
PARA REFLEXIÓN E INTERCAMBIO
1. El arma más temible que tiene el Demonio no es la toma
de "posesión', sino el pecado como tal. Explícalo
(n. 20).
2. ¿Por qué se
debe señalar fuertemente que Dios ha puesto nuestra suerte
en nuestras manos, al crearnos libres y responsables? ¿Cuáles
son las consecuencias prácticas de esto con respecto a
las influencias diabólicas? (n. 23).
3. Caminar en la fe preserva
de las tentaciones de aumentar todo lo que se refiere a lo extraordinario.
Explícalo (n. 24).
4. El "misterio de iniquidad"
permanece por definición rebelde a nuestras clasificaciones
y hay que hablar de él con mucha reserva y sobriedad. Ver
el n. 25 y compararlo con lo que se dice en el capítulo
VIII.
Pidamos al Señor una curación
liberadora:
"Padre de misericordia, que
tu acción medicinal cure nuestras maldades y nos conduzca por
el camino del bien".
Postcomunión del 10.° Domingo
del Tiempo Ordinario.
CAPÍTULO V
LA IGLESIA HOY ANTE EL PECADO
1. EL PECADO EN EL CORAZÓN
DEL MUNDO
27 La noción misma de pecado,
como oposición a la voluntad divina y ruptura de comunión
con Dios creador y Padre de los hombres, está en vías
de desaparición en nuestro mundo contemporáneo.
Un autor norteamericano publicó
un importante volumen bajo este significativo título: «Whatever
became of sin?»(3) que se puede traducir: «¿Qué
se ha hecho del pecado?».
No es extraño, por otra parte,
que hayamos perdido el sentido del pecado en la misma medida en que
el sentido de Dios y del Evangelio se ha debilitado. El pecado es
un abismo que no podemos sondear con nuestra sola razón humana.
Para penetrar en él verdaderamente, se debería entender
al mismo tiempo la trascendencia e inmanencia de Dios, lo que es en
sí mismo y lo que es en nosotros.
Se cuenta que Ozanam contestó
un día a su hijo que le echaba en cara que exageraba cuando
se llamaba gran pecador: «Hijo mío, no sabes lo que es
la santidad de Dios». Hay que estar muy cerca de Dios para medir
así la distancia que separa.
Percibimos mal la trascendencia de
Dios, pero también su inmanencia por la que se identifica con
nosotros cuando le servimos en nuestro prójimo y nos dice:
«Es a mí a quien lo habéis hecho».
«¿Quién es Dios,
canta el poeta, que nadie puede amarlo si no ama al hombre?
¿ Quién
es Dios que se le puede herir tan fuertemente hiriendo al hombre?».
Uno puede también acercarse
a este abismo por otro camino, contemplando a Cristo muriendo en el
Calvario, «Cordero que quita el pecado del mundo. Salvador que
da su vida por la remisión de los pecados».
Sin tal iluminación, el pecado
pierde su sentido con tanta más facilidad cuanto que los análisis
freudianos han desculpabilizado al hombre retirando el pecado al inconsciente
o a la patología.
El hombre moderno ya no entiende
el pecado en su dimensión religiosa. El bien y el mal no dependen
más que de él mismo: es su propia ley y la «medida
de todas las cosas». Basta con no hacer daño a otro para
ser declarado libre de toda obligación. Esto es olvidar que
el hombre que se envilece aun en secreto, degrada a la humanidad.
Se ha podido decir «que un alma que se eleva, eleva al mundo».
Lo contrario también es verdad: estamos unidos los unos a los
otros en bien y en mal por una misteriosa solidaridad. No son sólo
las epidemias y las repercusiones nucleares que atraviesan las fronteras.
28 Ante los desórdenes del
mundo, las encuestas sociológicas y los sondeos no pueden mostrarnos
el secreto último que no es otro fundamentalmente que el pecado
de los hombres.
Porque es él, en último
término, quien está en el origen de todos los males
y abusos sociales, que renacen sin cesar en todas las latitudes y
en todos los regímenes. El pecado no es solamente desorden
con respecto a Dios, es nihilista y antisocial por naturaleza. El
hombre que peca -aun en secreto- lo hemos dicho, destruye la sociedad
en que vive, porque deteriora al hombre y lo deshumaniza.
La constitución pastoral «Gaudium
et Spes» ha señalado muy claramente esta relación:
«Es cierto que las perturbaciones
que tan frecuentemente agitan la realidad social proceden en parte
de las tensiones propias de las estructuras económicas, políticas
y sociales. Pero proceden, sobre todo, de la soberbia y del egoísmo
humanos, que trastornan también el ambiente social» (GS
n. 25).
Todo pecado refuerza por otra parte
el poder de Satanás sobre el mundo. El «Padre de la mentira»
encuentra ahí la falla que le da ocasión para exasperar
los conflictos de los hombres, alzarlos inexorablemente unos contra
otros, alimentar las guerras que son siempre fratricidas, porque es,
según la palabra bíblica: «homicida desde el principio».
El pecado está en lo más profundo del drama de los hombres,
lo sepa o no, lo nieguen o lo confiesen.
2. LA DEGRADACIÓN MORAL ACTUAL
29 Antes de describir la degradación
moral actual ante nuestros ojos, es justo reconocer los progresos
reales de la conciencia humana en múltiples sectores de orden
caritativo o social. De modo particular, se nota una sensibilización
de la conciencia y del sentido de la solidaridad humana, perceptible
a escala mundial en el vasto campo de los derechos humanos, aun si
realmente estos derechos son cínicamente pisoteados cotidianamente
en muchos países.
Pero, bajo la cobertura misma de
derechos del hombre, se asiste por desgracia a un hundimiento moral
sin precedentes en sectores vitales, que echa por tierra los fundamentos
de toda vida social.
Una vez suprimido el lazo que determinaba
el bien y el mal en referencia a Dios y al Evangelio, el hombre se
ha convertido en el criterio supremo del bien y del mal.
Los frutos de este relativismo integral,
rotos todos los diques, son particularmente sensibles en todo lo que
se relaciona con el respecto de la vida humana y el respeto al amor
auténtico. Detengámonos un momento en estos dos puntos
neurálgicos.
a) El respeto de la vida
humana en sus inicios
Decretando -por mayoría- que
el aborto directo es ya legal -y pagado por la Seguridad Social se
ha puesto el dedo en un engranaje que lleva a las peores consecuencias.
En cuanto la vida humana es sacrificada en su inicio según
las conveniencias de cada uno, no hay ya ninguna razón lógica
para que la sociedad respete en el futuro el derecho a la vida de
los subnormales, de los enfermos incurables, de los viejos inútiles.
