......ANTERIOR

CAPÍTULO IV
LA IGLESIA, ANTE EL «MISTERIO DE INIQUIDAD»

1. EL PECADO, PRIMER ENEMIGO

20 En la literatura demonológica la atención está centrada normalmente en los casos reales o supuestos de posesión diabólica. Los medios de comunicación social, por su parte, han acentuado fuertemente esta tendencia.

Hay que ser consciente de la deformación de óptica así creada y evitar la trampa de dar más importancia a lo que es raro y excepcional.

Lo que nos hace «esclavos» del poder del Mal, no es normalmente la «posesión diabólica»; los teólogos están de acuerdo en decir que el Demonio no puede entrar en lo secreto de las conciencias si uno no se la entrega voluntariamente.

Es el pecado y su dominio que nos hacen esclavos y que permiten a las influencias perversas el amplificar la nocividad, como un viento que sopla sobre un fuego imprudentemente encendido. El arma más temible de que dispone el Demonio no es la toma de posesión, sino el pecado en cuanto tal.

Su influencia está presente allí donde el pecado reina, y éste ha invadido, en alto grado, nuestra humanidad descentrada y entregada a tanta permisividad moral.

La liberación es, por lo tanto, fundamental y prioritariamente la liberación del pecado en nosotros, que nos hace esclavos y disminuye nuestra libertad. La dificultad que es el pecado actúa a todos los niveles del hombre: razón, voluntad, acción, emoción. La escala de este tipo de esclavitud es muy amplia y variada.

Es aquí, y no sobre fenómenos que pueden ser únicamente psicopatológicos, que hay que fijar ante todo la atención cuando se habla de liberación. Como ha escrito Jean-Claude Sagne, O.P.:

«Es en el vacío provocado por nuestra falta de confianza en Dios o por nuestro apego egoísta o aún por nuestra suficiencia orgullosa, que el demonio interviene para transformar nuestra debilidad en peso espiritual, para hacer de nuestros apegos ‘ataduras’ espirituales y, por fin, para hacer de nuestros movimientos de orgullo un obstáculo endurecido a la invasión del Espíritu Santo. Habría muchas cosas que decir sobre la acción tentadora del demonio y de los ángeles malos que la secundan. Satanás endurece lo que encuentra o lo desorganiza más. Acentúa los trazos ya dibujados. Explota nuestras debilidades...» (1)

2. LA CONCUPISCENCIA

21 No se puede olvidar tampoco que hay en nosotros una realidad que no se identifica con el pecado, pero que es un elemento de perturbación, no identificable con lo demoníaco. Nos referimos a la concupiscencia.

En teología, se entiende generalmente por este término los restos dejados por el pecado en el hombre justificado por la gracia, es decir, las secuelas que se manifiestan en contra de su voluntad bajo forma de diversos impulsos. Es este un dato clásico que califica una situación previa al ejercicio de la libertad y que condiciona por una parte el actuar moral del hombre justificado. San Pablo no dudó en escribir: «No hago lo que quiero, sino que hago lo que aborrezco» (Rm 7, 15).

No hay que identificar esta concupiscencia, subyacente al actuar humano, con un dominio especial directo del Demonio.

3. EL PECADO «ESTRUCTURAL»

22 Lo dicho a nivel de las personas es verdad también a nivel de las estructuras inhumanas de nuestra sociedad, estructuras económicas, sociales, políticas, que no reconocen los derechos del hombre y que son incompatibles con su dignidad. A esta escala reina también el pecado, aun cuando la responsabilidad de cada uno se separa y se desliga mal de la responsabilidad colectiva.

Nos imaginamos demasiado fácilmente que la acción del Demonio es de tipo espectacular. De hecho, las intervenciones «visibles» son la excepción. Su acción, por ser invisible y sutil, no es por eso menos perversa.


4. EL HOMBRE, PRIMER RESPONSABLE

23 El pesimismo radical con respecto al mundo, al cuerpo humano, a la libertad innata del hombre, no pertenece a la fe católica. Aun herido por el pecado, el hombre permanece el primer responsable de sus actos y no es el juguete pasivo de influencias diabólicas que lo manipulan.

La influencia del Demonio se ejerce de diversas formas: es el tentador, el seductor, el inspirador de opciones culpables. Engaña y presenta lo falso como verdadero, el mal como bien, «disfrazándose de ángel de luz» (2 Co 11, 14).

Pero su dominio no es despótico: requiere la aquiescencia de los interesados, y en último término, el hombre es siempre responsable de su pecado.

La insistencia en las influencias diabólicas no debe servir de excusa y de alibi a la debilidad humana y disminuir o eliminar la conciencia de nuestra responsabilidad. Es demasiado fácil apelar a causas extrínsecas a nosotros mismos, para camuflar o atenuar la libertad de nuestra propia decisión. La Iglesia se ha opuesto siempre a todo lo que «desestabiliza» al hombre y le convierte en juguete de fuerzas extrañas. Profesa que Dios ha puesto nuestra suerte en nuestras manos, creándonos libres y responsables y que si la responsabilidad puede ser atenuada por circunstancias, ésta permanece sin embargo fundamentalmente intacta.


5. LA FE, SALVAGUARDA SUPREMA

24 En cuanto al Demonio, todo le es válido para impedir la adhesión del hombre a Dios. Su táctica habitual podría resumirse así: el Demonio intenta esconder a Dios al hombre.

Para impedirnos alcanzarle y vivir en la luz, ataca preferentemente a la base de toda vida cristiana: la fe teologal. Porque la fe nos pone en contacto directo con Dios, y el Demonio no puede entrar en este campo reservado a Dios sólo. Cuanto más el hombre vive de la fe, más le resulta inaccesible. La fe es una fortaleza que pone al abrigo de sus ataques, y por eso intenta hacer salir al creyente, haciendo destellar todo el juego de lo extraordinario, donde le es fácil hacer ilusionismo, y llevar al fiel a apoyarse sobre otra cosa que la fe pura.

Éste es el indiscutible peligro de las «visiones», «revelaciones», «profecías» que abundan en nuestro mundo y de las que la Renovación carismática debe tener cuidado. La presunción es que se trata lo más frecuentemente de frutos de la imaginación, que corresponde a la Iglesia discernir para evitar el peligro de iluminismo. Estas falsificaciones de lo sobrenatural constituyen un terreno particularmente accesible a la acción del Espíritu del mal.

Al fin y al cabo, podríamos preguntarnos si la forma exagerada de presentar la obra de Satanás en este mundo no podría ser también una astucia de Satanás, proveyendo a los que niegan su existencia un argumento suplementario para motivar la negación.


6. EL «MISTERIO DE INIQUIDAD»

a) A nivel de lo invisible

25 Este mundo de tinieblas es tenebroso por definición, fuera del alcance directo de nuestras estructuras mentales.

Sin duda el misterio de Dios es cegador, él también, pero por otra razón: porque nuestros ojos son demasiado débiles aquí abajo para sostener su luz.

¿Quién sondeará el misterio del amor creador, redentor, santificador de Dios?
El «misterio de iniquidad» del que habla San Pablo, por el contrario, no es del mismo orden: es impenetrable por las tinieblas mismas que lo rodean. No se puede entrar en él con una antorcha en la mano. En este campo, más que en otros, hay que insistir en la discreción y la sobriedad requeridas para hablar de él de forma adecuada. Guardémonos de introducir en el reino de las tinieblas nuestros conceptos humanos siempre analógicos y deficientes, nuestra lógica, nuestras clasificaciones. Al leer cierto tipo de literatura, uno tiene ganas a cada paso de gritar peligro ante tantas pseudocertezas.

