EL DISCERNIMIENTO EN LAS SAGRADAS ESCRITURAS.

P. David Gascón Cerezo

En la Renovación Carismática, donde tanto subrayamos el papel de los carismas, existe un don con base en la Biblia y al que todavía no se le ha dado la importancia merecida. Se trata del Don de Discernimiento. Su importancia, como la de todos los carismas, es social, es decir, está en función de los demás. Por eso, es el don más importante para un dirigente, servidor o pastor de una comunidad.

Para ser líderes no nos capacitan las Palabras de Conocimiento o Sabiduría, o el Don de hacer Milagros; tampoco el Don de Lenguas o de Curaciones. El Carisma más imprescindible, que hace que un dirigente se constituya en servidor de su grupo, es el Don de saber Discernir el Plan de Dios, su Voluntad. Es también el Don que nos capacita para saber utilizar bien todos los restantes Dones. Cuando brilla por su ausencia este Carisma, todos los demás pueden constituir más un peligro que una bendición para la edificación de la comunidad cristiana.

Un río con mucho caudal, si no es canalizado adecuadamente, puede destruir nuestros jardines, huertas y campos. El río es un tesoro para la agricultura. Las aguas de su cauce son una bendición, pero ¡cuántos ríos desbordados han llenado de luto y dolor ciudades y campos! Cuando se aprovecha el caudal de un río puede convertirse en fuente de energía para iluminar toda una ciudad, para cultivar parques y huertas, e incluso, como espectáculo, en las fuentes. Pero si no se le encauza, puede entonces inundar y anegar el campo de Dios que somos nosotros y son nuestros grupos y comunidades. S. Pablo era consciente de este riesgo cuando escribía a los carismáticos de Corinto: "El Señor nos dio poder para edificación, no para ruina" (2a Cor. 10,8).

LA PALABRA DISCERNIMIENTO EN LA BIBLIA

La Biblia emplea dos expresiones para significar el discernimiento. Ellas encierran dos sentidos diferentes.

* Dokimazo significa someter a prueba, examinar, estimar. La imagen subyacente es la del hombre que sopesa un objeto para verificar su valor, como el cambista que examina una moneda, intentando saber si es verdadera o falsa. El discernimiento, en este sentido, es poner a prueba y verificar los frutos de una acción; es la verificación de su referencia a Dios y a la comunidad.

* Diakrino quiere decir separar, decidir, elegir. Esta expresión significa el arte de juzgar, de distinguir, de hacer elecciones. Esta es la raíz de la palabra que S. Pablo emplea, cuando habla explícitamente de discernimiento de espíritus (Diacrisis pneumaton, en la Cor. 12,10).

Las dos palabras griegas son intercambiables. En la frase que Jesús dirige a los fariseos: "Hipócritas, vosotros sabéis interpretar (o discernir) los signos de los tiempos", Mateo 16,3, emplea el verbo "diacrino", y Lucas 12,56 "Dokimazo". Discernir es, en cierto sentido, interpretar. Sin embargo, las Escrituras, cuando hablan de interpretación de Lenguas o de la Palabra de Dios, emplean el verbo "Hermeneuo", de donde procede hermenéutica. La variedad de expresiones griegas y castellanas es un signo bien elocuente de lo complejo que es el tema del Discernimiento.

SIGNIFICADOS MÁS IMPORTANTES DEL DISCERNIMIENTO

Si dejamos el mundo de las palabras y nos adentramos en el de los conceptos, observamos que destacan dos ideas claves en torno al discernimiento

* Es una Luz de Dios. Un elemento importante para el discernimiento es la luz interior, la iluminación súbita de la inteligencia. En el discernimiento natural u ordinario se va haciendo la luz progresivamente, como en un suave amanecer. En cambio, en el discernimiento como don sobrenatural, como carisma, se trata de una luz súbita, de una iluminación que proviene del Espíritu Santo, como regalo suyo. Equivale a un conocimiento infuso, como contraposición al conocimiento adquirido. Es algo que no ha pasado por los sentidos, sino que ha sido infundido directamente por el Espíritu Santo en la inteligencia humana. Así ocurrió en S. Pablo, cuando cayeron de sus ojos unas como escamas, que le permitieron descubrir la Voluntad de Dios sobre su vida futura (Hechos 9,3 y 18).