Una campaña hábil y perseverante de los medios de comunicación
social, manipulando la opinión pública, basta para barrer
mañana toda la herencia moral que el Evangelio nos ha legado,
y que está en el fundamento de nuestra civilización.
Debemos denunciar contra viento y marea la confusión que no
cesa de hacerse entre el derecho de disponer de su propia vida y el
derecho de disponer de la vida del otro.
b) El respeto al amor
30 La familia, atacada así
en su origen, es echada por tierra también por el «derecho
al amor libre» que se ha convertido en otra reivindicación
mayor. De ahí la multiplicación de los divorcios -un
matrimonio de cada dos o de cada tres es ya víctima de él
en ciertos países. Y la cascada de consecuencias se nota también
ahí -se trate de la delincuencia juvenil, fruto la mayoría
de veces de estos hogares rotos-, de la droga, de la violencia, etc.
Bajo la capa de la palabra «amor»,
se realiza ante nosotros una inmensa mistificación. En mi libro
«Amor y dominio de sí», que es de 1960, escribía:
«La palabra amor es para el cristiano de hoy una batalla perdida
que hay que recuperar».
«Ninguna palabra, en efecto,
es tan pisoteada en la literatura ordinaria y en el lenguaje del cine,
de la radio, de la TV, de la publicidad. Los periódicos y las
revistas están llenos de ella: se nos describe con toda clase
de detalles sus flechazos y sus crímenes. La radio canta «el
amor» a todas horas y en todas las ondas. El cine da escenas
«de amor» a lo largo de la película. El teatro
le consagra buena parte de sus representaciones y la publicidad se
encarga de renovar su imagen. El «amor» es presentado
como la mayor excusa que absuelve todo, que lleva en sí su
justificación. Cuando un hombre se enciende de pasión
por una mujer que no es la suya, revindica su libertad en nombre del
«amor». Es «como un velo echado sobre las peores
torpezas. En realidad, no es el amor quien le hace actuar, sino la
pasión física que le ciega. El amor es un alibi que
enmascara el egoísmo más cínico, la mala conducta,
el adulterio, la lujuria».
Esta degradación moral ha
extendido aún más sus estragos. Cómo no suscribir
estas líneas escritas recientemente por el P. Gérard
Defois, secretario de la Conferencia Episcopal francesa:
«El amor reducido a la pasión
pasajera, la sexualidad reducida a una banal consumición del
instante, la familia reducida a un acuerdo efímero..., es el
hombre reducido a los límites fatales de una sociedad del miedo.
Nuestras discusiones sobre los anticonceptivos, el aborto, el divorcio,
la vida en una palabra, son tan importantes como nuestros debates
sobre los armamentos o la tortura. Mejor dicho, es la misma lucha
por dar a la familia y a nuestra convivencia nacional o internacional,
contra viento y marea, la cualidad humana».
3. EL SENTIDO DEL PECADO
EN RETIRADA EN LA CONCIENCIA CRISTIANA
31 Pero hay un drama particular que
se está desarrollando en este momento en la conciencia de algunos
cristianos: la noción misma de pecado está en una peligrosa
retirada.
Sin duda, nuestras liturgias eucarísticas
se abren aún con el Confiteor, y uno se golpea ritualmente
el pecho.
Indudablemente, continuamos pidiéndole
a Dios, en el Padrenuestro, que «perdone nuestras deudas y nos
libre del mal»; y en el Avemaría no se ha suprimido el
«ruega por nosotros, pecadores».
Pero ¿nos atreveríamos
a decir con sinceridad que nos acercamos a Dios «con el alma
contrita y humillada», como confesamos con los labios?
Nos tenemos que preguntar sinceramente:
¿dónde estamos en tema de moral específicamente
cristiana? Añado la precisión «específicamente
cristiana»,porque sé que hasta esto se discute entre
nosotros y que algunos intentan sostener la tesis de la inexistencia
de esta especificidad.
No hemos de examinar nosotros la
conciencia de los no-cristianos: basta examinar la nuestra.
No se respira impunemente el aire
que nos rodea, sobre todo cuando las miasmas entran por todas las
vías de acceso de los medios de comunicación social,
estos nuevos reguladores de la conciencia de los hombres. Limitémonos
simplemente al sector familiar que nos puede servir de test.
¿En qué longitud de
onda estamos en este terreno? ¿De dónde sacamos nuestros
criterios de apreciación y de referencia? ¿Dejaremos
de lado la enseñanza que nos ha transmitido hoy la iglesia
en la exhortación apostólica Familiaris Consortio, que
Juan Pablo II ha publicado recientemente? O, por el contrario, ¿vamos
a acogerla y a integrarla en nuestro actuar como elemento esencial
y vital? Hay motivos para inquietarse sobre esta acogida.
Trátese de relaciones sexuales
prematrimoniales, de informaciones sobre anticonceptivos para cualquier
uso, de aborto voluntario, de desviaciones sexuales, de lesbianismo
o de homosexualidad, de cohabitación juvenil o de matrimonio
de prueba -en dos o tres etapas-, la idea misma de que todos estos
comportamientos no dependen del arbitrio de los hombres, sino que
hay una ley divina, una Palabra de Dios que el magisterio vivo interpreta,
todo esto parece que se ha convertido en ajeno a la conciencia de
muchos cristianos, más atentos a la modernización que
a la fidelidad doctrinal.
Mientras escribo esto, ha caído
en mis manos por casualidad una revista editada «por y para
los cristianos de hoy». Se puede leer en ella estas chocantes
líneas:
«¿No sería posible,
sobre todo a nivel religioso, revisar la pastoral del matrimonio,
teniendo en cuenta (como ya se está haciendo) las etapas por
las que hoy en día pasa a veces la construcción madurada
de un amor? Cohabitación con proyecto decidido, declaración
ante la comunidad cristiana que acoge. Por último, fundación
de una familia, cuando se ha decidido la procreación: pues
ésta exige una voluntad deliberada de estabilidad y de permanencia.
Lo que no impediría de ningún modo el matrimonio como
compromiso definitivo desde el principio para los que estuviesen decididos».
Uno puede preguntarse adónde llevaría una «pastoral»
puesta así al gusto de la moda. ¿Cómo queda,
en todo esto, el Evangelio y el carácter sacramental del matrimonio
entre bautizados?
Este debilitamiento del sentido cristiano
en lo que concierne al amor y al matrimonio, del que no juzgo las
intenciones, es tanto más grave cuanto que «sólo
el amor construye el mundo» y cuanto que «el futuro de
la humanidad pasa por la familia» para emplear las expresiones
de Juan Pablo II.