MacNutt, uno de los autores que, según mi opinión, ha vulgarizado hasta la exageración católica en la Renovación carismática las influencias demoníacas, escribió acertadamente -aunque lo olvidó demasiado a menudo en la práctica- que no hay ninguna manifestación demoníaca que no sea ambigua, que ningún síntoma o cúmulo de síntomas lleva a concluir con evidencia en una operación propiamente demoníaca. Esto es tan cierto que estamos aquí en el campo de las tinieblas, en el puro irracional, en lo no-inteligible por definición. (2)

b) A nivel de lo visible

26 Este misterio de iniquidad actúa normalmente a la sombra; a veces, sin embargo, aparece de una forma visible.

Se encuentran restos de la creencia de la Iglesia en manifestaciones diabólicas en la liturgia, el Ritual, la patrística, las vidas de los Padres del desierto, de los anacoretas, de los monjes, de los santos. Los relatos abundan, coloreados por el espíritu del tiempo y las ingenuidades de la época, pero su misma continuidad merece retener la atención.

La permanencia del fenómeno de las manifestaciones diabólicas, verdaderas o falsas, suscita varios interrogantes.

Se las encuentra, efectivamente, en todas las épocas y bajo una variedad de formas. Particularmente en la vida de los santos más diversos, como Benito, Francisco, Juan de Dios, Vicente Ferrer, Pedro de Alcántara, y entre las santas: Margarita de Cortona, Ángela de Foliño, Rita de Casia, Rosa de Lima y tantas otras.

Más cerca de nosotros, en el siglo XIX, la vida del Cura de Ars es fértil en tentaciones que le aparecen como «infestaciones» crueles y severas. Los hagiógrafos hablan de ruidos insólitos e inquietantes que le impedían dormir, vejaciones y amenazas, gritos groseros, bofetadas, insultos de todas clases.

Todo esto se atribuye al Espíritu de las tinieblas. Para el siglo XX citemos solamente, a modo de ejemplo, la vida del P. Pío, célebre estigmatizado muerto en 1968 y cuya causa de beatificación está en estudio. Se encuentran en él numerosas referencias a ataques demoníacos: el demonio se le aparecía bajo formas horribles, le torturaba, le tiraba fuera de la cama -y esto en múltiples ocasiones.

¿Qué concluir de la permanencia de estos fenómenos? Yo diría esencialmente esto: estamos aquí en el campo de las tinieblas, en el que hemos de adentrarnos con extrema prudencia. No se puede evitar la pregunta: ¿qué es lo que procede del psiquismo de cada uno, qué es lo que denota con claridad influencias demoníacas? No tenemos criterios seguros y decisivos. Todo lo que podemos decir es que no es razonable aceptarlos en bloque como manifestaciones diabólicas -es la tentación de tipo sobrenaturalista-, pero que no es razonable tampoco rechazarlos en bloque como fenómeno de histeria o alucinación -es la tentación de tipo racionalista.


PARA REFLEXIÓN E INTERCAMBIO


1. El arma más temible que tiene el Demonio no es la toma de "posesión', sino el pecado como tal. Explícalo (n. 20).

2. ¿Por qué se debe señalar fuertemente que Dios ha puesto nuestra suerte en nuestras manos, al crearnos libres y responsables? ¿Cuáles son las consecuencias prácticas de esto con respecto a las influencias diabólicas? (n. 23).

3. Caminar en la fe preserva de las tentaciones de aumentar todo lo que se refiere a lo extraordinario. Explícalo (n. 24).

4. El "misterio de iniquidad" permanece por definición rebelde a nuestras clasificaciones y hay que hablar de él con mucha reserva y sobriedad. Ver el n. 25 y compararlo con lo que se dice en el capítulo VIII.

 

Pidamos al Señor una curación liberadora:

"Padre de misericordia, que tu acción medicinal cure nuestras maldades y nos conduzca por el camino del bien".

Postcomunión del 10.° Domingo del Tiempo Ordinario.

CAPÍTULO V
LA IGLESIA HOY ANTE EL PECADO

1. EL PECADO EN EL CORAZÓN DEL MUNDO

27 La noción misma de pecado, como oposición a la voluntad divina y ruptura de comunión con Dios creador y Padre de los hombres, está en vías de desaparición en nuestro mundo contemporáneo.

Un autor norteamericano publicó un importante volumen bajo este significativo título: «Whatever became of sin?»(3) que se puede traducir: «¿Qué se ha hecho del pecado?».

No es extraño, por otra parte, que hayamos perdido el sentido del pecado en la misma medida en que el sentido de Dios y del Evangelio se ha debilitado. El pecado es un abismo que no podemos sondear con nuestra sola razón humana. Para penetrar en él verdaderamente, se debería entender al mismo tiempo la trascendencia e inmanencia de Dios, lo que es en sí mismo y lo que es en nosotros.

Se cuenta que Ozanam contestó un día a su hijo que le echaba en cara que exageraba cuando se llamaba gran pecador: «Hijo mío, no sabes lo que es la santidad de Dios». Hay que estar muy cerca de Dios para medir así la distancia que separa.

Percibimos mal la trascendencia de Dios, pero también su inmanencia por la que se identifica con nosotros cuando le servimos en nuestro prójimo y nos dice: «Es a mí a quien lo habéis hecho».

«¿Quién es Dios, canta el poeta, que nadie puede amarlo si no ama al hombre?

¿ Quién es Dios que se le puede herir tan fuertemente hiriendo al hombre?».

Uno puede también acercarse a este abismo por otro camino, contemplando a Cristo muriendo en el Calvario, «Cordero que quita el pecado del mundo. Salvador que da su vida por la remisión de los pecados».

Sin tal iluminación, el pecado pierde su sentido con tanta más facilidad cuanto que los análisis freudianos han desculpabilizado al hombre retirando el pecado al inconsciente o a la patología.

El hombre moderno ya no entiende el pecado en su dimensión religiosa. El bien y el mal no dependen más que de él mismo: es su propia ley y la «medida de todas las cosas». Basta con no hacer daño a otro para ser declarado libre de toda obligación. Esto es olvidar que el hombre que se envilece aun en secreto, degrada a la humanidad. Se ha podido decir «que un alma que se eleva, eleva al mundo». Lo contrario también es verdad: estamos unidos los unos a los otros en bien y en mal por una misteriosa solidaridad. No son sólo las epidemias y las repercusiones nucleares que atraviesan las fronteras.

28 Ante los desórdenes del mundo, las encuestas sociológicas y los sondeos no pueden mostrarnos el secreto último que no es otro fundamentalmente que el pecado de los hombres.

Porque es él, en último término, quien está en el origen de todos los males y abusos sociales, que renacen sin cesar en todas las latitudes y en todos los regímenes. El pecado no es solamente desorden con respecto a Dios, es nihilista y antisocial por naturaleza. El hombre que peca -aun en secreto- lo hemos dicho, destruye la sociedad en que vive, porque deteriora al hombre y lo deshumaniza.

La constitución pastoral «Gaudium et Spes» ha señalado muy claramente esta relación:

«Es cierto que las perturbaciones que tan frecuentemente agitan la realidad social proceden en parte de las tensiones propias de las estructuras económicas, políticas y sociales. Pero proceden, sobre todo, de la soberbia y del egoísmo humanos, que trastornan también el ambiente social» (GS n. 25).

Todo pecado refuerza por otra parte el poder de Satanás sobre el mundo. El «Padre de la mentira» encuentra ahí la falla que le da ocasión para exasperar los conflictos de los hombres, alzarlos inexorablemente unos contra otros, alimentar las guerras que son siempre fratricidas, porque es, según la palabra bíblica: «homicida desde el principio». El pecado está en lo más profundo del drama de los hombres, lo sepa o no, lo nieguen o lo confiesen.