* Es un instinto sobrenatural por el que se percibe intuitivamente lo que sucede. No se regala para provecho del que discierne sino de la comunidad. Equivale a un olfato divino para rastrear el Plan de Dios, sobre una persona o una comunidad. María de Nazaret tuvo este olfato sobrenatural, cuando el ángel vino a anunciarle el Proyecto de Dios. (Lc. 1,26-38).

EL DISCERNIMIENTO EN EL ANTIGUO TESTAMENTO

Encierran sus páginas diversos pasajes donde resplandece el Discernimiento como Don del Espíritu Santo, pero quizás ninguna escena como la del Rey Salomón. Este Rey ha de juzgar al pueblo del Señor y la tarea sobrepasa sus fuerzas, por eso acude, en la oración, a la fuente de toda sabiduría. "En Gabón el Señor se apareció en sueños a Salomón y le dijo: Pídeme lo que quieras. Respondió Salomón... da a tu siervo un corazón dócil para gobernar a tu pueblo, para discernir el mal del bien..." (1° Reyes, 3,4-13). Ante esta súplica, el Señor le concedió ampliamente el Don de Discernimiento e incluso le dio lo que le pedía: riqueza y fama.

El Discernimiento aparece aquí como una inteligencia práctica, aplicada a la acción, y en particular a la justicia. Es muy importante decirle al Señor que nos ayude a ver, a escuchar e interpretar, a fin de que también nosotros sepamos discernir el bien que aparece mezclado con el mal. Es bueno expresarle al Señor: Soy tu servidor, ayúdame a dirigir la partecita del universo que me has confiado: la familia; o la porción de tu Iglesia que es este grupo, movimiento o parroquia... Esta responsabilidad que he aceptado.

Se ha escrito que la plegaria de Salomón pidiendo la sabiduría del discernimiento, equivale, y está a la altura, de la Secuencia de Pentecostés, pidiendo Espíritu Santo (Cf Sabiduría 9,1-18). La amplitud con que el Señor regaló este Don a Salomón ha quedado manifiesta y demostrada en la escena del "Juicio de las dos madres" (1° Reyes 3, 16-28).

EL DISCERNIMIENTO EN JESÚS DE NAZARET

Los Evangelios no hablan directa y explícitamente del discernimiento cristiano. Sin embargo, la realidad e importancia de este Don, aparece en muchas de sus páginas. Sin el Discernimiento no se puede comprender la vida y obra de Jesús de Nazaret. Jesús, en cuanto Dios, no necesitaba de este Don, lógicamente; pero en cuanto hombre, crecía no sólo en edad sino en sabiduría también. Su afán constante fue realizar la Voluntad del Abbá del cielo. Por eso, el tentador le quiere confundir en el desierto y ha de actuar con discernimiento.

Jesús nos dio la clave del Discernimiento, cuando nos dijo: "Guardáos de los falsos profetas. Por sus frutos los conoceréis" (Mt. 7,15-18). Pero, ¿cuáles son esos frutos que nos permiten identificar la acción del Espíritu Santo o del maligno? . Normalmente son de dos clases: exteriores e interiores.

* Señales externas: Las principales son tres: 1) La conformidad con lo revelado en las Sagradas Escrituras. 2) Estar de acuerdo con la enseñanza de la Iglesia en materia de fe y moral. 3) Congruencia y coherencia con el deber de estado.