A base de calcar, por contagio, nuestra
moral según la vivencia del momento -esperando la vivencia
de mañana, que podría reservarnos otras sorpresas más
corrosivas aún-, estamos perdiendo nuestra identidad: aquí
está nuestra retirada. Reconozcámoslo: si, en el mundo
«cristiano» de hoy, no se exorciza ya al diablo, estamos
muchas veces exorcizando al pecado.
4. UN GRITO DE ALARMA
32 Lo que me parece más grave
de todo esto es que los cristianos parecen resignados a dejar que
la deriva moral continúe sin reacción, sin ni siquiera
protestar de otro modo que por algún suspiro de resignación
ante lo inevitable. El derrotismo es incompatible con nuestra misión
de cristiano en y para el mundo. Jesús dijo a los suyos que
los dejaba en el mundo, pero que no podían ser del mundo. El
pacto con el mal o la resignación son la negación misma
de nuestra identidad cristiana.
Actuar y reaccionar son imperativos
que permanecen de candente actualidad. Hemos de traducir la oración
en acción, y servir al Señor con nuestros riesgos y
peligros. Más vale hablar más del pecado que de los
demonios, denunciando sus ataques.
Nuestros «aleluyas» no
serán válidos, sino a condición de que, al salir
de una reunión de oración, busquemos juntos con valentía
e imaginación cómo anunciar concretamente los imperativos
del Evangelio al corazón del mundo. Esto supone una estrategia
sobre las formas y medios concretos individuales y colectivos que
permiten realizar nuestro trabajo específico. Hay muchas formas
de protestar y de influenciar a los que tienen en sus manos los destinos
de un país. Uno puede aprender todos los días viendo
cómo actúan los que destruyen ante nuestros ojos nuestra
herencia moral. «Fas est ab hoste doceri» (es lícito
aprender del enemigo). El Señor dijo que «los hijos de
las tinieblas son más astutos que los hijos de la luz»
(Lc 16, 8). Esta palabra debería sacudir nuestra imaginación
y estimular nuestro ánimo. Necesitamos cristianos valientes
-no sólo en los países en que se exponen al martirio-,
sino también entre nosotros, en nuestra vida pública
en que la libertad tiene aún sus derechos, pero que por eso
mismo tiene también sus exigencias.
PARA REFLEXIÓN E INTERCAMBIO
1. ¿Qué relación hay entre el pecado y los
desórdenes políticos y sociales en el mundo? (cf.
nn. 22 y 28).
2. ¿En qué campos
la degradación moral que actualmente hay en el mundo se
nota de un modo particular? (ejemplos: nn. 29, 30 y 31).
3. ¿Cómo devolver
la conciencia a los cristianos sobre la realidad del pecado, y
reflexionar sobre el tema del Sínodo de Obispos de 1983
"Penitencia y Reconciliación"?
4. ¿Cómo reaccionar
contra la degradación de costumbres, de forma personal
y colectiva,, a todos los niveles (prensa, radio, televisión)
y ante los responsables de nuestra vida pública?... Sugerencias
concretas.
La Iglesia ante el pecado nos invita
a invocar incesantemente al Señor:
"Dios todopoderoso: por este nuevo nacimiento
de tu Hijo en nuestra carne líbranos del yugo con que nos domina
la antigua servidumbre del pecado".
Oración del sexto día dentro de la Octava
de Navidad.
SEGUNDA PARTE
Renovación Carismática
y “poder de las tinieblas”
CAPÍTULO VI
LA RENOVACIÓN CARISMÁTICA
COMO «EXPERIENCIA» DEL ESPÍRITU SANTO
1. EL SENTIDO DEL TÉRMINO
«CARISMÁTICO»
33 Antes de decir por qué
la Renovación Carismática ha suscitado una toma de conciencia
más clara del Espíritu del Mal y del pecado en el mundo,
querría decir brevemente cómo y por qué ha contribuido
positivamente a una toma de conciencia más viva del Espíritu
Santo y sus dones. Lo positivo y lo negativo se implican como la cara
y cruz de una misma medalla. Pero antes que todo, hay que precisar
el vocabulario.
El término «carismático»,
empleado en el título, no será utilizado más
que de forma excepcional para no recargar el texto, pero necesita
ser clarificado.
Este término no tiene de por
sí ningún sentido exclusivo: la Iglesia entera es carismática
y cada cristiano lo es en virtud de su bautismo. Pero el término
ha tomado un sentido histórico y designa un movimiento determinado
que se llama muchas veces «La Renovación en el Espíritu».
Yo prefiero esta expresión porque la palabra «carismático»
no recoge todos los aspectos de esta corriente de renovación
espiritual que toca, no sólo el campo de los carismas, sino
muchos aspectos de la vida cristiana.
Por el hecho de que toda renovación
verdadera depende del Espíritu Santo, todos los movimientos
espirituales en la Iglesia podrían llamarse de este modo. Pero
la historia lo reserva a la Renovación nacida, a partir de
1967, en unos grupos de oración de Estados Unidos.
Por otra parte, este «movimiento»
no es un movimiento organizado, en el sentido corriente de la palabra,
no tiene fundadores, ni líderes «institucionalizados»,
no forma un todo homogéneo. La situación será
diferente, por lo tanto, en lo que se refiere a nuestro tema según
los diferentes países. Se deberá tener en cuenta esta
diversidad para apreciar en qué medida ciertas precauciones
se aplican al nivel local.
2. LA EXPERIENCIA BÁSICA DE LA RENOVACIÓN
34 Digamos, pues, en primer lugar,
cuál es la experiencia básica que es el alma profunda
de la Renovación. Por encima de las imágenes superficiales,
hay que entender la Renovación como una gracia que actualiza
el bautismo y la confirmación, como una especie de Pentecostés
personal que implica conversión, nuevo reconocimiento de Jesucristo,
apertura nueva al Espíritu Santo. Corresponde a los teólogos
buscar cuál puede ser la mejor formulación. El término
«bautismo en el Espíritu» podría hacer olvidar
el bautismo sacramental inicial que nos enraíza en Jesucristo;
el de «Pentecostés personal» no puede hacer olvidar
que el Pentecostés fundador de la Iglesia es siempre único.
Pero sea cual sea el vocabulario,
ha aparecido en la Iglesia una experiencia de conversión a
una vida nueva. Atraviesa los cinco continentes como un soplo de recristianización
en profundidad de los cristianos, como un viento que penetra un brasero
cubierto de cenizas y lo transforma en foco de calor y de vida. «He
venido a arrojar un fuego sobre la tierra, dijo Jesús, y ¡cuánto
desearía que ya estuviera encendido! » (Lc 12, 49).
Como respuesta a la oración
de Juan XXIII y Pablo VI, el misterio de Pentecostés continúa,
no exclusivamente, pero sí de forma muy particular en este
despertar religioso. Lo nuevo para los que lo acogen es que el Espíritu
Santo, objeto de fe, se convierte para ellos en una experiencia vital.