2. LA DEGRADACIÓN MORAL ACTUAL

29 Antes de describir la degradación moral actual ante nuestros ojos, es justo reconocer los progresos reales de la conciencia humana en múltiples sectores de orden caritativo o social. De modo particular, se nota una sensibilización de la conciencia y del sentido de la solidaridad humana, perceptible a escala mundial en el vasto campo de los derechos humanos, aun si realmente estos derechos son cínicamente pisoteados cotidianamente en muchos países.

Pero, bajo la cobertura misma de derechos del hombre, se asiste por desgracia a un hundimiento moral sin precedentes en sectores vitales, que echa por tierra los fundamentos de toda vida social.

Una vez suprimido el lazo que determinaba el bien y el mal en referencia a Dios y al Evangelio, el hombre se ha convertido en el criterio supremo del bien y del mal.

Los frutos de este relativismo integral, rotos todos los diques, son particularmente sensibles en todo lo que se relaciona con el respecto de la vida humana y el respeto al amor auténtico. Detengámonos un momento en estos dos puntos neurálgicos.

a) El respeto de la vida humana en sus inicios

Decretando -por mayoría- que el aborto directo es ya legal -y pagado por la Seguridad Social se ha puesto el dedo en un engranaje que lleva a las peores consecuencias. En cuanto la vida humana es sacrificada en su inicio según las conveniencias de cada uno, no hay ya ninguna razón lógica para que la sociedad respete en el futuro el derecho a la vida de los subnormales, de los enfermos incurables, de los viejos inútiles. Una campaña hábil y perseverante de los medios de comunicación social, manipulando la opinión pública, basta para barrer mañana toda la herencia moral que el Evangelio nos ha legado, y que está en el fundamento de nuestra civilización. Debemos denunciar contra viento y marea la confusión que no cesa de hacerse entre el derecho de disponer de su propia vida y el derecho de disponer de la vida del otro.


b) El respeto al amor

30 La familia, atacada así en su origen, es echada por tierra también por el «derecho al amor libre» que se ha convertido en otra reivindicación mayor. De ahí la multiplicación de los divorcios -un matrimonio de cada dos o de cada tres es ya víctima de él en ciertos países. Y la cascada de consecuencias se nota también ahí -se trate de la delincuencia juvenil, fruto la mayoría de veces de estos hogares rotos-, de la droga, de la violencia, etc.

Bajo la capa de la palabra «amor», se realiza ante nosotros una inmensa mistificación. En mi libro «Amor y dominio de sí», que es de 1960, escribía: «La palabra amor es para el cristiano de hoy una batalla perdida que hay que recuperar».

«Ninguna palabra, en efecto, es tan pisoteada en la literatura ordinaria y en el lenguaje del cine, de la radio, de la TV, de la publicidad. Los periódicos y las revistas están llenos de ella: se nos describe con toda clase de detalles sus flechazos y sus crímenes. La radio canta «el amor» a todas horas y en todas las ondas. El cine da escenas «de amor» a lo largo de la película. El teatro le consagra buena parte de sus representaciones y la publicidad se encarga de renovar su imagen. El «amor» es presentado como la mayor excusa que absuelve todo, que lleva en sí su justificación. Cuando un hombre se enciende de pasión por una mujer que no es la suya, revindica su libertad en nombre del «amor». Es «como un velo echado sobre las peores torpezas. En realidad, no es el amor quien le hace actuar, sino la pasión física que le ciega. El amor es un alibi que enmascara el egoísmo más cínico, la mala conducta, el adulterio, la lujuria».

Esta degradación moral ha extendido aún más sus estragos. Cómo no suscribir estas líneas escritas recientemente por el P. Gérard Defois, secretario de la Conferencia Episcopal francesa:

«El amor reducido a la pasión pasajera, la sexualidad reducida a una banal consumición del instante, la familia reducida a un acuerdo efímero..., es el hombre reducido a los límites fatales de una sociedad del miedo. Nuestras discusiones sobre los anticonceptivos, el aborto, el divorcio, la vida en una palabra, son tan importantes como nuestros debates sobre los armamentos o la tortura. Mejor dicho, es la misma lucha por dar a la familia y a nuestra convivencia nacional o internacional, contra viento y marea, la cualidad humana».

3. EL SENTIDO DEL PECADO EN RETIRADA EN LA CONCIENCIA CRISTIANA

31 Pero hay un drama particular que se está desarrollando en este momento en la conciencia de algunos cristianos: la noción misma de pecado está en una peligrosa retirada.

Sin duda, nuestras liturgias eucarísticas se abren aún con el Confiteor, y uno se golpea ritualmente el pecho.

Indudablemente, continuamos pidiéndole a Dios, en el Padrenuestro, que «perdone nuestras deudas y nos libre del mal»; y en el Avemaría no se ha suprimido el «ruega por nosotros, pecadores».

Pero ¿nos atreveríamos a decir con sinceridad que nos acercamos a Dios «con el alma contrita y humillada», como confesamos con los labios?

Nos tenemos que preguntar sinceramente: ¿dónde estamos en tema de moral específicamente cristiana? Añado la precisión «específicamente cristiana»,porque sé que hasta esto se discute entre nosotros y que algunos intentan sostener la tesis de la inexistencia de esta especificidad.

No hemos de examinar nosotros la conciencia de los no-cristianos: basta examinar la nuestra.

No se respira impunemente el aire que nos rodea, sobre todo cuando las miasmas entran por todas las vías de acceso de los medios de comunicación social, estos nuevos reguladores de la conciencia de los hombres. Limitémonos simplemente al sector familiar que nos puede servir de test.

¿En qué longitud de onda estamos en este terreno? ¿De dónde sacamos nuestros criterios de apreciación y de referencia? ¿Dejaremos de lado la enseñanza que nos ha transmitido hoy la iglesia en la exhortación apostólica Familiaris Consortio, que Juan Pablo II ha publicado recientemente? O, por el contrario, ¿vamos a acogerla y a integrarla en nuestro actuar como elemento esencial y vital? Hay motivos para inquietarse sobre esta acogida.

Trátese de relaciones sexuales prematrimoniales, de informaciones sobre anticonceptivos para cualquier uso, de aborto voluntario, de desviaciones sexuales, de lesbianismo o de homosexualidad, de cohabitación juvenil o de matrimonio de prueba -en dos o tres etapas-, la idea misma de que todos estos comportamientos no dependen del arbitrio de los hombres, sino que hay una ley divina, una Palabra de Dios que el magisterio vivo interpreta, todo esto parece que se ha convertido en ajeno a la conciencia de muchos cristianos, más atentos a la modernización que a la fidelidad doctrinal.

Mientras escribo esto, ha caído en mis manos por casualidad una revista editada «por y para los cristianos de hoy». Se puede leer en ella estas chocantes líneas:

«¿No sería posible, sobre todo a nivel religioso, revisar la pastoral del matrimonio, teniendo en cuenta (como ya se está haciendo) las etapas por las que hoy en día pasa a veces la construcción madurada de un amor? Cohabitación con proyecto decidido, declaración ante la comunidad cristiana que acoge. Por último, fundación de una familia, cuando se ha decidido la procreación: pues ésta exige una voluntad deliberada de estabilidad y de permanencia. Lo que no impediría de ningún modo el matrimonio como compromiso definitivo desde el principio para los que estuviesen decididos».

Uno puede preguntarse adónde llevaría una «pastoral» puesta así al gusto de la moda. ¿Cómo queda, en todo esto, el Evangelio y el carácter sacramental del matrimonio entre bautizados?

Este debilitamiento del sentido cristiano en lo que concierne al amor y al matrimonio, del que no juzgo las intenciones, es tanto más grave cuanto que «sólo el amor construye el mundo» y cuanto que «el futuro de la humanidad pasa por la familia» para emplear las expresiones de Juan Pablo II.

