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Desde sus comienzos, todos los Papas han tenido palabras de aliento y apoyo a la Renovación. Ellos han sido y siguen siendo la autoridad suprema para discernir la autenticidad de un movimiento dentro de la Iglesia. El primero de ellos, Pablo VI, que animó a todos los asistentes al encuentro de Roma (mayo de 1975) a que continuaran este camino de gracia, en fidelidad a la Iglesia de Jesucristo. Como gesto de gran apoyo, el Papa autorizó al Cardenal Suenens (delegado ante la Renovación Carismática) para que celebrara la Eucaristía en el Altar Mayor de San Pedro de Roma. "Este deseo auténtico de situaros en la Iglesia es un signo auténtico de la acción del Espíritu Santo... ¿Cómo no va a ser esta "renovación espiritual" una oportunidad para la Iglesia y el mundo? Y cómo, en ese caso, no tomar todos los medios para asegurar que permanezca de este modo..." Cuatro años más tarde, en 1979, el ya elegido Papa Juan Pablo II también se dirigió a un grupo de líderes de la Renovación de todo el mundo y les dijo: "Estoy convencido de que este movimiento es un componente muy importante en toda la renovación de la Iglesia." Les desveló que su iniciación espiritual vino a través de una oración al Espíritu Santo que rezaba desde niño. Así afirmaba que entendía todos los carismas y que eran riqueza del Señor: "Yo desde pequeño aprendí a rezarle al Espíritu Santo. Cuando tenía once años, me entristecía porque se me daban mal las matemáticas. Mi padre, me mostró en un librito el Himno Ven, Espíritu Creador, y me dijo: "Rézalo y verás que Él te ayudará a comprender". Llevo más de 40 años rezando este himno todos los días y he sabido lo mucho que ayuda el Divino Espíritu". En época más reciente, 1998, el Pontificio
Consejo para los Laicos organiza el Congreso Mundial de Movimientos Eclesiales,
donde un representante de la Renovación Carismática presentó
al Papa los votos de fidelidad a la Iglesia en nombre de los movimientos
asistentes. En este encuentro, Juan Pablo II les hablaba así: "Vuestra contribución a la vida de la Iglesia, a través del testimonio fiel de la presencia y la acción del Espíritu Santo ha ayudado a muchas personas a redescubrir la belleza de la gracia que se les dio en el Bautismo, entrada a la vida en el Espíritu". Y hace tan sólo un año, el Santo Padre Juan
Pablo II pronunció estas hermosas palabras: "Gracias al movimiento
carismático, muchos cristianos, hombres y mujeres, jóvenes
y adultos, han redescubierto Pentecostés como realidad viva y presente
en su existencia cotidiana". Y por último, el Cardenal Joseph Ratzinger, hoy Papa Benedicto XVI, siendo todavía Prefecto para la Congregación para la Doctrina de la Fe, reconoció el bien que hace la corriente carismática a la Iglesia, al presentar el libro del Cardenal Suenens sobre la Renovación Carismática. Estas fueron sus palabras: "En el corazón de un mundo inmerso en un escepticismo
racionalista, de repente surge una nueva experiencia del Espíritu
Santo. Y desde entonces ha asumido la expansión de un movimiento
mundial de renovación. Lo que el Nuevo Testamento nos dice sobre
los carismas -que fueron vistos como signos visibles del advenimiento
del Espíritu- no es sólo historia antigua, ya terminada,
sino que una vez más está siendo extremadamente actual.
[...] ¿Cuál es la relación entre experiencia personal
y la fe común de la Iglesia? Ambos factores son importantes: la
fe dogmática sin el apoyo de la experiencia personal permanece
vacía; la sola experiencia, sin relación a la fe de la Iglesia
permanece ciega. A los responsables del ministerio eclesiástico
-desde el sacerdote parroquial hasta los obispos- no dejar que la Renovación
les pase sino que le den una completa bienvenida; y por otra parte...
a los miembros de la Renovación, que atesoren y mantengan su vínculo
con toda la Iglesia y con los carismas de sus pastores". Nuevo Pentecostés, n. 98 |