Aquí está la clave.
Como escribió el P. Sullivan,
S.J., profesor de teología de la Universidad Gregoriana de
Roma: «Los carismáticos no dudan ni un momento que el
Espíritu Santo haya sido dado en los sacramentos del bautismo
y de la confirmación y que está presente en todo el
que vive en la gracia de Cristo. Pero, al mismo tiempo, creen que
el Espíritu, aunque ya esté ahí, puede hacerse
presente en la misma persona de una forma nueva y decisiva, es decir,
transformando esta presencia, anteriormente creída por la fe,
en una realidad de experiencia vivida.
Este cambio se señala por
nuevas manifestaciones, de la acción del Espíritu en
la vida personal, por un sorprendente aumento de fuerza para dar testimonio,
del Señor, como también por los carismas que vienen.
Aun señalando esta experiencia “pentecostal” inicial
que muestra una nueva presencia del Espíritu, los carismáticos
insisten en decir que no hay que subrayar esta fase inicial en detrimento
de la nueva «vida en el Espíritu» que se instaura
y que debe ser la continuidad lógica. Hay que alimentarla y
sostenerla, si se quiere que la experiencia inicial dé sus
frutos». (4)
35 A este análisis -y a este
testimonio-, querría añadir aquí unas líneas
de un historiador, Richard Quedebaux, que, en su libro «The
New Charismatics» (Los nuevos carismáticos), sitúa
con toda exactitud las características de esta experiencia:
«Cuando Cristo, escribe, prometió
a sus discípulos que después de su partida les enviaría
el Espíritu Santo, preveía que su venida les colmaría
tres necesidades vitales:
1. confirmarlos en la fe;
2. traerles la alegría en
medio de los sufrimientos;
3. dar a sus discípulos seguridad,
dirección, enseñanza.
Y, sin embargo, si se observa a la
mayoría de cristianos, hay que reconocer sin duda que, si bien
aceptan intelectualmente la promesa del Señor referente al
Espíritu, no han tenido experiencia de ella. Por lo tanto,
la promesa no tiene significado real en su vida y brota de nuevo la
pregunta: ¿cómo saber que el Espíritu permanece
en mí?
La Renovación carismática
responde a esta pregunta: el test será el «bautismo en
el Espíritu», es decir, una poderosa experiencia que
convence a aquel que recibe la gracia que Dios es real, que es fiel
a su promesa y que los ‘signos y prodigios' descritos en el
libro de los Hechos, pueden aún realizarse hoy para él»
(5)
Ésta es la aportación
de la Renovación en lo que concierne a la toma de conciencia
del Espíritu Santo en la vida cristiana.
Fue esto lo que chocó al Papa
Juan Pablo I, cuando le envié mi libro «¿Un nuevo
Pentecostés?» siendo él aún patriarca de
Venecia. En una carta amable y calurosa, condensó su reacción
en una frase que dice mucho. «Al leer sus páginas, me
escribió, me siento obligado a decir con usted y como usted
que me he sentido impulsado a releer con ojos nuevos los textos de
San Pablo y de los Hechos de los Apóstoles que creía
conocer».
La Renovación vive de esta relectura.
PARA REFLEXIÓN E INTERCAMBIO
1. El término "carismático"
es ambiguo: cada cristiano es "carismático" por
su mismo bautismo. Clarifica la expresión cuando se quiere
hablar de la "Renovación en el Espíritu"
en el sentido histórico contemporáneo (n. 33).
2. ¿Dónde está
el núcleo de la Renovación, y qué cosas son
periféricas? (n. 34).
3. ¿Por qué Jesús
envió el Espíritu Santo a sus discípulos?
(nn. 34, 35).
4. Muestra por medio de los Hechos
de los Apóstoles que el Espíritu Santo ha venido
para satisfacer las necesidades vitales señaladas (n. 35).
Expresemos en una oración de
acción de gracias todo nuestro agradecimiento al Señor
por la obra de su Espíritu en la Iglesia, a lo largo de los
tiempos:
"Oh Dios, que con acción
maravillosa creaste al hombre y con mayor maravilla lo redimiste.
Concédenos resistir a los atractivos del pecado guiados por
la sabiduría del Espíritu, para llegar a las alegrías
del cielo".
Oración después de la primera lectura
de la Vigilia pascual.
CAPÍTULO VII
LA RENOVACIÓN Y EL SENTIDO REAVIVADO DEL MAL
1. EL ESPÍRITU SANTO SENSIBILIZA A LA MALICIA DEL PECADO
36 La gracia de la Renovación
no es sólo una nueva experiencia religiosa, una toma de conciencia
más viva de los dones y de los carismas con los que el Espíritu
construye la comunidad eclesial: toca a todo lo que es obra del Espíritu.
Su acción no se nota sólo en sus aspectos luminosos
y positivos. Sensibiliza también a los cristianos en la realidad
del mundo de las tinieblas a la que el Espíritu se opone. Da
como una conciencia nueva de la realidad del Enemigo, del Adversario
del reino de Dios.
Un texto misterioso de San Juan nos
dice: «Cuando él venga convencerá al mundo en
lo referente al pecado, en lo referente a la justicia y en lo referente
al juicio» (Jn 16, 8).
La interpretación de este
texto no es fácil, pero el sentido general es claro: el Espíritu
Santo revela a Cristo -es su misión directa-, pero, al mismo
tiempo y por contraste, ayuda a descubrir todo lo que se le opone,
todo lo que viene del Anticristo.
Revelará, pues, según
la Escritura, la iniquidad del mundo y su condena, sensibilizará
al cristiano de la gravedad del pecado y de la omnipresencia del mal.
Hará sensible también la derrota del Príncipe
de este mundo, el cual, a causa de la muerte de Jesús, ha sido
vencido.
No se puede amar el bien sin odiar,
no al pecador, pero sí al mal y al pecado. A quienes le dejan
campo libre, el Espíritu Santo les da una sensibilidad nueva
para ver, denunciar y combatir todo lo que es negación de Dios
en el mundo.
No sólo escruta las profundidades
de Dios, sino que penetra también las profundidades del hombre
y mueve a reaccionar contra los ataques del mal y del pecado, tanto
personal como social.
37 Hemos tomado cada vez más
conciencia de que el pecado no es sólo personal, invade también,
a gran escala, nuestras estructuras y nuestras tensiones sociales.
Hemos aludido ya a esto.
Odio racial o partidismo, egoísmo
de clase, violencia y terrorismo, desvergüenza moral o fraude
comercial, hipocresía o mentira -todo esto falsea las instituciones
humanas sean las que sean. El Espíritu ayuda a percibir con
mayor sensibilidad las causas profundas del desorden que nos rodea.