* Señales interiores: Todos los que han reflexionado, a lo largo de los siglos, sobre el discernimiento espiritual, han comentado el famoso texto de S. Pablo a los Gálatas (5,22-24). El Apóstol enumera los frutos o signos por los cuales se disciernen la acción del Espíritu Santo, a saber: Amor, Alegría, Paz, Generosidad, Comprensión, Fidelidad, Bondad, Mansedumbre, Dominio de sí.

Un poco antes (Gal. 5, 19-21), refiriéndose a la carne, nos dice cuáles son los frutos del maligno: "Fornicación, impureza, desenfreno, idolatría, magia, odios, discordias, celos, arrebatos, disputas, disensiones, cismas, sentimientos de envidia, orgías, comilonas y cosas semejantes". En realidad, el Espíritu Santo obra en conformidad con lo que El es: Amor, Unidad, Santidad, Verdad, Vida, Paz... Engendra todo eso.

EL DISCERNIMIENTO EN PEDRO Y PABLO

Pedro: Un hombre sin discernimiento. Son muy frecuentes las ocasiones en que Pedro actúa sin este don. En Cesarea de Filipo se le encendía y se le apagaba esta luz. Con este carisma fue capaz de confesar: "Tú eres el Hijo de Dios Vivo" (Mt. 16, 16). Sin él, dijo: "¡Lejos de Tí, Señor, el padecer y morir!" (Mt. 16,22). Por eso, mereció de Jesús el calificativo más duro que aparece en los Evangelios: "¡Quítate de mi vista, Satanás!" (Mt. 16,23). Cuando se le encendía este carisma era genial, cuando se guiaba por su razón era un pobre hombre. Igual le ocurrió en la ultima Cena con el lavatorio de los pies (Jn. 13,6-10) y con su actuación violenta, al cortar una oreja al siervo del Sumo Sacerdote, en Getsemaní (Lc. 22, 49-51). Pedro sin discernimiento es un estorbo, no sabe lo que dice ni lo que hace. Es nuestra imagen, cuando actuamos guiándonos sólo por nuestra razón, al intentar conocer la Voluntad de Dios.

Pablo: Un hombre con discernimiento en plena actividad.

Continuamente S. Pablo debe probar, sopesar, apreciar, discernir, reconocer, rechazar... Lo primero que trata de discernir es su propio ministerio: ¿a qué región o ciudad debe llevar el Evangelio? Constantemente le llegan problemas de las comunidades fundadas por él y que debe buscar soluciones: rivalidades, malas conductas, la circuncisión, falsificaciones del Evangelio, desórdenes en la Eucaristía, exuberancia de carismas... No puede atender a todos y necesita "hombres probados": Timoteo, Silvano. No ignora que Satanás se disfraza de ángel de luz (2a Cor. 2,11; 11,14). La aportación de Pablo al Discernimiento Cristiano han sido siete grandes textos que nunca se podrán olvidar:

1°) 1ª Tes. 5,19-21 .2°) 1ª Cor. 6, 12 y 12,10. 3°) Filp. 1,9-11. 4º) Rom. 12,2. 5°) Efes. 5,8-10. 6°) Gal. 5,22. 7°) Col. 3,9-17.

Los siete signos de la presencia del Discernimiento para Pablo son: crecer en la fe. Crecer en la libertad interior. Aumento de la Esperanza. La Caridad (es el criterio supremo). La Paz. La Alegría. La Koinonía (unidad).

Pablo tuvo la triste experiencia de una comunidad, la de Corintio que tenía todos los carismas, excepto el de Discernimiento, y crecieron entre ellos todos los problemas y dificultades. Tuvo que visitarles varias veces. Les escribió tres cartas, aunque una se perdió desgraciadamente. Pero hubiesen necesitado una carta diaria, al no tener dirigentes con discernimiento.

Las dos grandes premisas, para que el Espíritu siga hoy dándonos la "Luz de Dios" y "El Olfato Divino", según las Escrituras, son la oración y la humildad.

(Nuevo Pentecostés, nº 38)