A base de calcar, por contagio, nuestra moral según la vivencia del momento -esperando la vivencia de mañana, que podría reservarnos otras sorpresas más corrosivas aún-, estamos perdiendo nuestra identidad: aquí está nuestra retirada. Reconozcámoslo: si, en el mundo «cristiano» de hoy, no se exorciza ya al diablo, estamos muchas veces exorcizando al pecado.


4. UN GRITO DE ALARMA

32 Lo que me parece más grave de todo esto es que los cristianos parecen resignados a dejar que la deriva moral continúe sin reacción, sin ni siquiera protestar de otro modo que por algún suspiro de resignación ante lo inevitable. El derrotismo es incompatible con nuestra misión de cristiano en y para el mundo. Jesús dijo a los suyos que los dejaba en el mundo, pero que no podían ser del mundo. El pacto con el mal o la resignación son la negación misma de nuestra identidad cristiana.

Actuar y reaccionar son imperativos que permanecen de candente actualidad. Hemos de traducir la oración en acción, y servir al Señor con nuestros riesgos y peligros. Más vale hablar más del pecado que de los demonios, denunciando sus ataques.

Nuestros «aleluyas» no serán válidos, sino a condición de que, al salir de una reunión de oración, busquemos juntos con valentía e imaginación cómo anunciar concretamente los imperativos del Evangelio al corazón del mundo. Esto supone una estrategia sobre las formas y medios concretos individuales y colectivos que permiten realizar nuestro trabajo específico. Hay muchas formas de protestar y de influenciar a los que tienen en sus manos los destinos de un país. Uno puede aprender todos los días viendo cómo actúan los que destruyen ante nuestros ojos nuestra herencia moral. «Fas est ab hoste doceri» (es lícito aprender del enemigo). El Señor dijo que «los hijos de las tinieblas son más astutos que los hijos de la luz» (Lc 16, 8). Esta palabra debería sacudir nuestra imaginación y estimular nuestro ánimo. Necesitamos cristianos valientes -no sólo en los países en que se exponen al martirio-, sino también entre nosotros, en nuestra vida pública en que la libertad tiene aún sus derechos, pero que por eso mismo tiene también sus exigencias.

PARA REFLEXIÓN E INTERCAMBIO


1. ¿Qué relación hay entre el pecado y los desórdenes políticos y sociales en el mundo? (cf. nn. 22 y 28).

2. ¿En qué campos la degradación moral que actualmente hay en el mundo se nota de un modo particular? (ejemplos: nn. 29, 30 y 31).

3. ¿Cómo devolver la conciencia a los cristianos sobre la realidad del pecado, y reflexionar sobre el tema del Sínodo de Obispos de 1983 "Penitencia y Reconciliación"?

4. ¿Cómo reaccionar contra la degradación de costumbres, de forma personal y colectiva,, a todos los niveles (prensa, radio, televisión) y ante los responsables de nuestra vida pública?... Sugerencias concretas.

La Iglesia ante el pecado nos invita a invocar incesantemente al Señor:

"Dios todopoderoso: por este nuevo nacimiento de tu Hijo en nuestra carne líbranos del yugo con que nos domina la antigua servidumbre del pecado".

Oración del sexto día dentro de la Octava de Navidad.


SEGUNDA PARTE

Renovación Carismática
y “poder de las tinieblas”


CAPÍTULO VI
LA RENOVACIÓN CARISMÁTICA
COMO «EXPERIENCIA» DEL ESPÍRITU SANTO

1. EL SENTIDO DEL TÉRMINO «CARISMÁTICO»

33 Antes de decir por qué la Renovación Carismática ha suscitado una toma de conciencia más clara del Espíritu del Mal y del pecado en el mundo, querría decir brevemente cómo y por qué ha contribuido positivamente a una toma de conciencia más viva del Espíritu Santo y sus dones. Lo positivo y lo negativo se implican como la cara y cruz de una misma medalla. Pero antes que todo, hay que precisar el vocabulario.

El término «carismático», empleado en el título, no será utilizado más que de forma excepcional para no recargar el texto, pero necesita ser clarificado.

Este término no tiene de por sí ningún sentido exclusivo: la Iglesia entera es carismática y cada cristiano lo es en virtud de su bautismo. Pero el término ha tomado un sentido histórico y designa un movimiento determinado que se llama muchas veces «La Renovación en el Espíritu». Yo prefiero esta expresión porque la palabra «carismático» no recoge todos los aspectos de esta corriente de renovación espiritual que toca, no sólo el campo de los carismas, sino muchos aspectos de la vida cristiana.

Por el hecho de que toda renovación verdadera depende del Espíritu Santo, todos los movimientos espirituales en la Iglesia podrían llamarse de este modo. Pero la historia lo reserva a la Renovación nacida, a partir de 1967, en unos grupos de oración de Estados Unidos.

Por otra parte, este «movimiento» no es un movimiento organizado, en el sentido corriente de la palabra, no tiene fundadores, ni líderes «institucionalizados», no forma un todo homogéneo. La situación será diferente, por lo tanto, en lo que se refiere a nuestro tema según los diferentes países. Se deberá tener en cuenta esta diversidad para apreciar en qué medida ciertas precauciones se aplican al nivel local.


2. LA EXPERIENCIA BÁSICA DE LA RENOVACIÓN

34 Digamos, pues, en primer lugar, cuál es la experiencia básica que es el alma profunda de la Renovación. Por encima de las imágenes superficiales, hay que entender la Renovación como una gracia que actualiza el bautismo y la confirmación, como una especie de Pentecostés personal que implica conversión, nuevo reconocimiento de Jesucristo, apertura nueva al Espíritu Santo. Corresponde a los teólogos buscar cuál puede ser la mejor formulación. El término «bautismo en el Espíritu» podría hacer olvidar el bautismo sacramental inicial que nos enraíza en Jesucristo; el de «Pentecostés personal» no puede hacer olvidar que el Pentecostés fundador de la Iglesia es siempre único.

Pero sea cual sea el vocabulario, ha aparecido en la Iglesia una experiencia de conversión a una vida nueva. Atraviesa los cinco continentes como un soplo de recristianización en profundidad de los cristianos, como un viento que penetra un brasero cubierto de cenizas y lo transforma en foco de calor y de vida. «He venido a arrojar un fuego sobre la tierra, dijo Jesús, y ¡cuánto desearía que ya estuviera encendido! » (Lc 12, 49).

Como respuesta a la oración de Juan XXIII y Pablo VI, el misterio de Pentecostés continúa, no exclusivamente, pero sí de forma muy particular en este despertar religioso. Lo nuevo para los que lo acogen es que el Espíritu Santo, objeto de fe, se convierte para ellos en una experiencia vital. Aquí está la clave.

Como escribió el P. Sullivan, S.J., profesor de teología de la Universidad Gregoriana de Roma: «Los carismáticos no dudan ni un momento que el Espíritu Santo haya sido dado en los sacramentos del bautismo y de la confirmación y que está presente en todo el que vive en la gracia de Cristo. Pero, al mismo tiempo, creen que el Espíritu, aunque ya esté ahí, puede hacerse presente en la misma persona de una forma nueva y decisiva, es decir, transformando esta presencia, anteriormente creída por la fe, en una realidad de experiencia vivida.