Ayuda a percibir que el mal que sufrimos no está en primer
lugar en las instituciones y en las cosas, sino en nosotros, en nuestra
voluntad, en nuestra alma. «La bomba no es peligrosa, decía
Denis de Rougemont, lo peligroso es el hombre». Completémoslo
diciendo: lo peligroso es el pecado en el hombre y quien dice pecado
penetra en un campo en que el Espíritu del mal ejerce su influencia.
Es necesaria la luz penetrante del
Espíritu Santo para comprender verdaderamente la gravedad del
mal y para reconocerse pecador. Es conocida la definición de
santidad según Chesterton: «Un santo es aquel que sabe
que es pecador». Los demás no lo saben y no se reconocen
tales.
2. EL ESPÍRITU SANTO SENSIBILIZA A LA LUCHA ESPIRITUAL
38 Es, pues, normal que el Espíritu
Santo avive la conciencia del fondo tenebroso sobre el que está
en juego el destino de los hombres, y nos ponga en situación
de alerta y de lucha. En un libro titulado «Concerning Spiritual
Gifts», un autor protestante, Donald Gee, subraya esta lógica
del Espíritu Santo: «Para el creyente individual, bautizado
en el Espíritu Santo, como para el grupo que ha experimentado
los dones espirituales, el conjunto del mundo espiritual se convierte
en algo muy real. Se sigue inevitablemente que una visión espiritual
más desarrollada para ver las cosas de Dios, conduce naturalmente
a descubrir con otros ojos la realidad del Poder del Mal.
Dichoso el creyente y la asamblea
de fieles que se abre con vigilancia a esta sensibilidad espiritual
ampliada, pero que conserva, por encima de todo, su fe en Dios, que
protege la Iglesia rescatada por su sangre y que triunfa de los ataques
más sutiles del implacable Enemigo». (6)
PARA REFLEXIÓN E INTERCAMBIO
1. "El Espíritu Santo convencerá al mundo en
lo referente al pecado, a la justicia y al juicio". ¿Cómo
la Renovación sensibiliza a la malicia del pecado?
2. ¿Qué quiere
decir "combate" espiritual? ¿Somos conscientes
de él?
3. Cuanto más se afina
una conciencia cristiana, más toma conciencia de su debilidad.
Comenta la frase de Chesterton (n. 37)
4. Muestra en la vida de los
santos del pasado -y del presente- este sentido de la humildad
ante Dios.
Sensibilizados por el Espíritu
Santo a la malicia del pecado, pongamos nuestra confianza en el Señor:
"Señor, Padre Santo,
que para nuestro bien espiritual nos mandaste dominar nuestro cuerpo
mediante la austeridad; ayúdanos a librarnos de la seducción
del pecado y a entregarnos al cumplimiento filial de tu santa ley".
Oración del lunes de la 2.° Semana de Cuaresma.
CAPÍTULO VIII
LA RENOVACIÓN Y LA DEMONOLOGÍA SUBYACENTE
39 Antes de estudiar cómo se practica en el seno de la Renovación
el ministerio de «liberación del o de demonios»,
hay que examinar qué demonología está subyacente
a esta práctica y mostrar su debilidad doctrinal.
Estamos aquí frente a un fenómeno de contagio que debe
atraer nuestra atención.
Históricamente, la Renovación
Católica nació en los Estados Unidos, en un contexto
religioso en que la influencia de la lectura fundamentalista de la
Biblia tuvo y tiene aún un papel importante.
Al principio, muchos católicos,
dentro de la Renovación, descubrieron la práctica de
la liberación entre cristianos de otras tradiciones, pertenecientes
sobre todo al ambiente de las Iglesias libres (Free Churches) o Pentecostales
y los libros que leyeron -y leen aún- proceden en gran parte
de estos ambientes.
De ahí, una literatura sobreabundante
sobre el demonio y sus acólitos, sobre su estrategia y sus
medios de acción, etc.
En la Iglesia Católica, este
campo había quedado durante mucho tiempo abandonado y nuestra
pastoral propia no ofrecía apenas guías adaptadas a
nuestro tiempo. Hay que reconocerlo: ha habido una falta por nuestra
parte y no es culpa de los miembros de la Renovación si no
han tenido, cuando se requería, directrices actualizadas y
autorizadas.
Esto explica la ósmosis que
se ha producido y el contagio de una literatura abundante, extraña
al Catolicismo y demasiado segura de sí misma, que nos ha invadido.
Los excesos en cuestión de demonología tienen aquí
su origen primero, pero ciertos vulgarizadores católicos -hay
que reconocerlo también- han contribuido a acentuar las exageraciones.
No tengo intención de hacer
un inventario completo -sería excesivo- ni citar nombres, porque
la buena fe y el deseo pastoral de los autores es evidente y las circunstancias
atenuantes son reales.
Señalaré aquí
una serie de afirmaciones cuya gratuidad y exageración deberían
saltar a la vista. Se pueden encontrar en innumerables libros, folletos,
cassettes, algunos de los cuales circulan «para uso privado»
pero que sin embargo están a la venta pública.
El demonismo exagerado, que debo
describir ahora, no afecta -gracias a Dios- del mismo modo a todos
los países, pero se encuentran trazas demasiado repetidas para
no retener nuestra atención.
1. EN AMBIENTE NO-CATÓLICOS
40 Señalemos aquí, en
primer lugar, algunas citas exageradas típicas, escogidas de
la literatura de fuera del catolicismo. La inflación es particularmente
sensible en los autores que atribuyen a influencias demoníacas,
sino todas, al menos gran parte, de las enfermedades físicas
o psicológicas.
Demonios y enfermedades
Uno de los «maestros en demonología»
enumera tranquilamente entre las enfermedades cuyo origen es a veces
demoníaco: el insomnio, la epilepsia, las crisis, los calambres,
la migraña, el asma, la sinusitis, los tumores, las úlceras,
los infartos, la artritis, la parálisis, la sordera, la mudez,
la ceguera.
Demonios y expulsiones
Aumenta la precisión hasta
decir:
- que el demonio del miedo sale normalmente
con una especie de sollozo histérico.
- el demonio de la mentira y del
odio por un rugido ruidoso.
- el demonio de la nicotina por una
tos o un hipo.
Demonios y especies
41 Nos dice también que entre
los nombres confesados por los demonios, figuran el demonio del miedo,
del odio, de la mentira, de la duda, de la envidia, de los celos,
de la confusión, de la perversidad, de la esquizofrenia, de
la muerte, del suicidio, del adulterio, de la burla, de la blasfemia,
de la brujería.