Este cambio se señala por nuevas manifestaciones, de la acción del Espíritu en la vida personal, por un sorprendente aumento de fuerza para dar testimonio, del Señor, como también por los carismas que vienen. Aun señalando esta experiencia “pentecostal” inicial que muestra una nueva presencia del Espíritu, los carismáticos insisten en decir que no hay que subrayar esta fase inicial en detrimento de la nueva «vida en el Espíritu» que se instaura y que debe ser la continuidad lógica. Hay que alimentarla y sostenerla, si se quiere que la experiencia inicial dé sus frutos». (4)

35 A este análisis -y a este testimonio-, querría añadir aquí unas líneas de un historiador, Richard Quedebaux, que, en su libro «The New Charismatics» (Los nuevos carismáticos), sitúa con toda exactitud las características de esta experiencia:

«Cuando Cristo, escribe, prometió a sus discípulos que después de su partida les enviaría el Espíritu Santo, preveía que su venida les colmaría tres necesidades vitales:

1. confirmarlos en la fe;

2. traerles la alegría en medio de los sufrimientos;

3. dar a sus discípulos seguridad, dirección, enseñanza.

Y, sin embargo, si se observa a la mayoría de cristianos, hay que reconocer sin duda que, si bien aceptan intelectualmente la promesa del Señor referente al Espíritu, no han tenido experiencia de ella. Por lo tanto, la promesa no tiene significado real en su vida y brota de nuevo la pregunta: ¿cómo saber que el Espíritu permanece en mí?

La Renovación carismática responde a esta pregunta: el test será el «bautismo en el Espíritu», es decir, una poderosa experiencia que convence a aquel que recibe la gracia que Dios es real, que es fiel a su promesa y que los ‘signos y prodigios' descritos en el libro de los Hechos, pueden aún realizarse hoy para él» (5)

Ésta es la aportación de la Renovación en lo que concierne a la toma de conciencia del Espíritu Santo en la vida cristiana.

Fue esto lo que chocó al Papa Juan Pablo I, cuando le envié mi libro «¿Un nuevo Pentecostés?» siendo él aún patriarca de Venecia. En una carta amable y calurosa, condensó su reacción en una frase que dice mucho. «Al leer sus páginas, me escribió, me siento obligado a decir con usted y como usted que me he sentido impulsado a releer con ojos nuevos los textos de San Pablo y de los Hechos de los Apóstoles que creía conocer».
La Renovación vive de esta relectura.

 

PARA REFLEXIÓN E INTERCAMBIO

1. El término "carismático" es ambiguo: cada cristiano es "carismático" por su mismo bautismo. Clarifica la expresión cuando se quiere hablar de la "Renovación en el Espíritu" en el sentido histórico contemporáneo (n. 33).

2. ¿Dónde está el núcleo de la Renovación, y qué cosas son periféricas? (n. 34).

3. ¿Por qué Jesús envió el Espíritu Santo a sus discípulos? (nn. 34, 35).

4. Muestra por medio de los Hechos de los Apóstoles que el Espíritu Santo ha venido para satisfacer las necesidades vitales señaladas (n. 35).

 

Expresemos en una oración de acción de gracias todo nuestro agradecimiento al Señor por la obra de su Espíritu en la Iglesia, a lo largo de los tiempos:

"Oh Dios, que con acción maravillosa creaste al hombre y con mayor maravilla lo redimiste. Concédenos resistir a los atractivos del pecado guiados por la sabiduría del Espíritu, para llegar a las alegrías del cielo".

Oración después de la primera lectura de la Vigilia pascual.

 


CAPÍTULO VII
LA RENOVACIÓN Y EL SENTIDO REAVIVADO DEL MAL


1. EL ESPÍRITU SANTO SENSIBILIZA A LA MALICIA DEL PECADO

36 La gracia de la Renovación no es sólo una nueva experiencia religiosa, una toma de conciencia más viva de los dones y de los carismas con los que el Espíritu construye la comunidad eclesial: toca a todo lo que es obra del Espíritu. Su acción no se nota sólo en sus aspectos luminosos y positivos. Sensibiliza también a los cristianos en la realidad del mundo de las tinieblas a la que el Espíritu se opone. Da como una conciencia nueva de la realidad del Enemigo, del Adversario del reino de Dios.

Un texto misterioso de San Juan nos dice: «Cuando él venga convencerá al mundo en lo referente al pecado, en lo referente a la justicia y en lo referente al juicio» (Jn 16, 8).

La interpretación de este texto no es fácil, pero el sentido general es claro: el Espíritu Santo revela a Cristo -es su misión directa-, pero, al mismo tiempo y por contraste, ayuda a descubrir todo lo que se le opone, todo lo que viene del Anticristo.

Revelará, pues, según la Escritura, la iniquidad del mundo y su condena, sensibilizará al cristiano de la gravedad del pecado y de la omnipresencia del mal. Hará sensible también la derrota del Príncipe de este mundo, el cual, a causa de la muerte de Jesús, ha sido vencido.

No se puede amar el bien sin odiar, no al pecador, pero sí al mal y al pecado. A quienes le dejan campo libre, el Espíritu Santo les da una sensibilidad nueva para ver, denunciar y combatir todo lo que es negación de Dios en el mundo.

No sólo escruta las profundidades de Dios, sino que penetra también las profundidades del hombre y mueve a reaccionar contra los ataques del mal y del pecado, tanto personal como social.

37 Hemos tomado cada vez más conciencia de que el pecado no es sólo personal, invade también, a gran escala, nuestras estructuras y nuestras tensiones sociales. Hemos aludido ya a esto.

Odio racial o partidismo, egoísmo de clase, violencia y terrorismo, desvergüenza moral o fraude comercial, hipocresía o mentira -todo esto falsea las instituciones humanas sean las que sean. El Espíritu ayuda a percibir con mayor sensibilidad las causas profundas del desorden que nos rodea. Ayuda a percibir que el mal que sufrimos no está en primer lugar en las instituciones y en las cosas, sino en nosotros, en nuestra voluntad, en nuestra alma. «La bomba no es peligrosa, decía Denis de Rougemont, lo peligroso es el hombre». Completémoslo diciendo: lo peligroso es el pecado en el hombre y quien dice pecado penetra en un campo en que el Espíritu del mal ejerce su influencia.

Es necesaria la luz penetrante del Espíritu Santo para comprender verdaderamente la gravedad del mal y para reconocerse pecador. Es conocida la definición de santidad según Chesterton: «Un santo es aquel que sabe que es pecador». Los demás no lo saben y no se reconocen tales.


2. EL ESPÍRITU SANTO SENSIBILIZA A LA LUCHA ESPIRITUAL

38 Es, pues, normal que el Espíritu Santo avive la conciencia del fondo tenebroso sobre el que está en juego el destino de los hombres, y nos ponga en situación de alerta y de lucha. En un libro titulado «Concerning Spiritual Gifts», un autor protestante, Donald Gee, subraya esta lógica del Espíritu Santo: «Para el creyente individual, bautizado en el Espíritu Santo, como para el grupo que ha experimentado los dones espirituales, el conjunto del mundo espiritual se convierte en algo muy real. Se sigue inevitablemente que una visión espiritual más desarrollada para ver las cosas de Dios, conduce naturalmente a descubrir con otros ojos la realidad del Poder del Mal.

Dichoso el creyente y la asamblea de fieles que se abre con vigilancia a esta sensibilidad espiritual ampliada, pero que conserva, por encima de todo, su fe en Dios, que protege la Iglesia rescatada por su sangre y que triunfa de los ataques más sutiles del implacable Enemigo». (6)


PARA REFLEXIÓN E INTERCAMBIO


1. "El Espíritu Santo convencerá al mundo en lo referente al pecado, a la justicia y al juicio". ¿Cómo la Renovación sensibiliza a la malicia del pecado?

2. ¿Qué quiere decir "combate" espiritual? ¿Somos conscientes de él?

3. Cuanto más se afina una conciencia cristiana, más toma conciencia de su debilidad. Comenta la frase de Chesterton (n. 37)

4. Muestra en la vida de los santos del pasado -y del presente- este sentido de la humildad ante Dios.

Sensibilizados por el Espíritu Santo a la malicia del pecado, pongamos nuestra confianza en el Señor:

"Señor, Padre Santo, que para nuestro bien espiritual nos mandaste dominar nuestro cuerpo mediante la austeridad; ayúdanos a librarnos de la seducción del pecado y a entregarnos al cumplimiento filial de tu santa ley".

Oración del lunes de la 2.° Semana de Cuaresma.

CAPÍTULO VIII
LA RENOVACIÓN Y LA DEMONOLOGÍA SUBYACENTE


39 Antes de estudiar cómo se practica en el seno de la Renovación el ministerio de «liberación del o de demonios», hay que examinar qué demonología está subyacente a esta práctica y mostrar su debilidad doctrinal.
Estamos aquí frente a un fenómeno de contagio que debe atraer nuestra atención.

Históricamente, la Renovación Católica nació en los Estados Unidos, en un contexto religioso en que la influencia de la lectura fundamentalista de la Biblia tuvo y tiene aún un papel importante.

Al principio, muchos católicos, dentro de la Renovación, descubrieron la práctica de la liberación entre cristianos de otras tradiciones, pertenecientes sobre todo al ambiente de las Iglesias libres (Free Churches) o Pentecostales y los libros que leyeron -y leen aún- proceden en gran parte de estos ambientes.

De ahí, una literatura sobreabundante sobre el demonio y sus acólitos, sobre su estrategia y sus medios de acción, etc.

En la Iglesia Católica, este campo había quedado durante mucho tiempo abandonado y nuestra pastoral propia no ofrecía apenas guías adaptadas a nuestro tiempo. Hay que reconocerlo: ha habido una falta por nuestra parte y no es culpa de los miembros de la Renovación si no han tenido, cuando se requería, directrices actualizadas y autorizadas.

Esto explica la ósmosis que se ha producido y el contagio de una literatura abundante, extraña al Catolicismo y demasiado segura de sí misma, que nos ha invadido. Los excesos en cuestión de demonología tienen aquí su origen primero, pero ciertos vulgarizadores católicos -hay que reconocerlo también- han contribuido a acentuar las exageraciones.

No tengo intención de hacer un inventario completo -sería excesivo- ni citar nombres, porque la buena fe y el deseo pastoral de los autores es evidente y las circunstancias atenuantes son reales.

Señalaré aquí una serie de afirmaciones cuya gratuidad y exageración deberían saltar a la vista. Se pueden encontrar en innumerables libros, folletos, cassettes, algunos de los cuales circulan «para uso privado» pero que sin embargo están a la venta pública.

El demonismo exagerado, que debo describir ahora, no afecta -gracias a Dios- del mismo modo a todos los países, pero se encuentran trazas demasiado repetidas para no retener nuestra atención.


1. EN AMBIENTE NO-CATÓLICOS

40 Señalemos aquí, en primer lugar, algunas citas exageradas típicas, escogidas de la literatura de fuera del catolicismo. La inflación es particularmente sensible en los autores que atribuyen a influencias demoníacas, sino todas, al menos gran parte, de las enfermedades físicas o psicológicas.


Demonios y enfermedades

Uno de los «maestros en demonología» enumera tranquilamente entre las enfermedades cuyo origen es a veces demoníaco: el insomnio, la epilepsia, las crisis, los calambres, la migraña, el asma, la sinusitis, los tumores, las úlceras, los infartos, la artritis, la parálisis, la sordera, la mudez, la ceguera.

Demonios y expulsiones

Aumenta la precisión hasta decir:

- que el demonio del miedo sale normalmente con una especie de sollozo histérico.

- el demonio de la mentira y del odio por un rugido ruidoso.

- el demonio de la nicotina por una tos o un hipo.

Demonios y especies

41 Nos dice también que entre los nombres confesados por los demonios, figuran el demonio del miedo, del odio, de la mentira, de la duda, de la envidia, de los celos, de la confusión, de la perversidad, de la esquizofrenia, de la muerte, del suicidio, del adulterio, de la burla, de la blasfemia, de la brujería.

Demonios y número

En una obra del mismo tipo, se encuentra una lista de 323 clases de demonios, y no se pretende que la lista sea exhaustiva. Se puede leer allí también que la esquizofrenia es el resultado de un complejo de 15 demonios (o más), acompañados de demonios inferiores. Se consagra un capítulo a los grupos de demonios, catalogados en una tabla resumen de tres páginas, divididas en 53 columnas.

Demonios y organización

En un manual de pastoral, muy leído y puesto en práctica, se lee que:

- el ejército de Satanás es una organización rígida, comparable al ejército de los Estados Unidos, con una jerarquía que va desde el comandante en jefe hasta los generales, coroneles, comandantes, capitanes, tenientes, etc.

- los demonios tienen campos de acción específicos, que les son asignados, por ejemplo, tal nación o tal ciudad.


Demonios y lucha espiritual

Hay que luchar y no contentarse con rezar, porque «Dios ha contestado ya a nuestra oración dándonos autoridad y poder sobre el Maligno». Nuestro deber es, añade, ejercer este poder: «Dejemos de implorar al cielo para obtener lo que ya hemos recibido y empecemos a usar los poderes (de liberación) que ya nos han sido concedidos».

Demonios y los niños

Este ministerio de liberación se debe ejercer también, se dice ahí, sobre los niños. Se le dedica todo un capítulo a esto. Como ya se ha mostrado que los malos espíritus son capaces de invadir un feto y los niños, es evidente, se dice, que hay que practicar la liberación también sobre ellos. Se pueden expulsar los demonios que han invadido a los niños del mismo modo que se ha dicho para las personas mayores. Habrá manifestaciones en el momento de su expulsión por la boca o la nariz, como en las demás liberaciones.


2. EN AMBIENTES CATÓLICOS

En la literatura de origen católico se pueden señalar a título de muestra, afirmaciones que dejan perplejo.

Malos espíritus reunidos

Se dice que los demonios se juntan por grupos y que entre ellos, los demonios dominadores pueden tomar la voz de un ser humano, cosa que ocurre una vez cada ocho o diez casos.

Se dice que si dos espíritus dominadores han elegido morada en la misma persona, los demonios luchan entre ellos para obtener el control total y que esta batalla es de tal tipo que engendra desequilibrios mentales. Si se oyen voces, será signo que la lucha ya ha empezado.

Se cita con elogio y como particularmente digno de atención, un autor que declara «que los espíritus obran de acuerdo común por grupos de ocho...».

Demonios bloqueados

Se dice que a veces los malos espíritus quedan bloqueados y encerrados juntos. El rechazo del perdón, por ejemplo, provocaría muchas veces este fenómeno.

Los espíritus más fuertes intentarían encerrar a los más débiles. Si se detecta, por ejemplo, un demonio «de venganza», encerrado por otro espíritu, si no se le puede alejar de frente, se le puede evitar muchas veces dando un rodeo.

Estrategia de los demonios inferiores

Se dice que hay que diagnosticar bien la naturaleza de los espíritus y discernir entre ellos los espíritus dominadores.
Los espíritus inferiores se sacrificarán bajo el mando de los espíritus dominantes para camuflar a los otros.

Salida de demonios

Se dice que mientras antiguamente los demonios salían tosiendo, ahora es más bien bostezando. El exorcista que bosteza él mismo hace la salida más fácil.


Objetos y animales

Hay espejos, chucherías traídas de Oriente que atraen las influencias ocultas y que hay que alejar de casa.

Se habla igualmente de un gato que sufrió un cambio completo de personalidad por la invasión de malos espíritus en el animal.

Los malos espíritus que pueden atacar a los exorcistas

Se dice que hay un riesgo de contagio por el contacto físico de los exorcistas que ponen la mano sobre la persona que hay que liberar.

Se debe orar inmediatamente para liberar al exorcista tocado, en cuanto el equipo se dé cuenta.