Demonios y número
En una obra del mismo tipo, se encuentra
una lista de 323 clases de demonios, y no se pretende que la lista
sea exhaustiva. Se puede leer allí también que la esquizofrenia
es el resultado de un complejo de 15 demonios (o más), acompañados
de demonios inferiores. Se consagra un capítulo a los grupos
de demonios, catalogados en una tabla resumen de tres páginas,
divididas en 53 columnas.
Demonios y organización
En un manual de pastoral, muy leído
y puesto en práctica, se lee que:
- el ejército de Satanás
es una organización rígida, comparable al ejército
de los Estados Unidos, con una jerarquía que va desde el comandante
en jefe hasta los generales, coroneles, comandantes, capitanes, tenientes,
etc.
- los demonios tienen campos de acción
específicos, que les son asignados, por ejemplo, tal nación
o tal ciudad.
Demonios y lucha espiritual
Hay que luchar y no contentarse con
rezar, porque «Dios ha contestado ya a nuestra oración
dándonos autoridad y poder sobre el Maligno». Nuestro
deber es, añade, ejercer este poder: «Dejemos de implorar
al cielo para obtener lo que ya hemos recibido y empecemos a usar
los poderes (de liberación) que ya nos han sido concedidos».
Demonios y los niños
Este ministerio de liberación
se debe ejercer también, se dice ahí, sobre los niños.
Se le dedica todo un capítulo a esto. Como ya se ha mostrado
que los malos espíritus son capaces de invadir un feto y los
niños, es evidente, se dice, que hay que practicar la liberación
también sobre ellos. Se pueden expulsar los demonios que han
invadido a los niños del mismo modo que se ha dicho para las
personas mayores. Habrá manifestaciones en el momento de su
expulsión por la boca o la nariz, como en las demás
liberaciones.
2. EN AMBIENTES CATÓLICOS
En la literatura de origen católico
se pueden señalar a título de muestra, afirmaciones
que dejan perplejo.
Malos espíritus reunidos
Se dice que los demonios se juntan
por grupos y que entre ellos, los demonios dominadores pueden tomar
la voz de un ser humano, cosa que ocurre una vez cada ocho o diez
casos.
Se dice que si dos espíritus
dominadores han elegido morada en la misma persona, los demonios luchan
entre ellos para obtener el control total y que esta batalla es de
tal tipo que engendra desequilibrios mentales. Si se oyen voces, será
signo que la lucha ya ha empezado.
Se cita con elogio y como particularmente
digno de atención, un autor que declara «que los espíritus
obran de acuerdo común por grupos de ocho...».
Demonios bloqueados
Se dice que a veces los malos espíritus
quedan bloqueados y encerrados juntos. El rechazo del perdón,
por ejemplo, provocaría muchas veces este fenómeno.
Los espíritus más fuertes
intentarían encerrar a los más débiles. Si se
detecta, por ejemplo, un demonio «de venganza», encerrado
por otro espíritu, si no se le puede alejar de frente, se le
puede evitar muchas veces dando un rodeo.
Estrategia de los demonios
inferiores
Se dice que hay que diagnosticar bien
la naturaleza de los espíritus y discernir entre ellos los
espíritus dominadores.
Los espíritus inferiores se sacrificarán bajo el mando
de los espíritus dominantes para camuflar a los otros.
Salida de demonios
Se dice que mientras antiguamente
los demonios salían tosiendo, ahora es más bien bostezando.
El exorcista que bosteza él mismo hace la salida más
fácil.
Objetos y animales
Hay espejos, chucherías traídas
de Oriente que atraen las influencias ocultas y que hay que alejar
de casa.
Se habla igualmente de un gato que
sufrió un cambio completo de personalidad por la invasión
de malos espíritus en el animal.
Los malos espíritus
que pueden atacar a los exorcistas
Se dice que hay un riesgo de contagio
por el contacto físico de los exorcistas que ponen la mano
sobre la persona que hay que liberar.
Se debe orar inmediatamente para
liberar al exorcista tocado, en cuanto el equipo se dé cuenta.
Y más ejemplos todavía:
- Un predicador de moda anima a vomitar
para ayudar a la expulsión de los demonios.
- Alguno recomienda reservarse un
momento determinado cada día para la expulsión de los
demonios, como parte integrante de toda vida espiritual.
Una persona eclesiástica,
cuyos escritos multicopiados, traducidos a diferentes idiomas, circulan
y siembran confusión, escribe:
«Al prever una posible victoria,
es importante evaluar la fuerza de los malos espíritus.
Esto significa que se debe saber:
- Quiénes son.
- Con qué frecuencia realizan
sus ataques.
- Luego, mirar su fuerza, si son
sólidos, robustos, pesados.
- Y hasta tener en cuenta su talla.
He necesitado dos años para
liberar a una niña de 16 años y expulsar de ella, finalmente,
25 demonios.
En el ministerio de liberación
se aconseja identificar el enemigo por su nombre. Puede poner a la
persona en convulsión, en trance, y torturarla de muchas formas;
pero durante todo el tiempo que no está identificado, cree
que las oraciones no van dirigidas contra él.
También es bueno hacerle las
siguientes preguntas:
1) ¿Quién eres?
2) ¿Cuántos sois?
3) ¿Desde cuándo estáis
en esta persona?
4) ¿Dónde estáis
en ella?
5) ¿Qué enfermedad
le habéis causado?
Hay que emplear con perseverancia
la autoridad del Nombre de Jesús: ‘Os ordeno, en Nombre
de Jesús, que habléis y que digáis vuestros nombres’.
En algunos momentos, pueden sólo
hacer mover la lengua y murmurar algunas palabras. Se debe continuar
insistiendo para que el diablo hable distintamente.
Es aconsejable mirar tres veces intensamente
a los ojos de la persona que hay que liberar, pedirle que mire tres
veces intensamente los vuestros. Decirle que cierre los ojos la tercera
vez y ordenarle que duerma. Luego, hablar a su alma, después
de haberla signado con la señal de la cruz».
¿Para qué, se dirá,
semejante inventario que no puede sino dañar a la Renovación,
dar armas a los que la atacan y crear la impresión que estas
exageraciones son corrientes en la Renovación católica
en general?
Diré, en primer lugar, que,
de hecho, numerosos grupos y comunidades, en todo el mundo, no estarían
de acuerdo y, por lo tanto, están a salvo de estos errores.
Creo es un servicio que hay que hacer
para asegurar la seguridad en carretera el llamar la atención
sobre los precipicios que rodean la ruta.
Además, el contagio se mete
por todas partes y más vale estar advertidos. Por último,
la Renovación no puede sino ganar en credibilidad denunciando
ella misma semejante demonología. De esta forma, dará
mayor peso y valor a toda la riqueza espiritual que ofrece, comprendida
la conciencia más viva de la presencia del Poder del mal y
de la necesaria lucha espiritual.