Y más ejemplos todavía:

- Un predicador de moda anima a vomitar para ayudar a la expulsión de los demonios.

- Alguno recomienda reservarse un momento determinado cada día para la expulsión de los demonios, como parte integrante de toda vida espiritual.

Una persona eclesiástica, cuyos escritos multicopiados, traducidos a diferentes idiomas, circulan y siembran confusión, escribe:

«Al prever una posible victoria, es importante evaluar la fuerza de los malos espíritus.

Esto significa que se debe saber:

- Quiénes son.

- Con qué frecuencia realizan sus ataques.

- Luego, mirar su fuerza, si son sólidos, robustos, pesados.

- Y hasta tener en cuenta su talla.

He necesitado dos años para liberar a una niña de 16 años y expulsar de ella, finalmente, 25 demonios.

En el ministerio de liberación se aconseja identificar el enemigo por su nombre. Puede poner a la persona en convulsión, en trance, y torturarla de muchas formas; pero durante todo el tiempo que no está identificado, cree que las oraciones no van dirigidas contra él.

También es bueno hacerle las siguientes preguntas:

1) ¿Quién eres?

2) ¿Cuántos sois?

3) ¿Desde cuándo estáis en esta persona?

4) ¿Dónde estáis en ella?

5) ¿Qué enfermedad le habéis causado?

Hay que emplear con perseverancia la autoridad del Nombre de Jesús: ‘Os ordeno, en Nombre de Jesús, que habléis y que digáis vuestros nombres’.

En algunos momentos, pueden sólo hacer mover la lengua y murmurar algunas palabras. Se debe continuar insistiendo para que el diablo hable distintamente.

Es aconsejable mirar tres veces intensamente a los ojos de la persona que hay que liberar, pedirle que mire tres veces intensamente los vuestros. Decirle que cierre los ojos la tercera vez y ordenarle que duerma. Luego, hablar a su alma, después de haberla signado con la señal de la cruz».

¿Para qué, se dirá, semejante inventario que no puede sino dañar a la Renovación, dar armas a los que la atacan y crear la impresión que estas exageraciones son corrientes en la Renovación católica en general?

Diré, en primer lugar, que, de hecho, numerosos grupos y comunidades, en todo el mundo, no estarían de acuerdo y, por lo tanto, están a salvo de estos errores.

Creo es un servicio que hay que hacer para asegurar la seguridad en carretera el llamar la atención sobre los precipicios que rodean la ruta.

Además, el contagio se mete por todas partes y más vale estar advertidos. Por último, la Renovación no puede sino ganar en credibilidad denunciando ella misma semejante demonología. De esta forma, dará mayor peso y valor a toda la riqueza espiritual que ofrece, comprendida la conciencia más viva de la presencia del Poder del mal y de la necesaria lucha espiritual.

PARA REFLEXIÓN E INTERCAMBIO


1. Compara las afirmaciones de este capítulo con la actitud reservada de la Iglesia (nn. 4, S, 24, 25).

2. ¿Para qué señalar estas exageraciones? ¿No es dañar la credibilidad de la Renovación? Analiza la respuesta dada a la objeción (n. 41).

3. ¿Has encontrado otros ejemplos en la literatura difundida en los ambientes "carismáticos", o fuera?

4. ¿Cómo reaccionar concretamente contra las infiltraciones de una demonología extraña al pensamiento de la Iglesia que se expresa en el Magisterio vivo de hoy?

En una oración unánime con toda la Iglesia, pidamos al Señor que nos proteja del poder del mal y nos guíe en nuestra lucha espiritual:

"Oh Dios, que has renovado por las aguas del bautismo a los que creen en ti; concede tu ayuda a los que han renacido en Cristo, para que venzan las insidias del mal y permanezcan siempre fieles a los dones que de ti han recibido".

Oración del sábado de la 3ª Semana de Pascua.

CAPÍTULO IX
LA RENOVACIÓN Y LA PRACTICA DE LA
«LIBERACIÓN» DE DEMONIOS


42 Hasta aquí nos hemos quedado en el plano doctrinal, entremos ahora en el desarrollo de este ministerio de «liberación», término más suave que en realidad designa un acto de exorcismo.

1. ¿QUÉ SE ENTIENDE POR EXORCISMO?

¿Qué significa el término y su contenido? El Diccionario de teología católico, en la palabra «exorcismo» da la definición siguiente:

«El exorcismo es, propiamente hablando, una adjuración al demonio para obligarle a evacuar un lugar, a abandonar una situación, a poner en libertad a una persona que mantiene más o menos en su poder. La adjuración se hace, sea bajo forma de orden intimada directamente al demonio, pero en nombre de Dios o de Jesucristo, sea bajo forma de invocación, de súplica dirigida a Dios y a Nuestro Señor, en vistas de obtener que den la orden de expulsión o que aseguren su ejecución».

Hay que notar que la definición dada engloba dos tipos diferentes de adjuración.

En el segundo tipo, se dirige directamente y únicamente a Dios, suplicándole que obre él mismo la liberación. Se trata en este caso de una súplica a Dios de una oración deprecativa.

En el primer tipo de adjuración, se trata de una interpelación dirigida directamente, en nombre del Señor, al demonio o demonios conminándoles a liberar a su víctima. Conminación directa, diálogo en que se intentará muchas veces arrancar el nombre del demonio, y su especie. Ocurre a veces que se le da a esta conminación el nombre de «oración imprecativa», para distinguirla de la otra, la «oración deprecativa», pero con todo rigor, un cristiano no dirige una oración más que a Dios, no al demonio.

Nuestra atención va a concertarse sobre el primer tipo de adjuración que pone algunos problemas delicados que se deben aclarar.


2. DESCRIPCIÓN DE LA PRÁCTICA DE LA «LIBERACIÓN»


43 Empecemos describiendo una sesión-tipo.

Lo hago a partir de recuerdos personales y de múltiples testimonios. Hay naturalmente variantes según las personas, los casos y los países. Pero la práctica es fundamentalmente, común y se presenta como sigue:

En primer lugar en cuanto a la persona «a liberar». Ella ha pedido esta «liberación», sea espontáneamente, sea después de una sugerencia. Se ve a veces un contagio que se produce súbitamente, debido a algún propagandista particularmente persuasivo.

He notado que se ofrece orar por la «liberación» en algunos ambientes, como si éste fuese un rito indispensable para vivir plenamente como cristiano. Noto también que estas «liberaciones» son bastante a menudo repetidas, y no terminadas una vez para siempre.

En tal grupo de oración o en tal comunidad carismática, se considera a veces que cada futuro miembro del grupo debe prestarse a una o varias sesiones de «liberación de malos espíritus», bajo nombres diversos. Se le convierte en una especie de rito de introducción obligado para el «bautismo en el Espíritu».

La persona a «liberar» puede situarse, sea en la categoría de los casos corrientes, sea en la de los casos agudos; en esta última hipótesis, se estará entonces frente a uno que se cree víctima de presiones incontrolables, exteriores a su voluntad, y que dan lugar a veces a fenómenos extraños en que se puede dar toda una serie de sugestiones inconscientes.

En los casos corrientes, no espectaculares, la persona se la presume atada por alguna influencia diabólica, por uno, o por diversos malos espíritus. Esta persona ha dejado entrar en ella, tal o cual mala tendencia -que se le pedirá que reconozca y denuncie que, poco a poco, le ha llevado a impulsiones percibidas como incontrolables, trátese de tendencia al alcoholismo, a la droga, a excesos sexuales, a la masturbación, a la cleptomanía, etc. La acción del grupo intentará entonces liberarla de los malos espíritus que la retienen en esclavitud, romper las ataduras que impiden su libertad.

Esta interpelación directa del demonio se hará, con gran compasión fraterna, en nombre del Señor, con gran espíritu de fe. Pero no se dirigirá solamente a Dios, se adjurará y conminará directamente a los malos espíritus a abandonar la presa.

44 Esto se realizará en diversas fases:

- Una primera fase preparatoria se consagra a la oración, generalmente en grupo, al discernimiento del caso, a la determinación del tiempo que hay que consagrarle, a lo que hay que hacer después, etc.

- Una segunda fase está constituida por la «oración de liberación» propiamente dicha. Esta comporta:

1. Una oración inicial de alabanza a Dios y de petición de protección en favor de los exorcistas que se exponen a los ataques del Maligno.

2. Una oración para «atar» los malos espíritus, para que pierdan su virulencia en las víctimas.

3. Una búsqueda, por interpelación y preguntas, de la identidad y del nombre de los demonios supuestamente allí en acción para mejor expulsarlos uno a uno, habiéndolos reconocido.

4. La renuncia de la persona «a liberar», a la que se la invita a rechazar ella misma, voluntariamente, el pecado o los pecados que están a la base de la acción demoníaca específica que, se cree, la ata y la estorba. Se manda entonces, al mal espíritu, identificado con anterioridad, bajo tal o cual nombre, que abandone la persona oprimida, sin molestar a nadie e ir donde el Señor quiera.

- Una tercera fase final comportará oraciones de agradecimiento y el establecimiento eventual de un plan de «convalecencia».

Sobre este fondo común, hay variantes de forma. Uno recomendará mirar fijamente a los ojos de las personas para impresionar al demonio o a los demonios que lo habitan, otro recomendará cerrar los ojos. Uno elevará la voz para mandar al demonio con más fuerza o autoridad, recurriendo, en ambientes católicos, al crucifijo, a la sal o al agua bendita. Otro utilizará más bien un tono de voz más retenido, porque no se actúa por poder propio, sino en nombre del Señor. Ocurre a veces que se anima fuertemente a la persona a vomitar para facilitar la expulsión de los demonios. Yo mismo he escuchado, en Florida, durante un congreso, el testimonio de una mujer que se decía «liberada» y que atestiguaba haber escupido quince demonios.

Estas sesiones pueden excepcionalmente escalonarse a lo largo de varias semanas o meses. En un congreso reciente, en Estados Unidos, una docena de sacerdotes realizaron adjuraciones de este tipo durante doce horas de un tirón, a lo largo de la noche, sin conclusión definitiva.

Doy estos detalles para ayudar a visualizar lo que ocurre en casos sin duda extremos, pero reveladores.

3. ¿QUE COMPRENDE, DE HECHO, EL TÉRMINO «LIBERACIÓN»?

45 Los que practican el «ministerio de liberación» se abstienen en general, de hacer exorcismos. Saben que los exorcismos, en sentido pleno, conciernen los casos de supuestas posesión diabólica y que estos exorcismos, que se llaman solemnes, están reservados al obispo. Evitan, por lo tanto, parecer que se mueven en terreno prohibido, y adoptan algún otro término más neutro. Hablan de sesiones de «liberación», de «oración de acogida», de «oración especial», de «compasión».

¿Por qué esta prudencia verbal? Ni la buena fe, ni la caridad están en discusión, pero hay diversos factores que intervienen para favorecer esta terminología «difuminada» y minimizante. La etiqueta más neutra, y válida para todo, puede ser adoptada:

- sea para no asustar a las personas que se quiere ayudar;

- sea para evitar atraer la atención de las autoridades eclesiales responsable que podrían inquietarse por esta proliferación y ver en ella exorcismos no autorizados, «de contrabando»;

- sea simplemente para evitar una curiosidad malsana o la afición extremada del público. De ahí también una ausencia de publicidad.

Sean los que sean los motivos que mueven a la discreción o al secreto, el hecho es éste: se están realizando muchas reuniones o sesiones de «liberación» a veces al margen de un congreso o de una noche de oración, a veces, lo hemos dicho, como fase preliminar impuesta, o fuertemente sugerida, a quien desea recibir el «bautismo en el Espíritu» o formar parte de una comunidad de vida.

Este fenómeno crea el riesgo de ver introducirse en la Iglesia una pastoral que podría fácilmente degenerar en tendencia al esoterismo. Lo que sería lo contrario de la Iglesia que no tiene dos enseñanzas, o dos comportamientos: uno para iniciados, otro para todo el mundo.


4. UNA FRONTERA MAL DEFINIDA

46 La práctica de la liberación de los demonios que se ejerce sin mandato, en forma de exorcismos directos, pone un problema fronterizo a esclarecer y clarificar. A primera vista, la línea de demarcación parece clara: los exorcismos son reservados exclusivamente al obispo o a su delegado, en caso de presunta posesión diabólica; los casos que no llegan a la posesión propiamente dicha son terreno de nadie, no reglamentado, por lo tanto accesible a todos.

Los casos de verdadera posesión, y por lo tanto reservados, son raros. Pero todo lo que no llega a la «posesión» propiamente dicha queda como un terreno de límites imprecisos en que reina la confusión y las ambigüedades.

La complejidad del mismo vocabulario no ayuda a simplificar las cosas: no hay una terminología común y uno se encuentra bajo las mismas etiquetas con contenidos distintos. Sin tener en cuenta que todo este terreno se presta mal a la delimitación verbal.

¿Qué es lo que define las posesiones demoníacas totales o parciales, y qué hay que entender por ellas? Se trata de una influencia que actúa desde dentro o desde fuera? Y cómo definir los términos que se usan: infestación, obsesión, opresión, tentación, etc.

Todo esto necesitaría que se aclarase, para impedir que uno se aventure en el «misterio de iniquidad» como francotirador, al margen de la Iglesia y más o menos a sus espaldas.

Proponemos en la tercera parte sugerencias prácticas en esta delicada materia.

PARA REFLEXIÓN E INTERCAMBIO

1. En la definición del exorcismo (n. 42) hay dos aspectos que se deben distinguir. Analiza atentamente este n. 42, que es la clave del Documento IV. ¿Por qué?

2. La oración de "liberación del Mal", que se dirige a Dios, es enseñada por Jesús mismo. Analiza el sentido de la petición final del Padrenuestro "líbranos del mal" (con y sin mayúscula).

3. ¿Por qué el secreto alrededor de la palabra "liberación" y de la práctica que encierra, presenta un peligro tan serio?

4. Muestra las ambigüedades de vocabulario y la imprecisión de la frontera mal definida entre la "posesión" y la influencia perversa que "no llega a la posesión" (n. 46).

Con la Iglesia pidamos al Padre la verdadera libertad de los hijos de Dios:

"Señor Dios que para librar al hombre de la antigua esclavitud del pecado enviaste a tu Hijo a este mundo; concede a los que esperamos con devoción su venida, la gracia de tu perdón soberano y el premio de la libertad verdadera”,

Oración del sábado de la 1ª Semana de Adviento.

......ANTERIOR

SIGUIENTE.....


NOTAS:

(1) J. C. SAGNE, La Prière de délivrance et de guérison, en Tychique 23 (1980).

(2) Cf. B. LONERGAN, Insight, 666 On Basic Evil, London New York 1957

(3) Cf. K. MENNINGER, Whatever became of sin?, Hawthorn Books, New York 1973.

(4) F. A. SULLIVAN, The Pentecostal Movement, en Gregorianum 53 (1972) 2, p. 249. Cf. del mismo autor el libro de próxima aparición, Charisms and Charismatic Renewal, Ed, Servant Books, Ann Arbor.

(5) R. QUEDEBAUX, The New Charismatics, Doubleday, New York 1976, p, 2.

(6) D. GEE, Concerning Spiritual Gifts, Ed. Gospel Publishing House, Springfield 1972.