PARA REFLEXIÓN E INTERCAMBIO
1. Compara las afirmaciones de este capítulo con la actitud
reservada de la Iglesia (nn. 4, S, 24, 25).
2. ¿Para qué señalar
estas exageraciones? ¿No es dañar la credibilidad
de la Renovación? Analiza la respuesta dada a la objeción
(n. 41).
3. ¿Has encontrado otros
ejemplos en la literatura difundida en los ambientes "carismáticos",
o fuera?
4. ¿Cómo reaccionar
concretamente contra las infiltraciones de una demonología
extraña al pensamiento de la Iglesia que se expresa en
el Magisterio vivo de hoy?
En una oración unánime
con toda la Iglesia, pidamos al Señor que nos proteja del poder
del mal y nos guíe en nuestra lucha espiritual:
"Oh Dios, que has renovado
por las aguas del bautismo a los que creen en ti; concede tu ayuda
a los que han renacido en Cristo, para que venzan las insidias del
mal y permanezcan siempre fieles a los dones que de ti han recibido".
Oración del sábado de la 3ª Semana
de Pascua.
CAPÍTULO IX
LA RENOVACIÓN Y LA PRACTICA DE LA
«LIBERACIÓN» DE DEMONIOS
42 Hasta aquí nos hemos quedado en el plano doctrinal, entremos
ahora en el desarrollo de este ministerio de «liberación»,
término más suave que en realidad designa un acto de
exorcismo.
1. ¿QUÉ SE ENTIENDE
POR EXORCISMO?
¿Qué significa el término
y su contenido? El Diccionario de teología católico,
en la palabra «exorcismo» da la definición siguiente:
«El exorcismo es, propiamente
hablando, una adjuración al demonio para obligarle a evacuar
un lugar, a abandonar una situación, a poner en libertad a
una persona que mantiene más o menos en su poder. La adjuración
se hace, sea bajo forma de orden intimada directamente al demonio,
pero en nombre de Dios o de Jesucristo, sea bajo forma de invocación,
de súplica dirigida a Dios y a Nuestro Señor, en vistas
de obtener que den la orden de expulsión o que aseguren su
ejecución».
Hay que notar que la definición
dada engloba dos tipos diferentes de adjuración.
En el segundo tipo, se dirige directamente
y únicamente a Dios, suplicándole que obre él
mismo la liberación. Se trata en este caso de una súplica
a Dios de una oración deprecativa.
En el primer tipo de adjuración,
se trata de una interpelación dirigida directamente, en nombre
del Señor, al demonio o demonios conminándoles a liberar
a su víctima. Conminación directa, diálogo en
que se intentará muchas veces arrancar el nombre del demonio,
y su especie. Ocurre a veces que se le da a esta conminación
el nombre de «oración imprecativa», para distinguirla
de la otra, la «oración deprecativa», pero con
todo rigor, un cristiano no dirige una oración más que
a Dios, no al demonio.
Nuestra atención va a concertarse
sobre el primer tipo de adjuración que pone algunos problemas
delicados que se deben aclarar.
2. DESCRIPCIÓN DE LA PRÁCTICA DE LA «LIBERACIÓN»
43 Empecemos describiendo una sesión-tipo.
Lo hago a partir de recuerdos personales
y de múltiples testimonios. Hay naturalmente variantes según
las personas, los casos y los países. Pero la práctica
es fundamentalmente, común y se presenta como sigue:
En primer lugar en cuanto a la persona
«a liberar». Ella ha pedido esta «liberación»,
sea espontáneamente, sea después de una sugerencia.
Se ve a veces un contagio que se produce súbitamente, debido
a algún propagandista particularmente persuasivo.
He notado que se ofrece orar por
la «liberación» en algunos ambientes, como si éste
fuese un rito indispensable para vivir plenamente como cristiano.
Noto también que estas «liberaciones» son bastante
a menudo repetidas, y no terminadas una vez para siempre.
En tal grupo de oración o
en tal comunidad carismática, se considera a veces que cada
futuro miembro del grupo debe prestarse a una o varias sesiones de
«liberación de malos espíritus», bajo nombres
diversos. Se le convierte en una especie de rito de introducción
obligado para el «bautismo en el Espíritu».
La persona a «liberar»
puede situarse, sea en la categoría de los casos corrientes,
sea en la de los casos agudos; en esta última hipótesis,
se estará entonces frente a uno que se cree víctima
de presiones incontrolables, exteriores a su voluntad, y que dan lugar
a veces a fenómenos extraños en que se puede dar toda
una serie de sugestiones inconscientes.
En los casos corrientes, no espectaculares,
la persona se la presume atada por alguna influencia diabólica,
por uno, o por diversos malos espíritus. Esta persona ha dejado
entrar en ella, tal o cual mala tendencia -que se le pedirá
que reconozca y denuncie que, poco a poco, le ha llevado a impulsiones
percibidas como incontrolables, trátese de tendencia al alcoholismo,
a la droga, a excesos sexuales, a la masturbación, a la cleptomanía,
etc. La acción del grupo intentará entonces liberarla
de los malos espíritus que la retienen en esclavitud, romper
las ataduras que impiden su libertad.
Esta interpelación directa
del demonio se hará, con gran compasión fraterna, en
nombre del Señor, con gran espíritu de fe. Pero no se
dirigirá solamente a Dios, se adjurará y conminará
directamente a los malos espíritus a abandonar la presa.
44 Esto se realizará
en diversas fases:
- Una primera fase preparatoria se
consagra a la oración, generalmente en grupo, al discernimiento
del caso, a la determinación del tiempo que hay que consagrarle,
a lo que hay que hacer después, etc.
- Una segunda fase está constituida
por la «oración de liberación» propiamente
dicha. Esta comporta:
1. Una oración inicial de alabanza
a Dios y de petición de protección en favor de los exorcistas
que se exponen a los ataques del Maligno.
2. Una oración para «atar»
los malos espíritus, para que pierdan su virulencia en las
víctimas.
3. Una búsqueda, por interpelación
y preguntas, de la identidad y del nombre de los demonios supuestamente
allí en acción para mejor expulsarlos uno a uno, habiéndolos
reconocido.
4. La renuncia de la persona «a
liberar», a la que se la invita a rechazar ella misma, voluntariamente,
el pecado o los pecados que están a la base de la acción
demoníaca específica que, se cree, la ata y la estorba.
Se manda entonces, al mal espíritu, identificado con anterioridad,
bajo tal o cual nombre, que abandone la persona oprimida, sin molestar
a nadie e ir donde el Señor quiera.
- Una tercera fase final comportará
oraciones de agradecimiento y el establecimiento eventual de un plan
de «convalecencia».
Sobre este fondo común, hay
variantes de forma. Uno recomendará mirar fijamente a los ojos
de las personas para impresionar al demonio o a los demonios que lo
habitan, otro recomendará cerrar los ojos. Uno elevará
la voz para mandar al demonio con más fuerza o autoridad, recurriendo,
en ambientes católicos, al crucifijo, a la sal o al agua bendita.
Otro utilizará más bien un tono de voz más retenido,
porque no se actúa por poder propio, sino en nombre del Señor.
Ocurre a veces que se anima fuertemente a la persona a vomitar para
facilitar la expulsión de los demonios. Yo mismo he escuchado,
en Florida, durante un congreso, el testimonio de una mujer que se
decía «liberada» y que atestiguaba haber escupido
quince demonios.
Estas sesiones pueden excepcionalmente
escalonarse a lo largo de varias semanas o meses. En un congreso reciente,
en Estados Unidos, una docena de sacerdotes realizaron adjuraciones
de este tipo durante doce horas de un tirón, a lo largo de
la noche, sin conclusión definitiva.
Doy estos detalles para ayudar a
visualizar lo que ocurre en casos sin duda extremos, pero reveladores.
3. ¿QUE COMPRENDE,
DE HECHO, EL TÉRMINO «LIBERACIÓN»?
45 Los que practican el «ministerio
de liberación» se abstienen en general, de hacer exorcismos.
Saben que los exorcismos, en sentido pleno, conciernen los casos de
supuestas posesión diabólica y que estos exorcismos,
que se llaman solemnes, están reservados al obispo. Evitan,
por lo tanto, parecer que se mueven en terreno prohibido, y adoptan
algún otro término más neutro. Hablan de sesiones
de «liberación», de «oración de acogida»,
de «oración especial», de «compasión».
¿Por qué esta prudencia
verbal? Ni la buena fe, ni la caridad están en discusión,
pero hay diversos factores que intervienen para favorecer esta terminología
«difuminada» y minimizante. La etiqueta más neutra,
y válida para todo, puede ser adoptada:
- sea para no asustar a las personas
que se quiere ayudar;
- sea para evitar atraer la atención
de las autoridades eclesiales responsable que podrían inquietarse
por esta proliferación y ver en ella exorcismos no autorizados,
«de contrabando»;
- sea simplemente para evitar una
curiosidad malsana o la afición extremada del público.
De ahí también una ausencia de publicidad.
Sean los que sean los motivos que mueven a la discreción o
al secreto, el hecho es éste: se están realizando muchas
reuniones o sesiones de «liberación» a veces al
margen de un congreso o de una noche de oración, a veces, lo
hemos dicho, como fase preliminar impuesta, o fuertemente sugerida,
a quien desea recibir el «bautismo en el Espíritu»
o formar parte de una comunidad de vida.
Este fenómeno crea el riesgo
de ver introducirse en la Iglesia una pastoral que podría fácilmente
degenerar en tendencia al esoterismo. Lo que sería lo contrario
de la Iglesia que no tiene dos enseñanzas, o dos comportamientos:
uno para iniciados, otro para todo el mundo.
4. UNA FRONTERA MAL DEFINIDA
46 La práctica de la liberación
de los demonios que se ejerce sin mandato, en forma de exorcismos
directos, pone un problema fronterizo a esclarecer y clarificar. A
primera vista, la línea de demarcación parece clara:
los exorcismos son reservados exclusivamente al obispo o a su delegado,
en caso de presunta posesión diabólica; los casos que
no llegan a la posesión propiamente dicha son terreno de nadie,
no reglamentado, por lo tanto accesible a todos.
Los casos de verdadera posesión,
y por lo tanto reservados, son raros. Pero todo lo que no llega a
la «posesión» propiamente dicha queda como un terreno
de límites imprecisos en que reina la confusión y las
ambigüedades.
La complejidad del mismo vocabulario
no ayuda a simplificar las cosas: no hay una terminología común
y uno se encuentra bajo las mismas etiquetas con contenidos distintos.
Sin tener en cuenta que todo este terreno se presta mal a la delimitación
verbal.
¿Qué es lo que define
las posesiones demoníacas totales o parciales, y qué
hay que entender por ellas? Se trata de una influencia que actúa
desde dentro o desde fuera? Y cómo definir los términos
que se usan: infestación, obsesión, opresión,
tentación, etc.
Todo esto necesitaría que
se aclarase, para impedir que uno se aventure en el «misterio
de iniquidad» como francotirador, al margen de la Iglesia y
más o menos a sus espaldas.
Proponemos en la tercera parte sugerencias
prácticas en esta delicada materia.
PARA REFLEXIÓN E INTERCAMBIO
1. En la definición del
exorcismo (n. 42) hay dos aspectos que se deben distinguir. Analiza
atentamente este n. 42, que es la clave del Documento IV. ¿Por
qué?
2. La oración de "liberación
del Mal", que se dirige a Dios, es enseñada por Jesús
mismo. Analiza el sentido de la petición final del Padrenuestro
"líbranos del mal" (con y sin mayúscula).
3. ¿Por qué el
secreto alrededor de la palabra "liberación"
y de la práctica que encierra, presenta un peligro tan
serio?
4. Muestra las ambigüedades
de vocabulario y la imprecisión de la frontera mal definida
entre la "posesión" y la influencia perversa
que "no llega a la posesión" (n. 46).
Con la Iglesia pidamos al Padre la
verdadera libertad de los hijos de Dios:
"Señor Dios que para
librar al hombre de la antigua esclavitud del pecado enviaste a tu
Hijo a este mundo; concede a los que esperamos con devoción
su venida, la gracia de tu perdón soberano y el premio de la
libertad verdadera”,
Oración del sábado de
la 1ª Semana de Adviento.
......ANTERIOR
SIGUIENTE.....
NOTAS:
(1) J. C. SAGNE, La Prière
de délivrance et de guérison, en Tychique 23 (1980).
(2) Cf. B. LONERGAN, Insight, 666
On Basic Evil, London New York 1957
(3) Cf. K. MENNINGER, Whatever became
of sin?, Hawthorn Books, New York 1973.
(4) F. A. SULLIVAN, The Pentecostal
Movement, en Gregorianum 53 (1972) 2, p. 249. Cf. del mismo autor
el libro de próxima aparición, Charisms and Charismatic
Renewal, Ed, Servant Books, Ann Arbor.
(5) R. QUEDEBAUX, The New Charismatics,
Doubleday, New York 1976, p, 2.
(6) D. GEE, Concerning Spiritual
Gifts, Ed. Gospel Publishing House, Springfield 1972.